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Responsabilidad. 

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Responsabilidad = respons habilitas = habilidad para responder.

(El pensamiento del neuropsiquiatra y filósofo Viktor E. Frankl).


El ser humano es el ser con la capacidad y la habilidad para responder.
La antropología frankleana  considera que el ser humano no es solamente
el ser que se pregunta, que interroga, sino, más bien, el ser que
responde.  La experiencia vital de Frankl está marcada por la profunda
convicción de que la vida es una oportunidad y una exigencia de dar
repuesta a todas las preguntas que el “cada día” nos hace
permanentemente.  

¿De qué es responsable el ser humano?  Al tomar conciencia de nuestro
estar-en-el-mundo, descubrimos que tenemos la tarea de hacernos cargo,
en primer lugar, de nuestra propia vida. Se manifiesta para unos (a)
como el gozo de emprender la construcción de la propia existencia y para
otros (b) como la angustia de sentirse arrojados en el mundo con una
vida que no eligieron.

En logoterapia nos ocupamos  del grupo (a) y habrá que procurar que los
del grupo (b) lleguen a tomar conciencia viva de la responsabilidad de
llevar adelante su propia existencia, porque entonces estarán (a y b),
preparados para comprender y acompañar a otros seres humanos en el
proceso de descubrimiento y compromiso con la vida.

La tarea-misión de hacerse cargo de la propia vida es intransferible y
en ella somos irremplazables. Nadie vendrá a hacerlo por nosotros, sólo
uno es el que puede responder. Sólo así, asumiendo personalmente, es
posible estar con el tú, con los demás, compartir el camino de la vida,
sabiendo que hay responsabilidades que sólo uno mismo tiene que afrontar
y sólo uno mismo puede dar cuenta de ellas.

¿Ante qué o ante quienes es responsable el ser humano?  Es responsable:

Ante-sí-mismo,   ante-los-demás,   ante-Dios.

La responsabilidad es una dimensión envolvente que impregna al ser y el
quehacer humanos y hunde sus raíces en el diario caminar. Porque
responder a uno mismo y responder a los demás corresponde a la apertura
radical del ser humano y su total inserción en-el-mundo. Inserción en un
tiempo y un espacio concretos; encarnación histórica, social, que
otorga  un sentido profundo de ubicación en el mundo, de compromiso con
la humanización y de solidaridad con los demás seres humanos que
comparten la misma condición.

El sentido de responsabilidad de hacernos cargo de nuestra propia
existencia, respondiendo a nosotros mismos y a los otros, es posible
trascenderlo y centrar la orientación de la vida en un ser suprapersonal
que es Dios y a quien se le reconoce como el creador y dador del don de
la  vida, vida recibida y que a él ha de retornar: la Vida engendra
vida, y la vida retorna a la Vida.

La tonalidad afectiva que tenga el ser humano de su concepción de Dios
hará  que su responsabilidad adquiera un signo constructivo o uno
angustiante y destructivo.  (Dios-Padre-Amor o Dios-Juez-castigo).

¿Dónde encuentra el ser humano ese lugar para responder?  Se responde
desde la conciencia.  La conciencia es el lugar donde el ser humano
(sólo él) tiene el privilegio de encontrarse consigo mismo desnudo, en
su más profunda intimidad y donde se manifiesta la presencia dialogal de
Dios.  La conciencia es quien guía a la libertad para que pueda
responder de sí a los demás.

La conciencia como dimensión y fenómeno humano está sujeta a las
limitaciones propias de la condición humana y esto implica riesgos. En
el proceso de maduración y formación de la conciencia existe la
posibilidad de falibilidad, error o engañosa distorsión. Ella no es
omnipotente ni omnisciente y al no ser escuchada puede extraviarse. Sólo
en la medida que el ser humano descubra que estando en contacto con
ella, es decir, con su centro, podrá responder a los demás y a Dios irá
madurando y esta conciencia madura dará a la persona una actitud modesta
de humilde reconocimiento de sus propias limitaciones. Saber que puedo
equivocarme es aceptar que tú puedes haber acertado.

Cada uno de nosotros, mediante nuestra conciencia, estamos en-el-mundo
como ser-que-responde a las personas y a las situaciones.  Las múltiples
situaciones a las que nos enfrentamos surgen como preguntas que muchas
veces pueden quedar sin respuesta.  Las respuestas implican decisiones y
estas decisiones son resultado de la libertad humana. En la libertad 
se hace visible la existencialidad  y en la responsabilidad  se revela
la trascendencia.

Según Frankl, “el ser humano es responsable de actualizar y realizar los significados y valores en el mundo y en la historia”.

El ser humano es plenamente humano cuando es capaz de ir más allá de
donde es “impulsado” y llegar al lugar donde es “libre y responsable”.
Se deshumaniza cuando deja de ser responsable. Por tanto, la libertad de
la voluntad se “decide” ante el pandeterminismo de los
condicionamientos biológicos, psicológicos o sociales y responde desde
su espiritualidad a las personas y las situaciones.

Según Frankl el inconciente es espiritual. Se “asoma”, como la punta de
un iceberg, en la conciencia y actúa libre y responsablemente. En este
sentido, Frankl  dice que la conciencia es la “voz de Dios”.  Es un
susurro una “suave brisa” que hay que ir aprendiendo a escuchar y a
interpretar.

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