Venezuela: El desafío del socialismo a través del PSUV (Parte II – Final)
por Modesto Emilio Guerrero (Argenpress)
20 años atrás 4 min lectura
III. El año que despertaron los trabajadores
En el año 2003 entraron a escena los trabajadores como cuerpo de clase, sobre el triunfo revolucionario contra el saboteo golpista en la industria petrolera (diciembre 2002 a febrero del año siguiente). Los trabajadores entraron en escena como siempre lo han hecho en la historia: cuando y como les dio la gana, con sus organizaciones, métodos y vanguardias de clase.
No hubo fuerza humana, o sobre humana, que la obligara a militar masivamente antes de 2003. Pero tampoco hubo nada que se lo impidiera cuando los acontecimientos nacionales la pusieron en el centro de la escena en enero de ese año. Para expresarlo en palabras de su principal dirigente, Orlando Chirino, ‘los trabajadores fueron el sujeto protagónico y donde el cuestionamiento era frontal al empresariado y su ‘propiedad privada’ sobre las empresas’. (Orlando Chirinos Responde, ApoReportajes, Gonzalo Gómez, Américo Tábata y Nelson Gámez, Caracas, junio 2005, pág. 11). Chirino define ese triunfo y el ingreso militante de los trabajadores como ‘una nueva revolución de carácter obrero’, expresión exagerada o equívoca, pero en todo caso expresiva de la fuerza transformadora de aquella acción que, sin duda, marcó -y tres años después sigue determinando- la conducta de la vanguardia política y social venezolana.
La máxima expresión organizativa de esa movilidad de la clase obrera venezolana es la formación de la Unión Nacional de Trabajadores, UNT, fundada en abril de 2003, tras un acuerdo de las principales corrientes y dirigentes que dirigieron el triunfo contra la conspiración en la industria petrolera, tres meses antes. El carácter ‘acuerdista’, por arriba, sin asambleas de base, que permitió la creación de la UNT, no le borra ninguna de sus características progresivas, genuinas al servicio del proceso revolucionario. Aunque, es cierto, dejó sembrada la semilla en la central, que luego afloró como el enfrentamiento público que vive ese organismo de masas desde finales de 2005.
De hecho, la UNT nace en el crisol de las acciones conmovedoras de abril de 2002 a abril de 2003, un año templado de enfrentamientos y tensiones de todo tipo. Miles de fábricas fueron cerradas por sus patronos, una parte de ellas tomadas o recuperadas por sus trabajadores, centenares de huelgas y movilizaciones. En ese escenario se templó el nuevo movimiento obrero venezolano nacido con la UNT.
Es un movimiento que releva históricamente a la CTV (Confederación de Trabajadores de Venezuela), central burocrática pasada al golpismo proyanqui. En 2006, la UNT reúne a casi dos millones de trabajadores, mientras que la CTV sobrevive como unos 200.000 afiliados sin motivación sindical alguna. La UNT se fundó con unos 120.000 trabajadores.
La aluvional afiliación y organización en UNT regionales y zonales, en menos de tres años, la convirtió en la más importante organización de masas y de vanguardia del proceso político venezolano. Después de las Fuerzas Armadas, es la más importante estructura nacional con fuerza territorial que existe en el país.
Estas características permiten comprender la furiosa batalla política que se vive en el seno de la UNT. Cinco fracciones dirimen su destino político desde el Congreso de mayo de 2006. Las cinco fracciones se dividen en dos partes, cuatro de ellas con las mismas posiciones y propósitos, unidas por su relación de dependencia con el aparato de Estado y el gobierno. La otra posición, identificada con las siglas C-CURA (Corriente Clasista Unitaria, Revolucionaria y Autónoma) expresa en sus cuatro adjetivos el programa que la sostiene frente a las otras. Al mes de septiembre de 2006, C-CURA representa alrededor del 50-60 por ciento de la central. La segunda fuerza la representa la dirigente demócrata-cristiana Marcela Máspero con alrededor del 30%. El resto se reparte en las otras tres fracciones.
En forma simultánea, sobre la fuerza desatada por los mismos acontecimientos, irrumpe un sector del campesinado -y de los indígenas como parte de él-, movidos también por la Ley de Tierras (de septiembre de 2001) que habilitó la vía constitucional para enfrentamientos rurales por el derecho a cultivar y poseer ‘tierras ociosas’ que la burguesía abandonó hace décadas o que usufructúa sin derecho de propiedad registrado. Esto colocó, por primera vez desde la Guerra Federal (1860), al campesino pobre contra el campesino rico (que hace mucho ya no es campesino) y generó dos movimientos de militancia ruralista de la que Venezuela no tenía memoria: la Coordinadora Agraria Nacional Ezequiel Zamora (CANEZ) y el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora. El movimiento campesino es la otra gran conquista social del proceso bolivariano, completando su carácter de clase en los sectores más prosternados de la sociedad contemporánea: los campesinos y los indígenas.
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