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Al Papa Francisco, sobre la familia 

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 07-Noviembre-2013

 Querido papa Francisco:

Como hoy todo corre tan rápido, ya ha llegado a nuestras manos el cuestionario sobre la familia que Ud. acaba de dirigir a los obispos de todo el mundo: 38 preguntas bien concretas, organizadas en 8 bloques temáticos. Entendemos que no somos solamente el objeto, sino también el destinatario de esas preguntas que nos afectan –y duelen– incluso más que a los obispos. Por eso nos permitimos responderlas directamente, por el cariño que le tenemos y la confianza que nos inspira. ¡Gracias, papa Francisco, por preguntarnos sobre tantas cuestiones incómodas que han sido y siguen siendo tabú! ¡Y gracias por escucharnos, por acoger nuestras voces salidas del alma, con sus certezas y sus dudas.

1. Si la enseñanza de la Sagrada Escritura y del Magisterio jerárquico acerca de la sexualidad, el matrimonio y la familia es conocida y aceptada entre los creyentes.

Tal vez no sea bien conocida, pero ciertamente es mal aceptada o simplemente ignorada. Constatamos que en las últimas décadas ha ido creciendo hasta un grado crítico la brecha, más aun, la ruptura entre la doctrina oficial y el sentir ampliamente mayoritario de los/las creyentes. Es grave y nos duele. Pero creemos sinceramente que la razón de la quiebra creciente no es la ignorancia y menos aun la irresponsabilidad de los creyentes, sino más bien el encerramiento de la jerarquía en esquemas del pasado.

Los tiempos han cambiado mucho en poco tiempo en todo lo que tiene que ver con la familia, el matrimonio y la procreación, y con la sexualidad en general. Sabemos que son temas delicados, que lo más sagrado está en juego, que es necesario el máximo cuidado. Pero no se puede cuidar la vida repitiendo el pasado. Creemos profundamente que el Espíritu de la vida sigue hablándonos desde el corazón de la vida, con sus gozos y dolores. Creemos que la Ruah viviente no puede ser encerrada en ninguna doctrina ni texto ni letra del pasado, y que sigue inspirando el sentir de todos los creyentes y de todos los hombres y mujeres de hoy. Nunca nada debe quedar cerrado.

Papa Francisco, le felicitamos por su voluntad de volver a escuchar la voz del Espíritu en los hombres y las mujeres de hoy, y nos atrevemos a pedirle: siga pronunciando palabras de misericordia y de aliento, no vuelva a “verdades” y “normas” obsoletas que no tienen sentido. ¡En el nombre de la Vida!

 

2. Sobre el lugar que ocupa entre los creyentes el concepto de “ley natural” en relación al matrimonio.

Se lo diremos con toda sencillez y franqueza: para la inmensa mayoría de los pensadores, científicos y creyentes de nuestra sociedad, el concepto de “ley natural” ya no ocupa ningún lugar. Sí, la naturaleza que somos tiene un orden maravilloso, unas leyes maravillosas, y gracias a ellas la ciencia es posible. Pero la ley suprema de la naturaleza es su capacidad de transformación y novedad. La naturaleza es creadora, inventiva. De esa capacidad creadora e inventiva, de esa creatividad sagrada, son fruto todos los átomos y moléculas, todos los astros y galaxias. De ellas somos fruto todos los vivientes, todas las lenguas y culturas, todas las religiones. De ella serán fruto, durante miles de millones de años todavía, infinitas nuevas formas que aún desconocemos.

La naturaleza está habitada por el Espíritu, por la santa Ruah que aleteaba sobre las aguas del Génesis, que sigue vibrando en el corazón de todos los seres, en el corazón de cada átomo y de cada partícula. Todo vive, todo alienta, todo se mueve. Todo cambia. También la familia ha ido cambiando sin cesar, desde los clanes primeros hasta la familia nuclear, pasando por la familia patricarcal que hemos conocido hasta hace bien poco.

Ante nuestros propios ojos, el modelo familiar sigue cambiando: familias sin hijos, familias monoparentales, familias de hijos/as de diversos padres… Y seguirá cambiando, no sabemos cómo.  Todo es muy delicado. Hay mucho dolor. Pedimos a la Iglesia que no hable mal de las nuevas formas de familia, pues bastante tienen con vivir cada día y salir adelante, en medio de las mayores amenazas que nos vienen de un sistema económico cruel, inhumano. A la Iglesia no le toca dictar, sino ante todo acompañar, aliviar, alentar, como Ud. mismo ha afirmado.

 

3. Sobre cómo se vive y cómo se transmite en las familias la fe, la espiritualidad, el Evangelio.

Decisiva cuestión. Sí, constatamos con dolor que las familias están dejando de ser “iglesias domésticas” donde se ora, se cultiva, se respira, se transmite la buena noticia de Jesús. Pero no creemos que sea justo culpar de ello a las familias. La crisis de la religión y de la transmisión de la fe en la familia tiene que ver en primer lugar con la profunda transformación cultural que estamos viviendo. Y constituye un gran desafío no solo ni tal vez en primer lugar para las propias familias, sino para la propia institución eclesial: asumir las nuevas claves espirituales y formas religiosas que el Espíritu está inspirando en los hombres y en las mujeres de hoy.

 

4. Sobre cómo ha de afrontar la Iglesia algunas “situaciones matrimoniales difíciles” (novios que conviven sin casarse, “uniones libres”, divorciados vueltos a casar …).

¡Gracias de nuevo, papa Francisco, solo por querer replantear estas cuestiones! ¡Gracias por querer escucharnos y por nombrar la misericordia en sus preguntas! Ud. conoce bien la compleja y cambiante historia del “sacramento del matrimonio” desde el comienzo de la Iglesia. La historia ha sido muy variable, y lo seguirá siendo. Mire, por ejemplo, lo que pasa entre nosotros, en esta Europa ultramoderna. Nuestros jóvenes no disponen ni de casa ni de medios económicos para casarse y vivir con su pareja hasta los 30 años en el mejor de los casos: ¿cómo puede la Iglesia pedirles que se abstengan de relaciones sexuales hasta esa edad?

Las formas cambian, pero creemos que el criterio es muy sencillo y que Jesús estaría de acuerdo: “Donde hay amor hay sacramento, se casen los novios o no, y donde no hay amor no hay sacramento, por canónicamente casados que estén”. Todo lo demás es añadidura. Y si la pareja está en dificultades, como sucede tantas veces, solo será de Dios aquello que les ayude a resolver sus dificultades y a volver a quererse, si pueden; y solo será de Dios aquello que les ayude a separarse en paz, si no pueden resolver sus dificultades ni volver a quererse.

Elimine, pues, se lo rogamos, las trabas canónicas para que quienes fracasaron en su matrimonio puedan rehacer su vida con otro amor. Que no siga la Iglesia añadiendo más dolor a su dolor. Y que de ningún modo les impida compartir el pan que reconforta en la mesa de Jesús, pues Jesús a nadie se lo impidió.

 

5. Sobre las uniones con personas del mismo sexo.

El daño causado por la Iglesia a los homosexuales es inmenso, y algún día deberá pedirles perdón. ¡Ojalá el papa Francisco, en nombre de la Iglesia, les pida perdón por tanta vergüenza, desprecio y sentimiento de culpa cargado sobre ellos durante siglos y siglos!

La inmensa mayoría de los hombres y mujeres de nuestra sociedad no pueden hoy comprender esa obsesión, esa hostilidad. ¿Cómo pueden seguir sosteniendo que el amor homosexual no es natural, siendo así que es tan común y natural, por motivos biológicos y psicológicos, entre tantos hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los continentes, y en tantas otras especies animales?

En esta causa, como en tantas otras, la Iglesia debiera preceder, pero la sociedad nos precede. Celebramos que sean cada vez más numerosos los países que reconocen los mismos derechos a la unión de personas del mismo sexo que a la de personas de distinto sexo. ¿Y qué impide que se llame “matrimonio”? ¿Acaso no se llaman así también aquellas uniones heterosexuales que, por lo que fuere, no van a tener hijos? Cambien, pues, los diccionarios y el Derecho Canónico, amoldándose a los tiempos, atendiendo a las personas.

¿Y qué impide que llamemos sacramento a un matrimonio homosexual? Es el amor lo que nos hace humanos y lo que nos hace divinos. Es el amor lo que hace el sacramento. Y todo lo demás son glosas y tradiciones humanas.

 

6. Sobre la educación de los hijos en el seno de situaciones matrimoniales irregulares.

Creemos que este lenguaje –regular, irregular– es desacertado, más aun dañino. Hace daño a un niño oír que ha nacido o que vive en el seno de un matrimonio o de una familia “irregular”. Y hace daño a sus padres, los que fueren. Lo que hace daño no es ser excepción, sino ser censurado por ser excepción. Por lo demás, todos sabemos que basta que se multipliquen los casos para que la excepción se convierta en norma. En cualquier caso, la Iglesia no está para definir lo que es regular y lo que es irregular, sino para acompañar, animar, sostener a cada persona tal como es allí donde está.

 

7. Sobre la apertura de los esposos a la vida.

Afortunadamente, son muy contados entre nosotros los creyentes por debajo de los 60 años que han oído hablar de la Humanae Vitae, aquella encíclica de Pablo VI (1968) que declaró pecado mortal el uso de todo método anticonceptivo “no natural”, todo método que no fuera la abstinencia o la adecuación al ciclo femenino de la fertilidad. Pero hizo sufrir demasiado a casi todos nuestros padres. Esa doctrina, adoptada contra el parecer de buena parte del episcopado, fue lamentable en su tiempo y no es menos lamentable que haya sido mantenida hasta hoy.

Hoy nadie la comprende y casi nadie la cumple entre los mismos católicos. Y pocos sacerdotes y obispos se atreven a exponerla todavía. Ya no tiene sentido afirmar que la relación sexual haya de estar necesariamente abierta a la reproducción. Ya no tiene sentido seguir distinguiendo entre métodos naturales y artificiales, y menos todavía condenar un método porque sea “artificial”, pues por la misma razón habría que condenar una vacuna o una inyección cualquiera.

En nuestros días asistimos a un cambio transcendental en todo lo que tiene que ver con la sexualidad y la reproducción: por primera vez después de muchos milenios, la relación sexual ha dejado de ser necesaria para la reproducción. Es un cambio tecnológico que trae consigo un cambio antropológico y requiere un nuevo paradigma moral. La sexualidad y la vida siguen siendo tan sagradas como siempre y es preciso cuidarlas con suma delicadeza. Pero el criterio y las normas de la Humanae Vitae no ayudan en ello, sino más bien dificultan. Que la palabra de la Iglesia sea luz y consuelo, como el Espíritu de Dios, como lo fue la palabra de Jesús en su tiempo y sería también en el nuestro.

 

8. Sobre la relación entre la familia, la persona y el encuentro con Jesús

Creemos que Jesús sale a nuestro encuentro en todos los caminos, en todas las situaciones. En cualquier modelo de familia, en cualquier situación familiar. Creemos que Jesús no distingue familias regulares e irregulares, sino atiende a cada situación, con su gracia y su herida. Creemos que encerrarnos en nosotros mismos (nuestras ideas y normas, nuestros miedos y sombras) es lo único que nos aleja del otro y de Dios. Y creemos que la humildad, la claridad, la confianza nos acercan cada día al otro, y cada día nos abren a la Presencia del Viviente, estando donde estamos y siendo como somos. Y creemos que una Iglesia que anunciara esto, como Jesús, sería una bendición para la humanidad en todas sus situaciones.

 

Para orar

 Bendito seas mi Dios, mi aire,
que estás ahí, tan cierto como el aire que respiro.
Bendito seas, mi Dios, mi viento,
que me animas, me empujas, me diriges.
Bendito seas, mi Dios, mi agua,
esencia de mi cuerpo y de mi espíritu,
que haces mi vida más limpia, más fresca, más fecunda.
Bendito seas, mi Dios, mi médico,
siempre cerca de mí,
más cerca cuanto me siento más enfermo.
Bendito seas, mi Dios, mi pastor,
que me buscas buenos y frescos pastos,
que me guías por las cañadas oscuras,
que vienes a por mí
cuando estoy perdido en la oscuridad.
Bendito seas, mi Dios, mi madre,
que me quieres como soy
que por mí eres capaz de dar la vida,
mi refugio, mi seguridad, mi confianza.
Bendito seas, Dios, bendito seas
(José Enrique Ruiz de Galarreta)

 

Respondiendo al cuestionario sobre la familia

Honorio Cadarso, 06-Noviembre-2013

Definitivamente se ha publicado oficialmente el cuestionario preparatorio al próximo sínodo sobre la familia. Lo que se hacía siempre y quedaba en el secreto de los obispos, hoy está siendo un estimulador para que todo tipo de personas y grupos piensen y expresen su opinión sobre estos temas. En Religión Digital han abierto un formulario para recoger esas opiniones. Mientras no se consiga un formulario con respuestas cerradas o semicerradas no será fácil tabular esas consultas. Nosotros preferimos hacerlo publicando las que nos envíen y comentándolas después. Arranca Honorio.

 

Primera pregunta. Las enseñanzas de los documentos de la iglesia sobre la familia.

¿Es que hay una teología sobre la familia coherente y más o menos aceptada universalmente por los fieles? ¿Y más o menos expresada por los teólogos católicos de forma coherente y unitaria?

Los fieles perciben la falta de coherencia de la Humanae Vitae al consagrar la paternidad-maternidad responsable pero limitar su aplicación al seguimiento del método Ogino o a la abstención. No hay un desarrollo de ese principio de responsabilidad en las enseñanzas de la iglesia.

Tampoco se ha desarrollado suficientemente la teología del matrimonio tal como se desprende de los textos evangélicos. El cual evangelio es tremendamente parco en sus principios éticos aplicables a la familia, proclama enérgica y solemnemente la igualdad de derechos del hombre y de la mujer, se inhibe en la definición de las formas de convivencia hombre-mujer y en las formas de la familia,  etc. etc.

Proclama asimismo el carácter sagrado y la libertad sagrada de la mujer en el uso y disfrute de su sexual idad, condena cualquier tipo de trata de blancas…

No se puede asegurar que la pastoral de la iglesia católica se ajuste y defienda todos los principios evangélicos y de derecho natural contenidos en estas consideraciones. Difícilmente se puede dar crédito a la iglesia cuando se constata el trato que ella da a la mujer dentro de sus estructuras. La gente puede reprocharle que un ciego no puede guiar a otros ciegos…

Por su parte, la Iglesia dogmatiza y pontifica sobre los principios de moral natural que considera intocables en relación a la familia, principios que son enormemente relativos y relativizables en función de las circunstancias históricas, las culturas de cada etnia y las estructuras sociales de cada país y sociedad, y sobre todo de los condicionamientos económicos a los que está sometida la convivencia de la pareja y su fecundidad.

Sin un respeto sagrado a la capacidad de juicio de la persona humana, a su conciencia personal, a su cultura y sus circunstancias de vida, es imposible pontificar sobre los principios morales que deben regir esa vida familiar.

Capítulo aparte se merece el tema de la natalidad y de las relaciones familia-estado. El control de los nacimientos y de la fecundidad se impone como un acuerdo a nivel mundial para equilibrar y asegurar la sostenibilidad del planeta y de los medios de subsistencia de la especie humana, así como el bienestar mínimo del hombre y de la mujer que aceptan engendrar hijos.

Por otra parte, el estado debe velar por el bienestar de las familias, proporcionándoles los medios necesarios para crear a sus hijos y educarlos; en este sentido, los países escandinavos y otros países son mucho más cristianos que el resto de países, por cuanto garantizan a las parejas unos medios y una tarea llevadera para sacar adelante a su familia. El aborto, como solución a la desesperada para regular los nacimientos, apenas tendría sentido en una sociedad en la que el estado tutelase y protegiese el derecho de las personas a la paternidad y la maternidad sin menoscabo de su desarrollo personal.

Entra aquí también un capítulo importante en la educación de los niños y jóvenes para disfrutar y ejercer su vida sexual de la manera más humana y razonable posible.

Evidentemente, aquí la iglesia tiene mucha tela que cortar. No es lo mismo despotricar contra el aborto y la contracepción que presionar a la sociedad civil para que proteja y fomente el acceso de los ciudadanos a una vida sexual, una paternidad y una maternidad propias de seres humanos. Esta es una pastoral en la que la iglesia deja mucho que desear…

 

Segunda pregunta. La ley natural

 

Creo que va contestada en la respuesta anterior. Dada la enorme diferencia de criterios que sostienen los diferentes pastores de la iglesia sobre el matrimonio y la familia, y la desacertada conducta de las estructuras eclesiales ante la sexualidad, tanto en el tema del celibato del clero como en la defensa o conculcación de los derechos de la mujer, la iglesia ha perdido cualquier presrtigio deseable para erigirse como maestra y guía de las conciencias de las parejas y las familias.

Lo de los no creyentes que solicitan el matrimonio religioso, ¿no será una broma? ¿Qué matrimonio religioso pueden solicitar unos no creyentes? Hay contradicción en estos dos términos…Y todos sabemos que lo que desean es sin ninguna duda el brillo y lustre social de un matrimonio celebrado en una iglesia de moda y con un celebrante orador de prestigio. O simplemente cubrir el expediente de cara a conservar un prestigio y un status social que de otra manera perderían.

 

Tercera pregunta. Pastoral familiar, la familia como comunidad de fe.

 

Tal como se ve en las parroquias de Euskadi, los párrocos y pastores intentan mantener una catequesis de niños y procuran que los padres se encuentren con sus hijos en una misa dominical cada mes, una misa con algún elemento de participación de los niños sobreañadido al rito de las misas de adultos.

De vez en cuando convocan a los padres para interesarles en la marcha de la catequesis.

Escasamente se oye en la predicación que los predicadores sugieran a los fieles o les animen a orar en común con sus familias, o los esposos por su cuenta. Ya no se bendice la mesa, los mismos sacerdotes han dejado un poco de lado esa oración.

En general, creo que existe una enorme laguna en el aspecto de la formación de los miembros de la familia en su moral socio-económico-política. Las familias católicas nunca han cuidado la formación de sus miembros en sus deberes cívicos. En estas condiciones, con este vacío educacional, ¿qué formación cristiana puede darse a los miembros de una familia? ¿A quién le puede extrañar que los más fervientes católicos a juzgar por sus prácticas rituales, sean los más corruptos y deshonestos en el cumplimiento de sus deberes cívicos, económicos, políticos?

Evidentemente, estos aspectos de humanidad, de honestidad del ser humano en el uso, disfrute y distribución de los bienes materiales deben ser completados con una proyección de la vida de los miembros de la familia en sentido trascendente, en su mirada y diálogo con Jesús y con Dios. Pero Zaqueo, para encontrarse con Jesús, primero tuvo que aliviarse el bolsillo y reparar todas sus injusticias. Y si no, no hay tu tía…

 

 

 

 

Cuarta y quinta preguntas. Uniones irregulares.

 

Creo que está contestada en la primera. ¿Qué unión es “regular” y qué unión es “irregular”? Acaso Jesús definió con una precisión más o menos detallada los requisitos de unió unión regular, o condenó forma alguna de unión irregular? Acaso de lo que dijo sobre la moral familiar definida en el Antiguo Testamento y en las doctrinas de los doctores de la Ley de su tiempo lo dijo para que fuese aplicado a los miembros de la iglesia, a sus seguidores?

En este terreno, ante todo y sobre todo en este terreno, se impone respetar y asumir religiosamente la conciencia de cada individuo, intentar que su conducta sexual y familiar se ajuste lo más posible a lo que Jesús espera de él en su circunstancia, acompañarle en ese camino hacia la superación. “El corazón tiene sus razonamientos, que la razón no sería capaz de conocer y comprender” decía más o menos Pascal.

Imponer un modelo de vida sexual y de unión dee pareja y familia que el individuo no comprenda, no sea capaz de asumir, es condenar a la persona humana a un infierno en esta vida. Y Jesús misericordioso no haría eso, creo yo.

 

Séptima y octava preguntas. Engendrar y educar hijos

 

El buen pastor deberá afanarse ante todo en ayudar a las parejas a vivir en plenitud su amor, a superar las crisis de ese amor y elevarlo a su máximo potencia. En la medida en que los cónyuges, parejas hetero o no hetero, vean el interés que el buen pastor se toma en que sean felices y encuentren un amor en plenitud, en esa medida estará ese pastor en condiciones de transmitirles el mensaje de Jesús, cuyo primer y único mandamiento es el del amor. No cabe distinciones o apreciaciones subjetivas del buen pastor, solo cabe intentar identificarse y sintonizar con las sensibilidades y la cultura de las parejas.

Ocurre lo mismo con el excesivo empeño en que las personas se acerquen a la práctica de los sacramentos, que no vaya acompañado de una superación simultánea en su vida de pareja, y en su moral cívica, en su ser de personas humanas. Lo contrario sería caer en el defecto de los fariseos de poner el sábado antes que la persona…

 

Encuesta papal: El resto sólo ha oído respuestas represivas (La Esperanza)

 

Blog de Xabier Pikaza, 13.12.13

 

Pedro Zabala me ha enviado las respuestas elaboradas a la encuesta «papal» sobre la familia por la Comunidad Cristiana «LA ESPERANZA», Logroño. Sobre el texto y preguntas de la Comisión Preparatoria del Sínodo Extraordinario sobre la familia, cf. http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20131105_iii-assemblea-sinodo-vescovi_sp.html ).

Amigo Pedro, he aprendido mucholeyendo vuestro texto, que cuelgo encantado en mi blog. Me honra vuestra palabra. Ayudará mucho a nuestros lectores. En próximos días presentaré yo también mi respuesta, complementaria a la vuestra. Un abrazo a toda la comunidad, que en un mismo barco navegamos.

 

Puntos previos:

 

• Esta encuesta ha sido elaborada por unas 40 personas de la Comunidad Cristiana de la Esperanza, y lo que sigue es el material en el que, básicamente, todos estamos de acuerdo.
• No sabemos qué tiene que ver las enseñanzas de la Biblia, como se citan en la pregunta 1 a.
• Lo que se denomina “enseñanza de la Iglesia” se refiere sólo a la jerarquía, sin que exista fundamento evangélico en estos temas.

 

1.- Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia sobre la familia

a) ¿Cuál es el conocimiento real de las enseñanzas de la Biblia, de la (encíclica) ‘Gaudium et Spes’, de la ‘Familiaris consortio’ y de otros documentos del magisterio postconciliar (Vaticano II) sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cuál es la formación de nuestros fieles para la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?

Los conocimientos son muy escasos, y generalmente limitados a grupos determinados, como movimientos familiares y similares. El resto solo ha oído normas represivas, lejanas al pensamiento y la situación de las familias actuales, que, en su mayoría, no tienen interés en conocer las doctrinas elaboradas por la jerarquía.

 

b) Allí donde la enseñanza de la Iglesia es conocida, ¿es aceptada integralmente? ¿Hay dificultades en ponerla en práctica? ¿Cuáles?

La enseñanza de la Iglesia no es aceptada integralmente. Ni en lo que respecta al control de la natalidad, ni en la fecundación asistida, ni en normas sobre sexualidad, tipos de familias, etc. En parte es debido al alejamiento de los jóvenes de la Iglesia, y a la separación entre generaciones. También, porque la enseñanza actual de la Iglesia está llena de prohibiciones, y no hay palabras de misericordia, acogida, respeto y libertad.

 

c) ¿Cómo es difundida la enseñanza de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales en el ámbito nacional? ¿diocesano, parroquial? ¿Qué catequesis se hace sobre la familia?

Hay una desconexión entre la Iglesia jerárquica y los fieles. Los programas de Pastoral se basan en una visión irreal y no en propuestas de acogida, inclusión y ayuda. La Iglesia plantea además que su tipo de familia cristiana es el único posible, y esto no se corresponde con la realidad actual. La catequesis percibida en estos años parece haber estado limitada a condenar el divorcio y el aborto, aunque la mayoría desconocemos la catequesis parroquial realizada para las familias y la realizada por grupos especializados (encuentros prematrimoniales y movimientos familiares).

d) ¿En qué medida –concretamente sobre qué aspectos—tal enseñanza es realmente conocida, aceptada, rechazada y/o criticada en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de la enseñanza de la Iglesia sobre la familia?

Es rechazada en los aspectos relacionados con regulación de la natalidad, sexualidad, etc. Y ello, porque hace mal uso de su autoridad moral o su peso doctrinal, imponiendo una doctrina que no se deduce del Evangelio y supone un desconocimiento de la sociedad actual y del hombre moderno. Se ve a la Iglesia como desconectada de la realidad de una sociedad en cambio permanente.

 

2.- Sobre el matrimonio de acuerdo con la ley natural:

 

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto en ámbito institucional, educativo y académico, como en ámbito popular? ¿Qué ópticas antropológicas se sobreentienden en este debate sobre el fundamento natural de la familia?

El concepto de “ley natural” no deja de ser discutible en su significado.
La familia es considerada como un grupo de personas que viven, se aman y comparten su vida, y en ella se educa en valores. Hoy es una unidad de consumo, en tiempos no lejanos fue también de producción. A lo largo de la historia ha habido muchos tipos de familia: matriarcal, patriarcal, larga -varias generaciones unidas bajo una cabeza común- corta, pareja con hijos a su cargo, que es la que hoy predomina. Sirve para la primera socialización de los niños a través del lenguaje y para la transmisión de valores. En las sociedades religiosamente homogéneas, los niños reciben en ella la primera educación en la fe.
Es una institución indispensable para la sociedad, y existe antes que la propia Iglesia. Se entiende que la familia se asienta, fundamentalmente, en la unión de un hombre y una mujer, pero, casi de la misma forma, se acepta la posibilidad de que personas con otras orientaciones sexuales, como los homosexuales, conformen una familia.
Buena parte de los problemas de la postura de la Iglesia tienen su origen en el papel principalmente reproductivo que le da a la sexualidad, sin aceptar su vertiente lúdica y como forma de comunicación y reforzamiento del amor humano. De aquí surgen sus problemas para aceptar otros tipos de familias.

 

b) El concepto de ley natural con relación a la unión entre el hombre y la mujer ¿es comúnmente aceptado como tal de parte de los bautizados en general?
La ambigüedad del concepto de ley natural impide dar una respuesta tajante. Sería más fácil decir que para muchos el matrimonio es la unión de hombre y mujer, pero que puede haber familias sin que exista una formalización matrimonial.

 

c) ¿Cómo es contestada en la práctica y en la teoría la ley natural sobre la unión entre hombre y mujer en vistas de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?

La sociedad civil respeta la libertad de una relación. La jerarquía sólo lo acepta para los bautizados si existe un Sacramento. Civilmente está aceptada también la unión entre parejas del mismo sexo. Y nuestra sociedad, y la mayoría de los cristianos, lo ve con cierta naturalidad, en especial cuando conocen algún caso de cerca.

 

d) En el caso de que pidan el matrimonio los bautizados no practicantes o quienes se declaran no creyentes, ¿cómo afrontar los desafíos pastorales que derivan de ello?

Si ambos cónyuges se declaran no creyentes, el administrar el Sacramento sería incomprensible. En ocasiones se ha administrado sin un planteamiento serio de la fe de los contrayentes. Se han aceptado algunos casos porque la Iglesia no concede la misma validez al matrimonio civil. Para los no practicantes, podría aprovecharse para hacer una pastoral sobre su alejamiento. En caso de que sea creyente uno de ellos, podría estudiarse cada caso, en especial por lo que respecta a la educación de sus hijos.

 

3.- La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización:

 

a) ¿Cuáles son las experiencias surgidas en los últimos decenios en orden a la preparación al matrimonio? ¿De qué manera se ha intentado estimular el deber de evangelización de los esposos y de la familia? ¿De qué manera promocionar la conciencia de la familia como «Iglesia doméstica»?.
No creemos que los esfuerzos realizados en este sentido hayan sido fructíferos. Las parejas hacen los cursillos prematrimoniales cuando se les obliga a ello, pero tras su boda lo habitual es que no vuelvan a la Iglesia hasta que tienen que pedir otro Sacramento para sus hijos (Bautismo, Primera Comunión). Las Parroquias se preocupan casi en exclusiva de la catequesis de 1ª Comunión y Confirmación, pero deberían dedicar más esfuerzos a jóvenes y parejas. Habría que reconducir toda la pastoral familiar y orientarla de otra forma, porque actualmente parece inútil. Habría que reconducirla hacia encuentros amplios con matrimonios o con otras parejas que vivan su fe en determinados grupos.

b) ¿Se ha conseguido proponer estilos de plegaria en familia que consigan resistir a la complejidad de la vida y cultura actuales?

La pregunta supone que los miembros adultos de la familia viven su fe, cosa que solo puede decirse de minorías de bautizados.
Falta una catequesis de oración profunda. Más bien está desapareciendo la plegaria familiar en nuestra sociedad. Los rezos de oraciones como el Rosario, o en las comidas, etc., suelen limitarse a rezar con los niños al acostarse y poco más. El ritmo y las condiciones de vida de la sociedad actual están acabando con la costumbre del rezo en familia.

 

c) En la crisis actual entre generaciones, ¿cómo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de transmisión de la fe?

La pregunta parece suponer que la fe es fundamentalmente heredada. Una fe adulta requiere una actitud personal de respuesta confiada a la llamada del Señor.
La fe sigue presente en generaciones de mayores, y es apenas un rescoldo entre las familias jóvenes. La transmisión de la fe de una generación a otra está siendo un fracaso. Nuestros hijos valoran nuestra forma de vida, nuestro ejemplo y compromiso, pero no viven nuestra fe ni nuestra religiosidad en el mismo grado. Los jóvenes valoran la solidaridad, pero no dan el paso de descubrir la raíz de esos valores que es la fe, o a la figura de Jesús. Viven muchas veces una solidaridad meramente humanista, sin trascendencia religiosa. La influencia de la familia en la transmisión de los valores era importante en nuestra generación, pero hoy en día la mayoría de la información que les influye proviene de grupos humanos extrafamiliares y de los medios de comunicación, que en general son banales o superficiales. Podríamos decir que a los jóvenes les educa más la sociedad que la familia.

 

d) ¿En qué manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar han sabido crear caminos ejemplares?

No parece que las Iglesias locales ni los movimientos de espiritualidad hayan creado caminos. Sin embargo, el ejemplo de vida de personas concretas (padres, abuelos) sí que les llama la atención a los jóvenes. Cualquier camino, y ejemplo, en especial el vivir la fe en pequeños grupos, puede ser útil. En concreto, valoramos caminos determinados, como los movimientos de espiritualidad, grupos religiosos, Comunidades de Base, etc., aunque sean poco perceptibles para la sociedad actual.

 

e) ¿Cuál es la aportación específica que parejas y familias han conseguido dar respecto a la difusión de una visión integral de la pareja y de la familia cristiana que sea actualmente creíble?

El ejemplo de compartir la vida y el amor, con fidelidad, durante años, es muy valorado entre los jóvenes, pero, no obstante, la experiencia dice que su visión de la pareja y la familia es muy diferente. Sin embargo, valoran mucho el ejemplo de solidaridad, compromiso, trabajo, participación en ONGs u otras plataformas, y grupos cristianos, como Movimientos familiares o encuentros de matrimonios, aunque con una difusión muy limitada.

f) ¿Qué atención pastoral ha manifestado la Iglesia para apoyar el camino de las parejas en la formación y de las parejas en crisis?

Como hemos dicho antes, de las parejas en formación sólo se efectúa el cursillo prematrimonial, con muy pocos resultados. Cuando una pareja está en crisis se sienten solos y abandonados de la Iglesia, en especial si deciden divorciarse. Para estas parejas no hay una pastoral específica, y no estamos seguros de que la aceptaran las propias parejas. En nuestra Diócesis existe el Centro de Orientación Familiar (COF). Pero falta una aproximación de organismos de la Iglesia a parejas en crisis, divorciados, personas que han sufrido violencia de género, parejas homosexuales, etc.

 

4.- Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles:

 

a) La convivencia «ad experimentum» (experimental), ¿es una realidad pastoral de relieve en la Iglesia particular (local)? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente?

Entendemos por convivencia “ad experimentum” la convivencia formal, antes del matrimonio. Pero la mayoría de las uniones de hecho no se hacen con vistas al matrimonio, ni civil ni, menos aún, ante la Iglesia. No existen apenas convivencias ad experimentum, tal como se plantea en la pregunta.

 

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento ni religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos fiables?

Sí existen, y pueden estar debidamente reglamentadas civilmente. No sabemos si hay estadísticas.

 

c) Los separados y divorciados que se vuelven a casar ¿son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente? ¿Cómo se afronta esta realidad a través de programas pastoral adecuados?

Lamentablemente ésta es una realidad lacerante y casi del todo desatendida en nuestras Iglesias. Sabemos que se están iniciando, tímidamente, algunas iniciativas pastorales, para practicar, principalmente, la acogida y el diálogo, pero que aún no han visto la luz. El porcentaje de este tipo de parejas es alto, aunque es difícil de calcular. Cada vez son más los matrimonios que fracasan, y resulta injustificable que no se les permita volver a amar, y querer formar una nueva familia. Se convierten en seres estigmatizados y que acaban por abandonar la fe y la práctica sacramental.
Sin embargo, personas casadas civilmente, y luego divorciadas, que más tarde quieren casarse religiosamente, pueden hacerlo sin problemas.
En pequeñas Comunidades, las personas divorciadas, o divorciados que han vuelto a casarse, son acogidas fraternalmente, sin ninguna distinción, al igual que sacerdotes secularizados, y así pueden continuar viviendo su fe.

 

d) En todos estos casos, ¿cómo viven los bautizados sus irregularidades?
¿Son conscientes de ellas? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?

Más bien se sienten indiferentes; y es que la religión y sus normas cada vez les dice menos. En muchos casos también se sienten excluidos. Porque lo están. La indiferencia sólo viene después de mucho tiempo, cuando comprueban que su madre, la Iglesia, les abandona o les trata como seres apestados. Sería deseable un cambio de tendencia hacia una acogida fraterna.

 

e) ¿Cuáles son las peticiones que las personas divorciadas y vueltas a casar dirigen a la Iglesia, respecto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en esta situación, ¿Cuántas piden estos sacramentos?

Después de la dolorosa experiencia de la separación o del divorcio, cuando las personas separadas vuelven a encontrar el amor, esperan de la Iglesia una actitud de comprensión y apertura. Pero, habitualmente, no la encuentran, salvo en pequeñas comunidades. Es necesario y urgente que la Iglesia modifique su actitud ante los divorciados vueltos a casar. Es uno de los problemas más graves con que hoy se encuentra la pastoral matrimonial. Hay que abrirles la puerta para que puedan participar en la eucaristía y vivir la vida sacramental.

 

f) ¿La simplificación de la praxis canónica, respecto al reconocimiento de la declaración de anulación del vínculo matrimonial podría ofrecer una real contribución positiva para la solución de los problemas de las personas implicadas? En caso afirmativo, ¿de qué manera?

Por ese camino podría encontrarse una vía de solución del problema. Pero el tema de la declaración de nulidad matrimonial no se acepta tan fácilmente; está rodeado de un gran desprestigio: por sus costes, sus mecanismos jurídicos y por su absurda lentitud. Por otra parte, la anulación no debe ser la solución cuando ese matrimonio ha sido consentido, consciente, y generalmente ha representado unos años de convivencia gratificante. El problema radica en la idea de indisolubilidad del matrimonio. Si éste solo acaba con la muerte de uno de los cónyuges, también habría que aceptarlo por la muerte del amor en la pareja.
Además, es una arbitrariedad autoritaria que la jerarquía se crea con capacidad para decidir sobre si existe o no un matrimonio. Es una cuestión que solo pueden resolver auténticamente los cónyuges con su conciencia ante Dios. Esto pone en entredicho el mantenimiento de estos tribunales eclesiásticos, y en todo caso deberían humanizarse sus procedimientos.

 

g) ¿Existe una pastoral para acercarse a estos casos? ¿Cómo se desarrolla tal actividad pastoral? ¿Existen programas sobre ello en ámbito nacional y diocesano? ¿Cómo se anuncia a separados y divorciados vueltos a casar la misericordia de Dios y cómo se concreta el sostén de la Iglesia en su camino de fe?

Lamentablemente la mayoría de los separados y vueltos a casar, que quieren seguir viviendo su fe, en vez de sentir la misericordia de Dios de mano de los ministros responsables de la pastoral, lo que sienten es el rechazo de la Iglesia, excepto los que se integran en pequeñas Comunidades. Es triste constatar que no existe en las Iglesias una pastoral de la misericordia y de la acogida.

 

5.- Sobre las uniones de personas del mismo sexo:

 

a) ¿Existe en vuestro país una ley civil que reconozca las uniones de personas del mismo sexo equiparadas de alguna manera al matrimonio?

Sí, existe desde 2005.

 

b) ¿Cuál es la actitud de las Iglesias particulares y locales tanto frente al Estado Civil promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, como frente a las personas implicadas en este tipo de unión?

Es una actitud de enfrentamiento. La Iglesia española ha protagonizado manifestaciones contra el matrimonio gay, haciendo declaraciones que se alejan del Evangelio clamorosamente, y dando ejemplo de una absoluta falta de misericordia y de sentido cristiano. Las convocatorias de encuentros de la “familia cristiana” en la plaza de Colón de Madrid o las sucesivas declaraciones de algunos obispos respecto al asunto retratan una realidad de la Iglesia española, absolutamente politizada y unida a unos valores que nada tienen que ver con el espíritu evangélico. En algunos casos, ha habido sacerdotes que sí que han acogido a estas personas.

 

c) ¿Qué atención pastoral es posible tener hacia las personas que han elegido de vivir según este tipo de uniones?

La misma atención de acogida generosa y comprensiva que observamos con todos los hermanos bautizados. No debemos olvidar que antes que seres sexuados son personas, hijos del mismo Padre. No son enfermos, ni peores, sino que son distintos por su sexualidad.

 

 

d) En el caso de uniones de personas del mismo sexo que haya adoptado niños, ¿cómo comportarse en vistas de la transmisión de la fe?

Como en las otras familias. A todos los niños hay que ofrecerles el mensaje de Jesús, independientemente de la familia de la que formen parte.

 

6.- Sobre la educación de los hijos en el seno de situaciones matrimoniales irregulares:

 

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes con relación a los niños nacidos y crecidos en familias regularmente constituidas?

La desconocemos. Pero la proporción debe ser muy baja.

 

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué solicitan? ¿Solo los sacramentos o también la catequesis y la enseñanza en general de la religión?

Muchos no le piden nada a la Iglesia. Los que tienen alguna inquietud religiosa, solicitan los sacramentos que tienen una cierta relevancia social como el bautismo, la primera comunión, el Matrimonio. En general no piden catequesis.
Es la iglesia, en cambio, la que quiere dar enseñanza de religión en todos los centros educativos. La clase de religión se percibe como una carga impuesta que no les dice nada importante. Debería sustituirse por el estudio del Hecho religioso o la Historia de las religiones, pero no en una catequesis.

 

c) ¿De qué manera las Iglesias particulares se acercan a la necesidad de los padres de estos niños para ofrecer una educación cristiana a los propios hijos?

Seguramente de ninguna manera.

 

d) ¿Cómo se desarrolla la práctica sacramental en estos casos: la preparación, administración del sacramento y el acompañamiento?

Actualmente, y salvo casos aislados, de ningún modo. A los niños se les da catequesis como a los demás.

 

7.- Sobre la apertura de los esposos a la vida

 

a) ¿Cuál es el conocimiento real que los cristianos tienen de la doctrina de la (encíclica) «Humanae Vitae» sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia hay de la evaluación moral de los distintos métodos de regulación de los nacimientos? ¿Qué profun dizaciones se podrían sugerir sobre ello desde el punto de vista pastoral?
Poco conocimiento de la encíclica, aunque se haya oído hablar de ella de la paternidad responsable y la prohibición de anticonceptivos. Sobre estos métodos interesa su eficacia, no la moralidad, que consideran anticuada y no le hacen ningún caso casi de forma universal. Paternidad responsable no puede ser “tener todos los hijos que Dios quiera. Antes de plantear prohibiciones habría que escuchar propuestas, así como educar tanto en la responsabilidad de la maternidad/paternidad como en la responsabilidad de la sexualidad.

 

b) ¿La doctrina moral es aceptada? ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que hacen difícil su aceptación en la mayoría de las parejas?

Más que aceptada es sufrida por parejas timoratas y psicológicamente inseguras, pero, cada vez, reconocen menos la autoridad de la Iglesia en este campo. Además, quienes plantean estas cuestiones son hombres célibes, que jamás han tenido que afrontarlo, de modo que a las parejas actuales no les resulta difícil ignorar instrucciones prohibitivas sobre la sexualidad. El problema es que se hace doctrina sobre parejas sin tener en cuenta a las parejas.

 

c) ¿Qué métodos naturales se promueven de parte de la Iglesias particulares para ayudar a los cónyuges a poner en práctica la doctrina de la «Humanae vitae»?

Las iglesias particulares también han renunciado a hablar de esto. De otro lado, tan natural es el método Ogino y la abstinencia, como la relación amorosa y gozosa, no programada. La Iglesia no valora suficientemente la importancia de las relaciones de pareja a través de la sexualidad como expresión del amor de los cónyuges.

Hay que superar, por desfasada y falsa, la distinción entre métodos naturales y artificiales de control de la natalidad. Igual que habría que diferenciar claramente entre la prevención del embarazo (métodos anticonceptivos) y la interrupción del mismo (Métodos abortivos). La píldora del día después y el DIU, que la jerarquía puede considerarlo abortivo, es considerado un método anticonceptivo para la mayor parte de la comunidad científica.

 

d) ¿Qué experiencia hay sobre esta cuestión en la praxis del sacramento de la penitencia y en la participación en la eucaristía?

Hace años esta cuestión creaba muchos escrúpulos en las parejas, pero actualmente no. Las parejas no tienen ningún sentido de culpa por no seguir la doctrina de la Humanae Vitae. Además, el sacramento de la Penitencia se ha desprestigiado y ha sido abandonado por la mayoría de los cristianos y los que desean participar en la Eucaristía lo hacen porque no tienen ninguna sensación de culpabilidad.

 

e) ¿Qué contrastes se evidencian entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil a este respecto?

La Iglesia española, muy cercana a una determinada opción política, ha tenido un enfrentamiento claro, cuando se han puesto en marcha iniciativas civiles, como el divorcio, el aborto, matrimonios del mismo sexo, etc. Una vez regulados legislativamente estos temas, la mayoría de los cristianos los acepta sin grandes problemas, aunque otros mantienen una fuerte actitud crítica.

 

f) ¿Cómo promover una mentalidad mayormente abierta a la natalidad? ¿Cómo favorecer el aumento de los nacimientos?

¿Dónde se dice que la Iglesia deba fomentar la natalidad? Hoy el problema es el desarrollo económico descontrolado: sería necesarios los recursos de varios planetas como el nuestro, si toda la población tuviese el nivel de vida de los países de Occidente. La cuestión es la grave desigualdad entre los países pobres con alta tasa de natalidad y los ricos con baja: ¿no habría que apoyar la emigración?

En este sistema neoliberal, donde todo se mercantiliza es preciso tener un buen trabajo y bien pagado, donde una familia pueda educar responsablemente a sus hijos. En nuestra sociedad española con 6.000.000 de parados, con puestos de trabajo precario e inseguro, la falta de vivienda, el desmantelamiento del Estado del Bienestar (con la entrega al negocio capitalista de la educación, la sanidad, las ayudas a la dependencia, etc.), la escasez de guarderías infantiles, los raquíticos permisos de natalidad y la falta de conciliación entre la vida laboral y familiar son obstáculos graves para que las parejas españolas se decidan a procrear. La responsabilidad de muchas parejas les lleva a evitar los hijos o tener solo uno o dos a lo sumo; lo contrario sería una irresponsabilidad. La iglesia debería solicitar menos aumento de natalidad y promover serias campañas de cambio de sistema neoliberal, que ha demostrado ser inhumano, esencialmente injusto y antievangélico, como manifiesta el papa Francisco en recientes declaraciones. Por eso, el problema no es religioso, sino político y socioeconómico y en este sentido el silencio de la iglesia española es hoy escandaloso.

 

8.- Sobre la relación entre la familia y la persona

 

a) Jesucristo revela el misterio y la vocación del hombre: ¿la familia es un lugar privilegiado para que esto suceda?

Indudablemente sí; la familia debería ser el lugar para la vivencia y transmisión de la fe, siempre que los miembros adultos de la familia la vivan. La familia, en sus diversas formas, es una estructura social muy adecuada para poner en práctica el Reino de Dios: miembros unidos por el amor mutuo, la generosidad, el desprendimiento, la ayuda al más necesitado, la igualdad, el perdón y tantos otros valores… Pero estamos llamados a una fraternidad universal, no solo limitada a nuestra familia.

 

b) ¿Cuáles situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?

La pobreza, la desigualdad, el individualismo, la competitividad, el consumismo, el dinero por encima de todo, el estilo de vida sin tiempo para disfrutar la convivencia humana y familiar, es decir, todo aquello que genera el sistema económico neoliberal y que produce efectos como la situación laboral, la crisis económica, el aislamiento en la nuevas tecnologías, etc. Todo esto, indudablemente, está dificultando este encuentro con Cristo. Pero también la actitud de la Iglesia ante las parejas divorciadas, o las situaciones de violencia de género, insuficientemente condenadas por la jerarquía, o la falta de participación en la vida eclesial.

 

c) ¿En qué medida la crisis de fe que pueden sufrir las personas inciden en su vida familiar?

En una situación ideal, la crisis de fe podría ser una oportunidad para abandonar la fe del carbonero, irracional y mágica, para profundizar en una fe, como seguimiento consciente y responsable a Jesús en su propuesta de hacer el Reino de Dios. Pero esto no es lo habitual.

 

9.- Otros desafíos y propuestas.

 

¿Existen otros desafíos y propuestas respecto a los temas tratados en este cuestionario, que sean consideradas como urgentes o útiles de parte de los destinatarios?
Es urgente oír al mundo, a las personas que vivimos en él, escuchar sus problemas y sus preguntas, para responder como hacía Jesús. No nos sirven respuestas abstractas, cocinadas desde creencias, a veces, no evangélicas.
Es urgente democratizar la iglesia, abandonar su actitud defensiva por una actitud permanente de búsqueda evangélica, servidora siempre del mundo y de cualquier situación en necesidad. Una encuesta sobre la familia, donde la madre es tan importante en esta pequeña estructura social, debería tener presente el papel, igualmente importante, de la mujer en la estructura organizativa de la iglesia.

Deseamos que las respuestas que se den a este cuestionario, sean las que sean, puedan ser tenidas en cuenta para la construcción de una Iglesia más participativa, más inclusiva, más pendiente de los sufrimientos y anhelos del hombre y la mujer de hoy. El verdadero desafío es volver a colocar a Cristo en el centro de nuestras vidas, y la Iglesia debería ser imagen viva del rostro y el espíritu de Jesús de Nazaret.

Finalmente, agradecer este tipo de iniciativas, y desear que tengan un fruto en forma de decisiones que abran a la Iglesia a una auténtica pastoral familiar, que afronte los desafíos con valentía e inclusión, como lo haría Jesús, el Resucitado, el motor que habría de movernos y que nos dijo que allí donde dos o más estén reunidos en su nombre, ahí estará él.

 

Cuestionario del Papa Francisco. Ante una nueva visión de la familia

 

Blog de Xabier Pikaza, 07.01.14

 

He presentado dos veces unas respuestas al Cuestionario enviado por la Comisión Vaticana sobre la familia (Comunidad la Esperanza de Logroño: 13. 12.13; presentación personal: 26.12.13).

Hoy quiero ofrecer unas respuestas de conjunto, como creyente, como aficionado a la teología, y como persona de cierta experiencia (pueden llamarme Monseñor, como dice el Papa Francisco, pues tengo más de 65 años) . El tema es clave no sólo para la Iglesia Católica, sino también para la gran familia humano. Ante una nueva visión de la familia estamos, sin duda, en este comiendo del tercer milenio. Buen día a todos.

 

CUESTIONARIO (En cursiva el comienzo de las preguntas).

 

1 – Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia en relación a la familia… ¿Cuál es el real conocimiento de las enseñanzas de la Biblia, de la Gaudium et Spes, de laFamiliaris Consortio y de otros documentos del Magisterio post-conciliar sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica?…

 

Éste es el defecto mayor de la encuesta… Cita aquí la Escritura, pero después no la tiene nada en cuenta, la pone al mismo nivel que el Magisterio… Es como si la Escritura fuera secundaria y sólo importara el Magisterio. Para que el sínodo tenga sentido hay que fundar su mensaje en lo que dice la Biblia.

Pero viniendo a responde a la encuesta podemos afirmar que el conocimiento no es grande sino, más bien, muy pequeño… empezando por la misma enseñanza de la Biblia, tal como se centra en el mensaje y en la práctica de Jesús, tal como lo indicó J. Ratzinger en su trabajo sobre la Fraternidad, en el Dic. de Spir.:

 

1. El mismo Magisterio ha dejado en segundo lugar (o ha silenciado) la experiencia básica del evangelio, la novedad de la familia y de la fraternidad mesiánica de Jesús. Ciertamente, no lo ha abandonado en la práctica… y son muchos los movimientos cristianos que han puesto de relieve ese aspecto de la fraternidad y de la familia, pero en general la doctrina del magisterio se ha dirigido en otra línea.

2. Por eso, la preparación del Sínodo debería llevar a un estudio más profundo del sentido de la Familia (y de la fraternidad) en la experiencia de Jesús y de la iglesia primitiva.

3. Falta un conocimiento más profundo de la relación entre la pequeña familia (de tipo matrimonial) y la gran familia social (en línea de fraternidad universal). Es aquí donde el Sínodo debería insistir, estudiando el tema desde la base bíblica.

4. Por otra parte, los documentos posconciliares (de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI) sobre la familia son muy poco conocidos. Apenas han aportado nada a la gran conciencia eclesial. Sólo han llegado a círculos pequeños del propio magisterio, de los teólogos profesionales y de algunos grupos cristianos de tipo “tradicional”. La gran “masa” cristiana ha dejado de interesarse por ellos; más aún, los considera, en general, poco concordes con la inspiración cristiana de la vida.

 

2 – Sobre el matrimonio según la ley natural.¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto a nivel institucional, educativo y académico, como a nivel popular? ¿Qué visiones antropológicas se dan por sobrentendidas en el debate sobre el fundamento natural de la familia?…

 

El tema de la ley natural no queda claro en la mayoría de las conciencias “católicas”. No parece práctico (eficaz) ni evangélicamente positivo insistir en esa ley natural, en contra de lo que sucedía en otro tiempo, en un contexto filosóficamente homogéneo. En este contexto hay que apelar a tres puntos:

 

a. Mucho más importante que el concepto “ley natural” es para los cristianos el concepto de “creación”, tal como ha ido expresándose en la Sagrada Escritura. La Iglesia no puede apelar a la Ley Natural, sino a la visión del hombre que se va expresando en la revelación.

b. Pero la Revelación no puede separarse de la realidad del ser humano, tal como existe de hecho, a lo largo de la historia, en las diversas culturas y religiones. Eso exige un diálogo constante, una “inculturación”, pero nunca se puede partir de un derecho natural concebido como expresión de la esencia eterna del ser humano.

c. Ciertamente, el hombre es “naturaleza”, pero una naturaleza que no puede separarse de la historia… y, en especial, de la libertad humana…
En esa línea se debe revisar urgentemente el concepto de “ley natural”, no para destruirlo, sino para expresarlo de otra forma, en línea de libertad humana y de diálogo…).

 

3 – La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización. ¿Qué experiencias han sido maduradas en las últimas décadas en orden a la preparación al matrimonio? ¿En qué modo se puede promover la conciencia de la familia como “Iglesia doméstica”?…

 

No es mucho lo que se ha hecho en este campo… Ciertamente, la pastoral familiar es muy importante, pero la Iglesia primitiva no ha partido de un concepto intimista de familia, como el que parece defender la pastoral católica… La “domus ecclesia”…, las iglesias domésticas no son iglesias de una familia, sino de un conjunto de familias y de gentes sin familia… Sin un retorno fuerte a la evangelización “social” carece de sentido (o pierde mucha fuerza) la pastoral de familia…

Hay que insistir en la fraternidad de la Iglesia, es decir, en el conjunto de la comunidad… y sólo en ese contexto se puede hablar de una pastoral de familia…No tiene sentido cristiano hablar de una pastoral de pequeña familia como “isla” separada dentro de un conjunto social-eclesial de enfrentamiento, de injusticia…)).

 

4 – Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles. ¿Es una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular la convivencia ad experimentum? ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos confiables?

 

En este campo, la Iglesia sólo tiene un ideal, que es la permanencia del amor… (Jesús, Pablo)… y el descubrimiento del sentido del amor en el contexto de la unión de Cristo con la Iglesia, es decir, en el contexto del “Cuerpo de Cristo” (Ef 5)… Eso ha de quedar firma como “ideal”, como meta a la que tiende la vida de los creyentes, pero no puede imponerse como ley. En esa línea de pueden ofrecer algunos consejos, entendidos como líneas de orientación, no como normas canónicas:

a. En primer lugar, ha de tenerse un total y absoluto respeto por las uniones de hecho, que ya no son “ad experimentum”, antes de casarse, sino que son parejas sin más… Hay que tener un inmenso respeto por el “matrimonio civil”, entendido como institución personal y social. En ese contexto, la Iglesia no puede condenar nada, sino ofrecer, para los que quieran (quien pueda entender entienda) un ideal de permanencia en el amor, no por obligación o por ley, sino por ideal evangélico y humano.

b. La tarea de la Iglesia no consiste en dictar normas o leyes para otros, sino en ofrecer el testimonio de una vida fundada en el matrimonio, el testimonio de unas experiencias comunitarias y familiares llenas de gozo y de sentido)).

 

5 – Sobre las uniones de personas del mismo sexo.¿Existe en el país una ley civil de reconocimiento de las uniones de personas del mismo sexo equiparadas, de algún modo, al matrimonio?…

 

En este campo la actitud de algunas iglesias ha sido lamentable. La iglesia no puede oponerse al matrimonio “civil” (humano) entre personas del mismo sexo. Posiblemente la Iglesia no dirá (en su lenguaje sacramental) que esa unión es un “matrimonio” en su sentido tradicional… pero la Iglesia puede y debe admitir la unión de personas del mismo sexo, tal como se admite legalmente en muchos países. Y además deberá dar a esa unión (si así lo piden y quieren los interesados) una bendición profunda:

 

a. La iglesia deberá aceptar (y alabar) la unión libre entre personas del mismo sexo… en una línea evangélica, de compromiso mutuo en el amor. Todo lo que sea compromiso en el amor es bueno. En esa línea se podría buscar la posibilidad de establecer algún tipo de signo (de sacramental cristiano) para personas que quieren comprometerse a vivir su unión en forma evangélica, es decir, de gratuidad y de servicio mutuo.

b. El tema de la adopción de niños resulta más complejo, porque parece que es conveniente la existencia de las dos figuras (materna y paterna) en el proceso formativo, pero éste es un tema abierto, que deberá plantearse desde una perspectiva más extensa. Quizá no tengamos aún distancia suficiente para ofrecer respuestas en este campo)).

 

6 – Sobre la educación de los hijos en las situaciones matrimoniales irregulares

Posiblemente deba revisarse el mismo término de “matrimonios irregulares”. Ese concepto de irregular ha de ser replantado…Ha de tenerse en cuenta que el niño forma parte de la familia pequeña…, pero en la Iglesia forma también parte de una comunidad más amplia, que quiere vivir según el evangelio.

 

7 – Sobre la apertura de los cónyuges a la vida. a) ¿Tienen los cristianos un real conocimiento de la doctrina de la Humanae vitae sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia se tiene del valor moral de los diferentes métodos de control de los nacimientos?

La doctrina de la Humanae Vitae sólo se cumple en grupos muy pequeños de la Iglesia. La mayoría de los católicos piensan que esa “doctrina” no responde ni el evangelio ni a la experiencia concreta de la vida cristiana. La mayoría de las Iglesias (de los obispados) han dejado de insistir en ese tema. Pienso que es el momento de decir en esta campo tres cosas:

 

a) La iglesia tiene que decir que, en este campo, por prudencia, durante un tiempo ha mantenido los principios de la Humane Generis, pero que ese tiempo de “prudencia” ha pasado, de manera que ella deja el tema en manos de las comunidades cristianas y de las familias, para que ellas decidan, en conciencia y en diálogo, en amor mutuo y amor a la vida.

b) En ese contexto es absolutamente necesario pasar del plano de las prohibiciones al plano de la iluminación, descubriendo el proceso de concepción y nacimiento como experiencia de participación en el despliegue creador de Dios. Se trata de convertir el proceso generativo en un acontecimiento mutuo de amor. Hay que pasar del nivel de “naturaleza” en que se ha situado muchas veces la pastoral de la Iglesia al nivel de la libertad personal.

c) Éste es un campo clave de la teología y de la vida cristian….

 

8 – Sobre la relación que existe entre la familia y la persona

 

a) Jesucristo revela el misterio y la vocación del ser humano ¿La familia es realmente un ambiente privilegiado para que esto tenga lugar?

 

El problema no es la familia cerrada en sí… El tema es el cristiano como tal… y la comunidad. No se puede hablar de buenas familias si no existe una conversión de las comunidades, una fraternidad real de comunidades, en línea de justicia y de igualdad básica. El tema de la familia se inscribe dentro de la experiencia y tarea de la comunidad… y de la libertad de la persona… Frente a una visión intimista de la persona tenemos que desarrollar una visión de la persona en clave social-comunitaria… y en clave de libertad personal… En ese contexto son fundamentales estos aspectos:

‒ desarrollo personal, libertad
‒ relación de amor en sus varias formas: sexual, paterno, filial, fraterno
‒ posibilidad de un celibato vivido por el reino de los cielos))

 

9 – Otros desafíos y propuestas.¿Existen otros desafíos y propuestas en relación a los temas tratados en este cuestionario que merezcan ser considerados como urgentes o útiles?

(Los que venimos presentando en clave de libertad personal, visión histórica del ser humano… y realidad social…))

 

Respuesta sencilla a una encuesta farragosa

 

Redacción de Atrio, 14-Enero-2014

 

Para el sínodo sobre la familia que se iniciará en Octubre de 2014 y tendrá la sesión para tomar decisiones en Octubre de 2015, se lanzó un  cuestionario previo y se recomendó a los obispos que consultaran lo más ampliamente posible a los cristianos sobre ello. ¿Qué se ha hecho? ¿A quien se han entragado y cómo se han tabulado las respùestas, si es que era posible hacerlo con ese tipo de encuesta farragosa? Hace tiempo que ATRIO se ha ofrecido para publicar respuestas parciales. Y hoy ofrece esta de una comunidad cristiana de Santander, que se distingue por su brevedad e ir al grano.

 

LA COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE “IGNACIO ELLACURÍA” RESPONDE AL

CUESTIONARIO DEL PAPA

La comunidad eclesial de base “Ignacio Ellacuría” de Santander ha estudiado y orado el cuestionario del papa para el sínodo de la familia y queremos compartir nuestras reflexiones tras unas observaciones previas:

 

1)      Nos alegra que se abra una consulta sobre este tema ya que la doctrina de la Iglesia sobre la familia dista mucho del sentir de los fieles (sensus fidelium). Muchas familias viven con profundidad su fe y con frecuencia dejan a un lado, a veces con dolor, las enseñanzas oficiales de la Iglesia.

2)      Nos parece que la formulación concreta del cuestionario es farragosa y no ayuda mucho a que pueda haber una reflexión abierta sobre este tema tan importante. Muchos cristianos, no familiarizados con la “jerga” eclesiástica, tienen dificultades para entender este lenguaje.

3)      Nos duele que los obispos hayan dado en sus diócesis muy poca difusión a este cuestionario, aunque dicen que están muy preocupados por la pastoral familiar. ¿No será que están, más bien, ocupados en que no se cuestione su pastoral familiar?

Tras estas observaciones, pasamos a ofreceros las reflexiones que hemos hecho de una manera global, no pregunta por pregunta, al cuestionario.

 

  • La catequesis que se hace sobre la familia es doctrinaria e ideológica y se da mucha importancia al mantenimiento de unas estructuras familiares tradicionales sin superar una visión patriarcal y sin tener en cuenta realidades nuevas: familias mono-parentales, sin vínculos jurídicos, de homosexuales o lesbianas… Estructuras tradicionales que no son necesariamente las únicas o más evangélicas; estructuras más preocupadas, a veces, de atar que de cultivar la frescura de un amor, venido de Dios, que nos hace libres y responsables. Nos da la impresión de que por un lado va la doctrina que se repite machaconamente, sin demasiada convicción, y por otro lado la vida by I Want This\\\0022 «»> concreta que va haciendo historia.
  • Nos parece muy importante la necesidad de una reflexión profunda y no partidista para desmontar un concepto interesado de ley natural que utiliza una y otra vez la Iglesia de una manera ilegítima. ¿Quién interpreta lo que es conforme a ley natural y lo que es antinatural? ¿Qué es la recta razón y quién la valida como recta? Con la etiqueta de lo natural se han cometido muchos disparates en las sociedades civiles y en las iglesias de todas las religiones.

 

Los encargados de velar por la recta doctrina de la Iglesia parecen tener muy claro a quién pertenece la interpretación de qué es y qué no es conforme a ley natural y cuándo algo es verdad inapelable porque proviene de la recta razón. No puede pretenderse que haya una instancia que se auto-arrogue la autoridad humano-divina para tener la última palabra sobre lo que es o no es conforme a la ley natural o a la recta razón. Esto es lo que hace con frecuencia el magisterio católico cuando habla sobre estos temas.

Esto, que parece estar en el terreno de la pura teoría, tiene grandes repercusiones en la práctica. Lo podemos ver con claridad en los siguientes ejemplos:

–          ¿Es ir contra la ley natural y la recta razón el uso de métodos anticonceptivos, llamados por la Iglesia no naturales?

–          ¿Es ir contra la ley natural el que se reconozca el matrimonio de dos personas del mismo sexo que se aman y quieren vivir en pareja by I Want This\\\0022 «»> de manera estable y con todos los derechos sociales?

–          ¿Es contra la ley natural y la recta razón que dos personas del mismo sexo adopten una niña o un niño?

 

Creemos que en estos temas no se puede pensar ni obrar a la ligera; pero afirmamos que la búsqueda de lo que es bueno es una tarea que tienen encomendada todas las instituciones y personas que buscan el bien general y no es una exclusiva del magisterio de la iglesia que quiere ir más allá de lo que son sus legítimas competencias. En estos momentos el magisterio está dispuesto a aceptar algunos principios consagrados en el concilio Vaticano II como el pluralismo político y una cierta laicidad del Estado; pero no un pluralismo ético. El magisterio de la iglesia intenta apropiarse la prerrogativa de ser el intérprete de la ley natural. Esto es ilegítimo y acarrea males a la propia iglesia que se enfrenta, sin ningún derecho humano ni cristiano, a la sana autonomía humana.

 

  • Se pregunta en el cuestionario cómo viven los bautizados sus irregularidades. Nosotros nos hemos fijado en dos ejemplos que se citan: 1) la convivencia “ad experimentum” (experimental), es decir: ir a vivir en pareja by I Want This\\\0022 «»> antes de casarse y 2) el acercamiento de los divorciados y vueltos a casar a los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación.

 

Estos dos ejemplos nos muestran lo alejada que está la Iglesia oficial de la realidad, una realidad no manchada de pecado sino abridora de nuevos caminos. Caminos, en muchos casos, hacia el amor del Dios de Jesús, el Salvador. Quien ha tenido la suerte de hacer estos pasos, que en el cuestionario se llaman poco acertadamente irregulares, en comunidades cristianas fraternales lo vive sin estridencias; quien no ha tenido esa suerte carga con una cruz no salvadora o se aleja de la iglesia por no considerarla madre.

Ojalá el Sínodo sobre la familia ayude a la Iglesia, a la que pertenecemos, a desprenderse de ideologías paralizantes y poderes controladores y así poder reflejar mejor el rostro de Jesús de Nazaret, el Cristo Salvador.

 

COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE “IGNACIO ELLACURÍA”. SANTANDER.

 

La Comunidad Cristiana de Home Novo, ante el cuestionario sobre la familia

«La Buena Nueva Evangélica de un Dios amoroso, acogedor y compañero, está escondida en una legalidad canónica cerrada»

«Hay otro tipo de uniones tan legitimas como las que propone la Iglesia»

Comunidad Cristiana de Home Novo, 17 de enero de 2014 a las 08:42

 

El desafío reside en el estancamiento de la Iglesia, institución cerrada al desarrollo de los nuevos tiempos en los que la sociedad no encuentra una comprensión, un acogimiento, una compasión a sus verdaderas necesidades. La Buena Nueva Evangélica de un Dios amoroso, acogedor perdonador y compañero, está escondida en una legalidad canónica cerrada.

Mientras esta realidad no cambie, encuestas by I Want This\\\0022 «»> como ésta no tendrán sentido a no ser para un pequeño grupo de gente respetable, si, pero que no representan los verdaderos seguidores de Jesús de Nazaret

1.- Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia sobre la familia

a) ¿Cuál es el conocimiento real de las enseñanzas de la Biblia, de la (encíclica) ‘Gaudium et Spes’, de la ‘Familiaris consortio’ y de otros documentos del magisterio postconciliar (Vaticano II) sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cuál es la formación de nuestros fieles para la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?
La mala difusión impide su buen conocimiento, siendo este superficial y centrado en aquellos aspectos morales que inquieten a aquellos.

 

b) Allí donde la enseñanza de la Iglesia es conocida, ¿es aceptada integralmente? ¿Hay dificultades en ponerla en práctica? ¿Cuáles?
No lo es en su integridad. Por ejemplo, en lo referente a los métodos para la regulación de la natalidad, los fieles toman medidas distintas a las que promueve la enseñanza de la Iglesia.
Si hay dificultades en su práctica. En la transmisión de la fe falta vivencia de la espiritualidad en el seno familiar. En el control de natalidad se buscan métodos eficaces y que permiten el uso del matrimonio en su integridad, incluido el disfrute del placer sexual.

 

c) ¿Cómo es difundida la enseñanza de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales en el ámbito nacional? ¿diocesano, parroquial? ¿Qué catequesis se hace sobre la familia?
La catequesis se hace según la enseñanza de la Iglesia, aunque predomina la moral, en todos los ámbitos
Se cumple con la enseñanza familiar en los momentos oportunos con cursillos prematrimoniales, preparaciones al bautismo, comunión, confirmación.
Se echa en falta la experiencia religiosa de la fe, en personas adultas. Lo que significa que difícilmente pueden transmitir una enseñanza adecuada.

 

d) ¿En qué medida -concretamente sobre qué aspectos-tal enseñanza es realmente conocida, aceptada, rechazada y/o criticada en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de la enseñanza de la Iglesia sobre la familia?
Para la Iglesia existe un solo modelo de familia y este no coincide con la demanda real de la sociedad, que admite en su mayoría uniones que aquella califica de irregulares. De otro modo, el mundo plural que conocemos hoy sobrepasa el reducido que nos muestra la Iglesia, donde personas célibes deciden sobre cuestiones que atañen a los casados.

2.- Sobre el matrimonio de acuerdo con la ley natural…

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto en ámbito institucional, educativo y académico, como en ámbito popular? ¿Qué ópticas antropológicas se sobreentienden en este debate sobre el fundamento natural de la familia?
La Ley Natural no es usada como regla moral, desde el momento que carece de la propiedad de Universal.
El peso de la cultura, necesidades y realidades sociales (trabajo, ciudades, política,…), sicología,… cambian una definicion antropológica que la Iglesia no renueva

 

b) El concepto de ley natural con relación a la unión entre el hombre y la mujer ¿es comúnmente aceptado como tal de parte de los bautizados en general?
No.

Hay otro tipo de uniones tan legitimas como las que propone la Iglesia, y que de hecho se dan y se demandan por una sociedad que experimente esta necesidad.

 

c) ¿Cómo es contestada en la práctica y en la teoría la ley natural sobre la unión entre hombre y mujer en vistas de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?
Con la propia conciencia, o soslayando la pretendida ley natural.
Los organismos civiles han contestado de forma positiva a las necesidades reales de la sociedad. Los eclesiales difieren en la práctica, constatándose una mayor comprensión y aceptación a medida que sus representantes están mas próximos a las familias.

 

d) En el caso de que pidan el matrimonio los bautizados no practicantes o quienes se declaran no creyentes, ¿cómo afrontar los desafíos pastorales que derivan de ello?
Acogiéndolos.

 

3.- La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización.

a) ¿Cuáles son las experiencias surgidas en los últimos decenios en orden a la preparación al matrimonio? ¿De qué manera se ha intentado estimular el deber de evangelización de los esposos y de la familia? ¿De qué manera promocionar la conciencia de la familia como «Iglesia doméstica»?
Es conocido el peso de temas morales (como el sexo) en el ámbito religioso frente a otros como la riqueza y su forma de obtenerla, o al espíritu del evangelio que establece un mínimo de mesura en la forma de vivir, compasión, solidaridad, comprensión.
El estimulo no se ha correspondido con la enseñanza del evangelio., y menos aun con una praxis eclesial desalentadora.
Viviendo una espiritualidad en el seno de la familia.

 

b) ¿Se ha conseguido proponer estilos de plegaria en familia que consigan resistir a la complejidad de la vida y cultura actuales?
No. La falta de espiritualidad no abre cauces en este sentido. La separación entre generaciones que conviven familiarmente impiden un consenso entre la desesperanza de unos y el abandono de otros.

 

c) En la crisis actual entre generaciones, ¿cómo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de transmisión de la fe?
Vale lo dicho en las preguntas anteriores.

 

d) ¿En qué manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar han sabido crear caminos ejemplares?
De ninguna manera. Cuando existen esos caminos no proceden de las parroquias o diócesis, sino de instituciones preocupadas por el crecimiento espiritual.

 

e) ¿Cuál es la aportación específica que parejas y familias han conseguido dar respecto a la difusión de una visión integral de la pareja y de la familia cristiana que sea actualmente creíble?
El compromiso de los miembros de la familia no asegura una integración familiar con ese calificativo ,como unidad celular integral cristiana. La fuerzas que cohesionan la familia no proceden en su mayor parte de esta visión.

 

f) ¿Qué atención pastoral ha manifestado la Iglesia para apoyar el camino de las parejas by I Want This\\\0022 «»> en la formación y de las parejas en crisis?
La poca atención a la espiritualidad en las uniones, como se dijo mas arriba, anula la atención pastoral en este sentido. La mayoría de los no conocen y experimentan el complejo mundo en que se desarrolla la familia, aportando soluciones a los problemas alejados de la realidad.

 

4.- Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles,

a) La convivencia «ad experimentum» (experimental), ¿es una realidad pastoral de relieve en la Iglesia particular (local)? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente?
Es una realidad social silenciada en los ámbitos eclesiásticos, donde no es admitida.
Su porcentaje es alto, en cuanto los fieles conocen esta realidad en sus propias familias y amistades.
Sin embargo no y conocemos estudios serios que lo cuantifiquen,

 

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento ni religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos fiables?
Si , es una práctica en aumento, sobre todo entre jóvenes, debido a las condiciones sociales, y a la conciencia de que la seriedad del compromiso depende de los que se unen.
Tampoco aquí conocemos estudios que lo cuantifiquen.

 

c) Los separados y divorciados que se vuelven a casar ¿son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente? ¿Cómo se afronta esta realidad a través de programas pastoral adecuados?
Son una realidad social que procede de no renunciar a un nuevo proyecto de vida que sustituya al fracasado. Es una extendida demanda, que no tiene contestación en la Iglesia.
Como siempre son realidades sociales actuales y conocidas pero parecen sin proyección social relevante para cuantificarlas.
No existen pastorales preocupadas por mejorar la situación de aquellos que viven estas experiencias. La situación económica de la unión se enfrenta a soluciones espirituales sin proyección real.

 

d) En todos estos casos, ¿cómo viven los bautizados sus irregularidades? ¿Son conscientes de ellas? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?
Hay conciencia de la situación irregular respecto a la Iglesia, y con frecuencia se vive con inquietud, máxime cuando no reciben la atención que merecen y se sienten incomprendidos y rechazados.
De hacho esta percepción les lleva a una situación grave de inseguridad en sus creencias sino al abandono.

 

e) ¿Cuáles son las peticiones que las personas divorciadas y vueltas a casar dirigen a la Iglesia, respecto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en esta situación, ¿Cuántas piden estos sacramentos?
La normalización de su situación, ayudándoles a integrarlas en su religiosidad. No puede soslayarse aquí el fundamento de la compasión y amor que define el cristianismo y comprometido en el Evangelio.

 

f) ¿La simplificación de la praxis canónica, respecto al reconocimiento de la declaración de anulación del vínculo matrimonial podría ofrecer una real contribución positiva para la solución de los problemas de las personas implicadas? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
La praxis canónica no es bien conocida por la mayoría de los párrocos, no prestando la ayuda que los fieles requieren, asesorándoles en sus problemas. Resulta de esto una transmisión deficiente de la situación a los jueces eclesiales, que por su parte, muestran un comportamiento severo, duro y en ocasiones despreciativo de los que sufren los problemas, llevando a cabo interrogatorios que demuestran poco respeto a las personas.
Caso frecuente de nulidad matrimonial es el consentimiento viciado a la hora la unión.
Simplificar el proceso, difundiendo el derecho canónico, y estableciendo cauces simples que recojan los derechos y respeto de las personas, mejoraría sustancialmente esta praxis.

 

g) ¿Existe una pastoral para acercarse a estos casos? ¿Cómo se desarrolla tal actividad pastoral? ¿Existen programas sobre ello en ámbito nacional y diocesano? ¿Cómo se anuncia a separados y divorciados vueltos a casar la misericordia de Dios y cómo se concreta el sostén de la Iglesia en su camino de fe?

 

No existe una pastoral de acercamiento y comprensión.

El anuncio de la misericordia de Dios de su compasión y acogida no resulta corriente, sucediendo con aquellos pocos párrocos que se hacen cargo del problema con un sentido evangélico prioritario.
5.- Sobre las uniones de personas del mismo sexo…

a) ¿Existe en vuestro país una ley civil que reconozca las uniones de personas del mismo sexo equiparadas de alguna manera al matrimonio?
Si, pues el modelo de familia que propone la Iglesia no es el único posible.

 

b) ¿Cuál es la actitud de las Iglesias particulares y locales tanto frente al Estado Civil promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, como frente a las personas implicadas e este tipo de unión?
Discrepando del sentir cada vez mas comprensivo de una mayoría que reconoce una realidad cierta, sin explicaciones tergiversadas ideológicamente o científicamente.

 

c) ¿Qué atención pastoral es posible tener hacia las personas que han elegido vivir según este tipo de uniones?
De acogida, comprensiva y compasiva.

 

d) En el caso de uniones de personas del mismo sexo que haya adoptado niños, ¿cómo comportarse en vistas de la transmisión de la fe?
Con todos los derechos del que gozan los demás.
6.- Sobre la educación de los hijos en el seno de situaciones matrimoniales irregulares…

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes con relación a los niños nacidos y crecidos en familias regularmente constituidas?
Desconocida.

 

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué solicitan? ¿Solo los sacramentos o también la catequesis y la enseñanza en general de la religión?
Desconocida. Las iglesias locales pueden tener acceso, y quizás deberían esforzase en adquirirlo de manera que se facilitase la ayuda a los padres que la solicitan .

 

c) ¿De qué manera las Iglesias particulares se acercan a la necesidad de los padres de estos niños para ofrecer una educación cristianas a los propios hijos?
Sospechamos que en su mayoría no existe. Dada la rigidez de las iglesias, los niños serán victimas de la misma y de la imposibilidad o inhibición de los padres.

 

d) ¿Cómo se desarrolla la práctica sacramental en estos casos: la preparación, administración del sacramento y el acompañamiento?
Desconocido. De nuevo remitimos a los párrocos de las iglesias locales para los que pueden caer en la despreocupación no constituye dado el estado irregular de la familia de la que se parte.
7.- Sobre la apertura de los esposos a la vida…

a) ¿Cuál es el conocimiento real que los cristianos tienen de la doctrina de la (encíclica) «Humanae Vitae» sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia hay de la evaluación moral de los distintos métodos de regulación de los nacimientos? ¿Qué profundizaciones se podrían sugerir sobre ello desde el punto de vista pastoral?
La paternidad responsable no se soluciona con los métodos que propone la encíclica, considerados insuficientes.
La moralidad de la paternidad responsable no depende del método elegido para su consecución.

 

b) ¿La doctrina moral es aceptada? ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que hacen difícil su aceptación en la mayoría de las parejas?
La encíclica solo admite los métodos naturales, condenando el resto como inmorales.

 

c) ¿Qué métodos naturales se promueven de parte de la Iglesias particulares para ayudar a los conyugues a poner en práctica la doctrina de la «Humanae vitae»?
La abstinencia y el Ogino-naus

 

d) ¿Qué experiencia hay sobre esta cuestión en la praxis del sacramento de la penitencia y en la participación en la eucaristía?
De conflicto generador de separación de la Iglesia o abandono de la práctica sacramental.

 

e) ¿Qué contrastes se evidencian entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil a este respecto?
Separacion de los ámbitos, pues es evidente que los criterios de moralidad eclesiásticos no son de aplicación a un colectivo civil.

 

f) ¿Cómo promover una mentalidad mayormente abierta a la natalidad? ¿Cómo favorecer el aumento de los nacimientos?

Aunque el aumento de la natalidad no es un criterio de paternidad responsable, cualquier medida de tipo social o política por parte del estado que asegure la buena crianza y futuro de los hijos favorecerá los criterios de los padres.
8.- Sobre la relación entre la familia y la persona,

a) Jesucristo revela el misterio y la vocación del hombre: ¿la familia es un lugar privilegiado para que esto suceda?
Si en cuanto facilita su realización.

 

b) ¿Cuáles situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?
La crisis económica, crisis de formación, valores admitidos socialmente (dinero), lejanía de la Iglesia de la realidad social.

La fe supone un fuerte compromiso con una vida familiar verdadera, por lo que la crisis puede supone un grave problema familiar

 

9.- Otros desafíos y propuestas.

¿Existen otros desafíos y propuestas respecto a los temas tratados en este cuestionario, que sean consideradas como urgentes o útiles de parte de los destinatarios?
El desafío reside en el estancamiento de la Iglesia, institución cerrada al desarrollo de los nuevos tiempos en los que la sociedad no encuentra una comprensión, un acogimiento, una compasión a sus verdaderas necesidades. La Buena Nueva Evangélica de un Dios amoroso, acogedor perdonador y compañero, esta escondida en una legalidad canónica cerrada.
Mientras esta realidad no cambie, encuestas como esta no tendrán sentido a no ser para un pequeño grupo de gente respetable, si, pero que no representan los verdaderos seguidores de Jesús de Nazaret.

 

 

 

 

RESPUESTAS PERSONALES

 

Juan Masiá Clavel s.j.

Juan Masia es jesuita, profesor en la Univerisad de Sophia, Tokio;  y miembro de una comisión de Bioética. Vive desde hace años en Japón.
Ha publicado diversos libros sobre estas cuestiones y  apoya fuertemente el proceso conciliar.

Cuando nos mandó sus respuestas, le preguntamos si nos daba permiso para hacerlas públicas, porque pueden orientar y enriquecer la reflexión colectiva.

Van a ver que la suya no es una respuesta convencional, de una pregunta tras otra, sino una reflexión más amplia que va al fondo de algunas maneras de plantear los temas.

Esto es algo muy legítimo que no cuestiona las buenas intenciones de quienes hicieron el cuestionario.

Pero, no cabe duda de que la manera de plantear las preguntas, suele condicionar las respuestas. por eso, las metodologías son muy importantes y pueden y deben ser cuestionadas y mejoradas.

También en la Conferencia de Aparecida, que tan buenos frutos dió, hubo cuestionamientos iniciales, que ya difundimos por Proconcil, a la metodología, porque el VER estaba demasiado impregnado por el JUZGAR, perdiendo objetividad y participación de la diversidad. Las críticas fueron bien recibidas y se enriqueció la reflexión y la participación.

La reflexión de Juan, bien fundamentada,  lejos de cualquier ánimo de  dictar doctrina, es la reflexión,  de un experto, con sólida formación, que ha trabajado continuamente sobre estos temas con muchas personas y en dos continentes bien diferentes. Es por ello que pensamos que puede, junto a otras, enriquecer la reflexión colectiva.

ANTE EL SÍNODO DE LA FAMILIA

-Recuperar lo humano, revisar lo histórico, redescubrir lo evangélico-

Juan Masiá SJ

Facultad de Teología.Universidad Sophia.Tokyo
En vez de responder directamente a las preguntas enviadas por el secretariado del Sínodo (que parecen formuladas para inducir y condicionar la respuesta), es preferible expresar para conocimiento de los obispos sinodales una opinión sobre cada uno de los nueve temas indicados en el título de cada bloque de preguntas.  En el marco de una reunión con profesionales y matrimonios católicos que asisten a cursos de formación permanente en teología, redacto mi propia opinión incorporando las aportaciones recibidas por los participantes.

1.            Sobre  Biblia y magisterio eclesiástico acerca de la familia.

En vez de preguntar si se difunden y cómo se aceptan las enseñanzas de la Iglesia sobre matrimonio, familia y sexualidad, hay que plantear la revisión radical del modo de leer, interpretar y aplicar los textos bíblicos, tal como se los usa en  Humanae vitae de Pablo VI, en Familiaris consortio de Juan Pablo II y en el Catecismo de 1992.

2.            Sobre matrimonio y ley natural.

En vez de preguntar por el matrimonio según la ley natural, hay que revisar y corregir la manera estrecha de entender la llamada ley natural y la pretensin de que la Iglesia se arrogue el monopolio de su interpretación. Es necesario clarificar el modo de entender la enseñanza de la Iglesia en el campo moral. Se refiere más a una enseñanza parenética o exhortativa, que pretende ayudar  a las personas a evitar el mal y hacer el bien. El papel de la Iglesia, como explica el cardenal Martini, no es el de multiplicar definiciones y condenaciones, sino el de ayudar a las personas a vivir más humanamente y con esperanza. La confusión entre estas exhortaciones y la doctrina moral es dañosa, porque provoca el malentendido de considerar herético lo que es meramente un disentir responsable con relación a una determinada recomendación que no tiene por qué ser considerada como una afirmación doctrinal.

3.            Sobre pastoral familiar y evangelización.

*No es sólo cuestión de flexibilizar la práctica pastoral sin tocar la enseñanza sobre la supuesta «doctrina» de la Iglesia. De hecho, hace décadas que muchas personas creyentes y obispos y sacerdotes que están en el seno de la iglesia se sienten con toda libertad para disentir de las exageraciones de la llamada «doctrina de la Iglesia». Pero esta no cambia abierta y oficialmente y hay una brecha abierta de separación entre esta práctica pastoral evangélica y las posturas oficales de la Iglesia, con las que pierde credibilidad dentro y fuera de ella. Por ejemplo, hay creyentes que piensan que usar un preservativo está prohibido, y hay no creyentes que piensan que el uso del preservativo está condenado. Pero en el consultorio y en clase de teología moral decimos claramente, «con frase del Cardenal Martini», que ni le corresponde a la iglesia condenarlo ni es su misión recomendarlo. Sin embargo las jerarquías eclesiásticas no se han atrevido a decir esto y por eso han perdido t
anta credibilidad durante los tres últimos pontificados.

*Tanto en la práctica de la pastoral familiar como en los documentos y  exhortaciones de la Iglesia sobre matrimonio y familia hay que corregir tres fallos graves : 1) Hay que evitar la falta de distinción entre las enseñanzas principales (que son pocas y muy básicas, p. e., la paternidad responsable) y las cuestiones secundarias y discutibles (que pueden ser muy variadas, p.e., las recomendaciones que hicieron los Papas Pablo VI y Juan Pablo II acerca de los anticonceptivos. 2) Hay que evitar que se junte el olvido de las enseñanzas principales con el empeño en convertir en señal de identidad catçólica el asentimiento ciego a esas otras recomendaciones secundarias. 3)  Hay que evitar que personas creyentes poco formadas como adultas en su fe crean equivocadamente que no se puede disentir de la iglesia en estas cuestiones secundarias y confundan la discrepancia razonable y responsable con la disidencia e infidelidad (Por ejemplo, disentir de la Humanae vitae no es cuestión de
pecado, ni de obediencia, ni de fe. Esto hay que enseñarlo claramente y sólo decirlo en voz baja en el consultorio o en el confesionario).

4.            Sobre la actitud pastoral ante las situaciones difíciles de parejas y matrimonios.

*Hay que revisar el criterio acerca de las relaciones  sexuales fuera del marco jurídicamenrte formalizado como matrimonio. Cuna buena referencia es el triple criterio propuesto por el epsicopado japponés en su Carta sobre la Vida (1983): Criterio de fidelidad consigo mismo: ¿Cómo actuar en el terreno de la sexualidad y el amor, de modo que se respete uno a sí mismo? Criterio de sinceridad y autenticidad para con la pareja: ¿Cómo actuar en el terreno de la sexualidad y el amor de modo que se respete a la pareja? Criterio de responsabilidad social. ¿Cómo actuar de modo que se tome en serio la responsabilidad para con la vida que nace como fruto del amor?

*Hay que revisar la opinión expresada en los documentos oficiales de los tres últimos pontificados acerca de la inseparabilidad de lo unitivo y lo procreativo en la relación sexual y en cada uno de sus actos.

*La propuesta de una ética de máximos como ideal, por ejemplo, acerca del matrimonio indisoluble, debe hacerse compatible con la aceptación y apoyo pastoral y sacramental de las personas tras la ruptura de una relación matrimonial, y en el proceso de rehacer la vida con o sin otra nueva relación.

5.            Sobre las relaciones de pareja homosexuales.

No basta afirmar con el catecismo que las personas con una orientación homosexual no deberían ser discriminadas ni en la sociedad ni en la Iglesia (Catecismo de la Iglesia católica, n. 2358). No basta afirmar que la orientación homosexual en sí misma no es un mal moral (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre el cuidado pastoral de personas homosexuales, 1986, n. 3). No basta explicar que algunos textos de la Escritura en que se alude a prácticas homosexuales deben ser leídos en el contexto de denuncia de las costumbres sociales de la época; no deberían ser utilizados nunca para emitir un juicio de culpabilidad contra quienes sufren a causa de su orientación sexual (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe, Persona humana, 1975, n. 8). Hay que dar un paso más y, en vez de concentrarse en cuestionar la relación sexual, la Iglesia debería confrontar el problema inherente a las r
eacciones negativas, tanto religiosas como sociales, con que se confronta este tema en la Iglesia y en la sociedad. Y dar también el paso de la acogida comuniaria, sacramental y pastoral de estas parejas y de la educación de su prole.

6.            Sobre la educación de los hijos-as de parejas «no formalizadas» según el llamado «modelo tradicional» de familia.

Sin renunciar a lo ideal, hay que ser realista. Sin dejar de recomendar el ideal de la indisolubilidad, hay que asumir el hecho inevitable de las rupturas y la necesidad de sanación humana, espiritual y sacramental. Como escribe el epsicopado japonés en su Carta del Milenio, «Reconocemos que muchos hombres y mujeres no son capaces de cumplir la promesa de amor que hicieron al casarse… Hay situaciones en las que por diversas razones la ruptura es inevitable… Estas personas necesitan consuelo y ánimo. Lamentamos que la Iglesia haya sido a menudo un juez para ellas… Cuando el vínculo matrimonial, lamentablemente, se ha roto, la Iglesia debería mostrar una comprensión cálida hacia esas personas, tratarlas como Cristo las trataría  y ayudarlas en los pasos que están dando para rehacer su vida… Esperamos que quienes han pasado por el trance penoso del divorcio y han encontrado a otra persona como compañera en el camino de la vida serán apoyados por la Iglesia con un amor mate
rno y acogedor».

7.            Sobre la acogida de la vida naciente.

*No ha de extrañar que una gran mayoría de esposos católicos apoyados por el ministerio pastoral vengan disintiendo de las orientaciones eclesiásticas sobre la regulación de la natalidad. No es un problema de moral, sino de eclesialogía mal entendida. No es problema de desobediencia sino de responsabilidad.
*La violación es un acto que, con su violencia hiere la dignidad de la persona en su mismo centro. Es evidente que el embarazo no debe ser el resultado de una violencia. Esto se aplica no solamente a los casos de violación en el sentido más estricto de la palabra, sino también a otros casos de violencia más o menos disimulada. Hay que responder que, en muchos casos, interrumpir ese proceso en sus primeros estadios constitutivos no es solamente lícito, sino hasta obligatorio. De lo contrario, la persona correría el riesgo de verse ante el dilema de asumir irresponsablemente la maternidad o recurrir a la interrupción del embarazo en el sentido estricto y moralmente negativo de la palabra aborto. La prevención de la implantación ayudaría a evitar ese dilema; la «intercepción» (que se lleva a cabo durante las dos primeras semanas) sería la alternativa razonable y responsable frente al dilema entre contracepción y aborto.

*Al defender la vidas nascitura hay que evitar los malentendidos a que da lugar la definición del concebir como un momento,´en vez de como un proceso; también evitar la confusión entre las interrupciones excepcionales de la gestación antes de la constitución del feto y la terminación abortiva injusta de la vida naciente. Optamos por la acogida responsable del proceso de vida emergente y nascente, que implica la exigencia de que, si y cuando se plantee su interrupción excepcional sea de modo responsable, justo, justificado, y en conciencia. Por tanto, deberíamos presuponer, ante todo, una actitud básica de respetar el proceso de concebir iniciado en la fecundación; acoger la vida naciente desde el comienzo del proceso; favorecer el desarrollo saludable del proceso de gestación de cara al nacimiento; y protegerlo, haciendo todo lo posible para que no se malogre y para que no se interrumpa el proceso, ni accidentadamente, ni intencionadamente de modo injustificado. Esta acogida y
protección debe llevarse a cabo de modo responsable. Pero esta postura en favor de la acogida de la vida no significa que esa vida sea absolutamente intocable. La acogida ha de ser responsable y podrán presentarse casos conflictivos que justifiquen moralmente la interrupción de ese proceso. Si no se va a poder asumir la responsabilidad de acoger, dar a luz y criar esa nueva vida, hay que prevenirlo a tiempo mediante los oportunos recursos anticonceptivos (antes del inicio de la fertilización) o interceptivos (antes de la implantación). Habrá casos límite en los que pueda darse incluso la obligación (no el derecho) de interrumpir en sus primeras fases el proceso embrional de constitución de una nueva individualidad antes de que sea demasiado tarde. Ejemplos de estos casos de conflicto de valores serían: cuando la continuación de ese proceso entra en serio y grave conflicto con la salud de la madre o el bien mismo de la futura criatura, todavía no constituída. En estos confli
ctos, a la hora de sopesar los valores en juego y jerarquizarlos, el criterio del reconocimiento y respeto a la persona deberá presidir la deliberación. Cuando, como consecuencia de esta deliberación, se haya de tomar la decisión de interrumpir el proceso, esta decisión corresponderá a la gestante y deberá realizarse, no arbitrariamente, sino responsablemente y en conciencia. Finalmente, estas decisiones de interrupción del proceso deberían tener en cuenta el momento de evolución en que se encuentra esa vida en esas fases anteriores al nacimiento. Esa vida sería menos intocable en las primerísimas fases y el umbral de intocabilidad, en principio, no debería estar más allá del paso de embrión a feto en torno a la novena semana. Pasado este umbral, si se presentan razones serias que obliguen a una interrupción del proceso, no debería llevarse a cabo como un pretendido derecho de la gestante, sino por razón de una justificación grave a causa de los conflictos de valores que pla
ntearía la continuación del proceso hacia el nacimiento. Cuanto más avanzado fuera el estado de ese proceso, se exigirían razones más serias para que fuera responsable moralmente la decisión de interrumpirlo.

8.            Sobre la dignidad de la persona en la familia.

El respeto a la dignidad de las personas en la familia es más importante que la defensa de la supuesta indisolubilidad incondicional del vínculo matrimonial. Hay que evitar la violencia doméstica mediante el rrespeto mutuo de los esposos, el respeto de la autonomñia de los hijos-as, sin impedir posesivamente su crecimiento, y el respeto a los progenitores y cuidado en ancianidad deberían preocupar a la pastoral familiar, más que las discusiones sobre la procreación médicamente asistida o el recurso a los anticonceptivos.

Las primeras afectadas. Respuesta a la encuesta del Sínodo sobre la Familia

Asociación de teólogas españolas (ATE))

ECLESALIA

 Consideramos muy positivo el hecho de que el Papa Francisco haya querido que se pregunte a todas las Iglesias locales y que todos los creyentes hablen, debatan abiertamente sobre estos temas; sobre todo, consideramos positivo, y ciertamente una novedad esperanzadora, que las primeras afectadas, las familias, puedan tener una palabra no dirigida ni interpretada sobre estos temas, a los que, por otra parte, se alude sin eufemismos y sin tabúes.

Queremos ofrecer nuestra respuesta como asociación de mujeres teólogas feministas cristianas, aceptando con esperanza la invitación del Papa Francisco. Contestaremos por apartados.

1.- Conocimiento de los documentos del Magisterio de la Iglesia en relación con la Familia

La mayoría de los creyentes considera que los documentos del Magisterio sobre la realidad familiar son escritos lejanos, irreales, autorreferenciales, con un lenguaje ampuloso y vacío; documentos hechos desde posiciones dogmáticas rígidas, desconectados de la realidad familiar que desconocen; documentos donde hay más condenas que orientaciones plausibles y esperanzadoras.

Los obstáculos o factores de dificultad que impiden la recepción del Magisterio y la doctrina de la Iglesia no son tanto los factores culturales, como se dice, cuanto los que se encuentran en la propia estructura eclesial. La mayoría de los cristianos piensa que, a dichos documentos y a sus autores, les falta experiencia e implicación en la vida familiar directa y que están muy alejados de la vida diaria en la que las familias tienen que bregar y dilucidar situaciones dolorosas, difíciles y angustiosas. La mayoría de los cristianos no encuentra en estos documentos ni luz ni ayuda en sus vidas y en sus problemas reales

En la mayoría de estos documentos, se utilizan las Escrituras de forma descontextualizada y desconocedora de los estudios histórico-críticos; se utilizan para apoyar ciertas posturas dogmáticas previas que acaban por hacer inocua la palabra novedosa y crítica del Evangelio y se vacunan contra cualquier cuestionamiento profético y crítico. Bastantes veces, ese uso descontextualizado de las citas de la Escritura sigue la letra y traiciona el espíritu de la buena noticia del Evangelio, como cuando se apela al Evangelio para prohibir el divorcio en cualquier caso. Algunas veces, en la práctica, ese uso descontextualizado de las Escrituras resulta pernicioso para las mujeres en lo que se refiere a su lugar en la familia, en la comunidad y en la Iglesia. Un ejemplo es el uso de los Códigos domésticos sin mención alguna al contexto cultural en el que surgieron (Ef 5, 21-6,9; Col 3,18-4,1; 1 Tm 2,8-15; Tt 2,1-10; 1Pe 2,13-3,7).

 

2.- Matrimonio según la Ley natural

Se sigue utilizando el concepto de Ley natural, cuando este concepto es muy discutido desde hace ya unas décadas. Una Ley natural interpretada desde una filosofía concreta que está en franca discusión, incluso en el seno de la teología católica. Es necesaria una discusión y revisión de esta categoría y su substitución por una más adecuada, que consiga reunir la capacidad e iniciativa humana, puesta por Dios en el ser humano, y la presencia divina en su creación.

El ser humano, a lo largo de la historia, no deja de mostrar que el proceso, la creación, la búsqueda, la superación, la mejora, el ensayo y el error son parte de su naturaleza humana, de las circunstancias en las que va haciéndose, en las que va mejorando; y es en la historia, con lo que tiene ésta de provisional, donde se realiza o se destruye. Es cierto que el ser humano puede empañar esa imagen de Dios que los creyentes creemos que está en cada persona, pero también es cierto que no puede dejar de buscar y probar porque dejaría de ser humana.

Aplicado este tema al matrimonio y la familia hay que decir que el matrimonio es una institución que ha ido cambiando a lo largo del tiempo y que, aún hoy en día, es culturalmente diversa. Como es sabido, en sus comienzos, el cristianismo by I Want This\\\0022 «»> aceptó las formas culturales de matrimonio de cada lugar.

Detectamos en los documentos eclesiales y en sus prácticas pastorales una idea demasiado cerrada y estrecha de lo que es y debe ser la familia. Pensamos que sería mejor mirar primero la realidad de “la familia” y ver que es múltiple, diversa y cambiante. La “familia” ha evolucionado mucho en sus formas y en su problemática y no es posible acercarse a ella desde un patrón que pertenece a otra época, en la que hubo tipos de familias diferentes, con aspectos positivos, pero con otros muy negativos. Las familias actuales son plurales en sus formas y, no siempre, las formas más tradicionales procuran personas más sanas. Hay matrimonios casados por la Iglesia que son un infierno; la violencia machista se da en hogares tradicionales, mientras en otros hogares menos tradicionales hay amor, respeto, valores humanos y cristianos. El secreto no parece ser la adecuación a las normas “tradicionales” (tradición que suele tener un horizonte temporal más bien limitado). Es necesario detectar los ambientes familiares y las circunstancias que hacen de los hogares lugares de crecimiento, de apertura a los otros y semillero de valores humanos y cristianos.

Observar la realidad múltiple de la familia debería llevar a abrir la mente y a replantear el modelo familiar, a ampliar los esquemas que se tienen sobre lo que es y debería ser una familia, a repensar qué es lo más importante exigible para decir que estamos ante una familia de verdad; algo que, en realidad, han hecho la mayoría de las madres y padres, abuelas y abuelos, a los que les ha tocado cambiar su modelo familiar, aquél en el que habían sido educados y socializados; han aprendido a detectar posibilidades y peligros. Ellos aceptan, si ven amor y responsabilidad, que sus hijos/as vivan sin casarse o se casen por lo civil; aceptan los matrimonios homosexuales de sus hijos (¿por qué no llamarlos matrimonio, si ven en ellos los mismos sentimientos y responsabilidades que en los suyos propios?) Quieren con locura a sus nietos/as tenidos o adoptados por estas parejas.

La sociedad ha dejado de ser hipócrita en cuanto a los hijos de madres solteras, a las relaciones extramatrimoniales u homosexuales. Mayoritariamente, se sabe diferenciar cuándo algo es serio y cuándo no lo es, cuándo hace bien a las personas y cuándo las destruye.

3.- La pastoral en el contexto de la evangelización

Se ha hecho un esfuerzo en la preparación al matrimonio, pero las circunstancias laborales y sociales no permiten ciertos horarios. El ideal sería un trato más personal.

Creemos que sería necesaria una reflexión conjunta que parta de la realidad de las familias, con la conciencia de que estamos en un mundo diferente al de hace medio siglo, un mundo con sus peligros y con sus grandes posibilidades; es necesario que las familias, todas ellas, tengan una palabra real.

La trasmisión de la fe debe contar con los cambios de la sociedad, con los obstáculos y las oportunidades. Hoy no se puede tratar a los hijos como se les trataba en épocas pasadas, en las que el cabeza de familia era padre y patrón. Es necesaria la vivencia de los valores cristianos, pero éstos pueden vivirse de formas varias y con acentos diversos. Hay que ayudar a las familias a encontrar vías para transmitir los valores evangélicos a los más jóvenes.

Pensamos que ésta es también labor de toda la comunidad cristiana pues, hoy en día, los hijos buscan por su cuenta más allá de los límites del hogar familiar. Quizá lo más importante es darles una socialización con una base sólida en los valores del Evangelio y una sensibilidad hacia las necesidades de los más desfavorecidos, ayudándoles a abrirse a Dios. En la sociedad actual, no se puede concebir la vida de fe familiar de la misma forma que hace 50-70 años. Hay que saber diferenciar lo fundamental y nuclear que construye a la persona, como persona humana y cristiana, de las formas más anecdóticas.

La mejor manera de trasmitir la fe es el ejemplo de matrimonios que se quieren y se abren a los demás, que es un lenguaje que todo el mundo entiende.

 

4.- Pastoral en situaciones matrimoniales difíciles

La pastoral puede aprender de madres, padres, abuelas y abuelos que han aprendido a aplicar criterios de amor, respeto, plenitud, alegría, humanización, acogida, inclusividad, etc, en las relaciones o en modelos familiares inusuales para el esquema tradicional (hijos casados, separados o divorciados y vueltos a casar, con hijos de otra pareja que aprenden a convivir y a quererse por encima de los vínculos de sangre; hijos homosexuales casados y con hijos adoptados, por los que se sacrifican y que crecen felices…, hijos adoptados o acogidos que son queridos y cuidados igual que los naturales.). Estos padres y madres, abuelas y abuelos que han cambiado sus esquemas tradicionales de familia parten de la realidad y del criterio evangélico y profundamente humano: “por sus frutos los conoceréis”. Quieren lo mejor para sus hijos/as y eso les lleva a enfrentarse con apertura a los cambios y a las nuevas realidades familiares. Unos cambios que, en muchas ocasiones, tienen a las madres como agentes de cambio social, conciliadoras de situaciones comprometidas, acogedoras de hijos e hijas en sus opciones personales, por mucho que difieran de las expectativas propias

Hay situaciones de violencia o no entendimiento que empujan y aconsejan la disolución del vínculo matrimonial. Lo mejor sería facilitar una situación en la que pudieran rehacer sus vidas. No se puede negar los sacramentos a las personas divorciadas, separadas y vueltas a casar, cuando eso no se hace ni con los violadores, los dictadores o los defraudadores.

 

5.- Uniones con personas del mismo sexo

Lo primero que habría que hacer es escuchar a quien se declara homosexual y creyente. Escuchar a estas personas y parejas con respeto, mente y corazón abiertos. Escuchar lo que necesitan y luego hacer planes conjuntos. Es mala la práctica del “todo para ellos, pero sin ellos”, tanto para las parejas y familias del mismo sexo, como para todas las demás. Cada vez más, esta realidad deja de estar escondida y sale a la luz.

La mayoría de los bautizados, en las democracias occidentales, acepta la unión de parejas del miso sexo, aunque algunos puedan mostrar reticencias a su consideración matrimonial o a su capacidad de adoptar hijos. Si creemos en la gracia del sacramento no se puede negar a quien lo pida, máxime cuando decimos que Dios es amor y el amor generador de vida de muchas parejas del mismo sexo es evidente.

 

6.- Educación de los hijos en situaciones matrimoniales irregulares

La educación que se les da a los hijos en situaciones matrimoniales complejas puede ser buena o mala o regular, como en el caso de las familias con una situación menos compleja. Un ejemplo: un matrimonio compuesto por una separada y un divorciado (de unión civil), cada uno con un hijo de un matrimonio anterior y con otro común, es una familia que empieza a ser normal. La vida familiar es normalmente de respeto, cariño, solidaridad entre todas ellas, educación en valores… probablemente; el único problema puede ser el trato de “irregulares” que tengan que llevar como un “sambenito”, un estigma con el que cargar y que a veces se usa, precisamente, en ambiente religiosos (léase colegios religiosos) para poner pegas a la admisión de los niños. Puede haber familias del tipo de la del ejemplo que sean un desastre, es cierto; pero también hay familias bendecidas con el sacramento del matrimonio y con los papeles en regla que son un nido de violencia e inhumanidad y que no educan a sus hijos en los valores del Evangelio. Y lo mismo podríamos aplicar a las parejas que no se han casado o lo han hecho por lo civil y a las familias del mismo sexo.

 

7.-Apertura de los cónyuges a la vida

Pablo VI publicó la Humanae Vitae, desoyendo las consultas hechas a los expertos. Es uno de los temas que más ha alejado a los católicos del Magisterio. La publicación de la Humanae Vitae supuso un antes y un después, ya que los laicos deciden ante Dios y su conciencia los hijos que pueden y quieren tener y, para conseguirlo, utilizan todos los métodos a su alcance. El desconocimiento de la realidad familiar, los presupuestos filosóficos de los que parte la hacen realmente insuficiente y fallida. El Magisterio debería confiar más en la adultez y generosidad de la inmensa mayoría de los matrimonios y no inmiscuirse en su conciencia.

Sigue existiendo en el Magisterio una concepción negativa de la sexualidad que procede de épocas anteriores en las que primaban una antropología y una filosofía muy concretas.

Es urgente revisar la idea de que la sexualidad es sólo válida si da como resultado la vida de un bebé. La sexualidad es parte del ser humano y contribuye a su plenitud. La apertura a la vida de los esposos puede darse y se da de múltiples formas. Es cierto que algunas parejas se cierran a tener hijos, pero hay también muchísimos que hacen grandes esfuerzos por tenerlos. Por otra parte, los matrimonios que, por diversas causas – no siempre por voluntad- no tienen hijos pueden ser y son matrimonios abiertos a la vida. La fecundidad no es sólo física; la plenitud que procede de la vida de pareja by I Want This\\\0022 «»>, en la que la sexualidad es un elemento fundamental y no solo un medio para procrear, se expande de múltiples formas en bien de los demás, de la sociedad.

Sería mejor aceptar el sentir de los fieles bautizados que actúan en conciencia.

 

8.- Otros desafíos y respuestas

Muchos peligros que afectan a la vida familiar proceden de la pobreza o de la violencia machista de la que son víctimas principales las mujeres y los niños. La Iglesia debe denunciar y luchar contra este mal en su actitud, en su pastoral…. Nada en su pastoral debe legitimar el dominio o superioridad del varón sobre la mujer. Debe revisar todas sus catequesis, ritos, oraciones… que justifiquen o legitimen estas conductas. La violencia contra las mujeres es una lacra que se cuece en las familias.

Las políticas neoliberales, que vuelven a cargar sobre los más débiles, van a hacer muy difícil la labor de los padres para dar un hogar, una educación, una sanidad digna a sus hijos. ¿Cuántos hijos se podrán tener en esta situación que se está creando? Es fácil acusar de egoísmo, cuando no se sabe lo que es pasar noches en vela e ir a trabajar al día siguiente porque la reducción de jornada es casi un seguro de despido, ni se sabe los números que se han de hacer para pagar los libros del colegio o llegar a final de mes con un sueldo de 1200 euros, con suerte. Las leyes no apoyan a las familias de verdad n suficientemente.

Sorprende que las preguntas no hagan referencia a las mujeres ni aluda a la violencia que se ejerce contra ellas en el seno de las familias (cada año se lleva a la tumba a un centenar, solo en España). Da la impresión de que el temario ha sido hecho desde el punto de vista de los varones.

Habría que preguntarse si el modelo de familia que presenta la Iglesia sigue estando vigente en muchos países. La mujer, madre, asexuada, ángel del hogar siempre presente, sin espacio, necesidades ni voluntad propias, no refleja la realidad actual de las democracias occidentales.

 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Aportaciones a la consulta del papa sobre la familia

Grup de seglars i rectors del disssabte, 21-Enero-2014

 Aunque el cuestionario es farragoso y condiciona las respuesta en un sentido, la verdad es que desde la secretaría del Sínodo ha suscitado una inmensa marea de reflexión sobre los temas de la familia y la sexualidad. Ayer se presentaba lo que un profesor con sus alumnos habían pensado en Japón. Hoy lo que un grupo de seglares y curas han elaborado en Valencia. Y tantos grupos y documentos “arreu del mon”… Esto ya es algo que demuestra adultez entre católicos que no podrá acallar ni el envalentonado neocardenal español que, aunque se crea listo, ni siquiera conoce la profundidad de su ignorancia.

 

Hemos acogido con muchísimo gozo la decisión de recabar la opinión del Pueblo de Dios sobre la forma de plantear la pastoral familiar. Es una señal más del deseo de renovación manifestado repetidamente por el Papa Francisco, que tantas esperanzas está despertando.

En efecto, como dice el documento preparatorio de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, “hoy se presentan problemáticas inéditas hace pocos años”, problemáticas frente a las que no siempre puede esperarse de la Iglesia una respuesta concreta. El hecho de plantearlas no sólo manifiesta la honestidad de escuchar las preocupaciones y aspiraciones de las mujeres y los hombres de buena voluntad que creen en el valor insustituible de la familia, sino que hace patente también la recuperación del sentido democrático y conciliar del Pueblo de Dios.

Una institución como la familia, que goza de gran prestigio y estima por parte de la ciudadanía (aunque no es un espacio idílico sino que conoce también la violencia intrafamiliar y la destrucción de vidas), no necesita salvadores ni cruzadas que, bajo su defensa, escondan ideologías e intereses particulares.

 

Los miembros del “Grup de seglars i rectors del dissabte” ofrecemos nuestra reflexión para poner de relieve algunos aspectos de la encuesta por su valor y, en especial, porque plantea cuestiones que están en el debate público actual conformando un cambio de época.

 

►Constatamos una ruptura de la identificación entre matrimonio y familia. El bien mayor a proteger por la familia es la supervivencia, el cuidado y la socialización de las niñas y los niños, la realización de sus miembros y la protección de los más débiles. Este bien se satisface a través de diferentes formas familiares que viven un proceso continuo de diversificación en sus tareas, funciones y organización. La pluralidad de formas en que se presentan la familia (nuclear o extensa, monoparental, recompuesta…) y las uniones afectivas entre dos personas, sean o no del mismo sexo (matrimonios, parejas by I Want This\\\0022 «»> de hecho…) es un signo de los tiempos. Esta diversidad transciende los continentes y pone de manifiesto el papel fundamental de la familia. Los modelos occidentales no se han de imponer, pues, al resto.

 

►Advertimos el grave problema de que el concepto tradicional de familia no es adecuado para nuestro tiempo. Hoy se ha de fundamentar en los derechos humanos, respecto a los que existe un acuerdo prácticamente universal.

 

►Advertimos también el peso excesivo que tiene en la doctrina católica la consideración negativa de la sexualidad. Hay que revisar la moral sexual y observar el principio de que las leyes tienen que ser razonables para que puedan ser cumplidas.

 

►Constatamos una Iglesia preocupada y obsesionada por la familia y el matrimonio pero también una Iglesia que, dominada por los “sectores conservadores”, muestra un discurso único “pase lo que pase”. Así, cuando las familias quieren vivir su compromiso cristiano, les orienta en un modelo que resulta excluyente y desde una doctrina que no es acogida por muchísimas de ellas que, con mucho sufrimiento, quedan sin posibilidad de formar parte plenamente de la Comunidad cristiana, con los sentimientos de culpabilidad que eso puede comportar. Esperamos una Iglesia que estime la realidad valorada desde las conciencias personales y centrada en el acompañamiento y la acogida en las situaciones, no “ideales” sino reales, vividas por las parejas by I Want This\\\0022 «»>.

 

►La familia actual puede y tiene que formar y fortalecer la libertad personal de sus miembros para que puedan optar por el tipo de vida que consideren deseable. En la Iglesia han de poder encontrar el apoyo y el acompañamiento que necesitan, siempre mediante la propuesta y no la imposición.

 

►La solidaridad familiar es la gran oportunidad de nuestro tiempo: no sigue las leyes del mercado y los miembros más débiles son atendidos sin contraprestación. Al interior de la familia es donde comienza la adquisición de valores como la igualdad, la dignidad y la solidaridad intrafamiliar, que desborda hacia afuera y hace a la familia abierta, acogedora y sensible a los dolores de las otras familias.

 

►Las condiciones sociopolíticas benefician o perjudican decisivamente el progreso de las familias, especialmente la educación de las hijas y los hijos. Desde esta perspectiva y en el contexto actual de crisis globalizada, es preciso fomentar una reflexión sobre planificación de la natalidad, sobre maternidad y paternidad responsables. Las políticas en relación a la familia no se tienen que centrar exclusivamente en la defensa de los derechos del “nasciturus”, sino también de los de las mujeres y los de los millones de criaturas que han nacido y viven en familia y mueren en la pobreza.

 

►La familia es un escenario de riesgo que requiere apoyo social, acompañamiento pastoral y políticas familiares adecuadas. Está sometida a los procesos migratorios, a la demanda creciente de individualización, a la movilidad de sus miembros, a las consecuencias del paro… Es necesario plantear, pues, políticas que favorezcan a las familias y les den soporte público, concretado en guarderías, centros de orientación y medidas de apoyo laboral a la maternidad y la paternidad.

Defender la familia consiste en aventurarse en el compromiso por sus miembros más necesitados con testimonios claros, como apoyar la enseñanza pública como elemento de igualdad social y manifestar, con gestos concretos, el acompañamiento a las personas dependientes o desahuciadas, situadas en los límites de la dignidad humana y de la propia vida.

Hay que recuperar el impulso profético de Jesús de Nazaret, que le llevó a trascender la vida familiar en función de una vida más plena (cfr. Mt. 10,37), a relativizarla en función del servicio a su proyecto y a crear una nueva familia más allá de los lazos de sangre (cfr. Mc.3,35).

València, enero de 2014

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1 Comentario

  1. Xantasclosburla Acero

    Ej., el papa no puede decir algo contrario a la biblia, ni hacer sentir perder el sentido del pecado, como lo expreso recientemente . En tal caso ya no seria el papa, sino algo muy distinto.

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