Larraín-Walker: un tongo de mala clase
por Cristian Joel Sánchez (Chile)
14 años atrás 8 min lectura
Estimado lector: ¿leyó usted algo o todo de la polémica entre Carlos Peña, rector de la UDP, e Ignacio Walker presidente de la DC a propósito del documento de reforma binominal y política del PDC y Renovación Nacional? ¿No? Bueno, no importa. Ambos se pueden resumir en dos palabras y es lo que trataremos de hace más abajo. Respecto de Carlos Peña, es un personaje que, aunque en otras cosas estoy en desacuerdo con sus ideas, cae dentro de mis preferencias por su forma aguda y valiente de escribir en un tiempo donde la hipocresía y los eufemismos han saturado de beatería el insoslayable enfrentamiento ideológico que crece exponencial en nuestra sociedad.
¿Qué dice Peña sobre el tema en su columna de “El Mercurio”, lo que hace saltar a Walker como se si se hubiera sentado en un ají cacho de cabra a trasero descubierto? Que el documento de marras, el proyecto de reforma constitucional, además de ser paja molida, es originario de un par de conservadores pechoños y obtusos, de simbólicos apellidos, que cimentan su propuesta en falsedades propias de su interesada forma de interpretar el repudio nacional a sus coaliciones. Lo dice de manera aún más fuerte de lo que usted podría pensar de mis palabras. Pero es una verdad del porte de una catedral, para seguir en el terreno de las sotanas.
Más o menos textual comienza diciendo el rector: “El documento parece escrito por la Conferencia Episcopal y que (Larraín-Walker) se sienten cómodos uno al lado del otro ya que comparten el mismo habitus y sentido de clase… y con esos apellidos no puede sino esperarse una sensibilidad conservadora y un sentido aristocratizante”.
Esa es una ironía descarnada del audaz artículo. Pero veamos cuál es la base de la áspera polémica mercurial yendo de inmediato al meollo del asunto haciendo abstracción de los “aristotelazos” —el filósofo griego va y viene en el entuerto— que se lanzan Peña y Walker en contra del intelecto de cada uno. Digo “mercurial” porque el cruce de espadas se realizó a través del, por ahora, muy “democrático” diario “El Mercurio”.
A mi juicio, dos cosas claras hay que rescatar del agudo artículo del rector Peña. El comienza restándole toda importancia a la propuesta a la que califica de conservadora, oblicua, vaga y obvia —así de lapidario el articulista— y cuyo único valor, más bien testimonial, es demostrar la común raíz conservadora y monacal de sus autores en tanto que individuos y representantes de sus respectivas organizaciones. Una de las objeciones que hace Peña a la esencia del proyecto de reforma política de la DC y RN, es el intento de endilgarle la culpa del repudio abrumador de la ciudadanía a la Concertación y a la Alianza a la propia ciudadanía la que, textual, exhibe “una mentalidad difusa en todos los ámbitos, que busca gratificación instantánea en la vida personal y realización pronta de enfoques muchas veces estrechos”.
En otros términos, no es la degradación moral, la corrupción, el aprovechamiento y la mediocridad generalizada de los políticos actuales lo que provoca el rechazo hacia ellos de más del 80% de la ciudadanía, sino que la culpa es de las ciudadanía misma, del arribismo egoísta de los “populáricos”, como llamaba Violeta Parra al pueblo, el afán de enriquecimiento fácil y acomodaticio, además de una inteligencia limitada que lleva a las masas a estos “enfoques estrechos”. Fíjese usted, mi “limitado” lector, que la sorpresiva conjunción RN-DC representa a todo el espectro político, derecha y centro-izquierda, vale decir a todos los que han estado en la mesa de pingpong repartiéndose la torta económica por largas décadas. En definitiva, un contubernio que no es otra cosa que el gato panza arriba defendiéndose del peligro que le representa a la casta politiquera que los indignados de este pueblo quieran darles una patada en el trasero a todos ellos juntos.
Lo segundo que señala Carlos Peña y que llevó a Walker a una torpe respuesta que puede leer usted también en “El Mercurio” de hace un par de días, es que el documento “Hacia un nuevo régimen político en Chile”, ya sea por omisión o por comisión, es, en esencia, una “cachetada del payaso” lanzada en pleno rostro del señor presidente de la República que paradójicamente es militante de uno de los partidos que redactó el documento. Lo dice Peña, no yo, que la propuesta de cambiar el régimen presidencial por uno mixto creando la figura de un primer ministro avalado por el Congreso, se justifica en la “debilidad” que muestra hoy el centralismo presidencial, en palabras más directas en el mal desempeño de Piñera.
Es, sin duda, una forma sesgada de los redactores de decirle a don Sebastián que ha hecho el peor gobierno presidencialista de la historia y que una nueva constitución que le quite parte del poder al presidente y se lo entregue al Congreso, es una forma de evitar futuros “piñeras” como lunares de la democracia. Respecto a esta velada censura al gobernante que trasciende de la proposición DC-RN, señala el rector Peña: “Es difícil imaginar una crítica más oblicua, más vaticana que esa”.
Entre paréntesis, me gustó mucho el vocablo “vaticana” utilizado por el rector de la UDP para definir el concepto “hipocresía”, vocablo que provocó especial encono en la acerba respuesta de Walker. Bueno, pero ¿qué dijo el otro? El otro contrincante, el senador Ignacio Walker, firmante a nombre de su partido del proyecto de reforma de la Constitución, respondió mediante una carta enviada a “El Mercurio” que, independiente de si toma usted o no partido en la controversia, es sólo hojarasca que sorprende por provenir de un político supuestamente avezado de la fronda parlamentaria nacional. Elude absolutamente los dos puntos más importantes del artículo del rector Carlos Peña, es decir las culpas que la propuesta de reforma le endilga a los afectados, es decir a la ciudadanía, y el ataque sibilino a don Sebastián.
Walker centra su indignación en el calificativo de “conservador” buscando desvirtuar este cargo con una lista de sus acciones progresistas como parlamentario y en la trayectoria política, tanto suya como de su partido, para utilizar el resto de su misiva en defender su apellido y al catolicismo. Para esto último su carta se desgrana en una larga diarrea de filosofazos donde no falta, por supuesto, Maritain, al que se agregan desde Mounier, Max Weber hasta…¡Sigmund Freud!, todo esto a propósito de escopeta porque no es sino un escape por las ramas, sin responder la esencia de las críticas del rector de la UDP
Yo pertenezco al grupo de los mal pensados, amigo mío. Voy más allá que el rector Carlos Peña y creo que esto del proyecto de reforma constitucional de Larraín-Walker, es decir DC-RN, es decir Concertación-Alianza, no es más que fenomenal tongo. No creo que la rabieta de la UDI sea tal; a lo sumo le molesta el cambio del binominal por la probable irrupción de la izquierda, la verdadera, en la palestra institucional. Pero, ¿enojarse por un régimen parlamentario aunque sea de medias aguas? ¿Acaso no fue una buena idea para la oligarquía que profitó más de 20 años de un mamotreto semejante luego de la caída del “Rojo” Balmaceda en 1891?
Además un sistema parlamentario es mucho más fácil de manejar para la derecha económica, sino que lo digan los regímenes europeos, donde las mayorías parlamentarias y por lo tanto los primeros ministros cambian como cambiarse camisa, de socialista a liberales, de conservadores a democristianos, y hasta de facistoides, sin que a las relaciones capitalistas de producción, el dominio económico de los grandes consorcios, se les mueva un pelo porque el sistema ha garantizado centenariamente la inmutabilidad de sus privilegios.
Por otro lado, ¿qué los socialista, el PPD y los radicales, y quizás si hasta los comunistas, no sabían de los pasos sigilosos en que andaban sus socio de la democracia cristiana? ¡Mentiras, señores!, como diría el Innombrable. Lo que ocurre es que una participación pública de la “izquierda” concertacionista en un contubernio semejante, añadiría aún más desprestigio a la degradación de principios en la que se desgrana el otrora tercer tercio de la política chilena. Por eso se quejaron débilmente como una lola de 15 años, para rápidamente proclamar su beneplácito y bendición a la supuesta pilatunada que les hiciera su socio de coalición.
En conclusión, amable lector, una estafa más de la larga lista del devenir fraudulento de nuestros políticos. Están en el área chica, a punto de meter el gol, para utilizar el lenguaje “limitado” de nuestros populáricos, también “limitados mentales”, que no entienden el sacrificio denodado que hacen nuestros patriarcas para sacarnos los pocos pesos del bolsillo sin que nos demos cuenta. Sin embargo, hay un invitado de piedra que puede aguarles la fiesta a estos alegres descarados: los indignados que, todavía un poco tímidos, asomaron su puño en el año recién terminado y que se aprestan, estudiantes a la cabeza, a la próxima contienda que se vislumbra ad portas.
Como dice la letra de una significativa canción de Patricio Manns, hasta ahora nos han ganado todas las batallas… pero falta conocer el resultado de la guerra.
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¿Dónde menciona Peña los apellidos?
Es muy obvio que es puro tongo. Solo se trata de un par de grupos de depredadores poniendose de acuerdo, para defender su parcela. El acostumbrado asco Puajjjj!
Excelente desenmascaramiento de la comparsa Alianza-Concertación. Muchas gracias.