América Latina y el Caribe, el imperativo de unirse
por Angel Guerra Cabrera
10 años atrás 4 min lectura
26/01/2017

Viendo en Telesur los discursos de los jefes de Estado y gobierno en la V Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe(CELAC), en República Dominicana, era inevitable pensar en Bolívar, San Martín, Martí, Fidel y Chávez, que soñaron y lucharon por ver unida nuestra región en una comunidad de naciones. Para decirlo con palabras de Martí en su ensayo Nuestra América: andando “en cuadro apretado como la plata en las raíces de Los Andes”. Nada de unidad en el orden institucional se alcanzó en el siglo XX como no fuera la OEA dirigida por los Almagros de entonces, como señaló el presidente Nicolás Maduro. La OEA solo sirvió para validar injerencias, intervenciones armadas y golpes de Estado fraguados y orquestados desde Washington.
Pero en el siglo XXI se dieron pasos de gigante. De la reunión del Grupo de Río, también en República Dominicana (marzo, 2008), en la que se demostró la capacidad de nuestra región para desmontar mediante el diálogo –sin la presencia de Estados Unidos y Canadá- una solución política a la crisis creada entonces por la incursión de las fuerzas armadas de Colombia a territorio ecuatoriano. Una solución que jamás se habría alcanzado en la OEA.
De aquella memorable cita mi mente voló a Salvador de Bahía, en Brasil, donde la Cumbre de América Latina y el Caribe por la Integración y el Desarrollo(diciembre, 2008), convocada por el presidente Lula da Silva, juntó por primera vez a todos los jefes de Estado y gobierno de la región.
De allí a Cancún, México, sede de la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe(marzo, 2001), convocada por el presidente Felipe Calderón, y quedó fijada Venezuela como la sede de la reunión constitutiva de la CELAC. Allí, en medio de debates por momentos apasionados y subidos de tono se insistió mucho en la unidad en la diversidad como divisa de la empresa que se estaba gestando, puesto que en la CELAC convivirían gobiernos de signo ideológico muy distinto: neoliberales y bolivarianos; de derecha y socialistas.
En Caracas se celebró la Cumbre de la CELAC (diciembre, 2011), convocada por el presidente Chávez, ya enfermo pero todavía muy enérgico y lúcido. “Estamos poniendo aquí -dijo el anfitrión- la piedra fundamental de la unidad, la independencia y el desarrollo sudamericano. Vacilar sería perdernos… La unidad, la unidad, la unidad. Solo la unidad nos hará libres, independientes”. Y más adelante puntualizaría que el Sur en su visión era un concepto mucho más que geográfico, histórico para explicar que abarcaba por eso a toda nuestra América.
Han pasado seis años desde entonces y ha habido retrocesos pero como dijo el presidente Correa: nunca se había avanzado tanto en América Latina y el Caribe como en los últimos años. Retrocesos como el golpe de Estado parlamentario-judicial-mediático en Brasil y la victoria electoral de una derecha cerril en Argentina. En ambos casos se le ha dado marcha atrás en meses a las conquistas sociales y políticas de más de una década de gobiernos independientes, soberanos y antineoliberales. Sus jefes no asistieron a la Cumbre pues no son partidarios de la unidad de nuestra región.
Pero paradójicamente no habrá gobierno en América Latina y el Caribe que pueda sostenerse si se aparta de la CELAC. La situación económica y financiera mundial es la peor que se haya conocido, la desigualdad social es mayor que nunca, la pobreza continúa creciendo.
La llegada de un gobierno de extrema derecha a la Casa Blanca exige a nuestra región cerrar filas. El caso de México frente a un Trump que quiere atrincherarse tras muros de cemento y lo amenaza desde que era candidato demuestra que del Bravo a la Patagonia ningún gobierno en soledad –sea de derecha o izquierda- podrá desenvolverse en un mundo tan incierto. Antes de Trump, la desaparición de nuestra especie era un peligro de una magnitud sin precedente, fuera por la guerra nuclear o el cambio climático.
La proclama de la CELAC que declara a nuestra región zona de paz donde todos los conflictos han de solucionarse a través del diálogo, el respeto a la soberanía y el derecho de cada pueblo a darse el sistema de gobierno que decida es lo que debe regir las relaciones entre sus miembros y de estos con el mundo.
El presidente Raúl Castro enfatizó con energía en la cumbre que la unidad de nuestra América es más necesaria que nunca y reiteró la disposición de Cuba a negociar con Estados Unidos, siempre que no implique hacer concesiones en la soberanía y la independencia de la isla.
Twitter:@aguerraguerra
*Fuente: AlaiNet
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