Crear una bancada ciudadana de expresión
por Ozren Agnic Krstulovic (Chile)
15 años atrás 8 min lectura
Apreciados lectores de “piensaChile”:
Días atrás tuve que desplazarme al centro de Santiago, lugar que cada es vez es menos agradable para los habitantes de la capital. La razón era continuar una interminable lucha con el Instituto de Previsión Social (ex INP), que comencé el año 2003, en busca de que se me reconozcan algo más de 14 años de servicios imponibles desaparecidos del sistema, sea por venganza de los esbirros de la dictadura o por malos manejos al traspasar el antiguo sistema manual al moderno de la computación.
El legajo acumulado de documentos oficiales de apoyo a mis demandas es de un volumen impresionante y daría para escribir un libro digno de Ripley. Que lamentable es comprobar como los infaltables burócratas de la administración pública no se dan el trabajo de revisar, estudiar y resolver la situación que afecta a un ciudadano común y corriente porque no les interesa; más bien les molesta, sin tomar en cuenta que dedicar un poco de tiempo al caso permitiría subir la misérrima pensión que se recibe y que no es consecuente con el esfuerzo de haber aportado mensualmente y por largos años las cotizaciones previsionales para tener una vejez digna y sin sobresaltos. Es el drama que estoy cierto afecta a miles y miles de modestos ciudadanos.
En casi siete años, sólo he recibido sarcásticas respuestas, todas “cartas tipo”, escritas en tono indiferente y haciéndome saber que mis quejas han sido enviadas a tal o cual departamento de esa burlesca entidad previsional, y que “en cinco días hábiles recibiré los resultados a las infinitas solicitudes presentadas”. Puras excusas sin resultado y que me demuestran que la mayoría de los requerimientos se van al “archivo general”, más conocido como el tarro de la basura.
Pero, no es ese el objetivo de esta nota. Lo interesante es que ese día pasé a tomar un café a un local del hoy llamado Paseo Ahumada, donde me encontré con un grupo de viejos amigos discutiendo acaloradamente acerca de cómo ven el futuro de Chile en manos de la “gerentocracia” nominada por el Presidente Electo para conducir los destinos de la patria.
Como es habitual en estas situaciones, los puntos de vista eran diversos y las conclusiones de cada cual eran también diferentes. Sin embargo, lo más rescatable y en lo que vi una cerrada unanimidad es que, los hasta hoy gobierno y mañana oposición, deberían apoyar irrestrictamente todas las proposiciones que sean de verdadero beneficio para los ciudadanos, sin excepción. A uno de ellos se le ocurrió que es necesario crear una “Bancada Ciudadana”, aprovechando las facilidades que otorga la tecnología; es decir, una barricada escrita que fuera capaz de aplaudir y estimular las buenas iniciativas, vengan de donde vengan, a la vez que combatir, con respeto y sensatez, todo aquello que fuera dañino para el interés general de la ciudadanía y/o denunciar cualquier tipo de aprovechamiento personal (si lo hubiere), de los nuevos mandatarios de la voluntad popular.
¿Quienes participarían en esta Bancada Ciudadana? Sin excepciones, todos se manifestaron de acuerdo en que cada chilenos que lo quisiera debería podría hacer llegar a la Bancada sus opiniones, sugerencias y/o críticas, abriendo un espacio que sea capaz de desvirtuar las manipuladas noticias que entregan a diario los actuales medios de información, reportajes y comentarios que impiden pensar libremente al ciudadano común.
Uno de los presentes, con buenos conocimientos computacionales, ofreció diseñar una página Web a la brevedad, de tal manera que ese sitio se expandiera hasta llegar a constituirse en lectura diaria y receptáculo de opiniones de quienes carecen de llegada al duopolio constituido por las cadenas de El Mercurio y La Tercera, los grandes manipuladores de la conciencia nacional.
Personalmente y parodiando al escritor Morris West, me permití hacer el papel de “Abogado del Diablo”, indicándoles que en la Internet existe gran cantidad de publicaciones que cumplen con los requisitos de lo que se está proponiendo y en cuyas páginas se escribe diariamente acerca de temas como los que se quiere difundir. Les señalé que antiguos medios como El Clarín, Fortín Mapocho, Puro Chile, Rebelión y otros nuevos como Piensa Chile, Clarinet, Atina Chile, Chile Informa, Diario Crítico, El Periodista, El Ciudadano, etc., están en Internet, editados por periodistas que sin cobrar un céntimo por el esfuerzo intelectual de escribir a diario, acogen las legítimas inquietudes de la ciudadanía y sus problemas, ya que también son los suyos propios. Se me dijo que pocos saben de su existencia y por tanto no es fácil que puedan llegar a tener difusión diaria y masiva. Allá cada cual con su posición; en todo caso, la idea no deja de ser interesante y digna de meditarse, ya que toda contribución es valiosa.
Al par de días de ese inesperado y grato encuentro, uno de ellos me hizo llegar el artículo que tengo el agrado de entregar a los lectores de Piensa Chile para que se conozca su contenido y pueda ser comentado por ustedes. Lo que expresa su autor (que ya firma como “Bancada Ciudadana”), pone en el tapete el tema de las privatizaciones de empresas públicas, que fueron ilegítimamente entregadas a la voracidad de los intereses particulares de quienes tuvieron a su plena disposición la fuerza de las armas para imponernos el sistema económico y político que nos rige sin que haya sido posible hasta el día de hoy y a causa del entrelazamiento –o colusión entre los protagonistas- realizar una investigación completa y exhaustiva de la manera como los colaboradores e ideólogos del fallecido dictador llegaron a tener riquezas que jamás habrían obtenido por medios lícitos y democráticos. De la lectura del texto, cada uno de ustedes sacará sus propias conclusiones y les invito a estampar sus propios puntos de vista en los comentarios que este sitio pone a disposición de sus lectores.
Recordando soldados heroicos
Cuando queremos entender el proceso de las privatizaciones, viene a mi mente el sonido de tambores y trompetas. El canto de voces emocionadas entonando canciones heroicas; hombres y jóvenes marchando entusiastas y desafiantes a la recuperación o conquista de tierras que en sus entrañas guardan esperanzas de riqueza. Atrás dejaron a sus novias esposas e hijos, pensando en la gloria que ellos heredarían a causa de su sacrificio personal. Ellos entrarían al desgarro de la guerra; decididos a entregar sus vidas para rescatar o conquistar territorios, playas cálidas de aguas azules y nuevas riquezas que dejarán a la patria querida, a fin de que sus descendientes pudieran disfrutar de tierras libres y crecer en la prosperidad del patrimonio ganado con sus privaciones y holocausto.
Como en toda guerra, fueron cayendo heroicos, atravesados por balas y bayonetas enemigas, tal vez con el sentimiento de que los seres queridos que han dejado atrás recibirían el beneficio de su entrega. Terminada la hazaña, comenzó el regreso de los soldados victoriosos con los estandartes al viento. Atrás, como parte de esta historia, quedaron los cuerpos de tantos chilenos que inmortalizaron esa epopeya. Hoy sus huesos yacen, calcinados al sol del desierto, como testimonio de una triste historia. Sus espíritus, con certeza, saldrán en las noches a caminar al encuentro de otros fantasmales camaradas de lucha.
¡Como se revolcarán en sus tumbas llenos de ira sintiendo frustrados lo inútil de su sacrificio! Murieron en la conquista de suelos y patrimonios para que las generaciones futuras las compartieran y disfrutaran; anhelaban que la riqueza escondida en esas tierras fuera heredad de la Patria amada. Pensamos que esas almas deambularán por el desierto y el silencio de esos territorios escuchará su llanto. Los viajeros cuentan que escuchan su murmullo. Posteriores años de gobiernos llamados del Frente Popular, continuaron con ese mismo grandioso espíritu a través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), dando inicio a un proceso intensivo de industrialización del país, creando y gestionando empresas con recursos del Estado y que eran en propiedad de todos los chilenos.
Resulta lamentable que un gobierno militar, supuesto heredero de esa historia, haya iniciado el proceso de privatizaciones. ¡Como hemos traicionado la generosidad de esos heroicos soldados! menospreciando su sacrificio. Hoy esas playas conquistadas en dura lucha están cercadas, alambradas para el uso de unos pocos. Si esos rudos soldados de hermosos ideales se levantaran de sus tumbas ¿qué nos dirían? Hoy hemos aceptado embriagados por las palabras maléficas del mercado y el engaño de las privatizaciones que unas pocas familias controlen la propiedad de esas riquezas conquistadas por aquellos heroicos y nobles soldados. Quienes compraron esos territorios y sus tesoros guardados, solo pagaron un valor de mercado, pero dejaron una cuantiosa deuda: el precio de las vidas y de la sangre derramada. Por respeto y honor a esos legendarios soldados los ciudadanos exigimos que los expoliadores cancelen la inmensa deuda. ¡Basta ya de privatizaciones!
Cuando leemos el programa presidencial del señor Piñera, planteando privatizar el veinte por ciento de Codelco , nos embarga una incontenible ira e impotencia, pues Codelco es nuestro, de todos los chilenos; es el sueldo de nuestra patria. Por ello nos preguntamos que pretende el señor Presidente electo. ¿Será finalmente Codelco su próximo trofeo de caza?
Santiago, febrero 20 de 2010
– El autor es ingeniero Comercial y Escritor
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