Indios y explotados: niños que trabajan en Chile
por Pedro Cayuqueo (Chile)
20 años atrás 8 min lectura
En 86% de los niños indígenas –entre cinco y 17 años– trabaja entre cuatro y seis horas diarias. El 10% del total de esos niños debe trabajar forzados por la situación de pobreza que afecta a sus familias.
En el norte suelen ser tentados para transportar alijos de droga; en el sur acompañan a sus padres; empresas y latifundistas en la costa de la IX Region, les pagan a éstos, por 10 a 12 horas de trabajo, unos US$ 2.50. "Somos todos chilenos", declama la propaganda oficial.
(Gulumapu –Chile– febrero de 2006). La Oficina en Chile de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en conjunto con el Colegio de Profesores de Chile, dieron a conocer recientemente el informe Trabajo infantil y pueblos originarios en Chile, en una actividad realizada en la nueva Biblioteca de Santiago. La publicación recoge la sistematización de un proyecto realizado en 2004 por la investigadora Miriam Salazar Negrón, que tuvo como objetivo sensibilizar y prevenir el trabajo infantil en los pueblos aymara y mapuche, ubicados en la I y IX región del país, respectivamente.

En el país cerca de 200 mil niños entre cinco y 17 años trabajan, "una cruda realidad, poco conocida y visibilizada que coarta la posibilidad de terminar su escolaridad”, según señala en sus conclusiones el revelador informe. A juicio de la investigadora, los menores de edad indígenas, sobre todo los que viven en zonas rurales apartadas, obligados por la miseria optan generalmente por el trabajo, "muchas veces en condiciones peligrosas y que terminan coartando la posibilidad de terminar su escolaridad, esto porque las familias se encuentran en situación de pobreza y dependen de la mano de obra de los niños y niñas".
La realidad rural
El estudio se basa en la visión de los profesores rurales, quienes conscientes de las tempranas obligaciones laborales de sus alumnos, les otorgan facilidades para combinar sus actividades y evitar la deserción. Un asunto recurrente mencionado por los docentes en el informe fue reconocer la gran inequidad a que se ven enfrentados los niños que asisten a escuelas rurales.
"La mayoría de las veces tienen serias condiciones de deprivación de infraestructura, de textos escolares, de tecnología, y al finalizar el octavo año básico suelen terminar abandonando sus estudios", señala el informe. Este panorama sería parte de la realidad rural y también de los niños que pertenecen a los pueblos indígenas, donde muchas de sus familias son analfabetas o bien tienen muy baja instrucción.
Los docentes entrevistados señalan que tienen alumnos que trabajan y que esto no es visto como un problema, sino más bien como algo “normal” en su vida cotidiana; que forma parte de su responsabilidad de “ayudar a sus familias” y que esto les hace “convertirse en personas de bien y responsables”.
En Colchane (I Región, a cinco kilómetros de Bolivia), los docentes reconocen que los niños trabajan para terceros por problemas económicos, por lo que suelen emigrar a la ciudad, y abandonan la escuela, para trabajar como cargadores en el terminal del agro, como empaquetadores de supermercados y, en el caso de las niñas, en trabajo doméstico a terceros o comercio ambulante.
En la IX Región, la etapa de recolección de piñones y mosqueta retrasa el calendario escolar, pues los alumnos llegan a clases dos meses más tarde. "Los docentes de la IX Región reconocen que esta situación suele tener efectos negativos en la escuela, en especial porque entran uno o dos meses más tarde a lo determinado por el calendario escolar, debido a que deben participar, por ejemplo, en la recolección de piñones y de mosqueta, trabajo que no siempre es para su alimentación y subsistencia en la temporada invernal, sino más bien para venderla a productores agrícolas de gran escala, a pequeños productores o puerta a puerta", se indica en el informe.
Y si bien los docentes reconocen que el trabajo infantil entre los pueblos indígenas muchas veces se justifica porque es parte de su formación cultural y valórica, como es el caso de la recolección del piñón en zonas de la cordillera, es un hecho que esta situación "los hace más vulnerables a la explotación laboral y económica y al abandono temprano de la escuela (…) Se puede dar como resultado que los niños o adolescentes terminen abandonando la escuela para poder trabajar y ayudar a su familia, sobre todo en aquellos casos en que éstas son muy pobres y sus tierras tienen una baja producción”.
La voz de los niños
En las entrevistas realizadas a los niños de las regiones intervenidas con el proyecto, éstos manifestaron que el trabajo que ejecutaban durante el período escolar consistía en “apoyar a la familia en el cuidado del ganado y en la venta de productos agrícolas o ganaderos en ferias de los alrededores”, percibiendo por este concepto propinas.
Según los antecedentes recopilados en Mamiña, por ejemplo, casi la totalidad de los niños y niñas señalan que “deben pastorear junto a sus llamas y alpacas porque es su responsabilidad y así se ha hecho siempre”, aunque a veces sienten mucho frío o calor producto del sol matinal y el viento, que suele herir sus manos, cara y pies. Otra actividad de esta zona es la crianza de conejos, y el cultivo de papas y quinua.
Estos niños también trabajan en hoteles prestando servicios de aseo y de mucamas, sobre todo los adolescentes de entre 15 años y más. No hay control de jornadas ni de contratos. Otros niños, a partir de los 10 años, suelen trabajar en la minería artesanal como es el “canteo de piedra” que presenta altos niveles de accidentes.
Ellos comentan que suelen ofrecerle mucho dinero si trasladan drogas por el desierto, algunos lo hacen a pie en noches de luna, o bien en transporte público cargando pequeñas cantidades desde pueblos cercanos a ciudades más grandes.
En la zona del territorio mapuche, en el sur de Chile, los niños señalaron que se ausentaban de la escuela cuando debían asumir todas las responsabilidades de la casa y del campo mientras los padres se ausentan "para un viaje a la ciudad, por salud, compra de víveres o trabajo", situación muy común en la Novena Región.
"Entre las tareas se encuentra la trozadura de leña con hacha, la que se puede realizar para uso de la calefacción familiar. En otros casos se hace con motosierras para vendérsela a terceros. Esta actividad puede ser también desarrollada a gran escala, por lo que algunos adolescentes de 10 a 12 años quedan expuestos a gran riesgo físico, y sólo a veces lo hacen acompañados de sus padres. Las niñas en el sur deben imitar a las mujeres de la zona mapuche en la crianza de aves, animales domésticos y cuidado de huertos", señala el informe.
Cabe señalar la mayor parte de las veces los niños trabajan para familiares que tienen terrenos más grandes o para terceros, generalmente, latifundistas. No siempre reciben pago por ello, pues a veces acompañan a sus padres y son ellos quienes perciben la paga diaria. Un ejemplo son los períodos de cosecha de papas donde suelen recibir de pago por 10 a 12 horas de trabajo unos US$ 2.50, en la costa de la IX Región de La Araucanía.
Otra situación que se da en el territorio mapuche es la incorporación masiva de los niños al trabajo de cosechas y siembras, "en especial de trigo, papas, avena, pasto para alimentar a los animales y la recolección del fruto de la araucaria –árbol típico de la zona cordillerana de la IX Región–. éstas son las llamadas “veranadas” que se extienden desde noviembre hasta fines de marzo", consigna el estudio.
Conclusiones
De acuerdo con la publicación la obligación de trabajar expone a muchos niños, niñas y adolescentes a graves riesgos de salud y los conduce a la deserción escolar, lo que contribuye a cerrar el círculo de pobreza y precariedad que envuelve a la población indígena y rural.
En relación con el tiempo que ocupan en "ayudar a la familia", un 86% de los niños indígenas trabaja entre cuatro y seis horas diarias. Así mismo, se constató también, que alrededor de un 10% de los niños indígenas debe trabajar a causa de la situación de pobreza que afecta a sus familias.
El libro señala, entre sus conclusiones, que los trabajos que realizan los niños, niñas y adolescentes son una “cruda realidad, poco conocida y visibilizada que coarta la posibilidad de terminar su escolaridad”. Dentro de este contexto, se destaca el valioso rol que tuvo el Colegio de Profesores de Chile el que, desde 1999, ha venido realizando esfuerzos por analizar y caracterizar la situación en que viven este grupo de infantes.
El dirigente del gremio Roberto Villagra precisó que “Chile es parte del Convenio Internacional de los Derechos del Niño, eso no puede quedar en el papel, es una tarea de los profesores, de las familias, pero principalmente es una tarea del Estado, y debe asumirlo con políticas reales que establezcan cambios significativos”.
Por su parte, el presidente (s) del Colegio, Darío Vásquez, señaló en entrevista con La Nación que “estos sectores que hacen patria, en la alta montaña, en las caletas olvidadas, no son parte de las preocupaciones cotidianas” enfatizando que es papel de los profesores avanzar en esta materia y proponer soluciones concretas y efectivas.
El autor es Periodista, luchador por la causa de su pueblo –razón por la que ha sido encarcelado–director del periódico mapuche Azkintuwe
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