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Carmen Lazo Carrera, una vida ejemplar 

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Homenaje a su memoria de: Su compañero, discípulo y amigo.
Santiago – Chile
 
Estoy sacando fuerzas de donde no tengo y profundamente impactado, como estoy cierto lo están todos los que forman la familia auténticamente socialista, las mujeres que vieron en ella un ejemplo de claridad y virtudes, así como sus ocasionales adversarios ideológicos. A los 87 años de edad –casi faltando un mes para cumplir los 88- ha fallecido una de las mujeres que lo dio todo por la causa de la justicia, la verdad y la defensa de los más humildes. Carmen Ascensión Lazo Carrera, descendiente directa de los próceres que lucharon por la independencia de Chile. Carmen, ‘la negra linda’ para quienes la quisimos y admiramos, deja una huella imborrable en la historia política de Chile, tanto por su fecunda labor desde el Municipio de Santiago, como por la vehemencia con que supo elaborar y defender los innumerables proyectos de ley que presentó en la Cámara de Diputados de Chile.

Carmen nació en el inhóspito mineral de Chuquicamata un 19 de septiembre de 1920, en el hogar de Manuel Lazo Aguilera y  Jesús Carrera Carrera. Desde su más temprana infancia, la negrita conoció los pesares que acompañan a los trabajadores del cobre, especialmente en la dura época que daba más valor a una carretilla, un chuzo o una pala que a la vida de un minero. Mujer sensitiva y apegada a los principios que recibió de sus padres, Carmen Lazo decidió entregar su vida por los más desposeídos. Tal es así, que con apenas 13 años de edad y una madurez sorprendente en una muchacha tan joven, ingresa a las filas del único partido político en que militó durante toda su vida: el Partido Socialista de Chile. Nada menos que 74 años sin interrupciones y que ciertamente es un ejemplo para aquellos políticos oportunistas que cambian de tienda, según soplen los vientos favorables a sus intereses, con la misma facilidad que cada cual se cambia la camisa, la corbata o la ropa interior…

El año 1943, Carmen fue elegida regidora (actualmente se les llama concejal) siendo la mas joven representante popular en el Municipio de Santiago. En aquella época, el cargo de regidor de Santiago era más relevante que el de cualquier diputado por cualquier provincia de Chile. Carmen Lazo se destacó por su tremenda y abnegada labor en poblaciones donde los llamados ‘pitucos’ de antaño, no se atrevían a ingresar. Los Nogales, El Zanjón de la Aguada, Población Arauco y Pedro Montt, por recordar algunos sitios, eran los sitios de Santiago donde la pobreza y el desánimo campeaban a causa de la indigencia de sus moradores y lo oscuro de su pobre existencia. La joven regidora socialista era  acogida  con cariño, invitada a tomar una tacita de té con una marraqueta y a veces un plato humilde pero afectuoso.

Recuerdo que el año 1961 Carmen fue nominada candidata a diputado para representar al Partido Socialista por la provincia de Santiago, donde no me cabe duda alguna que habría sido electa al parlamento; sin embargo, cambió la certeza de un seguro sillón en la Cámara para colaborar en la campaña de su compañero Salvador Allende, designado por el Partido Socialista  para que fuera candidato a senador por la única zona donde era imposible, según las estadísticas, que Allende fuera electo. Carmen sabía que nada tenía que hacer en Valparaíso, pero sus convicciones eran más fuertes que el interés personal y le acompañó en la aventura. Ella sabía que cada voto que consiguiera con su carisma y brillante oratoria, era uno más  en ayuda a su amigo y compañero de ruta.

Cuatro años mas tarde y en plena euforia de la ‘Revolución en Libertad’ , su Partido la nominó nuevamente para representarlo por Santiago, cuando la democracia cristiana arrasó en las elecciones generales de ese año 1965. Carmen Lazo, la negrita de 34 años de edad ya era una fogueada y respetada política de izquierda y por cierto fue electa ese año y por dos períodos sucesivos más, hasta que el golpe militar de Pinochet clausuró el Congreso Nacional y la incluyó en la infame lista negra de los ‘terroristas’ requeridos a presentarse ante las autoridades militares, al igual que su esposo y compañero, Miguel Angel Morales Lobos, quien además de subsecretario general del Partido Socialista, fue el primer intendente de Santiago durante el mandato de Salvador Allende.

Carmen, previendo cual sería su destino en manos de aquellos que torturaron y asesinaron sin misericordia a los mas cercanos colaboradores, parlamentarios y simpatizantes del presidente Allende, no tuvo más opción que buscar asilo político en la Embajada de Colombia. Provista del salvoconducto gestionado por Colombia y apartada de sus familiares, partió al exilio en ese país. El año 1975, gobernando en Venezuela el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, se traslado a Caracas, Venezuela, país en el que le era más factible luchar en contra del dictador chileno, a la vez que le era más propicio hacer claridad, al menos en nuestra América morena, de la desigualdad existente entre quienes usufructuaban de un cómodo exilio gracias a la solidaridad internacional y la dura existencia de miles de chilenos que arrastraron sus miserias en el suplicio incesante de una expatriación sin misericordia. Jamás Carmen Lazo tuvo ayuda alguna en Venezuela para sobrevivir, pese a contar con la amistad y el respeto de los más altos dignatarios venezolanos. Me consta, por las largas charlas que compartíamos invariablemente cada viernes en Caracas, en el modesto departamento que era su morada. Recuerdo cada palabra suya, de afecto y aliento para quienes soportábamos las mismas penurias económicas, pese a que las mías eran algo menos crueles gracias a la solidaridad que recibí de la Embajada de Yugoslavia, cuando mi carestía económica me obligaba a solicitar alguna ayuda.

La perdí de vista al trasladarme a Ecuador y nos reencontramos en la patria cuando se nos permitió el regreso; ella en 1987 y yo al año siguiente. Carmen, con algunos años más encima, era la misma de siempre: luchadora, combativa, alegre y espontánea, características que la acompañaron hasta el día de su muerte, el 18 de agosto, siempre batallando por quienes la necesitaron. La negrita linda no fue acogida como se merecía y nada pidió para sí con las autoridades que asumieron la conducción de Chile una vez retornada la democracia y arrojado Pinochet del poder. Dos veces, en elecciones generales de parlamentarios, Carmen Lazo fue postulada por su partido para un lugar en la Cámara de Diputados. El país había experimentado cambios siderales; la gente no recordaba a esa valerosa mujer que lo había dado todo y no fue favorecida con las preferencias necesarias para ser electa diputado.

A su muerte, se la llena de homenajes y recuerdos de lo que fue su vida, pero poco y nada se hizo por ella cuando los años requerían de la solidaridad nacional para con esa mujer que lo entregó todo por su ideario. Vivía de una modestísima pensión, junto a su marido en una humilde casa de calle Santa Victoria. ¿Por qué los chilenos somos tan desagradecidos y faltos de solidaridad? ¿Tanto nos afectó la dictadura y sus consecuencias? Lo que Carmen nunca aceptó fue el gran mal de nuestros tiempos: trepar a costa de los demás, usar el chaqueteo y pisotear a quien sea con la finalidad de satisfacer intereses bastardos y personales. Hoy ya no está con nosotros, pero su figura estará siempre presente en los corazones de quienes la conocimos y respetamos. Que su vida sea el espejo en que se mire cada chileno y su ejemplo valga para que las nuevas generaciones sean mejores que las nuestras.

Carmen Lazo, amiga querida, descansa en paz.

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