Mineros de Copiapó: Que nadie se preste a engaño
por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
15 años atrás 2 min lectura
Que nadie se preste a engaño. La noticia feliz de la sobrevivencia de
los mineros en el yacimiento San José se debe a la pericia, tradición,
experiencia y fortaleza de los propios trabajadores. Que esas
propiedades de vidas completas dedicadas a la explotación minera
–incluso desde la infancia- sean hoy capitalizadas políticamente por
Piñera es otro asunto. Es cierto, subirán los bonos del mandatario y
hasta los dueños de la mina procurarán salvar ilesos de las feroces
irresponsabilidades que crearon las condiciones del trágico accidente.
Pero no hay que perder la brújula, incluso en medio del más
extraordinario despliegue mediático que procura poner al gobierno y sus
personeros como protagonistas de una gesta propia de los mineros.
La repetición enfermiza de las imágenes televisivas y el mensaje de los
mineros mostrado por el multimillonario que está sentado en La Moneda,
no pueden nunca provocar la desmemoria del conjunto de antecedentes que
objetivamente prueban las pésimas condiciones de la mina y la minería en
Chile, la menos que pobre fiscalización de los organismos estatales
responsables de la supervisión de esos centros laborales, y el abandono y
expoliación de un sector de trabajadores que han enriquecido durante
siglos a una clase minúscula.
Piñera no cabe de gozo porque se jugaba porcentajes de popularidad en las encuestas.
Nosotros, los de abajo, estamos felices porque asalariados de una de las más terribles industrias del país están con vida.
Y nada de lo que ocurra terminará con lo realmente determinante: que el
actual Ejecutivo representa pura y duramente los intereses de la minoría
que manda y no de las grandes mayorías, la ampliación de la pobreza y
las desigualdades sociales, y que la injusticia se funda sobre la
apropiación privada y bajo cualquier condición de la producción social
de la riqueza.
Estamos profundamente felices por nuestros hermanos mineros. Aunque,
contradictoriamente, esa misma dicha nuestra sea convertida por la
propaganda multiplicada, en un respiro momentáneo para los patrones del
Estado empresarial chileno.
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