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Canal 13 de la UC: «Una venta inconsulta y a precio vil» 

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Sindicato Nacional de Trabajadores de Empresa Corporación de Televisión de la Universidad Católica de Chile

DECLARACION PÚBLICA

El Sindicato Nacional de Empresa de Trabajadores de la Corporación de Televisión de la Pontificia Universidad Católica de Chile, frente al anuncio de venta de los 2/3 de la propiedad del Canal, en 55 millones de dólares, al grupo económico Luksic, tiene el deber de manifestar públicamente su opinión:

1.- La gravedad de defraudar la palabra: una conducta inaceptable en una autoridad.- Al ser humano lo identifica la palabra, el respeto a ella dice relación con valores trascendentes como la dignidad, el honor y la coherencia. Nadie sabe más del valor de la palabra que la Iglesia, pues toda su misión se ordena en torno de la Palabra.

El señor Rector confesó que para su nombramiento debió responder un cuestionario del Cardenal Errázurriz y que un punto relevante del mismo se refería al Canal 13. Públicamente declaró que:

«es un lujo» que la UC tenga un canal de TV como el 13. No por lo costoso, sino porque «es un espacio de educación, entretención y de entregar los valores de la universidad y la Iglesia, una oportunidad que tenemos que aprovechar».

Y cuando asumió nos reiteró a los trabajadores de la Universidad que el Canal 13 no se vendía ni se privatizaba.

Hoy, en un marco de secretismo, sin información a nadie, citando en el último momento al Consejo Superior de la Universidad, hace exactamente todo lo contrario. Una persona honorable así como una autoridad puede cambiar de opinión, pero cuando ello ocurra tiene el deber de trasparencia, de explicar las razones de su cambio de pensamiento y de su actuar en consecuencia. Nada de ello ha ocurrido, simplemente se traicionó la palabra empeñada, balbuceando una justificación que de nueva no tiene nada como los cambios tecnológicos en la industria televisiva.

Un Rector de una universidad católica, vinculada directamente con la Santa Sede, no tiene derecho de actuar así. Se ha faltado el respeto a sí mismo como a la dignidad del cargo que ejerce desde hace 5 meses.

2.- Una venta inconsulta y a precio vil.- Se nos ha informado, al igual que a toda la opinión pública, que el valor de los 2/3 del Canal 13 fue tasado en 55 millones de dólares y que toda esta suma se destinará a pagar el pasivo existente. En consecuencia ningún capital fresco quedará en la nueva sociedad que se pretende constituir sacando el Canal 13 de la esfera de dominio de la Pontifica Universidad Católica de Chile. El empresario señor Andrónico Luksic fue sincero al decir que estaban comprando una prestigiosa marca, de una larga historia y prestigiada historia en nuestro país.

La verdad es que el Canal 13 se ha vendido a un precio vil, causando una lesión enorme a la Universidad. No sólo se vendió de manera secreta, obscura, sin trasparencia alguna, basados, al parecer, únicamente en los últimos resultados financieros, no dándole valor ninguno, simplemente cero, al valor intangible más preciado en el mercado como es la marca. Si entramos en la lógica mercantil, creemos que este Canal vale varias veces el precio que se ha ofrecido pagar.

Los altos promotores de esta salida, que no compartimos, mínimamente, por la entidad y gravedad de una decisión de esta naturaleza no sólo debiesen haber informado de manera previa, sino que de haberse aprobado tal curso de acción por el Consejo Superior de la Universidad, se debiesen haber definidos bases objetivas de licitación y sobre esa base hacer una propuesta pública.

Los responsables de este hecho optaron por el peor de los caminos, la negociación secreta y oculta, obteniéndose así el peor de los resultados: un precio vil, a todas luces muy inferior al real.

3.- La Iglesia de Chile no puede depender de un dignatario, menos en asuntos que no son de fe.- Lamentamos que en esta oscura operación se haya involucrado al señor Cardenal Francisco Javier Errázurriz, a sólo tres meses de dejar sus altas responsabilidades en la Iglesia chilena. El Canal es de la Universidad Católica y ésta del Vaticano. Pero fue el pueblo de Chile, a través de una ley, que le dio graciosamente a la Universidad esta concesión televisiva. Una decisión de tan gran trascendencia no sólo debiese haber sido consultada y aprobada por la Santa Sede, sino también por toda la Iglesia chilena, empezando por la Conferencia Episcopal, pues es un bien que les pertenece a todos y la decisión sobre el futuro del Canal no le puede corresponder solo a una persona aunque tenga la investidura de Gran Canciller.

4.- Y, ahora, en qué queda la libertad de información, sostén de una sociedad realmente democrática.- Chile le dio a las universidades, gratuitamente, las concesiones televisivas a través de Corporaciones que no persiguen fines de lucro, no sólo por ser fuente de cultura sino porque son expresión del pluralismo al interior de nuestra sociedad. Hoy la Universidad Católica pretende entregar a un grupo económico el control de este medio televisivo. Ayer, lo hizo la Universidad de Chile. ¿En qué va quedar la libertad de prensa, la libertad de información, la libertad de opinión, pilares en el funcionamiento de una sociedad realmente democrática cuando el control de la producción y de la transmisión queda sólo en manos de intereses económicos, quienes tienen el poder de contratar a quienes quieran y definir la malla programática a su antojo? El Canal 13 era una garantía, aunque limitada, de pluralismo. La existencia de un canal independiente contribuye al pluralismo en la información, fundamento de una conciencia y de un sistema realmente democráticos.

5.- La venta de Canal 13 es el mayor reconocimiento del fracaso de la Universidad Católica y de la Iglesia. La profunda crisis de Canal 13 coincide clara y perfectamente con el hecho de que la administración del canal fuese reasumida por la Universidad Católica tras la muerte de Eleodoro Rodríguez Matte en 1998. En efecto, la partida de don Eleodoro marcó el fin de una larga era de exitoso desarrollo al mando de una dirección independiente, con el mayor grado de autonomía en relación a la Universidad Católica de que haya tenido memoria Canal 13 y que lo llevase a ser reconocido internacionalmente como una de las casas televisivas más potentes del continente.

La historia posterior es fácil resumirla: 7 directores ejecutivos en sólo 12 años, otros tantos directorios y un desfile de altos directivos y caros administradores nombrados por la universidad como adjudicatarios de la “beca canal 13”, como quien accede a una pasantía, intentando aprender a hacer televisión a costa de una gran institución. Después de fracaso tras fracaso de un aparato de gestión que llegara a ser incluso manifiestamente sobredimensionado y de tamaño sin parangón en la industria televisiva chilena, anunciar la venta de Canal 13 es sólo el reflejo manifiesto de la gran incapacidad de la que hemos sido testigos. ¿Con qué calidad moral podrán en el futuro la Universidad Católica y la Iglesia chilena alzar la voz para criticar la mala calidad de nuestra televisión o su carencia de contenidos y valores si habiendo recibido el más importante medio de comunicación, con una red a lo  largo de todo el territorio nacional y alcance al 99% de la población se deshacen de él como una mercancía?

Nos parece por decir lo menos, lamentable y de una gravedad extrema. Nos sentimos profundamente defraudados porque el señor Rector don Ignacio Sánchez, recién electo y asumido en el cargo en marzo de este año 2010, se comprometió públicamente hacer los esfuerzos necesarios para resolver la crisis financiera y de gestión que arrastra el Canal 13 desde hace más de 12 años, cuestión que es de responsabilidad exclusiva de la dirección de la propia Universidad, que ha designado a ejecutivos y directivos con criterios mercantilistas, que han llevado progresivamente a nuestro Canal a una crisis financiera y caída en la teleaudiencia, sin que tengan responsabilidad en ello los trabajadores a quienes simplemente no se les escucha y sólo se les pide sacrificios tras sacrificios. Piénsese que el rol privado que paga el Canal a un grupo reducido de personas de confianza de los directivos equivale alrededor de las remuneraciones de más de 300 trabajadores de nuestro medio televisivo. La factura de despedida de un ejecutivo del Canal, organizada privadamente por sus adláteres, es pasada a la cuenta del Canal. A un “rostro” del Canal se le pagó 17 millones mensuales sin ser ocupada precisamente por ser un “rostro” que no era afín a la identidad y misión del Canal. Estos y múltiples otros escándalos los hemos denunciado, pero el temor a los trabajadores, los únicos leales con el Canal, es mayor que la fuerza de su denuncia.
Santiago, 8 de agosto de 2010.-

SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE EMPRESA CORPORACION DE TELEVISIÓN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

-Agradecemos a nuestro amigos Fernando por el envío de este valioso documento.

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