Cuatro de noviembre un dia olvidado: Por la Memoria de Allende
por Enrique Villanueva M. (Chile)
11 años atrás 5 min lectura
En la antigua Roma, la condena de la memoria (damnatio memoriae) era un castigo reservado para quienes los romanos -el Senado- decidían deshonrar. La idea era borrar por completo cualquier registro que hiciera alusión al condenado, ya fuese en textos, grabados, murales, estatuas e incluso música popular y por supuesto apoderarse de todos los bienes y posesiones del o los perseguidos.
Eso es lo que practicó la dictadura cívico militar y la derecha con Allende, estrategia que con el tiempo generalizó una imagen distorsionada y mentirosa del presidente héroe y de su gobierno. A tal punto se ha llegado, que tanto la historia del gobierno popular, sus logros, poco a poco se diluyen en el tiempo transformándose solo en ecos cada vez más lejanos de la realidad que vivimos.
En lo personal me rebelo a participar, conciente o inconcientemente, del “damnatio memoriae” impuesto por militares y sectores políticos corrompidos por el poder, una infamia que hasta el día de hoy continua. Haciendo aparecer los pensamientos y los aportes del gobierno socialista y popular que lideró Salvador Allende, como ajenos a nuestra cultura, “riesgoso” para nuestra independencia o como una “dictadura” y de tantas otras maneras.
Es hora de salir al paso a estas mentiras, pero sin elevar a la categoría de una verdad absoluta la experiencia del gobierno popular, sino que hacerlo, interpretándola en su evolución dialéctica y contradictoria. Allí radica la enseñanza de una experiencia histórica valiosa, propia de una coyuntura histórica y política, pero válida como ejemplo a seguir para la izquierda y para el pueblo trabajador.
El objetivo de imponernos la condena a la memoria de Allende y su gobierno, es porque este, valientemente y de manera consecuente, impulsó el programa de la Unidad Popular. Pero sin claudicar y a partir de los intereses de los explotados de nuestra patria, tal cual hicieron los demás héroes quienes escribieron la historia revolucionaria del siglo XX, generando verdaderas revoluciones sociales.
Esa es también la razón por la cual ni a la derecha, ni a la aristocracia concertacionista, les interesa hoy recordar los avances tremendos que para Chile significó el gobierno popular, el que cumplió con el mandato de llevar adelante un programa socialista de cambios, que permitiera al país salir del tremendo atraso en el que se encontraba sumido. No les interesa, porque tal como lo demuestra la realidad, hoy las contradicciones entre explotadores y explotados, el carácter violento de las mismas, el juego dialéctico de las acciones y reacciones recíprocas, son elementos de la vida social y política que estaban presentes en los años 70 y que continúan vigentes en el 2015.
A estos mentirosos históricos no les interesa recordar, ni menos reconocer, que a solo un año de elegido el gobierno socialista, los chilenos habíamos recuperado las riquezas del país, hasta esa fecha en manos del capital extranjero y de los monopolios económicos nacionales. Con lo cual nos señalò que este era y es el camino para romper las cadenas que nos atan al subdesarrollo y es el único medio de acabar con la violencia institucionalizada que castiga y condena a la inmensa mayoría del país a vivir de la miseria o de sueldos de hambre.
Menos les interesa recordar que tan solo a un año de constituido el gobierno popular, se terminó con el poder de la especulación bancaria y que 16 bancos, los más poderosos, entre ellos el Español, el Sudamericano, el Crédito e Inversiones, el Banco de Chile, pasaron a ser patrimonio de Chile y del pueblo. Logros que le dieran contenido y forma a la democracia, más allá de la democracia formal que hoy tenemos, a través de logros concretos, los que ampliaban las libertades de los ciudadanos y ciudadanas.
En el gobierno popular mediante la redistribución equitativa de los ingresos, si fue posible patrocinar una auténtica democracia y una libertad concreta para todos los chilenos, porque y en sus propias palabras “la democracia y la libertad son incompatibles con la desocupación, con la falta de vivienda, con la incultura, con el analfabetismo, con la enfermedad”.
Por todo esto el cuatro de Noviembre es una fecha histórica que es necesario reivindicar, porque es el aniversario de un gobierno que fue elegido por el pueblo y derrocado por defender los intereses del pueblo.
Quienes asumimos el ejemplo heroico de Salvador Allende y defendemos su obra, no permitamos que le atribuyan al ideal socialista los errores cometidos, como si tales males le fueran inherentes y no hubieran estado presentes en la historia anterior y posterior al socialismo. Si de críticas se trata hay que hacerlas, pero renunciar a las ideas socialistas no. Lo ocurrido y que nos ha causado tantas derrotas tiene su origen en la subestimación de los factores de carácter subjetivo; lo que ha limitado el desarrollo teórico del pensamiento revolucionario y ha lesionado su práctica.
Alguna vez se entenderá que los factores subjetivos, las personas, tienen una mayor importancia de la asignada por la interpretación política dogmática, porque lo que se ha confirmado en la práctica, es que no hay socialismo sin ética y sin entender que las ideas revolucionarias solo tienen comprobación en la práctica. Allí esta el eje del cambio porque la contradicción entre ricos y pobres, vivida en los tiempos del gobierno de Allende, es hoy más cruel y sigue siendo la razón de fondo de la tragedia social en nuestra patria.
En este contexto las ideas y principios que dieron lugar al gobierno de Salvador Allende, son más fuertes que la condena de la memoria (damnatio memoriae) impuesta por quienes le asesinaron y le derrocaron y trascienden por encima de las coyunturas. Desde Espartaco en adelante hay una historia de retrocesos y avances, pero han quedado erguidas la imagen y las ideas de quienes nunca deberíamos olvidar, los miles de héroes anónimos, muchos de ellos víctimas de la represión cobarde impuesta por la dictadura cívico militar, juntos con las y los que sobrevivieron y que fueron los que se comprometieron y soñaron con la sociedad que se empezó a construir en los años de la Unidad Popular.
Por todo esto el ejemplo de Salvador Allende ha sido tergiversado y se ha intentado borrar de nuestra historia, pero su ejemplo imperecedero ha sido mas fuerte.
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