Carta abierta a mi hija que está en las calles
por Manuel Guerrero Antequera (Crónica Digital)
20 años atrás 5 min lectura
Y me siento miserable tecleando en este computador como si fuera un piano vacio de cuerdas que ya no tienen resonancia ni peso especifico necesario como para poner orden en este mundo, pues es en clases donde debieras estar, jugando con tus amigas, coqueteando dulce con tus amigos, descubriendo los primeros pétalos del amor…
Pero entiendo, no sabes como entiendo lo que haces junto a decenas de miles de maravillosos pingüinos auto organizados. A rostro descubierto enfrentan una maquinaria muy bien diseñada y aceitada por quienes desde la sombra ejercen el poder, ejercen la desorganización y la falta de solidaridad como estrategias de reproducción de la dominación.
Como es posible que haya quienes concertadamente quieran que la mayoría de ustedes, el futuro de nuestras vidas, la flecha que abrirá a la humanidad a nuevos rumbos, permanezcan ignorantes, solo fijados a una identidad de consumidores, aislados, farandulizados, enajenados del real potencial que albergan en sus almas y cuerpos, para ser eximios profesionales, artistas, constructores, obreros calificados…
No hija mía, que no te engañen, no fue por este orden de cosas que morimos segundo a segundo la infancia que tuvimos bajo dictadura y que hicimos frente, a tus mismos catorce años, rompiendo el miedo, creando conciencia, volviéndola organización, reencantando la confianza en el colectivo, para exigir pan, trabajo, justicia y libertad. Tu abuelo no aguanto con los dientes apretados las descargas eléctricas para que hubiera generaciones de estudiantes de primera, segunda, tercera y cuarta categoría en democracia. Tu bisabuelo no aprendió a leer y a escribir en forma autodidacta y a organizar a la FECH a principios del siglo XX para que al siglo siguiente se mantuviera la diferencia de clase, apellido, comuna y etnia de origen como los principales pilares de segmentación de la educación y el mercado laboral en el país. Tampoco tu tatarabuelo, Manuel Jesús, hizo trizas sus rodillas de zapatero militante a fines del siglo XIX para que hubiese niños que en el siglo XXI tienen que trabajar para poder pagar sus estudios y mantener a sus familias…
Mucho se habrá avanzado, pero es más lo que queda por hacer. Que no te cuenten cuentos para cejar en tu batalla. Ustedes están en lo justo, en lo correcto, en lo que como pueblo, generación tras generación, hemos bregado para nuestro país y la humanidad.
Tampoco tuvimos yo, tu abuelo, tu bisabuelo y tatarabuelo los medios de comunicación de masas a nuestra disposición; la derecha en forma oblicua o directa siempre se encarga de hacer circular mensajes confusos para dividir y quebrar a los movimientos sociales. El centro político, por su parte, siempre te seguirá hasta que sus tibios y confortables intereses no se vean perjudicados. La izquierda, por ultimo, tradicionalmente ocupa los espacios abiertos por las masas auto organizadas para presionar a los gobiernos de turno a seguir su propia agenda programática, pero sin someterse al liderazgo, conducción y ritmos de estas masas conscientes. Ya lo estarás conociendo hija mía, ojalá esta vez fuese distinto…
Pues, es lo que ocurrió con el movimiento de los igualitarios en el XIX; con los obreros y estudiantes a principios del XX; con los campesinos en la segunda mitad del siglo pasado; con los pobladores, bajo la dictadura…
Estamos orgullosísimos de ti hija mía, de Maria Jesús y todos tus compañeros y compañeras a lo largo de todo Chile y los cientos de liceos y colegios movilizados. Continúen guiándose por la intuición responsable, en el respaldo que les otorgan sus propias fuerzas. Hagan suya la memoria, comprensión, imaginación y voluntad colectiva que en forma plural han ido abriendo caminos de mayor justicia social, democracia y solidaridad en Chile. No necesitan estar permanentemente movilizados, pueden descansar, celebrar, reflexionar, evaluar, aprender, y luego volver a actuar. Recuerda que ni Roma ni nada sólido se construyo en un día. Y no necesitamos más mártires, los queremos vivos y sanos.
Ustedes lo han hecho mejor que todos nosotros. Ustedes nos están aleccionando al mundo adulto, nos han devuelto la esperanza y la confianza que los fines más idealistas se pueden obtener con los medios más concretos y realistas si hay voluntad, tolerancia y organización. Nos han vuelto a abrir la fe individual y colectiva que reconoce la obligación de trabajar por la justicia en el mundo. Vemos como ustedes, hombres y mujeres en formación ya dedican sus vidas al servicio de otros, sobre todo a los que tienen mayor necesidad, los pobres y marginados, y como les incomoda la consolidación de situaciones de privilegio. ¡Que buena nueva!
"El cobre por el cielo y la educación por el suelo", "Ahora es cuando"… Ay hija may, gracias por todo esto. Tengo el alma en un hilo y desde la admiración humilde por todo lo que han logrado movilizar, estoy cierto que somos muchos y muchas de todas las edades que hoy renovamos ante ustedes nuestro compromiso de hacer todo lo necesario para alcanzar una sociedad en que la educación sea excelencia para todos, que asegure el desarrollo mas completo posible de todas las dimensiones de la persona, unido al desarrollo de un sentido de los valores y del compromiso al servicio de los demás.
No descansare hija mía hasta que esta sociedad otorgue prioridad a las necesidades de los pobres y haya cada vez mayor cantidad de personas dispuestas a sacrificar el propio interés por la promoción de la justicia. Te lo prometo.
Tu padre.
Santiago de Chile, 5 de junio 2006
Cronica Digital
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