Chile: La buena y la mala noticia
por Roberto Bardini (Argentina)
21 años atrás 3 min lectura
En las elecciones presidenciales del pasado 11 de diciembre, la representante del oficialismo de centroizquierda había obtenido casi el 46 por ciento de los votos. Piñera, dueño de la empresa aérea Lan Chile, un canal de televisión y una fortuna de más de mil millones de dólares, logró poco más del 25 por ciento de los sufragios.
Michelle Bachelet, de 54 años, es médica pediatra. Durante el mandato de Ricardo Lagos fue ministra de Salud y luego de Defensa. Su padre, el general de la Fuerza Aérea Chilena Alberto Bachelet, ex colaborador del presidente Salvador Allende, murió en 1974 a causa de las torturas a que fue sometido durante la dictadura de Pinochet.
La futura presidenta estuvo exiliada en Australia y Alemania, donde completó su formación profesional en tres universidades, y aprendió cinco idiomas.
La mala noticia es que Chile -que bajo los gobiernos de la Concertación tuvo un crecimiento económico promedio del 5,8 por ciento en la última década- presenta uno de los peores índices de distribución del ingreso del mundo. El 10 por ciento más rico gana quince veces más que el 10 por ciento más pobre. Las grandes ciudades exhiben prosperidad económica en determinados niveles, pero esa bonanza no ha llegado a la mayoría de sus habitantes.
El ingreso per cápita chileno es alto: seis mil dólares. Sin embargo, la desigualdad distributiva es tremenda. Muchísimo para muy pocos y muy poco, casi nada, para la mayor parte de la población. El dólar está a 520 pesos y el salario mínimo es de mil pesos; es decir, menos de dos dólares. La mitad de lo que cuesta un kilo de cobre.
Cuarenta por ciento de las grandes reservas mundiales de este metal se encuentran en territorio chileno. El país produce cerca de cinco millones de toneladas anuales, equivalentes a 36 por ciento de la producción mundial. Su explotación, manufactura y exportación representan casi 20 por ciento de su producto bruto, pero sólo una tercera parte genera royalties. Una parte va a las fuerzas armadas y otra parte ingresa a las arcas fiscales del Estado. El resto de los dos tercios no tributa y se lo llevan empresas extranjeras, dueñas de las minas gracias a la dictadura pinochetista.
Una aproximación al futuro del país sudamericano parece indicar que no hay demasiados motivos de optimismo. El profesor universitario y consultor de empresas chileno Máximo Kinast, con oficinas en Santiago, Lima y Barcelona, y más de 30 años de experiencia internacional, publicó recientemente una Carta Abierta a Michelle Bachelet, de la que se reproducen algunos párrafos:
“Sinceramente prefiero que sea usted la próxima presidenta de Chile. No es que crea que usted es una persona estupenda, bien capacitada, honesta y deseosa de solucionar los problemas que afectan al pueblo de Chile, o sea, de esos chilenos que están bajo el nivel de parar la olla, pa” entendernos.
“No, sinceramente, no espero mucho de usted. En tantos años, la Concertación sólo ha apoyado a los ricos. Bueno, a los muy ricos. Los demás, seguimos jodidos. No es creíble que usted en los primeros tres meses vaya a aplicar más de 30 medidas que [Patricio] Aylwin, [Eduardo] Frei y [Ricardo] Lagos han dejado pasar, pudiendo haberlo hecho”.
La conclusión de Kinast es de un absoluto escepticismo: “Chile seguirá siendo una plutocracia, los milicos seguirán impunes y usufructuando del sueldo de Chile, los ricos serán más ricos y los pobres más pobres”. Quizá hasta el propio autor de la carta desea equivocarse en su pronóstico. El pueblo chileno merece un destino mejor.
BAMBU PRESS
El autor es periodista Argentino
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