La violencia con que Carabineros está reprimiendo las manifestaciones sociales es vergonzosa y preocupante, son acciones de una organización policial-militar que no es coherente con los principios básicos de un sistema democrático. Que demuestra además, la incapacidad del gobierno para responder a la seguridad ciudadana sin la militarización de la misma, sin criminalizar la movilización social, insistiendo en que ésta es producto de la acción de vándalos y delincuentes.

Lo demuestra la realidad que se vive en las calles, apaleos brutales en contra de niños, de jóvenes, además de baleos indiscriminados, detenciones arbitrarias, torturas y ataques sexuales en contra de detenidos y detenidas. Pero a pesar de las evidencias de éste maltrato a la población,  el gobierno continua felicitando y agradeciendo públicamente a las FFAA y carabineros “por el esfuerzo tremendo que han hecho para mantener  el orden y la seguridad de todos los chilenos”, porque tampoco hablan de las chilenas.

A estas alturas, después de diez días de manifestaciones sociales ininterrumpidas, se abre la duda respecto de la estrategia utilizada por el gobierno para contrarrestar o contener la movilización social. La estrategia represiva empleada, obedece a su incapacidad operativa y porque ésta sobrepasada la fuerza policial o, lo que se busca es transformar el descontento social en un problema de seguridad, para validar un nuevo estado de emergencia y pavimentar el camino para una salida autoritaria de esta crisis.

Una estrategia ya empleada con la militarización del conflicto mapuche, lo que, en vez de aportar a la solución del mismo por los cauces políticos, el conflicto se ha militarizado, ubicando la represión y la seguridad como el eje fundamental de la relación del gobierno con el pueblo mapuche.

Por otra parte en nuestra sociedad, todavía hay personas que quisieran resolver esta profunda crisis política, cuyas raíces están en el agotamiento del sistema económico neoliberal,  aplicando medidas autoritarias, tal cual lo diseñaron los estrategas en tiempos de dictadura. Quisieran éstos, exterminar rápidamente “al enemigo interno”, “al vándalo”, “al violentista”, para así tranquilizar la atmosfera convulsionada, según ellos, “trastocada por agitadores profesionales”, o como dijo irresponsablemente Piñera, sin dar evidencias ni pruebas, con la acción de un “enemigo poderoso y organizado”.

Estas ideas existen en nuestra sociedad y están presentes en las FFAA y carabineros, porque ninguno de los gobiernos democráticos post dictadura fueron lo suficientemente valientes para terminar con el pacto que ellos hicieron con la dictadura. Un pacto de garantías que incluyó el compromiso para de “no tocar a las FFAA” a cambio de garantizar así la transición a la democracia, dejando pendiente hasta hoy, una profunda y necesaria reforma doctrinaria en las Fuerzas Armadas y Carabineros.

Así entonces, los gobiernos democráticos no sacaron ni desterraron la doctrina militar que fue el sustento del terrorismo de estado, ni crearon una doctrina militar vinculada a la democracia, por el contrario. Lo que se hizo fue una maqueta renovada, una mera fachada que mantiene las bases doctrinarias represivas del pasado, dejando pendiente en las FFAA y carabineros, una deuda pendiente con la sociedad chilena, que es de larga data.

El nacimiento de Carabineros fue para crear una institución a la cual traspasarle funciones represivas, que hasta esa fecha cumplía el ejercito, luego de brutales represiones militares en el siglo 19 y 20[1]. Eso hizo cada vez mas necesario abandonar el intento de asignarle a las Fuerzas Armadas, tareas policiales, e implementar una segunda variante: militarizar a la policía para cumplir las misiones que los militares se resistían a realizar. Misión que luego cumple carabineros con un triste record de represion, asesinatos y violaciones a los derechos humanos.

Durante la dictadura Carabineros fue una policía militarizada, señalada como actor principal en múltiples casos de represión particularmente en contra de campesinos y mapuches, además de casos “emblemáticos” como el asesinato de 15 campesinos en Lonquen en 1973, los que posteriormente fueron enterrados en forma clandestina. El degollamiento de tres profesionales comunistas en 1985, y cientos de otros casos vinculados específicamente a la Dicomcar, órgano represivo de Carabineros en la cual participaban miembros del Grupo de Operaciones Especiales (Gope) y de la CNI.

Como sucedió con el Ejército, la Fuerza aérea, la Marina y la PDI, esta herencia dictatorial terrorista, nunca fue removida de Carabineros, se mantiene  hasta nuestros días y es parte de la base doctrinaria en la formación de sus oficiales y cuadro permanente,

Recordemos el 2011 y comprobaremos que todo lo que hemos visto durante estos días es lo mismo que vimos cuando miles de estudiantes, profesores, sindicalistas y otras organizaciones, se manifestaron para exigir cambios fundamentales en el sistema de educación pública. Marchas pacificas que fueron violentamente reprimidas en esa oportunidad y que, al igual que hoy, se conocieron casos de torturas y otros malos tratos, incluidas palizas y amenazas de violencia sexual, contra estudiantes detenidos arbitrariamente por la policía en manifestaciones estudiantiles

No hay dudas de que las Fuerzas Armadas y Carabineros constituyen un servicio público,   que son las encargadas de otorgar al país la seguridad ciudadana y la defensa exterior e interior, para lo cual reciben los recursos materiales y tienen la función del ejercicio del monopolio de la fuerza legítima de que está dotado el Estado. Eso no está en cuestionamiento, lo que sí es cuestionable, es lo que ha quedado en evidencia con la represión brutal e irracional que en pocos días desato el ejercito, la marina y carabineros durante el estado de sitio, de facto, ordenado por el presidente de la republica. Lo cuestionable es la inexistencia en las FFAA, Carabineros y la PDI, un mínimo acercamiento o preocupación ética formativa, de sus integrantes, en materia de Derechos Humanos, responsabilidad que se extiende a todos los gobiernos durante estos últimos 31 años.

Los actuales cursos especiales y enseñanzas acerca de cómo tratar prisioneros, o como usar la fuerza en las acciones militares operativas, demuestran, con lo que esta sucediendo, que no han cambiado la mentalidad militar que desprecia al mundo civil, a “los paisas” y que ve en el trabajador, en el estudiante, que se manifiesta en contra del sistema como enemigo. Lo que deja en evidencia, una vez mas, la necesidad de una doctrina de la seguridad y defensa del país, que oriente en los principios de respeto a los derechos humanos, las acciones operativas y el trato a sus propios integrantes, vinculados además a un rol de las FFAA en la democracia y sus problemas en el siglo 21.

Es mas, la actuación de las FFAA, las conductas violatorias de los derechos de las personas, de abusos de poder, la corrupción constatada en el uso de sus recursos, no son cosa de estos días o meses, son también parte de la crisis de valores, vinculadas a la crisis del modelo económico neoliberal que estamos viviendo como sociedad. En el Chile de hoy los poderosos compran los medios de comunicación, compran políticos, compran justicia y corrompen la sociedad, utilizan a las instituciones del estado para su beneficio e intereses, para abusar como lo han hecho en nuestro caso, con todos los derechos del pueblo.

Las FFAA y Carabineros han sido violentadas en lo mas profundo de su ser institucional, su desarrollo basado en el deber ser, en el actuar basado en una moral con valores, ideales, estos se han cambiado por valores materiales, instrumentales, creando una crisis moral que genera la desconfianza, transformándose en un campo fértil, para su utilización política y por la acción de vándalos ideológicos herederos de la dictadura, aun presentes en su interior.

El  “condenamos la violencia venga de donde venga”, es una frase hueca sino se condena la  violencia del sistema, que es la violencia que provoca marginación social, la que ha generado la ruptura de la convivencia nacional, separándonos entre quienes tienen y quienes no, transformando todos nuestros derechos en vulgares instrumentos de mercado.

En este mundo corrupto en el que se desenvuelve el poder, las FFAA y Carabineros  se han transformando en instituciones desprestigiadas y deslegitimadas, por lo tanto y por mas discursos que se hagan para limpiarles la imagen, calificándolas de reserva moral, de sacrificadas y patrióticas, la percepción ciudadana, mientras estas no sean reformadas profundamente en su esencia,  sigue siendo la misma.

No hay dudas que la movilización social ira en aumento, así lo demuestra la creciente y trasversal participación ciudadana, seguramente será con altibajos, pero el justo reclamo por los derechos del pueblo cada vez es mas potente. Por su parte, el gobierno represor, es incapaz de entender lo que esta pasando, intenta imponer su agenda social neoliberal,  mientras la mayoría del país pide terminar con el sistema económico y con la Constitución de 1980.

El pueblo chileno, en particular los jóvenes, quienes con su valentía despertaron la voluntad combativa dormida de los chilenos y chilenas, están escribiendo con entusiasmo una pagina inédita y heroica, a pesar de la brutal represión con la cual pretenden contener este torrente que impulsa el cambio.

La represión no es el camino, estamos frente a una situación explosiva, en la cual el militarismo esta presente y debe ser desactivado, esta es una responsabilidad de todos, denunciando la represión y los abusos, manteniéndose en la calle y reclamando por nuestros derechos.

Enrique Villanueva M.

Notas;

[1] – desde la pacificación de la Araucanía en adelante, la matanza de la Escuela Santamaría de Iquique 1907, las masacres de San Gregorio, en 1921, y La Coruña, en 1925, esta última con un saldo de cientos de muertos.