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Historia reciente del Reino del Ají y el Dragón de Siete Cabezas 

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Érase una vez, hace muchos, muchos días (más de doce mil), en un pequeño reino llamado el País del Ají, un jefe de soldados asaltó el castillo real y expulsó a todos sus ocupantes, nombrándose a sí mismo rey. El nuevo rey se convirtió en un tirano, conocido como “el tirano de muchos nombres”, pues utilizaba nombres  y apellidos distintos cada vez que sacaba monedas de oro del reino para guardarlas en castillos extranjeros. Sus soldados recorrían las calles del reino día y noche, apresando a sus oponentes y llevándolos a los calabozos del castillo o al cementerio. Gracias a la vigilancia de los soldados, los trabajadores y los estudiantes se olvidaron de protestar por las injusticias y el país parecía ordenado y tranquilo.

Al poco tiempo de instalarse en el castillo real, el tirano consultó a sus consejeros, quienes le recomendaron dar atención preferencial al dragón del reino. El tirano se preocupó con gran esmero del Dragón de Siete Cabezas, el cual estaba pequeño y famélico, pero gracias a los cuidados reales y protegido por los soldados, creció más que todos los dragones de los reinos cercanos. Esto demuestra que no todo lo obrado por el tirano fue malo, como dicen sus opositores. Durante los seis mil doscientos días de su reinado, el crecimiento del dragón fue su mayor logro. Cuando finalmente dejó el castillo, obligado por la mayoría de los ciudadanos, incluyendo los que fueron sus partidarios, el dragón quedó al cuidado del nuevo rey y sus ministros.

Todos los reyes que gobernaron el País del Ají luego de la salida del tirano, han comenzado sus reinados hablando en contra del dragón de siete cabezas, y han prometido a sus más fieles seguidores que lucharían por quitarle su poder. Sin embargo, han terminado preocupados por hacer crecer y desarrollar al dragón. Gracias a ello, el País del Ají es admirado y envidiado por los señores feudales de los países vecinos, gracias al tamaño y la salud de su dragón.

Una de las cabezas del dragón se desarrolló durante los tiempos del tirano, alimentándose de los ahorros que hacen todos los trabajadores del reino para tener dinero para su vejez. Esta cabeza llegó a ser tan gigante y acumuló tantas monedas de oro, que debió salir a otros países para guardar lo que no podía mantener en un país tan pequeño.

Por esta razón, los reyes que sucedieron al tirano no pudieron ni controlar ni disminuir el poder de esta cabeza, y se conformaron con hacer leyes para mantenerla dentro de la legalidad, dejándola con todo su poder.

Otra de las cabezas del dragón se dedicó a quitar la educación a los niños más pobres. El tirano pensaba que niños más ignorantes serían menos peligrosos como opositores, y que mientras más se pague por la educación, ésta debe ser de mejor calidad. Esto asegura que quienes tienen más dinero, serán siempre quienes gobiernan el país. Se eliminó la Educación Cívica de los planes de educación, también el Francés y la Música. La cultura pasó a ser un privilegio, inútil para los más pobres. Los nuevos reyes han tratado por todos los medios de cambiar de aspecto a esta cabeza, pero han terminado nombrándola con títulos extraños, como “Loce” o “Elegee”, sin cambiarla en nada.
 
Una de las cabezas que han hecho sufrir más a los habitantes de la principal ciudad del reino, era de color amarillo. Ella creció llevando a los súbditos de la capital a sus lugares de trabajo y a sus casas en distintos tipos de carromatos, los que corrían por las calles disputándose a los ciudadanos, atropellando a muchos de ellos y arrojando al piso a los estudiantes, debido a que éstos pagaban menos por el transporte. Durante el gobierno del primero de los nuevos reyes, Patricio Primero, esta cabeza no fue tocada. El segundo rey, muy amigo del dragón desde antes de llegar a palacio, quiso cambiarla, pero no pudo hacerlo, a pesar de contar con el gran asesor Germán Hebilla. El tercer rey, Ricardo Primero, elaboró el plan final para destruir la cabeza amarilla. El plan fue aplicado por su sucesora, su alteza Michelle, y consistió en pintar la cabeza de verde y cambiar los mapas de recorrido de los carromatos. Por supuesto, esto causó una confusión gigante, y la indignación de los ciudadanos que no entendieron por qué, si se quería atacar a la cabeza amarilla del dragón, los afectados terminaron siendo los pasajeros de los carromatos. La cabeza quedó con mayor poder que antes, pero con color verde.

Existe otra cabeza que se alimenta de las enfermedades de los súbditos del reino. Ella creció con el dinero que pagan los ciudadanos por el derecho de ocupar los hospitales y las clínicas de todo el país. Esta cabeza crece cada vez más, y no hay forma de poder limitarla. Mientras más grande es, más dinero les quita a los ciudadanos para permitirles visitar a los médicos. Cuando ella comenzó su crecimiento, permitía a los ciudadanos enfermos visitar a un médico por media hora para ser atendidos por su mal. Después de veinticinco años, al estar diez veces más grande y más rica, ella permite a los ciudadanos sólo quince minutos como máximo en sus visitas a los médicos del reino, los que trabajan en grandes lugares, en donde sus jefes se llaman “secretarias recepcionistas”, quienes los controlan mediante un reloj electrónico gigante. Sólo los habitantes más pobres del reino, llamados “indigentes”, pueden visitar a los médicos en forma gratuita, y esto es mostrado en grandes pergaminos, como el mayor éxito de los reyes por la salud de la población.

Sin duda, la cabeza del dragón que más fama ha dado al País del Ají, es la que se alimenta de los excedentes que quedan cuando se extraen metales (minerales) de la tierra. Ella se estableció en el norte del país, en donde existe la mayor cantidad de minerales. Durante el tiempo de su crecimiento, esta cabeza ha hecho amistad con los mayores dragones de países extranjeros, invitándoles a vivir en el País del Ají para sacar minerales, pagando sólo un pequeño tributo. De nada han servido las protestas de los habitantes del norte del país en contra del dragón y sus amigos extranjeros, quienes han ensuciado los ríos, las tierras de cultivo y el mar con arsénico, cianuro, y otros venenos. Los habitantes de esos lugares nada pueden hacer, pues esta cabeza del dragón tiene tanto dinero, que puede comprar tierras y pueblos completos alrededor de los grandes túneles en los cuales ella introduce sus garras para sacar los minerales. Los reyes no han controlado a esta cabeza, quien ha puesto su mayor empeño en salir del débil control del reino para venderse por completo a sus amigos, los dragones extranjeros. Sin embargo, es tan grande la cantidad de minerales que esta cabeza saca de la tierra y vende a otros países, que le da al reino muchos millones de monedas de oro y todos en la corte la admiran y la tratan como si ella fuese la reina.
 
Antiguamente, lo único que el País del Ají vendía a los reinos extranjeros eran sus minerales. Actualmente, también vende sus árboles, sus peces (salmones) y su uva, todos estos triturados en gigantescos molinos. Todas las máquinas, los artefactos y los juguetes son fabricados por otros reinos con los metales y la madera sacados del País del Ají. El País del Ají no puede hacer esas cosas, pues le falta algo que se llama “Tecnología”. Una de las cabezas del dragón se ha dedicado a comprar y vender artefactos hechos por Tecnología, impidiendo que se fabriquen en el país. Por ejemplo, años atrás hubo grandes fábricas de ropa en el País del Ají. Elegantes vestuarios eran comprados por caballeros y señoras del país y de otros reinos. Sin embargo, la ropa barata traída al país desde muy lejos por esta cabeza del dragón es usada por todos los ciudadanos, ricos y pobres. Las fábricas de ropa debieron cerrarse por no tener a quien vender, y lo mismo ocurrió con los zapatos, las tazas, platos, vasos, cucharas, cuchillos, tenedores, peinetas, cepillos. El País del Ají no fabrica nada por culpa del dragón, excepto alimentos y bebidas. Y a nadie le importa esto, porque quienes traen al país objetos fabricados en otros reinos, son muy ricos y terminaron siendo amigos del dragón.

La séptima cabeza del dragón es asesina. Durante muchos años estuvo creando una inmensa capa de humo sobre la ciudad más grande y capital del país, la ciudad de Chantago. La cabeza amarilla le ayudó mucho en esto, pues los carromatos amarillos de transporte tenían tubos dirigidos hacia el cielo, los cuales lanzaban grandes chorros de humo negro. Además, esta cabeza siempre ha tenido muchos amigos en la corte real, los que encuentran las formas de apoyar al dragón. Las fábricas que se encuentran en la capital utilizan electricidad, pero después de las seis de la tarde, producen su propia energía eléctrica utilizando generadores movidos por combustible, enviando al cielo de la ciudad el negro humo de sus chimeneas. Las autoridades inventaron una magia para disminuir el humo del cielo (conocido como “smog”, porque a ellas les gusta el idioma inglés) llamada “Restricción”. Se trata de observadores que miden el color de la capa de humo. Cuando está muy oscura, se avisa por la noche que la ciudad está en “Emergencia Ambiental”. Algunos de los vehículos que producen menos humo son obligados a detenerse, y sus dueños deben quedarse en casa o salir a su trabajo a pie o en los carromatos verdes, los que no sufren la “Restricción”. Las personas que tienen chimeneas o estufas a leña, deben mantenerlas apagadas hasta las nueve de la noche, a esa hora pueden encenderlas para aumentar la capa de humo del día siguiente. A nadie se le ha ocurrido prohibir para siempre el uso de la leña para calentarse, y en todos los supermercados y grandes tiendas se pueden comprar estas lindas estufas, como armas para dañar a los vecinos molestos, irritando sus ojos, sus pulmones y sus bronquios. Esta cabeza del dragón se beneficia con parte de las ventas de las estufas, y aumenta las ganancias de su hermana, la cabeza dueña de médicos y farmacias. Los grandes éxitos de esta cabeza, llamada  “Contaminación”, en la capital del reino, le han permitido instalarse en todas las ciudades del país. En el norte, ella es socia de su hermana, la cabeza que extrae los minerales de la tierra. En el sur del país, se asocia con su otra hermana, la cabeza que vende los árboles al extranjero, picados como “chips” o molidos como celulosa, la que se lava con cloro, el que es botado en los ríos y en el mar. 
 
Todos los reyes del País del Ají han ayudado al Dragón de Siete Cabezas, porque éste tiene poder sobre todo lo que se hace en el reino. Algunos ciudadanos dicen, secretamente, que quien reina es en realidad el Dragón, pues todos trabajan para él. Los ciudadanos se aburrieron de esperar la llegada de un héroe, un caballero valiente que lo enfrente, y sólo esperan que el dragón muera de viejo. Pero el dragón está muy sano, y las siete cabezas tienen hijos, los que esperan continuar con su reinado por muchos, muchos días. 

(¿A alguien le queda alguna duda? El Dragón de siete Cabezas tiene otro nombre en los pergaminos del reino. Se le llama “Economía Social de Mercado”)

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