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«No existen las casualidades, sino las causalidades», dice Julio Cortazar 

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“No existen las casualidades, sino las causalidades” dice Julio Cortazar. A propósito del de los olvidos casuales de la sociedad chilena de tan ilustre amigo de nuestra patria por éstos días. En Chile se tiende a otorgar justificaciones mágicas a hechos y situaciones que, explicadas con las mínimas exigencias de criterios humanos, técnicos, políticos universalmente aceptados, y de los cuales las autoridades realizan eufemísticas declaraciones, no soportan el análisis riguroso y bien intencionado.

En el caso de los denominados asuntos de «seguridad Pública» hasta los más «revolucionarios» sucumben ante el poder de la «tolerancia cero», la «guerra a las drogas» y la nefasta idea instalada de relación entre narcotráfico y transformadores sociales. Estas «políticas» les permiten evitar el abordaje de las reales causas: las sociales. Menos lo harán ahora en que se viene la crisis que develará, sin lugar a dudas, los bajos niveles de sustentabilidad de las políticas sociales. Más aún cuando existe en la ciudadanía una mayor conciencia de que la claves de la cuestión social es el trabajo.

Durante los primeros meses del año distintos episodios han llamado la atención de la ciudadanía y ocupado los principales espacios en los medios de comunicación. Si le ayudo con la memoria, usted podría estar de acuerdo con Cortazar: Gary Medel, Catalina Reyes, Edmundo Varas, y ahora Joaquín Erazo, entre otros. Las personas antes mencionadas aparecen vinculadas con situaciones y hechos asociados al consumo de alcohol, drogas, violencia intrafamiliar y situaciones limite, incluso la muerte, generadoras de profundo dolor humano, de preocupación honesta de la mayoría de los chilenos y un desgarrador llamado de atención para los padres y educadores.

Sabidos son los esfuerzos del Club Deportivo Universidad Católica por acompañar los procesos de maduración del mejor jugador de fútbol del año 2008, y al escuchar las opiniones de los padres, de todos los mencionados anteriormente, es imposible pensar que no han realizado sus mejores esfuerzos por el bienestar de sus hijos. Tampoco se pueden desconocer los fallidos esfuerzos públicos que se orientan a disminuir el consumo de drogas y alcohol en nuestro país, pero de manera simultánea resulta inimaginable endosar a los y las  jóvenes intenciones malignas en sus comportamientos.

Existen algunos elementos comunes que podrían aproximar a las causas y  evitar razonamientos “mágicos” que con  frecuencia son estigmatizadores y –particularmente- cuando corresponden a personas públicas promueven actitudes de apoyo o rechazo incondicional, de acuerdo a los intereses en juego.

En primer lugar nos referimos a jóvenes, en segundo lugar coexisten situaciones asociadas al consumo de drogas y actitudes con  ciertos niveles de violencia. Y por último,  la mayoría de las situaciones, al momento escuchar opiniones, se reducen a aspectos jurídicos.

Recientemente la CEPAL, con sede en nuestro país, entregó un completo informe acerca de la violencia juvenil y el panorama social para próximos años  y en el mismo sentido se suma otro informe, con igual grado de «confiabilidad y excelencia» que fue  dado a conocer a propósito del encuentro de la CICAD, también realizado, hace poco,  en nuestro país.

Ambos trabajos dan cuenta de los desafíos y retos que tenemos como sociedad ante los asuntos juveniles y coinciden en términos generales en la necesidad de complementar las políticas implementadas con alternativas centradas en la inserción socio laboral, el desarrollo personal y la generación de equitativas oportunidades para los jóvenes.

Nuestros jóvenes  precisan de políticas claras, visiones amplias y pertinentes ante sus  asuntos. La mano dura y la judicialización de procesos de vitales, se transforma en un boomerang cuando no se acompaña de alternativas educativas y re educativas eficaces, dignas, y a la medida de las personas que lo requieren. A pesar de los esfuerzos realizados aún existen y tienen prevalencia en nuestras autoridades la actitudes y respuestas  punitivas, que consideran a los jóvenes con alguna dificultad, como enfermos y o delincuentes.

Escuchar a los jóvenes no es lo mismo que entender a los jóvenes y entender a los jóvenes no es lo mismo que comprender. La comprensión implica procesos de acercamiento  igualitarios, de reconocimiento de sus capacidades y que los adultos seamos capaces de despojarnos de algunas creencias y  actitudes que nos permitan dar pasos concretos ante asuntos cuyas causas reales están a la vista. Y esto, no es casual.

El caso del hijo del ministro de Salud es paradojal. Nadie quisiera que su hijo viviera la adicción, no tuviera una alternativa digna y eficaz de tratamiento ni menos que permaneciera cinco años en una de las cárceles nuestras.

No parece ser, el caso de Joaquín, la situación de un delincuente que precise tal castigo. Sin embargo son miles las personas encarceladas y humilladas por situaciones similares. Y la resolución de su situación. la de una persona que no cuenta con irreprochable conducta anterior, como gran parte de los chilenos, desafiará nuevamente la humanidad de nuestra sociedad.

Chile tiene la oportunidad de desmarcarse de las políticas yanquis- europeas y con sus avances, recursos y la tradición familiar y democrática de nuestras gentes construir alternativas que respondan a las causas de las adicciones, la delincuencia y los desafíos emergentes para el desarrollo humano.

– El autor es educador popular cristiano en Puente Alto, Chile
e-mail:
antonioovando@yahoo.es

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