De la Revolución de Independencia al ejercicio del Poder Constituyente

Viernes 22 de agosto de 2014

[El Procés Constituent –el movimiento sociopolítico que propugna la apertura de un proceso constituyente en Catalunya– acogió los pasados 19 y 20 de julio en Barcelona el V Congreso Internacional del Poder Constituyente. Acudieron ponentes de muy diversos países, desde Chile hasta Islandia, desde Grecia hasta EE UU, para exponer sus puntos de vista sobre la necesidad de un cambio de régimen, no solo político, sino también económico y social, frente al poder cada vez más concentrado en manos de una exigua minoría de grandes capitalistas y explicar sus experiencias recientes en este terreno. Publicamos a continuación la ponencia de Matías Sagredo, coordinador de la Red de Estudiantes de Chile por la Asamblea Constituyente (2006-2012) y actualmente portavoz del Movimiento por la Asamblea Constituyente.]

Hace 500 años atrás la corona del Reino Castilla invadió América. Llegaron los Corteses y los Pizarros, con sus balas, su viruela y su Inquisición. La enfermiza ambición de la Corona los llevó a destruir todo a su paso sin mirar a quién asesinaban ni qué milenarias civilizaciones desaparecían. Su egoísmo absolutista debía ser aplicado a toda costa y bajo los medios que fueran necesarios para obtener los recursos que hicieran más poderoso su imperio… Trescientos años de ignominia finalizaron con la rebelión de sus colonias.

Como americanos declaramos nuestra Independencia y comenzamos a forjar nuestro destino de la mano de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, O´Higgins, San Martín y otros. Sin embargo, las oligarquías criollas dueñas de la tierra, desterraron a nuestros libertadores y reemplazaron la tiranía del Rey por el despotismo del dinero. Pasó el tiempo y muchas acciones heroicas intentaron establecer la justicia en nuestras sociedades aún enfermas por las castas y privilegios sociales.

Pasaron 200 años y finalmente América vuelve a levantarse. Hastiada de abusos, llegó la hora de consolidar nuestra independencia, esta vez no sólo de un monarca, sino también de quienes gobiernan en las sombras como poderes económicos sin rostro que no respetan los estados ni las naciones, que imponen al mundo sus recetas económicas y se disfrazan de democracias.

El derecho de nuestros pueblos a decidir su destino y definir de manera autónoma cómo avanzar hacia el Bien Común, es lo que defendemos hoy. Los ciudadanos americanos, como dueños del poder constituyente, estamos haciendo nuestro propio camino. Venezuela dio el valiente paso y le siguieron Ecuador y Bolivia. Otros nos preparamos para dar también cumplimiento a las sabias palabras de aquel maestro de las Repúblicas Americanas, don Simón Rodríguez, quien dijera como un sol radiante y premonitor: “La América es original = originales han de ser sus instituciones y su gobierno y originales sus medios para fundar uno y otro. O inventamos o erramos”/1. Esta frase quedaría dormida allá por 1830, cuando moría Bolívar y se instalaba el egoísmo oligárquico en la mayoría de los países de nuestro continente.

Chile doscientos años después

Así como en 1830 en Chile pasamos por la transición de la monarquía castellana a la oligarquía criolla, en 1990 pasamos de la tiranía de un dictador –curiosamente el mayor admirador de Francisco Franco– a la dominación de una plutocracia subordinada a las órdenes del imperio económico transnacional que nos gobierna hasta el día de hoy. Después de un largo periodo de 17 años de Dictadura, en 1989 comenzó la llamada “transición a la democracia”, la cual estuvo marcada por nuevos engaños que dejarían amarrada nuestra institucionalidad para que nunca pudiese ser cambiada conservando los privilegios de los grandes poderes económicos. Dilucidar cómo fue instalada la actual institucionalidad en Chile con su modelo económico de injusticia y desigualdad y por qué resulta necesario una Asamblea Constituyente, son temas que ameritan varios tomos de investigación y análisis; sin embargo aquí relataremos lo que consideramos resulta medular para comprender los mayores fraudes en la génesis de nuestra mal llamada constitución y en las futuras reformas que se le hagan.

El Pacto Secreto entre la Concertación de Partidos por la Democracia y Pinochet

El año 1980, la dictadura militar en Chile impuso una Constitución Política mediante un plebiscito ilegítimo y fraudulento. En seguida las fuerzas sociales y políticas que luchaban contra el régimen manifestaron su opinión unánime de que se trataba de una Constitución ilegítima y que “una vez retornada la democracia se debía convocar a una Asamblea Constituyente”/2; así lo señaló en el único acto público autorizado por el Régimen el mismo Eduardo Frei Montalva, líder de la Democracia Cristiana y ex presidente de la República. Todo el movimiento anti dictadura estaba de acuerdo en este punto común: la necesidad de una Asamblea Constituyente.

Sin embargo nueve años después, tanto el régimen militar como la Concertación de Partidos por la Democracia, se pusieron de acuerdo llamando a votar SÍ, de manera conjunta, en un referéndum el día 30 de Julio de 1989 con el objetivo de aprobar cincuenta y cuatro reformas a la constitución de 1980. Estas modificaciones terminarían legitimando la constitución de Pinochet y empeorando su contenido. Las reformas que votaría la población harían más rígido el sistema -e incambiable durante las próximas décadas- consolidando y blindando el modelo económico dejado por la dictadura. Sin embargo nada de esto se informó a los votantes, centrando el discurso del bando democrático en la derogación del artículo 8° que hasta entonces prohibía el marxismo.

Personajes que se harían importantes en la llamada “transición a la democracia en Chile” fueron los promotores de este pacto: el ex presidente Patricio Aylwin, el ex presidente Ricardo Lagos, el ex ministro de la presidenta Bachelet José A. Viera Gallo, el hoy asesor de gobierno y lobista de las empresas transnacionales Enrique Correa y el ideólogo de la Concertación Edgardo Boeninger, entre otros. La mayoría de ellos con influencia decisiva en la actual coalición de gobierno. La cúpula de la Concertación sabía lo que significaban las reformas, pero no informaron a la ciudadanía ni a sus bases militantes de este retroceso histórico que significó el haberse puesto de acuerdo, a espaldas de los ciudadanos en un verdadero pacto secreto, amarrándonos por siempre a un sistema económico injusto y monopolizante.

La dictadura, bajo presión de Estados Unidos –y los mismos poderes fácticos que respaldaron el Golpe de Estado de 1973–, aceptó dejar de gobernar. A su vez la Concertación aceptó gobernar sin el poder de cambiar nada y con la obligación de subordinarse por las próximas décadas a la Constitución de 1980, a los dictados de EEUU y a los organismos financieros internacionales –FMI, Banco Mundial y otros– que se dedican a presionar a los Estados para que faciliten el camino institucional a las operaciones financieras de las empresas trasnacionales. ¿Era el verdadero deseo de los chilenos sacar del Palacio de Gobierno a un general con uniforme para que otros cumplieran las directrices dejadas por él? ¿Existió realmente la Transición? Claro que no. Nunca ha habido transición en Chile, todo lo contrario, desde 1990 en adelante ha sido, como dijo el mismo Pinochet en octubre de 1988, un avance progresivo en la “aplicación del ideario e itinerario constitucional trazado”. Las reformas de 1989 solo aseguraron que esto se cumpliera a cabalidad. Cabe preguntarse ¿por qué no existen actas de las reuniones de preparación de las 54 reformas entre la Concertación y el gabinete de Pinochet?

La Concertación nos dijo a todos que con ese referéndum se iniciaba la transición hacia la democracia plena, que los cambios permitirían otros cambios mayores. Entonces, ¿por qué aceptaron aumentar los quórum a 4/7 y hasta 2/3 para cualquier cambio constitucional? ¿Por qué constitucionalizaron el sistema binominal? ¿Por qué eliminaron el derecho a plebiscito que sí estaba antes de 1989? Gran parte de los senadores y diputados concertacionistas, con los que Bachelet pretende avanzar hacia una Nueva Constitución, participaron de este engaño y actualmente buscan impedir nuevamente la convocatoria a una Asamblea Constituyente. En las campañas publicitaria a favor del Plebiscito de 1989 se ve claramente como ambos bandos llamaron a votar SI pero con argumentos diferentes. El gobierno militar predicó que esto serviría para “perfeccionar el modelo instalado por nosotros”. Mientras que la Concertación también llamó a votar SI, pero según ellos para “iniciar la transición”. ¿Cómo se explica esto, qué sentido tiene? Algunas declaraciones de la época pueden ayudar a entenderlo.

Augusto Pinochet declaró en la cadena nacional de televisión que las elecciones presidenciales posteriores a su mandato eran “tan solo la elección de la persona que debería conducir al país hacia la aplicación plena de la carta fundamental” pues “no está en juego el ideario ni el itinerario constitucional trazado”/3.

Jaime Guzmán, el ideólogo de la dictadura, también lo señaló previamente al decir que “esta constitución está hecha para que, no importa quién gobierne, se vea constreñido a tomar una acción no tan distinta de lo que nosotros haríamos”/4.

Edgardo Boeninger, principal ideólogo de la Concertación, terminó por aclarar años después, con claridad total, que el objetivo de las negociaciones con el Gobierno de Pinochet era “reconocer la legitimidad de la Constitución”, puesto que de no ser así “el Gobierno de Aylwin enfrentaba la oscura perspectiva de desangrarse en una difícil lucha por una Asamblea Constituyente”/5.

Ese fue el verdadero nacimiento de la democracia chilena. El origen de nuestra institucionalidad antidemocrática explica la actual situación de injusticia e indignación acumulada por más de dos décadas de nuestro pueblo. Sin embargo estas verdades son desconocidas aún para la mayoría de los chilenos.

La demanda de Asamblea Constituyente y los actuales intentos por impedirla

La demanda de una Asamblea Constituyente ha ido creciendo en Chile con mayor fuerza desde el año 2007, en que se da forma al Movimiento por la Asamblea Constituyente que se ha encargado de demostrar su necesidad urgente, impulsando en todo el país la organización y movilización social en torno a esta demanda. Desde entonces hasta hoy se ha avanzado al punto de que existen cientos de movimientos locales que luchan por una Constituyente y la gran mayoría de las personas están de acuerdo en darnos una nueva constitución mediante este mecanismo. Y por esto, lo poderes económicos y políticos conservadores, han ido implementando distintas estrategias para invisibilizar, demonizar, amedrentar y tergiversar la lucha por un Proceso Constituyente, llegando actualmente al intento desesperado de engañar a la población con promesas de una nueva constitución mediante el Congreso Nacional y de un proceso constituyente participativo. Sin embargo veremos cómo esto nos es más que un engaño.

Fue en octubre de 2013, con la publicación del Programa oficial de Gobierno/6, cuando quedó en evidencia que la coalición de Bachelet intentaría impedir la Asamblea Constituyente. Después de que asumieran el mando lo confirmaron al declarar que redactarían durante el segundo semestre de 2014 la “nueva constitución” en el Congreso a partir de un proyecto de ley de “reforma total”/7. Sin embargo, han aplazado este debate para el año 2015/8. La Presidenta dice que se hará mediante un “proceso participativo”; sin embargo no informan a los ciudadanos que la participación real no es viable sin Asamblea Constituyente. Dicen que se precisa una nueva constitución para hacer los cambios que Chile necesita, pero las reformas constitucionales más importantes prometidas por ellos las están desarrollando hoy a través del Congreso: ¿cómo se explica esto? ¿por qué quieren que el Congreso haga las reformas antes de redactar la nueva constitución? Pues porque no habrá nueva Constitución.

La última propuesta dada a conocer es la enviada al gobierno por los presidentes de las Comisiones de Constitución del Congreso, la que apunta explícitamente a reemplazar la idea de una Asamblea Constituyente por la realización de “Cabildos abiertos” en cada región que permitan la participación ciudadana, pero manteniendo el poder de decisión en el parlamento. En palabras de los congresistas, la opinión de la ciudadanía sería solo un “insumo” para la discusión de las reformas al interior del Congreso/9.

El proceso participativo del que habla el gobierno ES FALSO. Pues todo método que inventen para que se “escuche la opinión ciudadana” –como dicen ellos– no tiene viabilidad real. Todo lo que no sea Asamblea Constituyente está condenado al fracaso al tener la obligación de conseguir los dos tercios de los votos del congreso para cualquier proyecto de cambio constitucional, por ende requieren negociar con quienes nunca han querido cambios profundos. Los dos tercios son inalcanzables debido al sistema electoral binominal de elecciones legislativas/10 –elaborado por la dictadura y mantenido por los gobiernos de transición democrática– el cual asegura un duopolio legislativo de dos grandes coaliciones políticas, las que poseen el 50% y 50% de los escaños, unos ultraconservadores y los otros en su mayoría defensores del modelo económico neoliberal que nos gobierna. Este sistema parlamentario se encarga de impedir que ninguno de los dos grupos obtenga la mayoría de escaños suficiente para realizar reformas profundas, dentro de lo cual se incluye la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Es decir el sistema legislativo en Chile está hecho de tal manera que nunca se pueda cambiar nada.

Recientemente se ha logrado la conformación de una bancada constituyente, compuesta por algunos parlamentarios que apoyan la idea. La bancada aboga por lograr una mayoría parlamentaria que impulse la reforma constitucional que permita llamar a la constituyente. Sin embargo, el quórum es inalcanzable no solo por el binominal, sino también porque el Congreso en gran parte está dominado por la influencia de los poderes económicos trasnacionales, quienes financian sus campañas electorales. Para lograr lo dos tercios necesarios que exigen las reformas constitucionales, no solo tendrían que romper el binominal, sino también convencer a los diputados y senadores de que abandonen sus privilegios y se enfrenten a quienes los auspician y protegen desde las grandes empresas nacionales y trasnacionales. Es por esta razón que no resulta posible que con solo permitir que los movimientos sociales expresen su opinión a los congresistas, éstos decidan incluir las demandas ciudadanas en la nueva constitución y enfrentarse a los poderes que los financian.

Durante meses Bachelet ha intentado mantener un aire de expectativa respecto a que ella impulsará un proceso democrático de cambio a la constitución. Sin embargo el “Programa oficial de Gobierno” deja en evidencia aberraciones del tamaño de las cometidas por la Junta Militar. En la primera edición de la Constitución Política de 1980 se podía leer en el preámbulo algo entendible para un gobierno golpista y autocrático: “La Junta Militar asumiendo su POTESTAD CONSTITUYENTE decreta…”/11 Resumiendo en una frase que Pinochet, Merino, Mathei y Mendoza se auto-arrogaban el Poder Constituyente, cuyo único depositario original es el pueblo. La Concertación –hoy llamada Nueva Mayoría– ahora nos dice lo mismo en su programa, pues solo reconocerán la “La POTESTAD Constituyente DERIVADA que reside en el Congreso Nacional”/12 auto-arrogándose el Parlamento un poder que no posee ni le corresponde, como poder constituido y no constituyente.

El Poder Constituyente ES el pueblo con todos sus ciudadanos. Cuando nuestro gobierno dice que la nueva constitución solo puede hacerse mediante “una vía institucional”, refiriéndose al Congreso, están acudiendo a un eufemismo, pues todas las constituciones que se han hecho en Chile y prácticamente en toda Latinoamérica se redactaron sin ceñirse a los mecanismos restringidos en las constituciones anteriores. El poder constituyente originario está por y sobre la Constitución y las leyes/13.

Lo que pretende hacer Michelle Bachelet es algo similar al Pacto de 1989. Pacto que, en palabras confesas de Sergio Díez/14, ex presidente del Senado y asesor directo de Pinochet, significó un “Acuerdo Nacional” para “impedir que el pueblo convocara a una Asamblea Constituyente”, imposibilitando así que decidiéramos democráticamente nuestro destino. Al igual que en ese entonces, hoy se pretende asegurar que la nueva Constitución emane de la negociación entre Alianza y Concertación en un nuevo “Acuerdo Nacional” que haga cambios a la Constitución desde el Congreso, pero asegurando que la estructura principal del sistema se mantenga intacta.

Una Asamblea Constituyente no puede ser impedida por los poderes constituidos (legislativo, judicial, ejecutivo) ni fácticos. Es la soberanía popular, el poder supremo de toda nación, la que determina la continuidad o transformación de la institucionalidad. Y esto no es exclusivo de grandes crisis ni catástrofes económicas, no es el salvavidas de los países descarriados que se ahogan en la violencia incontrolable. No. La Asamblea Constituyente es UN DERECHO UNIVERSAL inherente de todos los pueblos del mundo por su sola calidad de pueblos soberanos/15. Es una idea tan vieja como el hilo negro, pero tan vigente que nos hemos reunido hoy en este Congreso.

El Gobierno actual en Chile, sin que nos demos cuenta, podría enterrar a los chilenos por 20 años más en un modelo “renovadamente” igual que el anterior, con superficiales arreglos, pero sin modificar la estructura económica de desigualdad y subordinación al poder financiero trasnacional que nos sigue llevando directo al abismo. Poder económico que gobernó durante los 20 años post dictadura y que seguirá gobernando a través del congreso, utilizando a NUESTRO ESTADO como su “guardián del tesoro”, para seguir llevándose a manos llenas nuestras riquezas: la minería, la pesca, la agricultura, el agua, los fondos de pensiones, las aseguradoras de salud y toda fuente de lucro desmedido que se les ocurra.

Esto mismo ya ocurrió en países hermanos como Ecuador en 1998 e Islandia recientemente, en que la maquinación de los procesos constituyentes hizo que los grandes cambios estructurales que hacían falta no fueran incluidos en las nuevas Constituciones. Sin embargo a lo único que conllevan esos engaños es a la mayor indignación y a desencadenar posibles explosiones sociales. Nuestro Gobierno hará algo similar y lo hará sin asco. A menos que como ciudadanos lo impidamos uniéndonos para ejercer nuestro Poder Constituyente Originario y avanzar a un verdadero PROCESO CONSTITUYENTE, sin la partidocracia duopólica, sin el intervencionismo de los poderes económicos nacionales ni mundiales que ya tomaron su decisión desde antes de las elecciones presidenciales, cuando el representante nacional del mundo empresarial dijo: “nos preocupa eso de la Asamblea Constituyente” y “vamos a rayar la Cancha” (Presidente de la SOFOFA, octubre 2013)/16.

Y es que esto no es nuevo. Si los rayados de cancha a la ex candidata presidencial los hicieron en reuniones secretas a puertas cerradas con los grupos económicos, es porque obedece a la lógica de funcionamiento de las cúpulas de la concertación que mantienen un verdadero PACTO SECRETO con los poderes fácticos de nuestro país y mundiales; haciéndoles favores, redactando leyes que les convienen y recibiendo premios por su condescendencia con ellos. Empresas monopólicas nacionales e internacionales financian sus campañas políticas y les aseguran también un buen futuro laboral para cuando se retiren del “servicio público”. Ministros y parlamentarios obedientes son traspasados directamente a ejercer cargos importantes en las grandes empresas y hasta a formar parte de los directorios de grandes poderes como Banmédica, El Mercurio, Paz Ciudadana, Hidroaysén, Mineras, Pesqueras, Fondos de Pensiones, etc. En definitiva cuando se portan bien reciben su recompensa de parte de Luksic, Angelini, Matte, Paulmann, Edwards, Said, ENDESA, CityBank, Barrick. El mejor ejemplo ocurre en septiembre de 2009 en Nueva York, en una cena presidida por el magnate mundial David Rockefeller en el Council of the Américas, patrocinada por Chevrón y Barrick Gold, donde el organismo condecoró con la Insignia de Oro a la aun presidenta Michelle Bachelet por “su labor” que tanto los benefició; el próximo premio sería el cargo de Presidenta de ONU mujer… ahora es nuevamente nuestra presidenta/17. Similar experiencia vivió el ex presidente Ricardo Lagos, condecorado por David Rockefeller y luego recibiendo un cargo en la ONU. Si todo esto no es corrupción ¿ENTONCES QUÉ ES?

Hoy Bachelet sigue midiendo sus palabras para no enojar a los magnates y a la vez no perder adhesión ciudadana: “no se descarta una Asamblea Constituyente”, dice cada cierto tiempo, sin embargo censura a sus propios cuadros políticos quitando la vocería a quienes hablan de Constituyente y dándosela a otros más conservadores y obedientes; Fernando Atria, abogado constitucionalista defensor de una Asamblea Constituyente, fue reemplazado por el Francisco Zúñiga en la dirección del equipo constitucional del comando electoral de 2013 y actualmente José Antonio Gómez, Ministro de Justicia y defensor de una Asamblea Constituyente, ha sido reemplazado por Ximena Rincón en la vocería presidencial sobre la reforma constitucional prometida en el Programa de Gobierno.

Finalmente cabe preguntarse ¿por qué tanto miedo al proceso constituyente con amplia participación real de la ciudadanía? ¿por qué olvidaron este compromiso unánime que hasta el partido de Bachelet asumió en los años 80, al igual que la totalidad de las agrupaciones que lucharon contra la Dictadura? Pues porque no pueden hacerlo de otra manera. La corrupción es evidente. Nuestro sistema político está en todo su significado ¡PUTREFACTO! Simplemente nos queda como ciudadanos decir la verdad, decirla y seguirla diciendo. Luchar por nuestro derecho irrenunciable a una Asamblea Constituyente e IMPEDIR A TODA COSTA QUE NOS ROBEN NUESTRO PODER SOBERANO. Simplemente pedimos lo que es justo, lo que forma parte del ideario original de nuestra República. Lo que nuestro padre libertador, O´Higgins, definió como la única manera de tener una Constitución legítima: eligiendo un “Cuerpo Constituyente” con “diputados de todos los pueblos” electos democráticamente, que se encarguen de redactar el proyecto de Constitución que debe ser “aprobado o rechazado por la voluntad general” mediante plebiscito/18. Para quienes dicen que somos unos “locos extremistas” o “fumadores de opio” la respuesta es clara: no saben lo que están hablando o quieren embaucarnos.

Querer ejercer el poder constituyente originario para convocar a una Asamblea Constituyente es simplemente aplicar los principios básicos del constitucionalismo. Decidir entre todos el modo de organizarnos para avanzar hacia el bien común y la protección de la naturaleza, por sobre los intereses de los poderes económicos, es ejercer nuestro deber como CIUDADANOS.

No tenemos otra alternativa, solo la Asamblea Constituyente puede devolverle al país la democracia –aun secuestrada–, la soberanía y la cordura, pues la dictadura sigue intacta y quienes gobiernen sin impulsar el proceso constituyente estarán trabajando para los poderes que gobiernan tras la cortina, esos de los que habló Allende ante las Naciones Unidas. La transición recién comienza con la Constituyente.

Basta de Pactos Secretos, basta de Moncloas y recetas económicas: ¡abolición del Pacto del 89! Queremos decidir, por nuestra propia voluntad, el destino de nuestras naciones.

*Fuente: Ventosur

Notas

1/ Don Simón Rodríguez, Maestro de América ayer y hoy (Rubilar. L, 2007). UMCE. Santiago. Don Simón Rodríguez, llamado el Sócrates de América por Simón Bolívar, recorrió toda América y Europa para forjar su ideario Pedagógico y Republicano. Residió en Chile siete años entre 1835 y 1842 aplicando sus preceptos y publicando sus más destacados libros.

2/ El 27 de agosto de 1980 se realizó un acto de oposición a la Dictadura en el Teatro Caupolicán en la ciudad de Santiago, encabezado por el ex presidente y líder de la Falange, futura Democracia Cristiana, Eduardo Frei Montalva. Pese a que Frei no se opuso con firmeza al Golpe de Estado, sí se opuso a la Constitución de 1980 y proclamó la necesidad de una Asamblea Constituyente.

3/ Discurso dado por Augusto Pinochet en cadena nacional de televisión luego de ratificada su derrota en el Plebiscito de octubre de 1988.

4/ “El camino político”, en Realidad, vol. 4, 1979, p. 19.

5/ En su libro “Democracia en Chile, lecciones para la gobernabilidad” señala que las reformas de 1989 tenían como objetivo impedir que Aylwin se viera obligado por la presión social a convocar a una Asamblea Constituyente.

6/ Programa de Gobierno de la Nueva Mayoría, publicado el 28 de octubre de 2013.

7/ Así lo señaló el jefe del equipo constitucional de la Presidenta, el abogado Francisco Zúñiga, el 21 de diciembre de 2013 al diario La Tercera. También aclaró que priorizarían “el alumbramiento de la nueva constitución mediante el poder constituyente derivado”, lo que corresponde textualmente a lo señalado por el Programa de Gobierno.

8/ En el discurso del 21 de mayo la presidenta señala que pospondrá el envío del proyecto de reforma para el 2015.

9/ Felipe Harboe, presidente de la Comisión de Constitución del Senado, y Ricardo Rincón, presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, presentaron al gobierno la iniciativa de realizar cabildos abiertos en todo el país para preguntar a la ciudadanía su opinión respecto a la nueva constitución que ha de aprobar el congreso, opiniones que servirían de “insumos” para la nueva carta magna. Ambos parlamentarios han sido firmes opositores a una Asamblea Constituyente.

10/ Sistema basado en la reforma electoral de Polonia a inicios de los años 80. La Dictadura seleccionó este modelo porque aseguraba que las nuevas fuerzas políticas que surgieran después de retornada la democracia nunca pudieran obtener los quórums suficientes para realizar cambios, es decir, que los partidos de derecha siempre tuvieran la opción de vetar los cambios profundos a la Constitución.

11/ Constitución Política del Estado, 1980.

12/ Página 35 del Programa de Gobierno de la Nueva Mayoría, publicado el 28 de octubre de 2013.

13/ Miguel Antonio Bernal, Panamá, Doctor en Constitucionalismo: “¿Qué es una Asamblea Constituyente?”

14/ Entrevista en video hecha por la Biblioteca del Congreso Nacional a Sergio Diez Urzúa, titulada “Plebiscito de 1988, Defensa de la Constitución de 1980”.

15/ 1°, 2°, 3° y 4° versión del Congreso Internacional: Asamblea Constituyente, una vía para enfrentar la crisis mundial. Conclusiones.

16/ Hermann von Mühlenbrock, Presidente de la SOFOFA, previo a estas declaraciones se reunió a puerta cerrada con Bachelet el 20 de agosto de 2013 para plantear sus “preocupaciones” como sector empresarial.

17/ Ricardo Lagos también fue condecorado por David Rockefeller por su “labor” presidencial y posteriormente recibió el cargo de Enviado Especial para el Cambio Climático de la ONU.

18/ Preámbulo de la Constitución Provisoria de 1818: El Director Supremo reconoce que el proyecto redactado por una comisión nombrada no puede considerarse una Constitución y que solo un Cuerpo constituyente electo para ese fin puede redactar una verdadera Constitución. Reconoce también que los proyectos deben ser sometidos al escrutinio de la voluntad de todos los ciudadanos.

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