Casi se podía oír el suspiro de alivio colectivo del planeta. Las elecciones presidenciales estadounidenses de este año han sido un evento global en todo sentido. Barack Hussein Obama, hijo de un padre keniano de color y de una madre blanca nacida en Kansas, que creció en Indonesia y Hawaii, representa para muchos un puente viviente entre continentes y culturas. Quizás, el trabajo que más lo calificó para la presidencia no fue el de senador o abogado, sino el más criticado por sus oponentes: su trabajo como organizador comunitario en el South Side de Chicago. Como se burló la gobernadora de Alaska, Sarah Palin: "Este mundo de amenazas y peligros no es simplemente una comunidad y no necesita un organizador, precisamente."
Pero, quizá, eso sea exactamente lo que el mundo necesita. Obama logró su decisiva victoria electoral a través de la organización comunitaria masiva, en la calle y por internet, y de la insólita cantidad de dinero que recaudó. Fue, indiscutiblemente, una victoria histórica: el primer afroestadounidense elegido para ocupar el cargo más alto de Estados Unidos. Sin embargo, la organización comunitaria y la gran cantidad de dinero recaudada en la campaña están, esencialmente, en veredas opuestas, a pesar de la cantidad de pequeñas donaciones que la campaña de Obama recibió.
El senador Obama rechazó acogerse al sistema de financiación pública de las campañas electorales (definiendo así el destino de dicho sistema) y el dinero le llovió a raudales, gran parte de él de donantes del mundo empresarial. Esos poderosos y millonarios intereses querrán algo a cambio de su inversión.
Un siglo y medio atrás, otro famoso orador afroestadounidense, Frederick Douglass, esclavo fugado y líder abolicionista, pronunció las siguientes palabras, que se han convertido en un precepto esencial de la organización comunitaria de base: "Si no hay lucha, no hay progreso. … El poder no concede nada sin que se le exija. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará."
Hay dos colectivos clave que han invertido en la presidencia de Obama: los millones de personas que aportaron una cantidad pequeña de dinero y los pocos que aportaron millones. Los grandes intereses tienen los medios para acceder al presidente. Saben cómo conseguir reuniones en la Casa Blanca y a qué lobbystas contratar. Pero las millones de personas que han realizado una donación, que han participado como voluntarias, que se sintieron inspiradas como para ir a votar por primera vez realmente tienen más poder aún; si se organizan.
Antes de dirigirse al Grant Park de Chicago, el senador Obama envió una nota (por SMS y por correo electrónico) a millones de sus partidarios. Parte de ella decía: "Acabamos de hacer historia. Y no quiero que se olviden de cómo lo hicimos. … Aún tenemos mucho trabajo por hacer si queremos volver a encarrilar al país y muy pronto volveré a ponerme en contacto para informarles los próximos pasos." Pero, que la gente se siente a esperar las instrucciones que vienen de las altas esferas no es suficiente. Hace 40 años, en ese mismo lugar, en el Grant Park, miles de activistas del movimiento contra la guerra se reunieron durante la Convención Nacional Demócrata de 1968 para exigir el fin a la Guerra de Vietnam. Muchos integrantes de aquella generación celebran la elección del primer presidente afroestadounidense también como una victoria del movimiento por los derechos civiles, aquel que los inspiró a ellos décadas atrás. Y celebran al hombre que desde el primer momento se opuso a la guerra de Irak, la postura decisiva por la que ganó la candidatura demócrata y que, finalmente, lo llevó a la victoria presidencial.
Otro hijo de Chicago, que murió pocos días antes de las elecciones, fue el legendario historiador oral y locutor Studs Terkel. Lo visité el año pasado en la ciudad que compartía con el nuevo presidente. "Los estadounidenses no tienen memoria del pasado," me dijo. "Olvidamos lo que ocurrió ayer…¿por qué estamos en Irak? Y dicen, `cuando atacan nuestra política están atacando a los soldados`. Al contrario… queremos que vuelvan a casa con sus familias, que hagan su trabajo y no que participen en una guerra que sabemos que está montada sobre una obscena mentira. … Es la falta de historia, es la historia que se nos ha negado."
La campaña de Obama se benefició de la participación de millones de personas. Ellos y millones de personas más ven que la dirección actual del país no es sostenible. De la crisis económica global a la guerra, tenemos que encontrar una nueva dirección. Este es un momento extraño en el que las líneas dictadas por los partidos se están desintegrando. Pero si Obama se arrodilla ante los grupos de presión de las corporaciones, ¿cómo lo presionarán sus apasionados seguidores? Han construido una histórica campaña, pero no la controlan. Se necesitan organizaciones de base fuertes e independientes para lograr un cambio auténtico y duradero. Así es como se construyen los movimientos. Ahora que Obama se dirige a la Casa Blanca, es necesario que su organización de campaña vuelva a la gente que la construyó, para continuar con el proceso de organización comunitaria que hizo historia.
Publicado el 5 de Noviembre de 2008
– Denis Moynihan colaboró como investigador para esta columna.
– Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!” un informativo diario internacional de TV y radio de una hora que se emite en más de 550 emisoras en inglés y más de 200 emisoras en español. Ha sido galardonada con el Premio “Right Livelihood 2008”, también llamado el “Nobel alternativo”, y recibirá el premio en el parlamento sueco en diciembre.
* Fuente: Democracy Now
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