Ezzati y Piñera, un solo corazón

Semejante a un coro de ángeles, el millonario Sebastián Piñera y el reaccionario cardenal, al unísono entonaron la misma canción, con los mismos puntos y comas: “Bachelet se preocupa más por la vida de las mascotas que de los niños que están por nacer”, una reacción destemplada y fuera de lugar ante las moderadas y casi anodinas palabras de la Presidenta de la república, que sólo plantea la despenalización del aborto bajo tres causales: el peligro de vida de la madre, la inviabilidad del feto y la violación.

 

Los fariseos de siempre se creen paladines en la defensa de la vida, negando este valor a quienes defienden la despenalización del aborto, y olvidan que un fiel cristiano, de misa diaria – como lo fue, por ejemplo, Eduardo Frei Montalva – no sólo mantuvo esta ley, sino que, además, la amplió al empleo de todos los métodos contraceptivos.

Durante el primer período de Michelle Bachelet, cuando algunos diputados – entre ellos Marco Enríquez-Ominami – quisieron a presentar un proyecto de ley sobre despenalización del aborto y el respeto a los derechos reproductivos de la mujer, los beatos de siempre, democratacristianos y de la UDI constituyeron una “bancada por la vida”, incluso, algunos socialistas, los muy hipócritas, no aceptaron esta idea, pretextando que no estaba en el Talmud del programa de gobierno. Me alegro que este estrecho criterio haya sido dejado de lado.

El recientemente nominado cardenal, Ricardo Ezzati, hace todo lo posible para contradecir el esfuerzo del Papa Francisco en el sentido de volver la Iglesia a sus orígenes evangélicos. En estos días, el Papa montó en cólera ante una de las acostumbradas fiestas millonarios en la mismísima sede del Vaticano; la actitud de Ezzati es la antítesis del actual Pontífice: actúa como un diplomático príncipe de la Iglesia del papado de Juan Pablo II, e insiste en convertir al Divino Maestro en un ginecólogo, que prefiere escarbar en los genitales femeninos a denunciar a los ricos, “sepulcros blanqueados” que se han apoderado de este país, generando una sociedad éticamente inaceptable y con enormes brechas de desigualdad; en cuanto a la educación, defiende a los colegios de ricos para ricos, escudándose en la mal llamada libertad de enseñanza, cuando todos sabemos que, en el fondo, no es sino tratar la educación como un bien de consumo y el enriquecimiento de unos pocos mercaderes, dueños de escuelas particulares y subvencionadas.

Ezzati tiene tejado de vidrio debido a algunas de sus conductas y actuaciones: se le acusa, por ejemplo, de haber encubierto a Fernando Karadima y a una serie de curas pedófilos que pululan en las parroquias y en los seminarios – con mucha razón, la Iglesia católica ha perdido prestigio y seguidores a causa de la defensa corporativa que ha hecho de estos abusadores -.

Este “defensor acérrimo de la vida” no ha reaccionado, con la misma fuerza, frente al tráfico de niños del cual han sido cómplices no sólo Gerardo Jeannon, sino que varios sacerdotes más, sumado a una serie de ginecólogos y abogados de la clase alta y, lo que es más grave, con la complicidad de los padres de las niñas-madres, a quienes se les escondía por miedo a La condena social ante un embarazo y alumbramiento. Todos estos personajes, en el colmo de la hipocresía, decían defender una causa buena al evitar el aborto.

No sería de extrañar que, nuevamente, se formara una bancada llamada “por la vida”, donde se incluirían algunos pechoños democratacristianos y la derecha dura, encabezada por la UDI, que prefieren la bolsa a la vida y, como diría Maquiavelo, prefieren mandar a la horca a su padre a renunciar a su patrimonio. Al adinerado Sebastián Piñera no le importa ni las mascotas, ni los niños que están por nacer, sino en cómo seguir acrecentando su patrimonio, incluso, últimamente han aparecido graves acusaciones contra él por el caso Cascadas.

Chile, aun cuando lo dude, es un país laico, en consecuencia, la Iglesia está separada del Estado desde 1925, sin embargo, los “príncipes” de la heredera de Constantino – o la Puta de Babilonia” como la llamaban los albigenses – da a los católicos, practicantes y no practicantes, “órdenes de partido” a fin de paralizar toda legislación progresista, tal como lo hicieron antes con el divorcio y, ahora, con la despenalización del aborto.

22/05/2014

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