Los brasileños desnudan en la calle el falso milagro económico
por Otramérica
13 años atrás 7 min lectura
Los medios internacionales gustan de ver ‘primaveras’ donde lo que se cocina es algo más profundo y menos efímero. Las inmensas movilizaciones en las calles de Brasil son fruto de resistencias históricas y recientes. Si los políticos empiezan a lanzar señales de escucha es porque son miles en las calles y tienen un apoyo masivo.
El desencadenante ha sido el aumento en los precios del transporte público. Después le siguió la protesta por el derroche en macroeventos deportivos mientras las desigualdades se perpetúan en el país. Pero lo que ocurre en Brasil no es sólo una protesta puntual, ni un estallido de incontrolados, como se quiere contar desde algunos medios. La evolución de los hashtags en Twitter permiten ver la transición entre un disparador que afecta la vida cotidiana de millones de brasileños (#RevoltadoBusao), y que fue impulsado por el Movemento Passe Livre; una resistencia que sostienen los Comités Populares de la Copa [mundial de fútbol] dese hace meses y que estalló con motivo de la Copa Confederaciones (#Copapraquem), y que termina en una exigencia de un nuevo Brasil, más democrático, más para la gente en lugar de para el complejo entramado de intereses económicos y políticos del imperio emergente con pies de barro (#MudaBrasil).
Caetano Veloso, el famoso cantante y compositor brasileño, publicaba en su web oficial un post en el que conectaba estas megamanifestaciones en Rio de Janeiro con la resistencia a las arbitrariedades y la sordera del poder en Brasil: «Siento una identificación espontánea con los manifestantes. Aquí en Rio, dese la resistencia para frenar el derrumbe de la Escola Friedenreich y la defensa de la Aldeia Maracanã, sentí, por los mensajes de correo electrónico que recibía, por las conversaciones que tenía y por los videos en los que aparecieron policías lanzando gases lacrimógenos (mi candidato para la alcaldía de Río de Janeiro en las últimas elecciones, Marcelo Ceniza, fue golpeado mientras iba a mostrar su solidaridad con os resistentes), que ese tipo de manifestaciones crecerían. Que haya sido en respuesta al aumento de la tarifa de los autobuses que ese crecimiento se produjo, sólo confirma mi percepción de que es algo real, una expresión de insatisfacción de la población con una situación de lo púbico que muestra su agotamiento. No se trata sólo del gobierno PMDB en el Estado o en la ciudad, ni del PT a nivel federal. Es todo un conjunto que necesita escuchar de los ciudadanos que ya no hay aceptación pasiva de lo que ellos deciden que sea. Por mi parte, me identifico con los manifestantes. Están dando voz a sentimientos a los que todavía les falta articulación. Tienen que hacernos pensar. Recuerdo las marchas de la década de 1960 y pienso en los movimientos que se producen en Turquía ahora, y hace poco en los EEUU, España, Grecia o en varios países árabes. Me siento en sintonía con estas personas (…)”.
Y es que constatar que una sociedad no está dormida hace que muchas personas se sientan orgullosas de ser parte de lo colectivo. La actriz Bruna Lizmayer escribía hace dos noches en Twitter: «¡Qué hermoso día para nuestro Brasil! Voy dormir con la vibrante energía del amor y la paz, la energía se sintió en toda la protesta de Rio Branco. ¡Viva!». De hecho, la descripción del cantante Jair Oliveira fue especialmente motivante: “Yo vi, te juro que vi; hoy vi bien de cerca a un gigante… Tenía miles de ojos, de labios y de corazones. Pero no era como esos gigantes de los cuentos infantiles que por lo general habitan las pesadillas nocturnas de los niños imaginativos. Era un gigante con determinación pero nada agresivo. Calmado, pero de ninguna manera apático. Cansado, pero nunca vencido. Admiré con estos ojos el poder de este gigante, con quien nunca imaginé tropezarme en mi insignificante aventura en la Tierra. tropezó … Pero tropecé, tropecé con esta criatura que había estado durante mucho tiempo inactiva, casi en un coma inducido, del que no reaccionaba, del que nada lo hacía despertar. Ahora despertó hambriento. No hambriento de despojos (como muchos sugieren), sino con hambre de justicia, de dignidad, de respeto y de gloria… mucha gloria. Espero que el gigante haya descansado lo suficiente como para no pensar en volver a dormir. Por lo que vi hoy, no se volverá a dormir jamás. Hoy yo sí que voy a dormir bien, muy bien. Con el sueño tranquilo, con la certeza de que hoy (17/06/2013) no voy a tener pesadillas”.
El comunicador y bloguero Flavio Siqueira cree que estas protestas son algo más que una explosión más o menos multitudinaria de insatisfacción, sino que visibilizan el déficit democrático de un Brasil devorado por el pragmatismo, la corrupción y los silencios. “La ostentación de los índices de aprobación de los gobiernos servía como máscara, el discurso oficial de que ‘nunca antes en la historia de este país’ el pueblo había estado tan feliz eran la excusa para frenar cualquier señalamiento de la necesidad de cambios, servía para instalar la percepción de que el descontento era un tema restringido a ‘golpistas mediáticos’ o ‘reaccionarios conservadores’, mientras que los casos de corrupción se acumulaban sin mayores consecuencias y/o explicaciones, la deuda, el enriquecimiento de los bancos, la inmensa carga tributaria, los intereses, los juegos políticos, los grupos alrededor del poder… todo esto, de alguna manera, inhibía el grito de insatisfacción generalizada y provocaba, al menos en parte de la población, una sensación de que no había esperanza, de que todo está perdido, como si el pueblo hubiera sido tragado por una máquina publicitaria y asistencialista, corrupta, demagógica, dogmática, populista, y especialmente, fagocitadora de mentes, aspiraciones e ideales. En los últimos diez años, el brasileño tuvo que vivir con la «metamorfosis ambulante», no sólo el de Lula contradiciendo el discurso de toda su vida en nombre de un pragmatismo egoísta, sino del PT como un partido de «trabajadores» que lo dejó de ser, movimientos sociales -como UNE, CUT, los sindicatos y muchos otros- que simplemente no lograron articularse con la sociedad convirtiéndose en perchas de empleos, organismos gubernamentales, fomentando un discurso alineado con el status quo. Nuestra democracia retrocedió, no había espacio para la crítica, el desacuerdo, la oposición o los cuestionamientos –sin que el cuestionador se convirtiera en objeto de ataques ideológicos, jurídicos o, en algunos casos, físicos. La puerta estaba cerrada con llave y la llave se la habían tragado”.
Salvador Schavelzon, en Rebelión, asegura que estas son las movilizaciones más grandes en el subimperio brasileño desde 1992 y considera que “aunque mucho de la protesta y de las personas que salen por primera vez a la calle tienen mucho de inclasificable, desordenado, de ser inventado… la interpretación del golpismo no procede. El prefecto [de Sao Paulo, Fernando] Haddad, con mucha proyección después de haber ganado en una ciudad donde en general gana la oposición, sigue a la presidenta en la derechización de un partido que gobierna aliada a los sectores más conservadores: los ruralistas, las iglesias, los antiguos rivales reciclados de la dictadura que ahora acompañan al PT con las mismas reacciones, respuestas, interpretaciones que llegan desde el gobierno. El proyecto del PT tiene que ver con aumentar el consumo, ‘compren autos’ recomendaba Lula, mientras Dilma ocupa sus horas en administrar una empresa constructora llamada Brasil, realizando los lugares comunes del neoliberalismo mezclado con desarrollismo de los ‘60 y tecnocracia burocratizada. Lejos de un ‘cacerolazo’ de la clase media conservadora, entonces, fue más bien una ciudad recuperando su calle”.
Y las protestas que comenzaron en Sao Paulo se extendieron por todo el país y ahora las peticiones son más genéricas y serán difíciles e contener. Hay dudas sobre el papel que va a adoptar el PT, que respalda al Gobierno, y otras organizaciones políticas de izquierda. En las grandes manifestaciones de este lunes 17 y martes 18 se vieron ya banderas del PT, pero eso no significa que el partido, empujado a la “institucionalización” por Lula da Silva y Dilma Rousseff. El conflicto en Brasil está abierto. Un “milagro económico” más –del neoliberalismo mundial- que muestra sus vergüenzas.
Fuente: OtrAmérica
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