España elecciones: ¿Seguirá el tío Camuñas esquilando ovejas hasta el 2020?

La amenaza de Mariano Rajoy de gobernar hasta el 2020 (punto de inflexión en la ciencia ficción) tiene su contrapunto en la inmensa alegría que recibirá el pobre Justino[1] –individuo virtual que concentra los sueños de los españoles- cuando un maniquí fabricado por él, le entregue el Premio Gordo de Navidad, que le sacará  de la miseria y de la puta clase obrera a la que pertenece.

Encuentro un extraño parecido entre Mariano y Justino. Ambos me producen una enorme sensación de desamparo en estos tiempos de crisis, farsas y paro sin reparo. ¿Podría ser Justino el sucesor de Rajoy en la Moncloa? Si gana la lotería, como dice la televisión, se le pasará la depresión, podría lanzarse a la carrera política y conquistar el poder con un empujoncito del azar.

La degradación de la vida política nos hace pensar en que todo es posible: Lo mismo puede gobernarnos un muñeco (tipo Justino, accionado con un mando a distancia) que un desamparado (tipo Rajoy) que ha compensado sus déficits apolíneos y dionisiacos con una envidiable superación de si mismo (tipo el superhombre de Nietzsche), para vengarse de los que no apostaban por él ni la sombra de un hoyo.

Ahora, “vencidos todos los obstáculos”, Rajoy ha dejado atrás a la momia de Aznar y de rebote, a Ana Botella; “se ha desmarcado” de Rato; anda tan rápido como David Cameron; y confiesa que adora pasear junto a las riberas de una corriente fluvial de su amada Galicia. Lo mismo hacía Platón con sus discípulos a las orillas del río Illissós.

También, para demostrarnos que es muy jovial -ahora se llevan zapatillas deportivas en la cuna y en el ataúd-, y que puede emular a la Reina de Inglaterra,  ha confesado que tiene un padre de 94 años, dando a entender que podría estar protegiéndonos hasta el 2050, como mínimo, y que podría inaugurar el primer vuelo de Iberia de Lugo a la Luna.

Es cierto que Rajoy está perdiendo los complejos y la timidez que tenía al principio, incluso ha empezado a brillar aprovechando los rayos del sol de Soraya Santamaría. Ahora se atreve a desnudarse en público y a sorprendernos y a asustarnos, según se mire, con su cercanía. Ha pasado de bailar solo como un fauno, en los bosques gallegos, a demostrar que es un maestro del tango abrazando a la gente a diestro y siniestro.

Su mensaje victorioso no es su programa político, ni su paquete de leyes, ni su visión de futuro. Lo que le convierte en caballo ganador es su habilidad de prestidigitador: el haber convencido a buena parte de los españoles (entre los que se encuentran los jubilados de su pueblo y los que cuecen el bacalao) de que “si toman el poder sus enemigos, el país se hundirá en el Hades”.

Rajoy, -que despierta furor entre las octogenarias, según la periodista que rastrea sus huellas, Cristina Pardo-, insiste en su oráculo de que “todos los logros” que se han conseguido en los últimos cuatro años caerán en saco roto si regresamos a los tiempos de Zapatero, el hombre que hizo los zapatos a ojo y destrozó los pies –y los bolsos y bolsillos-, de casi todos los españoles y españolas que cayeron bajo su hechizo.

En esta campaña hemos descubierto que Rajoy está marcado por el SMS de “Luis, sé fuerte”; que Albert Rivera, (Ciudadanos), se está convirtiendo en un irresistible imán para las huestes del PP que huelen la debacle; que Pablo Iglesias (PODEMOS) se está recuperando de la pájara y vuelve a remontar la corriente; que Garzón (Izquierda Unida) está siendo marginado, y que Pedro Sánchez (PSOE) que entró en la política con aires de George Clooney, podría acabar en Bruselas jugando al dominó con Almunia.

Respecto a Más y a la independencia de Cataluña, ya dijo la política y periodista Pilar Rahola que: lo que empezó como un levantamiento épico podría acabar en el esperpento.

Después del debate del 7D, en el que resultó claro ganador Pablo Iglesias, los dados están en el aire. Ahora nos queda el combate, el lunes, entre un Pedro Sánchez tocado y un Mariano Rajoy que, aunque pierda, siempre podrá acudir a Justino para que le saque las castañas del fuego.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para decirnos que pronto nacerá el Niño Dios. Que los ricos le regalen –ya sean españoles o catalanes- un abriguito de visón. Y los pobres – ya sean cristianos o paganos-, un traguito de vino tetrabrik. Pero sobretodo, “amaos los Hunos sobre los Otros”.

Notas:

[1] Muñeco televisivo que este año gana el Gordo de Navidad.

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