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La metamorfosis de Joaquín Villalobos

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El ex comandante guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, quien pasó por la universidad inglesa de Oxford para metamorfosearse en politólogo, se ha convertido impúdicamente en "asesor de conflictos" del presidente colombiano Alvaro Uribe. Sin embargo, Villalobos carga con una mancha aún peor: fue él quien en 1975 dio la orden de asesinar a Roque Dalton, uno de los más brillantes intelectuales centroamericanos.

En diciembre de 1977 cobró fuerza la insurrección sandinista contra el dictador Anastasio Somoza y el 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno y los rebeldes salvadoreños en el castillo de Chapultepec, de la ciudad de México. Entre esas dos fechas fui corresponsal en América Central. Vivía en Honduras pero me desplazaba a través de Nicaragua, El Salvador y Guatemala por cuenta del diario mexicano El Día, la desaparecida revista de circulación latinoamericana Cuadernos del Tercer Mundo y la Agencia Nueva Nicaragua (ANN).

Fueron los 14 años más intensos y privilegiados en mi oficio de reportero. Hago esta alusión personal porque creo que puedo decir con cierta autoridad profesional que Joaquín Villalobos ha tenido a partir de 1992 una trayectoria lamentable.

Convertido en dirigente del nuevo Partido Democrático (PD), antes de su colaboración con Uribe ya era -y sigue siendo- ‘apagaincendios’ del actual presidente de su país, Francisco Flores, de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). El egresado de Oxford dispone de una columna en El Diario de Hoy y de un espacio matutino en la oficialista Telecorporación Salvadoreña (TCS).

Además, cada vez que el gobierno enfrenta conflictos sociales, el analista viaja desde Gran Bretaña para opinar en vivo y en directo acerca de huelgas, movimientos sociales, partidos políticos, campesinos, trabajadores y estudiantes. Y con un pragmatismo sorprendente no pierde una sola oportunidad para criticar a sus antiguos compañeros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Un "error de juventud"
El 10 mayo pasado se cumplieron 28 años del asesinato de Roque Dalton, periodista, ensayista, poeta, novelista y combatiente revolucionario. La bala que penetró en su cabeza no salió de un arma policial o militar. Fue disparada por alguien que se suponía un compañero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

La orden de ejecución fue dada por Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos, quienes también mandaron ‘arrestar’ a Dalton el 13 de abril de 1975. La acusación -falsa, desde luego- fue que era ‘agente de la CIA’. La fecha escogida fue cuando en El Salvador se celebra el Día de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera cumplido 40 años.

El cuerpo ni siquiera fue enterrado: los ejecutores lo abandonaron en un paraje denominado El Playón. El cadáver terminó devorado por perros y aves de rapiña. Y un detalle aún más tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas y estudiantes sospechosos de colaborar con los guerrilleros.

El asesinato fue ‘injusto, un error de juventud, el más grave que cometí’, le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: ‘Ello sería aceptar que esa etapa de la vida -la juventud- es potencialmente criminal, lo cual no es posible’, escribió.

"Como si supiera que me van a matar al día siguiente"
Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnal Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México. Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña. Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después ingresó a las carreras de Derecho en Chile y Antropología, por poco tiempo, en México.

En 1953 entrevistó al muralista mexicano Diego Rivera para la revista literaria de la Universidad de Chile. El mismo Dalton relatará mas tarde su encuentro con el pintor: ‘Me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces me echó’.
En 1956, Roque fundó con un grupo de poetas salvadoreños y centroamericanos el Centro Literario Universitario (CLU). Ese mismo año ganó el Premio Centroamericano de Poesía otorgado por la Universidad de El Salvador. A los 22 años de edad, se afilió al Partido Comunista, al que abandonó años después.

Por su militancia estuvo preso y desterrado. Condenado a muerte dos veces, logró escapar casi milagrosamente. La primera vez, cayó el dictador de turno cuatro días antes de su ejecución. La segunda -el día de Cristo Rey, en 1964- un terremoto sacudió San Salvador y derrumbó una de las paredes de su celda, situación que el escritor aprovechó para huir a toda velocidad.

Dalton vivió exiliado en Guatemala, Cuba, la Unión Soviética y Checoslovaquia. En ese tiempo, conoció Vietnam del Norte y Corea.

En 1967 escribió una frase premonitoria: ‘Desde hace algunos años siempre me propuse escribir de prisa, como si supiera que me van a matar al día siguiente’. Con el seudónimo de ‘Farabundo’, en 1969 ganó el Premio Casa de las Américas de poesía con su ópera-rock ‘Taberna y otros lugares’, escrita durante sus dos años de residencia en Praga.

La obra poética de Dalton incluye:
‘Mía junto a los pájaros’, San Salvador (1957)
‘La ventana en el rostro’, México (1961)
‘El mar’, La Habana (1962)
‘El turno del ofendido’, La Habana (1962)
‘Los testimonios’, La Habana (1964)
‘Poemas’, Antología, San Salvador, (1968)
‘Los pequeños infiernos’, Barcelona (1970)

Entre sus ensayos y narraciones se cuentan:
‘César Vallejo’, La Habana (1963)
‘El intelectual y la sociedad’ (1969)
‘¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha’, La Habana (1970)
‘Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador’ (1972)
‘Las historias prohibidas del Pulgarcito’, México (1974)
Luego de su muerte se publicaron los siguientes libros:
‘Pobrecito poeta que era yo’ (novela), ‘El libro rojo de Lenin’ (ensayo) y
‘Los hongos’, ‘Un libro levemente odioso’ y ‘Contra ataque’ (poesía).
"Cuando sepas que he muerto…"

En diciembre de 1973, Roque ingresó a El Salvador con un pasaporte falso a nombre de ‘Julio Dreyfus’. Dentro del ERP utilizó el nombre de ‘Julio Delfos Marín’. Antes de su retorno final al país, se había sometido a una cirugía facial realizada por el mismo equipo que preparó la entrada clandestina del ‘Che’ Guevara a Bolivia.

‘Es la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas personas dentro de una organización política, que tenía mucha autoridad pero poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones’, dijo su compatriota Fabio Castillo, médico y dirigente político, dos veces rector de la Universidad de El Salvador. ‘Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión’.

El escritor Eduardo Galeano recuerda así al poeta asesinado:
‘Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.

‘Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo’.

El hombre que murió por orden de Joaquín Villalobos, dejó un poema premonitorio:
‘Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
(…)
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio’.
El politólogo graduado en Oxford y ‘especialista en resolución de conflictos’, no cabe la más mínima duda, es incapaz de redactar una sola línea de este calibre.

* Fuente: Rodelu


¿Quién mató a Roque Dalton?

Hermann Bellinghausen

A 35 años de su asesinato, Roque Dalton (1935-1975) está más vivo de lo que jamás pensaron sus detractores literarios, y pervive también, intensamente, en términos políticos y de experiencia revolucionaria. Es uno de los muchos caídos en las esperanzadoras insurrecciones en los años 70 del siglo pasado que terminaron enlutando Centroamérica y el Cono Sur, y que, con excepción de Nicaragua, fueron derrotadas. Lo particularmente doloroso en el caso de Dalton es que fue asesinado por sus propios compañeros de lucha en El Salvador.

La noche del 10 de mayo de 1975, mientras dormía, recibió un tiro en la cabeza por decisión de tres de los cuatro miembros de la Comisión Militar del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas Mira y Vladimir Rogel Umaña. Ellos mismos se encargaron de la ejecución.

Para entonces, Dalton llevaba un mes "preso" por los mandos del ERP, al cual pertenecía; lo acusaban de agente, primero "de la CIA", y después "castrista". El propio Fidel Castro reviró, y acusó de agentes de la CIA a Villalobos y a sus socios del tribunal guerrillero. Al parecer, el gran "delito" del poeta fue insistir en que antes de la insurrección era necesario crear un "frente de masas", o sea, tener bases en la sociedad descontenta. Eso acabaron haciendo los guerrilleros que confluyeron en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) después de la muerte de Dalton.

Joaquín Villalobos llegó a ser uno de los comandantes del FMLN, y tras los acuerdos de paz del Castillo de Chapultepec, que dieron fin a la guerra de El Salvador en 1992, regaló su arma al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari; arma que a su vez había entregado a Villalobos el comandante Fidel Castro.

El gesto le ganó un boleto de primera clase a la Universidad de Oxford, donde sufrió una "metamorfosis", como ha ironizado Roberto Bardini. Los estudios de posgrado hicieron de Villalobos especialista en problemas de seguridad y le permitieron asesorar al gobierno fascista de sus antiguos enemigos de ARENA, y más recientemente al presidente colombiano Álvaro Uribe.

Su deuda con Salinas era grande, y no dudó en trasladarse a México en enero de 1994 para sobrevolar la selva Lacandona junto con mandos del Ejército federal, para orientarlos en la ofensiva que preparaban contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a raíz del levantamiento indígena de Chiapas.

El asesino de Roque Dalton vuelve a México en 2010 para hablar en Los Pinos ante el cuerpo diplomático y el gabinete del presidente Felipe Calderón, evaluar positivamente su "guerra" contra el crimen organizado y delatar los "mitos" que la intentan desprestigiar (La Jornada, 9/01/10). Coincide la visita con la nueva publicación (¡en Australia!) del libro más emblemático y polémico de su víctima, Historias y poemas de una lucha de clases (editorial Oceansur, Melbourne, 2010), que Dalton escribió hacia 1975, póstumamente conocido como Poemas clandestinos (1981).

Una franja de sus ideas y convicciones hoy resultan obsoletas pero fueron comunes en la izquierda latinoamericana de los años 60 y 70 del siglo XX, como el sovietismo devoto o el rechazo intransigente a la homosexualidad (aunque debe reconocerse que ya había asumido la igualdad de las mujeres, pues aprendió las primeras lecciones del feminismo sesentero, lo que en esa tradición de izquierda tenía su mérito).

Toda generación de poetas es en parte obsoleta. Para ilustrarlo con el caso mexicano e independientemente de los logros artísticos, esto aplica a los modernistas porfirianos, los estridentistas, los Contemporáneos, las revistas Taller e Hijo pródigo o el valemadrismo infrarrealista. Pero lo que va quedando es la poesía, donde la hay. Y las verdades que la alimentaron.

Revolucionario de corazón, militante íntegro y comprometido hasta el final, en Historias y poemas, Roque Dalton se desdobla en cinco heterónimos, poetas de su invención: la joven activista Vilma Flores, el líder estudiantil Timoteo Lúe, el también narrador Juan Zapata, el ensayista literario Luis Luna y el de mayor edad, Jorge Cruz, asesor jurídico del movimiento obrero católico, especialista en Paulo Freire y presunto autor de una Oda solidaria a Camilo Torres; su alter ego Dalton "transcribe" la serie Poemas para salvar a Cristo, incluyendo el memorable Credo del Che.

Víctima de un "error" estalinista del hoy oxfordiano asesor bélico de gobiernos neoliberales y represivos, Dalton tiene asegurado su lugar como autor fundamental (y siempre incómodo) en las letras salvadoreñas y el conjunto de la literatura en lengua castellana. Tan sólo su libro más conocido, Las historias prohibidas de Pulgarcito (1974), en deuda con las misceláneas de Julio Cortázar, pertenece a la estirpe cuasi nerudiana de Guatemala: las líneas de su mano, de Luis Cardoza y Aragón, y Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

¿Quién dijo que la poesía no muerde?

* Fuente: La Jornada

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