Carabineros y los DDHH

Las clases de derechos humanos son tan ineficientes como las de ética, dirigida a los empresarios que delinquen, (véase dueños de Penta). La institución de Carabineros, creada por un dictador, Carlos Ibáñez del Campo, apodado el “El Paco Ibáñez”, también el “Cara de alicate” y el “caballo”. Carabineros, en vez de desempañarse como policía, viene haciéndolo como rama de las Fuerzas Armadas.

Durante la dictadura de Pinochet los carabineros tuvieron el record de atropello a los derechos humanos, (sólo aventajado por la DINA y, después, por la CNI). En el caso de los degollados, los profesores Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, la mayoría achacaba el brutal y despiadado crimen a la CNI y, por primera vez, desde el inicio de la dictadura se nombró un ministro en visita para investigar este caso que conmocionó a la opinión pública, y que recayó en el juez José Cánovas Robles quien, rápidamente, descubrió que los asesinos de los tres profesionales pertenecían a la DICOMCAR, (Dirección de Comunicaciones de Carabineros), cuyo asesor civil era Luis Estay Reina, “el Fanta”, un traidor que había sido miembro de seguridad del Partido Comunista quien, una vez detenido, se pasó al enemigo.

“El Fanta” fue tan eficiente en carabineros que seleccionaba a los dirigentes del Partido Comunista que luego eran secuestrados, torturados, asesinados y lanzados al mar. En el rapto de Guerrero y Parada, (profesor y apoderado respectivamente, del Colegio Latinoamericano de Integración) fue una verdadera operación a plena luz del día. El profesor Leopoldo Muñoz, que se atrevió a defender a sus colegas, fue herido por los captores de los dos profesores.

Diez años después de acaecidos los horrendos crímenes la justicia falló y condenó a prisión perpetua a los carabineros involucrados en el degollamiento, además de un civil, “el Fanta”.

César Mendoza, (alias “el Mendocita” o mejor, “el general rastrero” como lo llamó el Presidente Salvador Allende, se vio obligado a renunciar a su cargo de Director General de Carabineros, (1985), ante la vergüenza por los crímenes cometidos por la institución a su mando.

César Mendoza era un tipo vulgar, que sólo servía para el deporte ecuestre. Las frases que pronunciaba ante los periodistas eran, francamente, imbéciles.  Cuando fue interrogado por la Prensa con respecto a los tres degollados comunistas, declaró que se habían matado entre ellos. Al conocerse el fallo que acusaba a los carabineros de su autoría, declaró que “se estaba desgranando el choclo”.

Había que nombrar a un reemplazante en la Dirección de Carabineros, como también en la Junta Militar, ante la renuncia de Mendoza, que recayó en el general Rodolfo Stange quien, en el fallo del Ministro Milton Juica, aparecía como obstruyendo la justicia.

En esa época, en la Constitución de 1980, los Generales en Jefe de las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas no podían ser llamados a retiro por el Presidente de la República. Cuando Eduardo Frei Ruiz-Tagle intentó pedir la dimisión de Stange, se negó a entregarla, alegando su derecho constitucional a mantenerse en el cargo hasta el final de su período.

Los distintos ministros de Defensa de la transición “transaccional” a la democracia no han sido más que edecanes de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas quienes, en un pacto tácito, sabían que podían hacer lo que quisieran ante personajes pusilánimes y asustadizos y que temían contrariar a sus “jefes”, poseedores de las armas para hacer un nuevo golpe de Estado, sin contar a personajes obsecuentes, entre ellos Edmundo Pérez Yoma, (amigo personal del tirano Pinochet, que compartía chistes de subido color con el militarote); Jaime Ravinet, ex democratacristiano, (hoy derechista confeso y defensor de las brutalidades de algunos militares).

Ninguno de los gobiernos de la transición ha demostrado la valentía y la capacidad llevar a cabo una reforma integral de Carabineros, que vuelva a convertirlos en una policía respetada por la ciudadanía. Carabineros no tiene por qué pertenecer a la UDI y, mucho menos, tomar partido en los distintos conflictos políticos.

Es cierto que en el concierto internacional las policías de los distintos países están bastante desprestigiadas: baste, por vía de ejemplo, analizar el actuar de la policía francesa, que ostenta un récord actual de violación a los derechos humanos, con un importante número de ciudadanos heridos y privados de la visión; otro caso a mencionar es el de Estados Unidos, donde se suceden los crímenes racistas contra los afroamericanos principalmente.

El General Director actual de Carabineros, Mario Rosas, dio una cachetada a los demócratas chilenos por el intento de colocar el nombre de “Rodolfo Stange” a la Escuela de Ciencias Policiales. Es difícil explicarse cómo el ministro del Interior, (a quien se supone “talento” político), haya dejado pasar semejante desatino, (salvo que lo mantengan desinformado, lo que equivaldría a un serio abandono de sus deberes).

Si Chile no fuera “Tontilandia”, y los poderes del Estados estuvieran tan desprestigiados, una lógica mínima exigiría que la responsabilidad de las acciones, errores u omisiones recayeran en la autoridad superior.  En el caso de la Seguridad Interior, el Presidente de la República, el ministro del Interior, el subsecretario y el ministro de Defensa, están por encima de los Comandantes de Jefe de las Fuerzas Armadas y Carabineros, quienes están subordinados al poder civil, (a partir de la reforma del gobierno de Ricardo Lagos, 2005, en que los Comandantes en Jefe son nombrados y removidos por el Presidente de la República).

Chile es “La Icaria”, la anarquía: siempre termina asumiendo la responsabilidad el empleado de la más baja graduación en la Administración Pública, pero los verdaderos culpables zafan como pez en el agua.

23/08/2020

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