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Facebook, La nueva pizarra de Mockus 

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Muchas apreciaciones ha suscitado la imprevisibilidad de la ola verde que surge con vigor en las elecciones colombianas, pero pocas o ninguna se inclinan a observar en detalle la dimensión societal (lo relativo al funcionamiento de la sociedad) del fenómeno. Al parecer, las formas de expresión “espontáneas” asustan por su carácter “improvisado” a tal punto, que todo se ha hecho para negarla o en el mejor de los casos reconocerla vagamente o por lo menos no con el trato que amerita. Quisiera antes recordar brevemente que la verdadera dificultad de la improvisación, desde el punto de vista cognitivo está ligada a que solicita en un mismo instante, un conjunto de habilidades tales como: audición, análisis, ejecución, y composición. La improvisación como práctica integral de estas habilidades, desarrolla la capacidad de ver y anticipar los distintos componentes de una situación tanto en la escucha como en la ejecución de una acción, así como la resolución de dificultades que se presentan en tiempo real. En lo que respecta a la estructura, la improvisación ayuda a rescatar las ideas de manera más espontánea y desligada de métodos, procedimientos y formas fijas. Por todos estos motivos la “improvisación” representa  ventajas considerables a la hora de apoderarse de una oportunidad sorprendente de auto-cuestionamiento como la tenemos ahora los colombianos.
 
Si la campaña presidencial de Barack Obama puede ser considerada como precursora en el uso innovador de las redes sociales, la campaña de Mockus es ella, precursora  en el uso de estas no solo con fines de campaña política presidencial, sino que sobretodo, se sirve de esta como una herramienta pedagógica, en donde los ciudadanos somos educados en torno al tema del “voto libre, vote a consciencia”, “la vida es sagrada”, “colombiano no mata colombiano”, ejercicios pedagógicos en torno a la ilegalidad y el compromiso (por ejemplo la “vacuna contra la ilegalidad” realizada en Paris por el grupo de difusión de Francia), think tanks en torno al programa de gobierno entre otras, todas campañas de educación que permitieron extirpar al país de la apatía y del sentimiento de impotencia. Independientemente del hecho de que los colombianos necesitáramos urgentemente (hay que reconocerlo) educación política y moral, esta necesidad no solo revela de qué manera las redes sociales son capaces de generar conocimiento a partir de la deliberación colectiva, sino también como pueden ser utilizadas con fines pedagógicos, eso sí acerca de un propósito claramente establecido capaz de generar además debate. Por otra parte, otra de las diferencias fundamentales entre ambas campañas, es que la de Obama convocó a un intermediario experto en diseño de estrategia digital: Blue State Digital, compañía encargada de establecer y administrar la estrategia de la campaña Internet, que incluía todos los aspectos ligados a la conexión de redes, como el recaudo de fondos en línea, la construcción de la circunscripción electoral, el apoyo temático y el desarrollo de una red informática entre iguales. Estados Unidos es la cuna de la tecnología digital, por lo tanto su uso y desarrollo es en consecuencia a los medios bastante desarrollados que posee, lo que bajo ningún punto desacredita el inmenso logro de su campaña, pues el potencial de las tecnologías digitales no tiene nada de automático. La afirmación  del director de la compañía Blue State Digital Matthew McGregor “Es la gente, y no la tecnología, quien gana las elecciones” es constatable desde todo punto de vista.

En Colombia, se podría afirmar que es la ciudadanía por sus propios medios quien se apropió de las redes sociales y los nuevos medios sin intermediarios de tan alto calibre (sin desconocer claro está el arduo trabajo del equipo de campaña). Los colombianos aprendemos a escribir digital con el incentivo de Mockus y su equipo, pero son los ciudadanos los que proponen el libreto prácticamente en directo, de manera espontánea. Sí, se puede decir que de una u otra forma en Estados Unidos también fue el caso, pero de nuevo una diferencia de estilo entre las dos campañas aparece de manera flagrante: en Colombia el arte es, en la mayoría de los casos, la herramienta de honor, “Queremos que cada momento de la campaña sea visto como una obra de arte” lanza Mockus en su “pizarra” que es Facebook. Además de una amplia proliferación de las diversas expresiones artísticas, dentro de las cuales se incluyen las gráficas (camisetas, afiches, logos, retratos, murales en espacio público), las musicales (composición de temas musicales artistas confirmados o amateurs), o la creación de grupos de soporte artístico (artistas con Mockus, creativos con Mockus, convocatoria arquitectos con mockus, grafistas con Mockus, entre otros), vale la pena sobretodo observar cómo, lo que sucede en la red, se escribe en el espacio público real.

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La expresión actual que ha hecho las veces de pasarela entre la red y las calles es el flashmob o “atentado poético”, cuyos esbozos aparecen a inicios del siglo XXI en países como Japón, Estados Unidos e India. Este hecho sorprende más en  Colombia pues no es propiamente un país que se destaque por sus altos índices de acceso a la tecnología, aun cuando podamos decir que los centros urbanos están ampliamente cubiertos.

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Esto posicionaría la campaña de Antanas como una especie de "happening" masivo, que tiene lugar en Colombia y en los países del mundo a donde han migrado los colombianos, en donde la ciudadanía no es espectadora o en el mejor de los casos "fan" o “hincha” como muchos pretenden, sino actriz del cambio. El Flashmob’ en general puede entenderse, en sus expresiones más recientes, como una obra de arte viva y efímera, en donde las nuevas tecnologías de comunicación, actúan como canalizador del encuentro concertado entre un cierto número de personas que no se conocen entre sí para realizar un gesto determinado; en un principio este encuentro tenía lugar la mayoría del tiempo en el espacio virtual, sin embargo hoy estos encuentros tienden a manifestarse con mayor frecuencia en el espacio “real”.

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Para comprender el cambio cultural que subyace esta nueva práctica, es preciso remitirse al estudio de las posibilidades que ofrece el acceso immediato a internet: el libro “Smart Mobs, the next social revolution” de Howard Rheingold quien nos introduce casi a la manera de un guía turístico en el futuro, nos indica con lucidez las posibilidades y peligros de la innovación en materia de comunicación digital. Así mismo, su sitio internet presenta una amplia paleta de actualidades respecto al tema.

Es importante aclarar que Mockus no se introdujo en las redes sociales (especialmente Facebook) de forma imprevista. Desde hace aproximadamente dos años el candidato viene haciendo “campaña educativa” a través de este medio, en torno a todos los temas que le preocupan: marchas por la vida (que incitaron directamente la constitución de la gran marcha histórica de febrero 2008)  talleres micro-acción, vigilias por las víctimas de la guerra, los foros pensar entre otros tantos ejemplos. La oscilación entre espacio virtual y real en donde la acción y la reflexión se retroalimentan, crea una dialéctica que abre un espacio para ser ciudadano activo, invirtiendo así los códigos de una estructura relacional como Facebook, que hasta hace muy poco carecía de un verdadero incentivo social, que empujara a las personas a intercambiar ideas de forma concreta y sobretodo constructiva.
 
Estos hechos, evidentes para mí -como arquitecta orientada al espacio público que soy-, no lo son para muchos, tal vez por una resistencia recalcitrante al cambio sumado a la mala costumbre de subvalorar a priori las expresiones culturales nacientes (de lo que ni los países tan desarrollados como Francia se salvan…).  Esto me pone en la tarea de resaltar con ojo analítico y sin temor a admitirlo, con gran orgullo, la vitalidad creativa con que un gran número de colombianos han hecho uso de una nueva era, para subsanar las duras consecuencias de un conflicto demasiado largo: la disgregación del territorio nacional y en consecuencia la disolución del lazo social. Estas dos, situaciones que condicionan no solamente a Colombia sino gran parte del globo. Por fin en muchos años, Colombia parece Una, incluyendo sus múltiples facetas, por fin la reconocemos.

Por supuesto, no podemos dejar de lado esa gran mayoría de la población que no tiene acceso a la tecnología, pero de aquellos que la tienen depende el buen desempeño de este proceso de regeneración de un tejido desgarrado. Nada nos impide seguir comunicando por otros medios “espontáneos” a la manera de las congregaciones concertadas de la red, la misma creatividad es válida para cualquier medio con tal de comunicarnos, reencontrarnos, reconocernos. El objetivo en el fondo no es solo la campaña, sino reconciliarnos, o dicho en otros términos, la campaña es un buen pretexto para darle paso a una transformación en nosotros mismos, aprendiendo a mirar al Otro con otros ojos.

La naturaleza de la “ola verde” no se limita entonces, como muchos lo disminuyen, a una masa eufórica y fanática constituida en su mayoría por jóvenes adictos a la red y a cuanto dogma político se pueda imaginar. Reducirlo a una apreciación superficial o caduca, equivaldría a la insensatez de una negación insolente, de esa realidad bastante más inspiradora de lo que podíamos imaginar de nosotros mismos (como colombianos, como humanos). Preguntémonos, Qué hace que un  país cuya indiferencia inmiscuida hasta en los recodos más íntimos del cotidiano de su sociedad, puede de forma tan espontánea y vivaz despertar de buen humor y decidir, así, en un día de esos tan comunes con periódicos avasallados de negritud, de tomar el curso de su historia en sus propias manos? Para apropiarse de una nueva oportunidad a pesar del dolor inevitable de nuestros errores e irresponsabilidades, se requiere tener gran fuerza de espíritu, eso somos, un país con deseos de ser nación, seres humanos con el deseo y la voluntad, no una totalidad, ni una masa, sino muchos muy diferentes.

No se trata de hacer una oda a la tecnología digital, ni a la originalidad de uno u otro país, sino que busco más bien subrayar que paradójicamente ese “distanciamento-acercamiento” respecto a lo Otro que ha generado el avenimiento de la red, ha despertado nuevas formas de relacionarse que están aún por explorar y que, como lo ilustran las circunstancias actuales en Colombia, no dependen del grado de desarrollo tecnológico de un país, sino de los Hombres y de su habilidad para comunicarse y relacionarse. El estado de espíritu bélico ha invadido gran parte de la faz de la tierra con el pretexto (muy facilista por cierto) de que ésta es la “naturaleza” del hombre, Me pregunto  por qué tanta resistencia a reconocer maneras pacíficas de habitar esta tierra?

Por qué tanto rechazo al surgimiento de lo más noble que hay en nosotros? Es esta realmente nuestra naturaleza?  Muchos colombianos como yo creemos que no es así y modestamente pero en un momento que parece oportuno, hemos decidido abandonar la gramática belicista para concentrarnos en la humana necesidad de pronunciar otros posibles desde la paz concertada. Gracias a todos esos colombianos que hacen prueba de tan persistente vitalidad, porque la vida es sagrada…

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