Selección y traducción para piensaChile de H.H.B.
El neoliberalismo es el paradigma político-económico que define nuestro tiempo. Se refiere a las políticas y procesos por medio de los cuales se permite a un puñado de intereses privados controlar lo más posible la vida social con el fin de maximizar sus ganancias personales. Asociado inicialmente con Reagan y Thatcher, por las tres últimas décadas el neoliberalismo ha sido la tendencia político-ecónomica dominante, adoptada por los partidos políticos de centro y gran parte de la izquierda tradicional, así como por la derecha. Estos partidos, y las políticas que impulsan, representan los intereses inmediatos de inversores extremadamente ricos y de no más de mil grandes corporaciones multinacionales.
Aparte de algunos académicos y miembros de la comunidad empresarial, el término neo-liberalismo es prácticamente desconocido [en el Primer Mundo] y no es usado por el público en general, especialmente en Estados Unidos. Allí, por el contrario, las iniciativas neoliberales son caracterizadas como políticas de libre mercado que estimulan la libre empresa y la libertad del consumidor, premian la responsabilidad personal y la iniciativa empresarial, y socavan la mano muerta del incompetente, burocrático y parasitario gobierno, que nunca puede hacerlo bien, incluso si tiene la buena intención, lo que rara vez ocurre. Una generación de campañas de relaciones públicas financiadas por las corporaciones han dado a estos términos e ideas un aura casi sagrada. Como resultado de esto las afirmaciones que ellas hacen rara vez requieren de defensa, y son invocadas para racionalizar cualquier medida, desde disminuirle los impuestos a los ricos, eliminar regulaciones destinadas a proteger el medio ambiente, a desmantelar la educación pública y los programas de ayuda social. Por cierto, cualquier actividad que pudiera interferir con el dominio corporativo de la sociedad es automáticamente sospechosa porque interferiría con el funcionamiento del libre mercado, que es presentado como el único racional, justo y democrático asignador de bienes y servicios. En su expresión más elocuente, los proponentes del neoliberalismo aparecen como si le estuvieran haciendo a los pobres, al medioambiente, y a todos los demás, un tremendo servicio al introducir políticas en representación de la minoría de los más ricos.
Las consecuencias económicas de estas políticas han sido las mismas prácticamente en todas partes, y exactamente las que uno hubiera esperado: un incremento masivo de la desigualdad social y económica, un marcado incremento en la pobreza de las naciones y pueblos más pobres del mundo, un desastroso medio ambiente global, una inestable economía mundial, y una bonanza sin precedentes para los ricos. Confrontados con estos hechos, los defensores del orden neoliberal afirman que las ventajas de la buena vida terminarán por repartirse eventualmente a las más amplias masas de la población, mientras no se interfiera en las políticas neoliberales que exacerbaron estos problemas.
Al final, los neoliberales no pueden ofrecer una defensa empírica del mundo que están creando. Por el contrario, ellos ofrecen -en realidad, exigen- una fe religiosa en la infalibilidad de mercado no regulado, que se apoya en teorías del siglo XIX que tienen escasa conexión con el mundo actual. La última carta de triunfo de los defensores del neoliberalismo, sin embargo, es que no hay alternativa. Sociedades comunistas, democracias sociales, e incluso modestos estados de bienestar como Estados Unidos, todos han fallado, proclaman los neoliberales, y sus ciudadanos han aceptado el neoliberalismo como el único curso posible. Será imperfecto, pero es el único sistema económico posible.
A comienzos del sigo XX algunos críticos llamaron al fascismo “capitalismo sin guantes”, queriendo significar que el fascismo era puro capitalismo sin los derechos democráticos ni las organizaciones. En realidad, sabemos que el fascismo es mucho más complejo que esto. El neoliberalismo, por otra parte, es en verdad “capitalismo sin guantes”. Representa una época en la cual las fuerzas empresariales son más fuertes y más agresivas, y confrontan menos oposición organizada que nunca antes. En este clima político ellas intentan codificar su poder político en todo posible frente, y, como resultado, hacen progresivamente más difícil oponerse a las empresas, y prácticamente imposible, para las fuerzas antimercado, no comerciales y democráticas, siquiera poder existir.
Es precisamente en su opresión de las fuerzas antimercado que vemos cómo el neoliberalismo opera no sólo como un sistema económico, sino también como un sistema político y cultural. Aquí sus diferencias con el fascismo, con su desprecio por la democracia formal y como un movimiento social altamente movilizado basado en el racismo y el nacionalismo, son notorias. El neoliberalismo funciona mejor cuando hay una democracia electoral formal, pero una que mantiene a la población al margen de la información, acceso y foros públicos necesarios para la participación significativa en la toma de decisiones. Como lo pone el guru neoliberal Milton Friedman en su libro CAPITALISMO Y LIBERTAD: puesto que la obtención de ganancias es la esencia de la democracia, cualquier gobierno que persiga políticas antimercado es antidemocrático, sin que importe cuánto apoyo popular informado pudiera disfrutar. Por lo tanto es mejor restringir el gobierno al trabajo de proteger la propiedad privada, hacer que se cumplan los contratos y limitar el debate político a asuntos menores. (Las verdaderas materias de producción y distribución de recursos, así como de organización social, deben ser determinadas por las fuerzas del mercado).
Equipados con esta perversa comprensión de la democracia, neoliberales como Friedman no tuvieron escrúpulos ante el derrocamiento militar del gobierno democráticamente elegido de Allende en 1973, porque Allende estaba interfiriendo en el control empresarial de la sociedad chilena. Luego de 17 años de brutal dictadura, todo en nombre del democrático libre mercado, la democracia formal fue restaurada en 1990 con una constitución que hizo sumamente difícil, si no imposible, que la ciudadanía pudiera desafiar la dominación militar-empresarial de la sociedad chilena. Esa es la democracia neoliberal en un cáscara de nuez: debate trivial acerca de asuntos menores por partidos que básicamente persiguen las mismas políticas pro empresariales, independientemente de las diferencias formales en el debate de sus campañas. Se permite la democracias mientras el dominio de los empresarios se encuentre vedado a la deliberación popular o al cambio, es decir, mientras no sea [una verdadera] democracia.
……………..
Por otro lado, para ser efectiva, la democracia requiere que la gente sienta una conexión con sus conciudadanos, y que esta conexión se manifieste a través de una variedad de organizaciones e instituciones no mercantiles. Una vibrante cultura política necesita grupos comunitarios, bibliotecas, escuelas públicas, organizaciones vecinales, cooperativas, lugares de encuentro públicos, asociaciones voluntarias y sindicatos, que suministren formas de reunión, comunicación, e interacción entre los ciudadanos. A la democracia neoliberal, con su concepto de que el mercado está por sobre todo, no le interesan estos sectores. En vez de ciudadanos produce consumidores, en vez de comunidades produce Shopping Malls. El resultado neto de esto es una sociedad atomizada de individuos desvinculados que se sienten desmoralizados y socialmente sin ningún poder.
En suma, el neoliberalismo es el inmediato y principal enemigo de la genuina democracia participativa, no sólo en EE.UU, sino a lo largo y ancho del planeta, y lo será por el futuro previsible, a menos que decidamos, colectivamente, hacer algo al respecto.
21 de agosto de 2011
– Tomado de la Introducción al libro: PROFIT OVER PEOPLE, Neoliberalism and Global Order, de Noam Chomsky, New York: Seven Stories Press, 1999. Selección y traducción, especial para piensaChile, de H.H.B.
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