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Un apagón equivaldría al Transantiago multiplicado por cinco 

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Definitivamente, cada año del gobierno de  Michelle Bachelet estará marcado por una crisis de proporciones: el primero, por la rebelión de los “pingüinos”, el segundo por el Transantiago y, el tercero, por   un posible racionamiento eléctrico; en los tres, estas crisis no se le pueden achacar a la mala suerte, sino a la imprevisión. Si dos factores fatales coinciden copulativamente, es evidente que se producen crisis casi insalvables; en el plano financiero, por ejemplo, si se dan a la vez una alta inflación y una recesión, el FED queda completamente maniatado para actuar a través de las tasas de interés: si las sube, provoca más recesión, si las baja, desata la inflación; en el plano energético ocurre algo parecido: si al mismo tiempo Argentina corta el gas y viene una sequía, a causa de la “niña”, nuestra matriz energética se estrecha y termina por colapsar. Es esto lo que podría ocurrir durante los años 2008 y 2009, de continuar la sequía.

No me gusta nada el papel de profeta del Apocalipsis, mucho menos las profecías autocumplidas, pero es evidente que un colapso eléctrico es de exclusiva responsabilidad de los gobernantes, que entregaron el país a las empresas privadas. Antes de la sequía de 1998 y 1999, se decía que el porvenir energético chileno eran las hidroeléctricas, como se produjo la sequía, Eduardo Frei Ruiz-Tagle pactó con Carlos Menem un convenio gasífero, que nos aseguraba energía barata y limpia –los muy idiotas creíamos que era eterna esta Jauja. ¿Quién ganó con el gas natural barato? Seguramente las empresas eléctricas, en especial Gener, que cuenta entre sus ejecutivos al ex ministro de Economía de Eduardo Frei, Rodríguez Grossi; cuando, con toda razón, los argentinos nos cortaron la cañería, por que ellos mismos tienen una crisis energética tanto o más grave que la chilena y, como Dios es capitalista, a lo mejor accionista de Endesa, envió sendas lluvias que permitieron el enriquecimiento de esa empresa, de Enersis y de Colbún; En Chile, el gobierno permitió que los precios de la electricidad subieran, aportando jugosos dividendos a las hidroeléctricas. Considere usted que los bonos Endesa y Enersis, es decir la deuda, están clasificados sobre las tres B, lo que equivale al grado de inversión; las ADR, acciones transadas en la Bolsa norteamericana, suben cada día, lo mismo ocurre con aquellas que se cotizan en la Bolsa chilena.

Sólo los tontos creen que los pobres ganan con el mercado, cuando es evidente que para especular hay que tener información privilegiada, como aquella que posee Sebastián Piñera, y otros derechistas, o ser un concertacionista,  director  de las empresas eléctricas. Parece que hoy se está acabando la fiesta, pero no hay por qué temer, pues estos niños son rápidos para buscar un nuevo capital especulativo que surja de la crisis.

La matriz energética chilena es bastante obvia para analizar: el SING (Sistema Interconectado del Norte Grande), va desde Putre a Taltal; el 99% de la energía es térmica, depende, fundamentalmente, del gas argentino, y cualquier interrupción del suministro significa la ruina del Sistema, (ver la situación de Gas Atacama, salvado por CODELCO y Endesa); el SIC (Sistema Interconectado Central), va de Taltal a Chiloé, el 66,2% de la energía es hidroeléctrica y un 34,54% es termoeléctrica; Aysén, 22,8% hidroeléctrica y 68,2% termoeléctrica; Magallanes tiene un 100% termoeléctrica.

Chile es un país brutalmente centralizado: en ambos extremos del país, casi un 100% de la energía surge de fuentes sucias, contaminantes y cancerígenas; sólo un 2% pertenece a energías renovables no convencionales. Como podemos comprobar, no se sabe qué es más monstruoso, si el Transantiago o nuestra matriz energética -¿cual opción es mejor, quedarse sin micros o sin electricidad, o ambas a la vez? ¿Qué diría usted de un país que posee innumerables riquezas en energías renovables no convencionales y tiene que comprar más de la mitad de combustibles fósiles, (carbón, petróleo y petcoke)? Hoy, el petróleo está sobre setenta dólares; si esto no es botar la plata, póngale el nombre que usted quiera. Ahora, con aire de nuevo rico, el desafortunado profesor Lagos no se le ocurrió nada mejor que traer gas licuado de Asia, para ser procesado  en Quintero y Mejillones.

Aprovechándose de la crisis, al presidente del PPD, Sergio Bitar, no se le ocurre nada mejor que la instalación de plantas de energía nuclear, sin considerar que somos un país de terremotos, ni menos pensar en los efectos cancerígenos de los basureros nucleares que, al menos, duran treinta años. Chile no posee ni siquiera la materia prima, el plutonio, ni tampoco los técnicos; una pequeña planta de energía nuclear vale mucho más que una geotérmica o un parque eólico, energía que tenemos gratis, eterna, absolutamente limpia y que existe en casi todo el territorio nacional.

¿Cuáles son los elementos en contra del uso masivo de energía renovable no  convencional? En primer lugar, que la instalación es muy cara: las experiencias europeas y americanas, para reemplazar los combustibles fósiles, las están haciendo más asequibles; en segundo lugar, que la tecnología es compleja y de alto precio: esto es falso, pues cada día recibimos más aportes de transferencia tecnológica, proveniente de Alemania en energía eólica, de México, en energía geotérmica, de Portugal, energía mareo-matriz; así aportes de muchos otros países.

Chile podría transformarse en un exportador de tecnología; los dineros están, bastaría aumentar a un 10% el royalty minero, dedicando un 7% exclusivamente a proyectos de energía renovable. Alemania, con una naturaleza más carente de fuentes de energía y con una población muy superior, pretende llegar al 2020 al 20% de energía renovable no convencional.

¿Cuál es el potencial energético chileno? En el caso de la eólica, tenemos parques en Calama, (2ª Región), gran arte de la zona costera y Aysén; en la geotérmica, tenemos más de doscientos volcanes y un número importante de aguas termales en casi todo el país, la mayoría corresponde a 150º y 400º C, es decir, muy útiles para su explotación; ya existen proyectos en el Tatio y la Torta, (2ª Región), Termas de Chillán y Calabozo, (en la 8ª Región); energía solar, existe todo el norte grande chileno; para qué hablar de las pequeñas hidroeléctricas, hoy sólo explotadas para energía rural. He dejado de lado la energía, con cinco mil kilómetros de costa y olas de gran potencial energético, pues su desarrollo tecnológico aún está en pañales, salvo el caso de Portugal y Francia.

Por último, nuestra política internacional en lo que a nuestro tema corresponde, sólo ha conseguido aislarnos de aquellos países hermanos que podrían ayudarnos en estas difíciles circunstancias, como es el caso de Bolivia, cuyo Presidente, un verdadero estadista, propone un comodato, sin soberanía, en la zona de Cobija y, de acuerdo con Perú, en el norte de Arica, permitiéndonos entrar en la alianza energética con Argentina, Brasil y Bolivia; sólo un Canciller tan inexperto como Alejandro Foxley, puede enmendarle la plana a la Presidenta, sosteniendo en el diario reaccionario La Tercera, que la mayoría de los chilenos no quiere ceder ningún puerto soberano a Bolivia. No alcanza a entender este Ministro que, en algunos momentos, la mayoría de los chilenos apoyaron a tiranos abyectos, como Portales y Pinochet, y sólo han leído a historiadores xenófobos como Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre y Gonzalo Vial Correa, entre otros. Por culpa de esta estupidez no vamos a quedar “sin el pan y sin el perro”.
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