Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra
por José Martí (Cuba)
20 años atrás 20 min lectura
Al ver como nuestros hermanos mapuche vuelven a la lucha para exigir lo que les pertenece, desde antes de la llegada de los europeos a estos confines del mundo; al ver la lucha de los pueblos indígenas bolivianos; al ver la alegría de los pueblos indígenas ecuatorianos al recuperar el petróleo que explotaba la OXY; al recibir noticias de la lucha de pueblos en las montañas y las selvas de Colombia; al mirar como crece la lucha, como se unen la gran familia de pueblos originarios en México; el escuchar lo ecos que nos llegan de la lucha que crece en la isla de los hermanos boricuas; en fin, al ver como este gran pueblo que habita este continente, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, de nuevo comienza a salir a las calles y los caminos, tras su gran sueño de libertad y justicia, de gobierno propio, de voluntad soberana, no podemos evitar de pensar en ese gran cubano, en ese gran latinoamericano que fue José Martí.
Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.
rnante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.
La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.
Cansados del odio inútil, de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor.
Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras, ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas: ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno, y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!
Obras Completas, tomo 6, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975, páginas 15-23.
El corte de párrafos y el destacado en negrita es nuestro
La Redacción de PiensaChile
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