Del Socialismo Real: Condicionantes históricos
por Jorge Gómez Barata (Argos)
17 años atrás 5 min lectura
La debacle del socialismo real en la Unión Soviética no se debió sólo a problemas de naturaleza económica, no puede ser atribuida exclusivamente a errores circunstanciales ni a factores externos. Un cierto número de elementos de naturaleza política, ideológica, y culturales deben ser considerados, entre ellos importantes déficit de democracia, derechos y libertades.
El impacto que en los inicios de la primera experiencia socialista, tuvo la reacción internacional que hostilizó a la Revolución Bolchevique, la obligó librar una cruenta guerra civil, enfrentar la invasión extranjera y luego a derrotar la agresión y la ocupación nazi, crearon situaciones en las que hubo que aplazar las aspiraciones de desarrollo institucional y jurídico que formaban parte de los sueños y del programa de la vanguardia.
Tan brutales fueron las agresiones, tan reiteradas las conspiraciones, tan férreo el cerco y tan dramática la resistencia que se crearon contextos históricos en los que no podían florecer la tolerancia y el pluralismo y que no favorecieron el clima de democracia, libertad y participación que sólo se consigue con la paz social y mínimos de normalidad y, por el contrario endurecieron los caracteres y templaron la voluntad. Aquellos entornos contribuyeron a convertir la necesidad en virtud, introdujeron confusiones, dieron lugar a deformaciones de diferentes signos y auspiciaron estilos con fuertes tendencias autoritarias.
En las actitudes posteriores puede haber influido el hecho de que los protagonistas de las luchas de clases violentas y decisivas, aquellos que asumen los riesgos y toman decisiones dramáticas, no suelen cuestionar sus propios actos ni poner en duda la validez de sus argumentos, llegando incluso a creer que siempre ha de ser así y a imaginar que no existe otra manera de actuar y de gobernar.
Cuando las urgencias dan paso a la normalidad, por precaria que sea, surgen nuevas realidades y nuevos escenarios y personas que nacieron y crecieron fuera de los contextos extremos se convierten en los protagonistas y en los actores políticos, las percepciones originales experimentan profundos cambios, la violencia y el autoritarismo se justifican menos o pierden toda justificación.
En tales circunstancias, cuando los liderazgos se renuevan, las tareas y las urgencias son otras y las revoluciones están obligadas a protagonizar nuevos tránsitos, esta vez de los tiempos extraordinarios a la normalidad, de la provisionalidad a la institucionalidad y del autoritarismo a la democracia, pueden ocurrir desfases como ocurrió en la experiencia socialista donde la consecuencia y la coherencia no pudo ser alcanzada.
Es seguro que Stalin no fue nunca un hombre de mala fe ni quiso dañar a su país y a la revolución por la que trabajó incansablemente, sufrió cárcel y destierro y muchas veces arriesgó la vida, aunque tampoco pudo nunca liberarse de la desconfianza, el recelo y el radicalismo adquirido en la lucha armada, la conspiración y la vida clandestina, aplicándolos en épocas y situaciones en que no eran necesarios y a adversarios que como sus compañeros de armas no eran sus enemigos.
Mientras muchos de los líderes soviéticos de la primera generación que junto con Stalin sobrevivieron a Lenin, entre ellos Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin y otros, antes y después de la II Guerra Mundial fueron partidarios de auspiciar la democratización de la sociedad soviética, el perfeccionamiento de sus instituciones y mayores libertades para la participación política ciudadana, Stalin no sólo catalogaba cualquier desplazamiento en esas direcciones como debilidades y concesiones, sino que castigaba con inaudita severidad lo que a su juicio eran imperdonables desviaciones.
Asediados por la hostilidad del imperialismo internacional y temerosos de que avanzar hacía la democratización significara ceder espacios a los enemigos internos del socialismo, incluso los lideres que realizaron la crítica a Stalin fueron cautelosos hasta el punto de convertir en cosméticas sus reformas y perder todas las oportunidades de perfeccionar eficazmente la sociedad socialista.
La violencia con que los lideres soviéticos reaccionaron contra los movimientos reformistas en Hungría y Polonia en 1956, la Yugoslavia de Tito y Checoslovaquia 1968, el abuso de la categoría de revisionista, las incomprensiones ante el nacionalismo tercermundista y el movimiento de liberación nacional, fueron expresión de una intolerancia política que impidió que se desplegaran efectivos procesos que pudieron haber conducido a la democratización del socialismo y probablemente contribuido a su supervivencia. En cualquier caso es probable que a veces el remedio fuera peor que la enfermedad.
La justificada crítica a la democracia burguesa llegó a convertirse en una crítica a la democracia en general y en la renuncia a los mecanismos conocidos para su ejercicio sin establecer otros que además de diferentes fueran mejores. La letra y el espíritu de las constituciones dejo escaso margen a la participación ciudadana y los ejercicios rituales de las organizaciones sociales y de masas y los sindicatos y el propio partido, sustituyeron la democracia real.
No basta con que en las organizaciones estén nominalmente todos los jóvenes y todas las mujeres, en los sindicatos se inscriban todos los trabajadores y que todos celebren puntualmente congresos y reuniones si como sucedió en los países del socialismo real, se trata de eventos formales, rectorados por burocracias establecidas y que poco a poco se fueron alejando de los intereses de las masas.
No faltaron advertencias, entre ellas las de Rosa Luxemburgo, la más cabal y heroica de todas las mujeres socialistas y la que pagó el precio más alto.
7 de febrero 2009…
– El autor es Periodista y profesor Graduado del Instituto Pedagógico y colaborador de medios ‘Cuba-Nos y Extranjeros’.
* Fuente: Argos Internacional
Artículos Relacionados
Crear una bancada ciudadana de expresión
por Ozren Agnic Krstulovic (Chile)
16 años atrás 8 min lectura
Un par de palabras a Sergio Villalobos
por Dr. Tito Tricot (Chile)
12 años atrás 5 min lectura
El gran papel del cuoteo político
por Juan Pablo Cárdenas (Chile)
12 años atrás 4 min lectura
El Acuerdo Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP) como golpe global
por Andrew Gavin Marshall (Occupy.com/Truth-out)
13 años atrás 10 min lectura
Laith Marouf: La postura de Hezbolá sobre el alto el fuego entre EE. UU. e Irán
por Nima Alkhorshid (Irán)
12 segundos atrás
10 de abril de 2026
Una entrevista muy interesante que permite acceder a una opinión que describe la compleja situación que viven los pueblos de Palestina, el Líbano y los demás pueblos de esa región que Israel trata de apropiarse para transformarse en el loco sueño de los sionistas. «El Gran Israel».
EE. UU.-Israel, solamente pueden entender el lenguaje de la guerra
por Níkolas Stolpkin (Chile)
13 horas atrás
9 de abril de 2026
El optimismo que se ha generado por la tregua de dos semanas entre Irán y Estados Unidos -Pakistán como país intermediario-, hay que verlo con mucha cautela y prudencia, porque del inicial optimismo se podría pasar rápidamente al más completo pesimismo.
Laith Marouf: La postura de Hezbolá sobre el alto el fuego entre EE. UU. e Irán
por Nima Alkhorshid (Irán)
13 segundos atrás
10 de abril de 2026
Una entrevista muy interesante que permite acceder a una opinión que describe la compleja situación que viven los pueblos de Palestina, el Líbano y los demás pueblos de esa región que Israel trata de apropiarse para transformarse en el loco sueño de los sionistas. «El Gran Israel».
¿Por qué Irán se contiene?
por Gilad Atzmon
3 días atrás
7 de abril de 2026
Por qué Irán se abstiene de golpear duramente al Estado judío es una cuestión abierta.