A 40 años del golpe de Estado: La superioridad de Allende
por Juan Pablo Cárdenas S. (Chile)
13 años atrás 6 min lectura
Lunes 9 de septiembre 2013
A 40 años del Golpe Militar se desnuda la impostura de quienes, vociferando su calidad de demócratas, respaldaron la asonada más terrible de nuestra historia contra nuestro Estado de Derecho y la decisión soberana del pueblo. La hipocresía de aquellos políticos que se han quedado a años luz de distancia del ejemplo republicano de Allende, su coraje y fidelidad con un ideario consolidado en décadas de impecable trayectoria política y ética.
La historia es una expresión constante de causas y efectos, por lo que cada etapa de la evolución del mundo se explica en la realidad anterior. Sin embargo, es incuestionable que hay situaciones que resultan de fenómenos fortuitos, entre éstos la irrupción de liderazgos personales que, para bien o para mal, le señalan un curso difícil de predecir al futuro. Para Albert Einstein, “la coincidencia es la forma en que Dios permanece anónimo” en la evolución del cosmos; así como para William Faulkner “el pasado nunca está muerto o enterrado”. La irrupción funesta de un Hitler o un Stalin no se deriva solamente de sus meras circunstancias. Del mismo modo que líderes del tamaño moral de Mandela superan con creces lo que podía ser predecible de épocas tales como la del Apartheid sudafricano. El Golpe Militar de 1973, obviamente tiene sustrato en la profunda crisis política que vivía entonces nuestro país, como en el quiebre profundo de nuestra convivencia, a raíz de los cambios económicos, sociales y culturales demandados mayoritariamente, así como por la resistencia y desconfianza que éstos les produjeron a parte de la población.
Sin duda que la ruptura institucional fue alimentada por el voluntarismo y los errores de los gobernantes, así como por falta de tolerancia de sus oponentes. Pero el brutal asalto a La Moneda, el magnicidio y los horrores que siguieron más bien se explican en el apoyo que los golpistas recibieron de los Estados Unidos, como en la formación criminal de los oficiales que conspiraron y se hicieron del poder. Lo sucedido hace 40 años es producto, también, de la débil o nula convicción democrática y republicana de la derecha y del gran empresariado chileno que, más que “cómplices pasivos”, fueron activos condescendientes del régimen de terrorismo de estado que se impuso en Chile por 17 años, y que todavía mantiene cifras de adhesión que nos sonrojan como nación ante el mundo libre. En una conferencia pronunciada poco más de una década, el propio historiador Gonzalo Vial reconoció que los valores de la democracia nunca fueron plenamente asumidos por la derecha chilena, a no ser que el voto popular la favoreciera o estuviera determinado por el cohecho.
En nuestra secuencia histórica de caudillos y cuartelazos militares, tan sólo los cuatro intentos electorales de Salvador Allende por llegar a La Moneda avalan su consecuencia democrática, su disposición a perder los comicios una y otra vez sin vacilar un instante de que su “vía chilena al socialismo” debía estar legitimada por la mayoría ciudadana. Tentado y criticado muchas veces por quienes pensaban en el camino de las armas y la revolución social, Allende prefirió respetar la Constitución y las leyes vigentes y hasta llegó a aceptar que se le impusiera un arbitrario y ofensivo Estatuto de Garantías Constitucionales por quienes, desde antes de que se ciñera la banda presidencial, ya estaban juramentados para derrocarlo.
En efecto, el Golpe de Estado posiblemente no hubiera prosperado sin la acción desestabilizadora y subversiva de las bandas militares de Patria y Libertad y del Partido Nacional. Como tampoco si la cúpula de la Democracia Cristiana no hubiera alineado a esta colectividad con la estrategia de los conspiradores. Qué duda cabe que todo el tiempo en que Patricio Aylwin y otros voceros demócrata cristianos justificaron el alzamiento militar y permanecieron impertérritos ante la realidad de los campos de concentración, los detenidos desaparecidos, el exilio y la tortura los convierte en activos responsables, también, de lo sucedido. De la misma forma que los integrantes de la Corte Suprema y los jueces abyectos, que respaldaron entusiastamente el Golpe, ungieron al Tirano y desestimaron el clamor de justicia de miles de víctimas que buscaban afanosamente el paradero de sus familiares, que cesaran las ejecuciones sumarias y constataran la tortura sistemática.
Cómo no reconocer que la Dictadura hubiera tenido cualquier otro perfil si en último momento no se hubiera impuesto Pinochet en la jefatura de la Junta de Gobierno y si él mismo no hubiera discurrido reclutar a los oficiales más sanguinarios para institucionalizar la Dina y sus brigadas de la muerte. Tampoco hubiera sido todo como fue si los militares no hubieran contado con ese séquito de civiles que le dieron diseño y ejecución al modelo económico que el régimen de facto nos legó, cuanto a una Constitución espuria en su origen y contenido que la Pos Dictadura ha seguido administrando por más de 23 años con algunos mínimos retoques. De las situaciones más cínicas advertidas de este tiempo es la declaración de ex ministros, subsecretarios y otros colaboradores de confianza de Pinochet que dicen no haber advertido nunca el genocidio, que jamás percibieron las denuncias hechas en su mismo momento por las revistas, diarios y radios disidentes, cuyos periodistas tuvieron que someterse a los tribunales y jueces serviles que los procesaban y hostigaban.
A 40 años del Golpe Militar se desnuda la impostura de quienes, vociferando su calidad de demócratas, respaldaron la asonada más terrible de nuestra historia contra nuestro Estado de Derecho y la decisión soberana del pueblo. La hipocresía de aquellos políticos que se han quedado a años luz de distancia del ejemplo republicano de Allende, su coraje y fidelidad con un ideario consolidado en décadas de impecable trayectoria política y ética. Ideas, por lo demás, que hoy vuelven a prender en la voluntad de los jóvenes y trabajadores que claman justicia social y equidad a lo largo de todo el país. Luego de que los sucesores del Dictador se dejaran encantar por los disparates neoliberales, la política cupular, resignándose, además, al tutelaje militar.
La consecuencia y la lealtad de Allende son un ejemplo, también, para quienes padecieron entonces del “infantilismo revolucionario”, quienes llegaron incluso a acusar de burgués y socialdemócrata al extinto Mandatario. Un tapabocas para aquellos jacobinos de entonces hoy devenidos en prósperos “emprendedores” y/o mediáticos columnistas acogidos, cual hijos pródigos, por El Mercurio y las entidades patronales. Un mentís contra de aquellos que ya estaban asilados en las embajadas antes que el cuerpo de Allende alcanzara a enfriarse, para después vivir el exilio dorado que favoreció a los más conspicuos y rabiosos dirigentes de la izquierda. Los mismos que enseguida llegaron oportunamente a tomarse los partidos y administrar la transición de consuno con los que antes habían vituperado. Para ponerse a medrar, finalmente, de los recursos fiscales y del sistema electoral binominal.
Y, como corolario, acabar pidiendo disculpándose por sus “pecados de juventud” y no por su manifiesta traición, cobardía y oportunismo. En vez de pedir perdón por sus compañeros y camaradas que instaron a la confrontación, murieron por ellos o fueron humillados en su dignidad , cuanto segregados en estos últimos 24 años de posdictadura y nuevas iniquidades.
*Fuente: Radio U de Chile
Artículos Relacionados
Perú: «La revolución y la tierra» (documental completo)
por Gonzalo Benavente (Perú)
3 años atrás 1 min lectura
Empampando la vida: La historia de Claudina Morales
por Iván Vera-Pinto Soto (Iquique, Chile)
10 meses atrás 5 min lectura
La última orden de Benjamín
por José Miguel Carrera (Chile)
12 años atrás 21 min lectura
Presidente Salvador Allende: Sus últimos mensajes al Pueblo de Chile
por Presidente Salvador Allende Gossens (Chile)
8 años atrás 9 min lectura
Entre Dios y el Diablo: La necesidad de imponer el catolicismo en el “Nuevo Mundo”
por Rubén A. Hernández A. (Chile)
15 años atrás 3 min lectura
La esperanza se niega a morir: A la búsqueda de una fosa clandestina en Colonia Dignidad
por Medios Nacionales
3 años atrás 1 min lectura
5 Comentarios
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.
El milagro chino vs. la decadencia de EE.UU.: sacó a 800 millones de personas de la pobreza instrumentalizando el mercado para los fines del Estado
por Diego Ruzzarin (México)
3 mins atrás
02 de agosto de 2026
«…en la mayoría de los países occidentales que replicaron el modelo liberal no hubo progreso considerable ni en educación, ni en mortalidad infantil, ni en salud, ni en reducción de pobreza.»
Pensamiento crítico. El resurgimiento del Socialismo
por Claudio Katz (Argentina)
20 horas atrás
1 de agosto de 2026 El socialismo es una vieja aspiración de los militantes populares que bregan por construir una sociedad de igualdad y justicia. Es un proyecto situado…
Violación de los DD.HH. en los territorios palestinos ocupados por Israel: «Más de lo que un ser humano puede soportar»
por Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado
2 semanas atrás
18 de julio de 2026
Estaba tumbado en el suelo, completamente desnudo. Los soldados me exigieron que besara la bandera israelí, pero me negué, por lo que me golpearon brutalmente y me dieron patadas en los genitales. Como consecuencia, vomité. Sentía dolor y tenía los testículos hinchados y magullados por la paliza. Perdí el conocimiento durante un breve periodo de tiempo y, al despertar, me di cuenta de que seguían golpeándome.
Los criminales de guerra israelíes están torturando al Dr. Hussam Abu Safiya. Hasta cuando seguirá el mundo guardando silencio
por Medios Internacionales
2 semanas atrás
17 de julio de 2026
El Dr. Hussam Abu Safiya suplica que lo salven. No pide compasión. Pide al mundo que actúe. Difundan su nombre. Salgan a las calles. Exijan respuestas a sus políticos. Exijan acceso independiente. Exijan su liberación.
Mas mejor ser clarito como lo es y ha sido Juan Pablo. Sin duda Allende, es ejemplo de valor, ahi donde traidores y cobardes mostraron la hilacha.
No es casualidad que su persona suscite en el pueblo trabajador, en la juventud, una atraccion porque el hombre fue de una pieza, su valor y hombria en el buen sentido de la palabra, es lo que llama la atencion, todo lo contrario a lo que fue un traidor como pinocho, alywin y muchos mas.
Toda la razón David, tanto Allende como el Che son figuras inmortales por su ejemplo de valor, lucha y consecuencia.
¡Qué claridad de mensaje ! Señor Cárdenas , usted no se anda con medias naranjas. Lo dijo todo, todo a estos criminales por omisión y por acción otros. Pinochet eligió , lo más granado de la criminalidad,para eso tenía inteligencia primaria, como gato zalamero con Allende , como perro rabioso para perseguir a quien fuera, porque esto no era por estudios de caso a caso, y después pasar a la gente a esos jueces miserables ¡ no, era dedo para arriba y dedo para abajo ! En todo lo que mencionó quiero hacer una breve comparación entre, los jefes de las cúpulas allendistas, con dinero por cierto que no eran muchos por si acaso,se fueron al exilio, estudiaron, llegaron con cualquier cosa doctorados, master en las manos, en desmedro de aquellos pobres compañeros que se fueron a los países nórdicos, estudiaron el idioma que es harto difícil, hicieron de todo,cambiar pañales a los ancianos,limpiar pisos, pero que no siguieron una carrera propiamente tal, no volvieron a ocupar las dirigencias de los partidos, hoy no son stalinistas , como algunos de sus propios partidos y no ganaron jugosas ganancias y se han quedado en el anonimato y en el olvido ¿ QUÉ DIFERENCIA NO ? ..NO TODOS TUVIERON LOS ACCESOS DEL EXILIO DORADO QUE TANTO HABLABA PINOCHET. A ELLOS MIS RESPETOS Y MI EMOCIONADO ABRAZO VIRTUAL.
Lúcido y gratificante comentario. Agrega solo que seguimos dando la misma lucha por la cual estábamos viviendo el exilio. después de años de cárceles y campos de concentración.
Excelente… la verdad y nada mâs que la verdad, duela a quien le duela