Pamela Jiles candidata… ¿qué pasa aquí?
por Lagos Nilsson (Sur y Sur)
17 años atrás 5 min lectura
Curioso… Hace un mes los medios periodísticos chilenos –prensa gráfica, radio y televisión– especularon a trenza suelta acerca de si un señor Farkas, empresario minero y generoso con las propinas, se tentaría con la candidatura a la Presidencia de la República (eligió finalmente ser jurado del circo viñamarino). Cuando una periodista de indudable talento, hábil polemista y conocedora de la trastienda de la política presenta la suya el eco, en cambio, ha sido –hasta ahora– silencio.
Acaso los grandes aparatos de la "industria" local de la noticia hayan dado orden de silenciarlo, acaso sus colegas se autocensuran, acaso ambos crean que no vale la pena decir nada porque a nadie interesan los pasos de la señora Jiles. Sólo que un paseo por los mundos-blog de la internet, periódicos alternativos y "salas de foros", sin embargo, muestra que su autocandidatura –en rigor pre candidatura– sí provoca ruidos y respuestas; tiene eco en reuniones familiares, de amigos, en los escasos bares que van quedando que Chile, y hasta en los encuentros en plazas y parques.
Por alguna razón muchos ciudadanos –no la mayoría, pero más de los recomendables para el status quo urdido por los grupos dominantes– se sienten interesados O llamados por su manifiesto.
Pamela Jiles cuenta consigo misma y con unas cuantas amistades para iniciar la campaña; es de presumir que tampoco tendrá los medios financieros para hacer frente a los candidatos del "stablishment", mas no parece que vaya aflojar. Los tres artículos publicados con su firma (se pueden leer en este portal el primero, el segundo y el tercero) son inusualmente ásperos para el lenguaje político local. La hacen cruzar el "punto sin retorno" de un avión.
No sólo ásperos, son enjundiosos sus artículos; sin duda tienen sustancia para los nunca bien contabilizados disconformes e izquierdistas dejados de lado por la Concertación, que no encuentran en el Juntos Podemos caja de resonancia. Las palabras de Jiles no engañan: se ubica ella en el caudal de lo que alguna vez fue la izquierda chilena combativa. Hasta dónde llegará –o cuan sincera es– lo develará el tiempo. Por ahora aproximadamente el 96% de las personas que opinan sobre su candidatura a través de la internet le creen y la apoyan.
Ninguno de los candidatos formales y precandidatos en carrera puede decir lo mismo. Resulta inevitable recordar el proceso que llevó a Fernando Lugo a la Presidencia del Paraguay: primero un ex obispo pintoresco, después un hombre carismático, luego un candidato con posibilidades remotas, más tarde un peligro y hoy Su Excelencia.
Cuando su intento por llegar por segunda vez a La Moneda Jorge Alessandri desempolvó aquello de que en tiempos de crisis los países acuden a sus "grandes viejos", quiso decir que él era el grande viejo que Chile necesitaba; esos carteles, más allá de que hayan sido o no publicitariamente efectivos, reflejaron la filosofía de una clase social: la "salvación" en manos de un líder. Algo de esa idea –pero puesta sobre sus pies– está en el último artículo de la Jiles: constituir un "consejo de ancianos", los más sabios de la tribu; y no para su servicio de dirigenta o lideresa, sino para indiquen al movimiento que aspira a formar "las líneas a seguir".
Los insolentes artículos de Pamela Jiles –insolentes a la luz débil de la costumbre de consensuar en vez de discurrir (sexta acepción del DRAE)– asustan a unos pocos y fascinan a muchos, pero en general más que nada sorprenden, puesto que si bien ella es conocida por sus incursiones sobre todo en TV, lo es por haber participado en programas de farándula; es una minoría la que conoce su trayectoria profesional y humana. Que esa insolencia sea la punta de un iceberg políticamente maduro (lo que también significa con capacidad de organización) está por verse.
También están por verse las razones del silencio de la Concertación y aquel de la izquierda ganosa de reemplazarla: quizá apuestan a que su irrupción mediática –al menos por ahora mediática– es nada más que una lluvia de verano: molesta un poco, pero no moja en realidad. Las razones del silencio en la otra derecha, la no concertacionista, se comprenden: Jiles conoce muy bien, al parecer, a su candidato –y como se sabe que los perros que ladran muerden, es mejor no estimularla a ladrar.
Tenemos, pues, a una periodista inteligente, culta, hermosa en su madurez, sin ningún antecedente de haberse puesto en alguna fila para recibir dádivas, peligrosa en la polémica, con buenos modales (algo escaso en la política criolla chilena), admiradora confesa de Salvador Allende, que conoce la cesantía (y todo indica que ese será su estado permanente) y con ganas de jugarse por una causa (la palabra causa está proscrita en el escenario chileno, salvo la causa de libre empresa).
No faltan analistas del inframundo político a los que llama la atención la oportunidad del "desembarco" en la arena política de Pamela Jiles: ¡justo luego de los dichos de Fidel Castro sobre la mar para Bolivia y la inteligencia y honestidad de la derecha chilena!
Algunos miran debajo del agua y "ven" la tenebrosa mano del comandante detrás de la flamante pre candidata. "Estuvo en Cuba", susurran. "Nadie sabe si se reunió con Fidel, que la conoció de niña", deslizan. "Menos mal que con lo de los precios del petróleo Chávez está pobre, si no imagínate lo que haría con plata", carraspean. "Se ha hecho cinco cirugías", aseguran de costado (ninguna en todo caso, se diría, para un implante silicónico). "Sería capaz de darle salida al mar a Bolivia", se escandalizan.
Por ahora, y por fortuna, semejantes argumentaciones no "salen al aire"; pero es temprano: marzo comienza en un día y las pirañas deben tener hambre.
Addenda.
El periodista Camilo Taufic desde su cuasi retiro en Valparaíso, constructivamente, nos hace llegar, a propósito de un texto de Pamela Jiles, textualmente lo siguente:
"Nunca dijo Salvador Allende la frase que se le atribuye en el artículo La caricia de Fidel (que se puede leer aquí) sobre el problema marítimo boliviano, ni en la fecha que se indica, ni nunca.
"El pensamiento de Allende, desde luego, no es una 'momia' a la que haya que rendir culto, pero tampoco se puede permitir que a esa no-momia le pongan peluca, aunque sea con nobles propósitos… aparentemente".
* Fuente: Sur y Sur
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