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Como la luz de una luciérnaga en la noche… 

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"En un poco más me habré ido de entre ustedes, adonde no puedo saber. Venimos de ningún lugar y a ningún lugar vamos. ¿Qué es la vida?, es como la luz de una luciérnaga en la noche, es como el aliento del búfalo en tiempo de invierno. Es como una pequeña sombra que corre a través de la hierba y se pierde en la puesta del sol." Palabras del jefe Crowfoot o Isapo-Muxika, tribu Blackfoot, antes de morir (Abril 25 de 1890)

La extensa pradera del oeste de Canadá tiene un atractivo que apreciamos al recorrer sus caminos, con su vista y un horizonte que vemos lejano,  y nos hace sentir una sensación de descanso y reflexión. En estas praderas, a finales del verano, resalta el trigo dorado y maduro, trigo sembrado por los descendientes de los colonizadores, y el pasto amarillo, símbolo del pasado. En estas mismas hermosas tierras, hace poco más de un siglo, dejaron de existir millones de búfalos, recurso vital de toda la cultura de los pueblos aborígenes que han habitado estas praderas por miles de años.         

La colonización del hombre blanco destruyó en sólo veinte años toda una forma de vida, incluyendo a millones de búfalos, y confinó a los pueblos aborígenes a reservas territoriales que contaban con mínimos recursos de supervivencia. Les quitaron sus sueños y razón de vivir, y fue, no está demás decirlo, un verdadero genocidio, uno más de los tantos causados por la "civilización" occidental.

Una de las reservas de las que hoy existen al sur de esta provincia de Alberta, a una hora de la ciudad de Calgary, es la reserva de la Nación Siksika, que tiene una población de 4.200 personas. Siksika forma parte de la Confederación Blackfoot  junto a los Piikani y Kainaiwa, y a los Blackfeet de Montana, en los Estados Unidos.

En Siksika, luego de varios años de  planeamiento y construcción se inaguró el pasado mes de julio un monumento a su cultura, el Blackfoot Crossing Historical Park, que ha de convertirse, seguramente, en uno de los principales centros históricos de los aborígenes de Norte América. Su magnífica edificación está enclavada en la orilla de una cima que mira al valle del Bow River, valle usado por los Siksika en el pasado, durante los meses de invierno, como asentamiento temporal de su vida nómade. El edificio, en forma de media luna, está construido de piedras trabajadas, cemento, madera y  hierro expuesto, y su arquitecto fue Ron Goodfellow que ha explicado que "fue diseñado como una reinterpretación de gran parte de la cultura Blackfoot, con sus símbolos sagrados y la vida cotidiana del pueblo Siksika."

A la entrada del centro, dos murallas de piedra simbolizan el camino recorrido por sus jefes, al frente está representada el águila sagrada de las creencias y ceremonias Siksika. Tiene dos pisos, y se entra por el nivel superior, con inmensos ventanales que lo iluminan ampliamente y una hermosa vista del valle del río Bow, donde se aprecian las ondulaciones de estas hermosas praderas. Desde el techo sale otra nave en forma de gigantesca "tipi" (carpa), cuyos postes metálicos se juntan en la altura en una perfecta simetría, todo esto rodeado de vidrios. También en este piso está un moderno teatro, con capacidad para unas cien personas, en donde diariamente se ejecutan sus danzas tradicionales. Allí hay un espacio reservado a la venta de arte nativo y un restaurante.

En el nivel inferior, al que se desciende por amplias escalinatas o ascensor, encontramos un anfiteatro y una fascinante interpretación  de la cultura Blackfoot y de su encuentro con el invasor occidental. En esta área hay cuatro "tipis" que representan la creación, la supervivencia, las ceremonias y elementos de la comunicación oral de estos pueblos. En otros espacios están los significados de la piedra, los nacimientos de su cultura, su lenguaje, desmistificaciones sobre los conceptos eurocentristas, elementos de la estructura social de estos pueblos, información sobre sus líderes y guerreros, sobre su estructura familiar y de clanes. Cuenta también con un área de investigación antropológica e histórica conectada a la Universidad de Calgary. Se expone también información sobre el tratado o pacto firmado con el gobierno del Dominio de Canadá, el Tratado número siete, tratado que los jefes de varias tribus no tuvieron más alternativa que aceptar aunque ni siquiera pudieron entenderlo bien, pero que de todas formas el gobierno no ha cumplido.

La edificación es monumental y cada detalle tiene un significado para el pueblo Siksika, hasta en los modernos baños los espejos son circulares y los decorados están de acuerdo con los conceptos de vida y el círculo como elemento fundamental de estos pueblos.

Una señora amable y muy conocedora de su cultura, que sirve de guía, explica sobre las injusticias que a ella misma le ha tocado vivir al ser parte de los miles de niños y niñas aborígenes que en Canadá fueron enviados a internados anglicanos y católicos para "educarlos", imponiéndoles valores ajenos a los de su propia cultura y prohibiéndoles hablar su lenguaje y ejercitar costumbres culturales que practicaban desde siglos. Fue sólo hace unas décadas que el escándalo de abusos físicos, sicológicos y sexuales en las escuelas residenciales para aborígenes salieron a luz.

En un área cercana al edificio pueden apreciarse las viviendas de la reservación, viviendas en mal estado donde viven familias en su mayoría pobres, en casas sin arreglos, donde no se ve un arbolito, separadas unas de otras por una media cuadra. Son hogares que albergan problemas familiares y sociales, problemas de falta de estima, de abuso, de desolación, de abandono. Este escenario de carencias contrasta con el monumento que ha costado millones construir y también con el resto de esta provincia, rica en petróleo pero mezquina con sus aborígenes.              

Recorriendo un sendero se puede visitar la tumba de Crowfoot o Isapo-Muxica, el último más importante jefe de las tribus Blackfoot, un líder notable no sólo por sus características personales sino por la dificultad del momento histórico que le tocó vivir. Crowfoot, parte de su mundo, que le había dado soltura para vivir libre a él y a su pueblo, entendió que su forma de vida estaba condenada a desaparecer. A él le corresponde estar a la cabeza de su pueblo en este período crítico, periodo de catástrofe para su nación. Y, enfrentando tan difícil tarea, se esfuerza para preservar la dignidad y el orgullo de su nación, pensando que esta sería la única forma en que su cultura sobreviviera y en que sus hijos tuvieran un futuro en el mundo blanco que se avecinaba arrogante, dominador y racista en el que el compromiso y el honor no aplicaban sino que eran solamente palabras.

Junto a Crowfoot, otros líderes de los aborígenes de la pradera canadiense, enfrentaron similares circunstancias, tal fue el caso de Piapot o Kisikawasan jefe de los Plain Cree, the Big Bear o Mistahimusqua jefe de los Plain North Cree y de Poundmaker o Pitikwahanapiwiyin también jefe de los Plain Cree. Todos ellos fueron líderes valientes, inteligentes, generosos y muy visionarios. Poundmaker y Big Bear fueron encarcelados, el primero murió días después de quedar libre y a consecuencia del confinamiento, las nuevas autoridades lo liberaron solamente porque no querían que muriera en el presidio.

Los pueblos aborígenes del mundo elegían de líderes a quienes probaban ser los más capaces, los mejores, de la misma manera elegían a sus líderes los pueblos del búfalo.

Historiadores canadienses que se han dedicado a escribir sobre la historia de la gran pradera (Western Canada) se han focalizado mayoritariamente en la historia del hombre blanco, la colonización, la creación del nuevo orden y control del territorio, la historia de la policía del noroeste, del pionero agrícola y ganadero, del ranchero. Luego, con el desarrollo del ferrocarril que conecta a todo el Canadá y facilita el desarrollo minero, esta ha sido la historia de interés. Y, finalmente, otro foco ha sido la historia del descubrimiento y explotación del petróleo y del gas y del florecimiento de las ciudades de la pradera. Sólo algunos historiadores excepcionales como Hugh Dempsey, y trabajos periodísticos como el de D'Arcy Jenish, han aportado al estudio de la historia prestándole atención a los pueblos aborígenes que por miles de años recorrieron estas praderas, manteniendo un equilibrio hoy día envidiable con la naturaleza.    

Blackfoot Crossing Historical Park es importante en cuanto a que sintetiza, dentro de un área, la historia y manifestaciones culturales de un pueblo aborígen. Ha de ser, seguramente, visitado por miles de personas en los próximos tiempos y ha de contribuir a la recuperación del orgullo y la dignidad de este y otros pueblos aborígenes tan sólo por existir allí enclavado en la pradera como un símbolo.        

Canadá se presenta como un país con procesos de colonización pacíficos, incluso justos, pero los estudios históricos de quienes como Dempsey proveen documentación y testimonios de los mismos aborígenes sobre los abusos de los que fueron víctimas, nos prueban lo contrario. Estos abusos no han necesariamente terminado en nuestros días. Los cimientos mismos de la sociedad canadiense, como el de la mayoría de las sociedades occidentales, son racistas. Además, hay contradicciones que contribuyen al menosprecio de los valores aborígenes, como ser el fuerte individualismo prevaleciente frente al comunitarismo aborígen.

Hay una serie de mitos que necesitan ser cuestionados porque contribuyen a mantener una imagen falsa de Canadá como país razonable, justo y esencialmente diferente a los Estados Unidos en cuanto al trato que le da a las minorías. Y, la historia de los aborígenes esclarece que las diferencias entre ambos países no son tales, en especial desde 1869, pues hay una gran similitud entre la política de los Estados Unidos y del Canadá con respecto a los aborígenes. En ambos países los aborígenes resistieron el exterminio y encontraron estrategias para sobrevivir como nación, pero esto fue más gracias a su capacidad de resistencia y supervivencia frente a los atropellos, que a la bondad de los estados en los que sobrevivieron.

Dos imagenes para que reflexionemos: la primera es la posición que Estados Unidos y Canadá tomaron frente a la recientemente aprobada resolución de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Indígenas que les asegura derechos de autodeterminación a los 300 millones de indígenas que existen en el mundo. Resolución que ni Canadá ni Estados Unidos, ni Australia ni Nueva Zelandia, aprobaron y se negaron a reconocer, aún cuando fue aprobada y aceptada por 143 países firmantes.

La otra es que el pasado 19 de septiembre fue anunciada la implementación del Acuerdo sobre las Escuelas Residenciales Indias. Esto es un paso positivo que finalmente dió el gobierno canadiense en favor de las víctimas de las escuelas residenciales y después de muchos años de lucha por parte de representantes aborígenes. Phil Fontaine, Jefe Nacional de la Asamblea de las Primeras Naciones, dijo: "Hoy, nuestros pensamientos están primero y por encima de todo con los ex alumnos de las Escuelas Residenciales Indias quienes han esperado por décadas este momento. La Asamblea de las Primeras Naciones ha trabajado diligentemente con y para estos ex alumnos para asegurar que el acuerdo es justo y los envuelve a todos. No es sólo una compensación. Se trata de ayudar a que la gente sane. Se trata de justicia. Se trata de reconciliación. Este acuerdo ayudará a las Primeras Naciones y a Canadá a salirse de la larga sombra de las escuelas residenciales."

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