¡Todos somos ‘jiles’ y nos hemos puesto en movimiento para hacernos escuchar!
por Pamela Jiles (Chile)
17 años atrás 4 min lectura
Cuando venció el NO, en ese diluido octubre de 1988, fuimos millones los que pensamos que se iniciaba una etapa decisiva en la reconstrucción de la democracia chilena. Nos tragamos la asquerosa rueda de carreta de votar por el que había sido presidente del CODE -Confederación Democrática, que agrupaba a todo el momiaje y la DC golpista-, Patricio Aylwin. Allí comenzamos a ser "jiles", sin saber que era nuestra primera concesión al "mal menor". Lo hicimos por la patria, porque se nos prometió -se nos garantizó incluso- que “la alegría ya viene”. Pero sólo vino una larga desilusión que se profundizó hasta la pérdida de nuestra dignidad. En vez de la alegría recibimos postergación, olvido, ninguneo, una mueca de payaso "en la medida de lo posible", un tiempo de frustración que creció y se eternizó. En buen chileno, nos lanzaron migajas mientras el filete se lo devoraron ante nuestros ojos los que se sentaron sobre nuestros muertos, en las alturas del poder político y económico.
Y así seguimos durante veinte años, mirando desde la galería cómo la Concertación se reparte el país con la escoria pinochetista y regala nuestras riquezas a las trasnacionales. Repartija tan evidente que hoy tenemos una casta de nuevos ricos, los que se han enriquecido con el negociado de bienes y dineros de todos los chilenos, usando el tráfico de influencias y las ventajas que les da su “abnegado servicio público”.
Es triste, pero hemos tenido que sobrevivir una dictadura y esperar casi dos décadas de chantajes y mentiras para que madure la idea de romper con fidelidades que no condujeron a nada. No podemos seguir entregando nuestros votos para evitar el mal mayor. Es una trampa moral y una irresponsabilidad política.
NO y mil veces NO. Los que creímos que “la alegría ya viene”, los que nos sentimos engañados, traicionados, estafados por quienes dijeron representarnos, los “jiles” de los noventa, somos millones. Todos somos "jiles". De hecho, somos el partido más grande de Chile. Los millones de "jiles" que arrastramos hasta aquí un saco de rabia a punto de estallar, un caudal de emputecimiento movilizador. Somos todos "jiles". Los millones de "jiles" que podemos tomarnos el poder si nos organizamos.
Somos millones los "jiles" que no queremos a Piñera ni aceptamos seguir siendo chantajeados por la Concertación. Los "jiles" que debemos agarrar las riendas de la historia en nuestras manos para destrozar sin asco lo que no nos sirve, lo que no necesitamos, lo que nos hunde, nos separa, nos aísla y nos somete.
Nuestra iniciativa no se detendrá, porque no depende de un líder carismático ni de un nuevo juego de poker, no se trata de un miserable forcejeo por un par de escaños parlamentarios. No se trata de usar al pueblo para mantenerlo cautivo, con el objetivo de negociar algunos carguitos con chofer. Aquí no aceptamos prebendas en pago a los servicios prestados. NO, mil veces NO. Hoy se trata de pelear por algo mucho más grande y sagrado: por una verdadera democracia representativa, la que construiremos con la más amplia participación ciudadana.
Frente a las consultas que nos llegan respecto del Programa que ofrecerá nuestro movimiento, les queremos decir que éste será confeccionado por ustedes, por la ciudadanía. Serán los comités, las asambleas, los seminarios que se organicen, los que imaginarán, discutirán y redactarán nuestro Programa.
Nuestra primera medida de campaña es, consecuente con lo anterior, llamar a la constitución de un “Consejo de Ancianos” para que con su opinión, su experiencia, su vida consecuente al servicio de la democracia, su testimonio de verdaderos servidores públicos, nos indiquen líneas a seguir.
¿Por qué un “Consejo de Ancianos”?
porque lo indica la sabiduría de nuestros pueblos originarios que consultan a sus mayores en situaciones de crisis o eventos significativos para asegurarse de que sus decisiones no serán irreflexivas, influenciadas por la urgencia y la prisa en avanzar.
porque lo indica nuestra experiencia de combate adquirida en los campos de concentración de la dictadura que asoló a nuestro país desde 1973, en los que la primera organización que se dieron los presos políticos fueron los “Consejos de Ancianos”, que se encargaron de dar forma y cauce a la solidaridad con los más golpeados, la protección de los heridos más graves, en la distribución de alimentos y en la imposición del orden que era necesario en esas condiciones.
porque lo indica la ternura: nos sentimos continuadores de aquellos que lucharon por nosotros, los que cayeron por amor a sus hermanos; llevamos la bandera que nos legaron Allende, la Mistral, Aguirre Cerda, Víctor, Clotario Blest, Laura Rodríguez y la Violeta. Somos tributarios de las mejores tradiciones de nuestro pueblo, del movimiento obrero y popular, y de la historia democrática republicana que adoptaron los chilenos hasta el 11 de septiembre de 1973.
Llamamos a nuestros adherentes a proponer nombres de chilenas y chilenos ilustres en las artes, el campo científico, la lucha sindical, la política, la aplicación del derecho, para ser invitados a formar parte de este Consejo. Nuestros padres y abuelos podrán indicarnos la carta de navegación que necesitamos para avanzar con paso seguro.
Compañeros, queridos hermanos: ¡Todos somos jiles y nos hemos puesto en movimiento para hacernos escuchar!
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