Reflexiones sobre el Ollantismo de cara a las elecciones regionales y municipales
por Julio Blanco Barrera (La Lucha Continúa)
20 años atrás 7 min lectura
A partir de ese momento los hermanos Humala han jugado un rol gravitante en la política peruana. Hasta el levantamiento de Andahuaylas (01 de enero del 2005) los hermanos Humala habían marchado juntos – hasta editaban un periódico común llamado Ollanta – es a partir de este suceso que se da un fraccionamiento entre ambas corrientes: por un lado el antaurismo que dirigió el “andahuaylaso” y que se define como etnocacerista e indigenista, ya que asume la defensa del carácter predominantemente indígena de la sociedad peruana y reivindica la figura de Andrés A. Cáceres y el Ollantismo que se muestra mucho mas convergente, programático y cercano a las propuestas y organizaciones del campo popular y de la izquierda peruana.
Tanto el antaurismo como el ollantismo lograron en diferentes regiones del país y con discursos y métodos cada vez más diferentes captar la simpatía y aceptación de aquellos sectores que secularmente han padecido la exclusión política y la pobreza económica. El sectarismo y ultravanguardismo (expresado en los sucesos de Andahuaylas) llevó a que el etnocacerismo de Antauro viera reducido su universo de acción a algunas regiones de la sierra central, donde por cierto la crisis económica y social es mucho más aguda. El ollantismo, sin embargo, producto de su inicial predica programática (tuvo la certeza de recoger las mas sentidas demandas del movimiento popular peruano y convertirlas en un programa mínimo) y de su método convergente se terminó convirtiendo en la expresión política del movimiento popular peruano, ocupando el lugar que en su mejor momento ocupo la izquierda en los años ochenta. Esto se vería reflejado en las ultimas elecciones presidenciales del 2006, donde en la primera y segunda vuelta Ollanta ganó en los departamentos del interior, siendo derrotado en Lima por el APRA y la coalición de ultraderecha que se había formado para impedir el avance del movimiento popular expresado en la figura de Ollanta, ya que de esta manera muchas de las premisas del neoliberalismo entrarían en crisis como el TLC, las privatizaciones, la constitución de 1993, etc., que eran los ejes centrales contra los cuales se levantaba el programa de Ollanta Humala.
No es el objetivo de este artículo analizar las causas de la derrota de Ollanta en las elecciones presidenciales pasadas, pero creemos que es necesario minimamente enunciar las que consideramos más relevantes ya que ello nos permitirá entender la situación por la cual atraviesa hoy el nacionalismo ollantista. En un número anterior de nuestra prensa (LLC) decíamos que nos parecía muy progresivo el carácter programáticamente democrático y antineoliberal que venia asumiendo el nacionalismo de Ollanta, pero que sin embargo veíamos con mucha preocupación el desarrollo al interior de la organización de una serie de métodos de trabajo que de no superarse podrían ocasionar serios problemas, dentro de estos métodos destacábamos el sesgo antidemocrático-burocrático de la dirección nacional del Partido Nacionalista Peruano para la toma de decisiones, que ya habían traído serios problemas en el interior del país cuando se designaron a dedo a los representantes para el congreso por la alianza UPP, así mismo nos parecía inadecuada la forma excesivamente pasiva y derechizante como se venía afrontando la campaña (sobre todo para la segunda vuelta) dando concesiones a la derecha en el terreno programático y no explotando adecuadamente el abierto apoyo que Hugo Chávez le venía dando a Ollanta desde el exterior (hasta hubieron personajes como Carlos Tapia – hoy asesor de extrema confianza de Ollanta – que mandaron al carajo a Chávez).
Después de la segunda vuelta y conocida la derrota de Ollanta, estas desviaciones de derecha se han consolidado notablemente al interior del Partido Nacionalista Peruano y ello obedece a que los sectores más conservadores han logrado ubicarse en las posiciones de dirección mas relevantes, tal es así que Carlos Tapia (figura gris de la vieja izquierda y “colaborador eficaz” del fujimontesinismo en la guerra interna), Olortegui (abogado de Montesinos y fujimorista convicto y confeso), Gonzalo García (ex director del Banco Central de Reserva durante el gobierno neoliberal de Toledo), entre otros oportunistas, son hoy los personajes más cercanos de Ollanta y los que determinan la orientación de la línea política que ha de seguir el Partido Nacionalista Peruano.
Esta consolidación de la burocracia de derecha en la dirección nacional del Partido Nacionalista Peruano ha permitido que hoy, por ejemplo, no exista oposición alguna al gobierno neoliberal de Alan García Pérez – ni en las calles ni en el parlamento (salvo honrosas excepciones expresadas básicamente por las parlamentarias que pertenecen al movimiento popular como Elsa Malpartida y Nancy Obregón) – y que el nacionalismo de Ollanta pase de ser la primera expresión política antisistémica del país a una fuerza irrelevante políticamente en regiones donde consiguió gran apoyo popular, como es el caso de Tacna, por citar solo un ejemplo (algo similar ocurre en Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua, etc.). En un país marcadamente contradictorio como el Perú de estos tiempos nos parece absolutamente torpe y peligrosamente conciliador ceder tantos espacios a la derecha que hoy se expresa en la figura “pirotécnica” de Alan García, eso sólo contribuirá a promover su rearme y mejores condiciones para arremeter contra el movimiento popular (vuelta del fujimorismo), por un lado y por otro lado podría abonar el retorno reciclado de otras expresiones “ultristas”.
La consolidación de los sectores burocráticos y de derecha en la dirección nacional del Partido Nacionalista Peruano también han provocado el vaciamiento sistemático de los militantes y luchadores sociales más consecuentes y honestos que se aunaron inicialmente al llamado convergente de Ollanta para construir un partido con participación real de los sectores populares y con democracia plena. Se ha hecho en el Partido Nacionalista Peruano de la imposición burocrática, del chantaje y de la vendetta de “cupos” una constante que para nada diferencia a esta organización de las putrefactas maquinarias electorales de la derecha y de la vieja izquierda. En Tacna, por ejemplo, todos los históricos militantes y dirigentes del Partido Nacionalista Peruano fueron separados por el mismo Ollanta así como los nuevos dirigentes que se “atrevieron” a cuestionar la forma como se venía designando las candidaturas regionales y municipales, primaron en estos cargos personas ajenas al nacionalismo y a las opciones de cambio pero cuya única virtud son los dólares que regímenes mafiosos locales les permitieron acumular. Por eso hoy en Tacna (considerada por el mismo Ollanta “La cuna del nacionalismo” en alusión a su pasado histórico y al levantamiento de Toquepala) los candidatos del Partido Nacionalista Peruano no tienen ninguna opción de ganar ni para la región ni para los municipios provinciales y distritales, el pueblo les da la espalda pasándole así la factura a Ollanta y a sus métodos tradicionales de hacer política desperdiciándose así una gran e histórica oportunidad de fortalecer la oposición a la derecha gobernante e ir construyendo poder local desde el interior.
Creemos que de
no mediar cambios radicales y profundos en la dirección nacional del Partido Nacionalista Peruano y en su orientación política, la oportunidad de construir “La gran transformación” con Ollanta y el Partido Nacionalista Peruano a la cabeza del movimiento popular peruano ya es un imposible. Sin embargo somos convencidos, hoy más que nunca, que el cambio – más que una posibilidad – es una necesidad histórica impostergable para nuestro pueblo y que es necesario construir, así como se viene haciendo en Bolivia y Venezuela, el instrumento político del pueblo tomando para ello algunas premisas que se desprenden de la realidad objetiva, de la crítica fraterna a la experiencia ollantista así tenemos algunos puntos que sometemos al debate: Revalorar la democracia interna como principio insustituible en la construcción orgánica, respeto irrestricto a la decisión de las bases bajo la premisa que la línea política no se impone sino que se elabora de abajo hacia arriba, participación activa en las luchas sociales de nuestros pueblos ya que es en ese terreno donde se resuelven al final las grandes contradicciones sociopolíticas, enarbolar un programa transicional que no otorgue concesiones al neoliberalismo imperialista y a sus agentes: las clases dominantes locales, que se conciba al nacionalismo como un primer momento en el proceso ininterrumpido de lucha por la liberación nacional y la revolución social, que solo será posible con la edificación del socialismo.
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