BY PRENSAOPAL ON
Hace muchos años atrás, en mis tiempos de Universidad, un profesor muy lúcido nos señalaba que “las palabras creaban realidades”, y si esas palabras se repiten como un karma, finalmente terminan convirtiéndose en “sentido común”, menoscabando otras palabras y formas de pensar, y de expresarse.
A partir de los posicionamientos de las eventuales candidaturas presidenciales, e incluso antes de eso, cuando las coaliciones se ordenaron en torno al Plebiscito y otras iniciativas de leyes, los medios oficiales (El Mercurio, La Tercera, otros), los canales de TV y los voceros del Partido del Orden, comenzaron a hablar de una “izquierda democrática” v/s otra que avalaría la violencia y no respetaría las normas de la institucionalidad. Esa “Izquierda Democrática”, muy identificada con el Progresismo Neoliberal, estaría conformada por la ex Concertación, gente sensata que ya ha tenido experiencia de gobernar por 20 años, y junto a ellos hoy estarían los grupúsculos desligados del Frente Amplio-FA (Liberales, Natalia Castillo y amigos). Esa gente es la única que la Derecha identifica como interlocutor serio para discutir los “temas -país). Los otros (PC, FA, Mov sociales) serían fuerzas disruptivas, destructivas (no democráticas) que pretenden arrasar con la sociedad y los valores de la Democracia occidental.
Pero hagamos un poco de historia: a principios de los años 20 del siglo XX el dirigente Luis Emilio Recabarren, participó en varias instancias de elección popular: primero como diputado por el P. Democrático, luego como representante del Partido Comunista de Chile. Después surge el Partido Socialista en 1933, e ingresó inmediatamente a la lucha electoral del sistema de partidos. Luego, la Ley maldita proscribió al PC por casi 10 años, aunque ellos siguieron en actividad política. Lo propio sucedería en 1973 con el PS y el descabecimiento de sus líderes más brillantes. Con el “retorno de la democracia” no todos ellos pudieron volver a ejercer sus derechos ciudadanos, y debieron usar el subterfugio de inscribirse en el Partido “instrumental” del Partido Por la Democracia-PPD (ahí se inscribieron varios comunistas, marxistas, etc), incluso Bachelet y su grupo estaban vetados porque pertenecían al PS de Almeyda (el ala más marxista en ese momento). Todo este sacrificio realizado por estas personas no fue con la intención de destruir la “institucionalidad”, sino al contrario, para tener derecho a participar activamente en el debate público.
Ahora tenemos muchos censores en los medios y a “politicos serios” quienes deciden “qué izquierda es la dialogante y responsable” y cuál es la “destructiva que quiere lo peor para el país”. Escucho a los Carlos Peña, los Genaro Arriagada, los Viera Gallos, los Ricardo Lagos, los Agustín Squella, quienes deciden mediante sus propios parámetros, quienes son los interlocutores válidos: Por ejemplo, cuando la diputada Natalia Castillo dejó el FA, se convirtió de inmediato en la “niña símbolo” de esa “izquierda responsible”. Sin embargo, otros “rostros y voces del FA” son intragables para estos custodios del poder institucional.

Primero, como un acto de sinceridad intelectual, deberíamos considerar como “democrática” a cualquier fuerza política que se presta al juego democrático institucional, independiente de los matices que puedan tener. ¿Alguien dudaría que Recabarren no representó una izquierda democrática? sabiendo incluso que luchaba en contra del cohecho de los caciques derechistas. ¿O la larga carrera de Allende en el Congreso, no avala que fue un izquierdista democrático? ¿Entonces, por qué hoy se estigmatiza a unos en favor de otros? Lo que veo, es que existen, a lo menos, dos izquierdas democráticas, una que recoge la tradición neoliberal de la Tercera Vía, y otra que intenta impugnar el poder y que, aún no encuentra una senda definitiva.

Respecto del PC, después de 1990 éste se sometió a todas las elecciones habida y por haber, sabiendo que debido al Sistema binominal, su participación sería más bien testimonial, pero nunca dejaron de competir en buena lid. Con el FA también ha ocurrido algo similar. Desde las participaciones en los centros de aumnos de sus principales dirigentes en 2011, a la actualidad, en que intentan levantar proyectos desde las gobernaciones y los territorios (¿se les puede catalogar de ser una “izquierda no democrática”?). Pues yo prefiero mil veces a esas fuerzas emergentes, que, posiblemente, pueden errar el camino pero respetan la institucionalidad, y no a esa otra “Izquierda acomodaticia” que se acostumbró a salir en las páginas sociales de El Mercurio, que negoció con los militares, que se acomodaron en los directorios de las AFPs, que avalaron el modelo económico expropiatorio y que se financiaron con SQM… En cualquier parte del mundo, aquella fuerza política no sería llamada de “izquierda”.
Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

*Fuente: PrensaOpal
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