Asamblea Constituyente, para construir un orden institucional distinto al actual, cuya diferencia radica en la Soberanía Popular

Después de realizada la primera vuelta, todo indica que Michelle Bachelet será la ganadora de la elección presidencial, habiendo ya obtenido la mayoría en las dos cámaras, aunque no lo suficiente para lograr vencer la trampa del binominal y cambiar la Constitución. Un resultado que a pesar de la abstención significativa (50% del padrón electoral) igual pone a Michelle Bachelet como la candidata que representa una opción distinta a la derecha y clara vencedora en la próxima segunda vuelta.

Es necesario reafirmar que la apatía por el voto no es casual, es el resultado de lo que la derecha que hoy representa la candidata UDI con el apoyo de la Concertación conservadora hicieron durante dos décadas, intentando despolitizar a los chilenos y a los jóvenes en particular, anulando y criminalizando la organización, la movilización social y sindical, convirtiendo al neoliberalismo en una suerte de segunda naturaleza, una especie de condena final e inapelable de la que pareciera es imposible salir ileso. Un fetiche ideológico destinado a mediatizar el espíritu de rebeldía que afortunadamente revitalizó oportunamente  el movimiento estudiantil.

Por eso la derecha “Udiosa” saca cuentas alegres, incapaz de reconocer su derrota tanto en la elección presidencial como al Congreso, con ello intenta ocultar su ineptitud  y la de su candidata  para unir a su sector, el que sigue profundamente dividido. A esto se le suma la estrategia de sacar a Joaquín Lavín como generalísimo de su campaña, para reconstruir su comando con caras nuevas, ( pero con las mismas ideas retrogradas ) en un evidente intento por alejarse de la derecha ultra pinochetista y de las atrocidades cometidas en contra del pueblo que ahora pretenden representar.

Por otra parte, tampoco sería objetivo asociar el 50% de no votantes como el resultado de una acción organizada y representativa de una fuerza revolucionaria latente, la realidad es que la votación de la izquierda ( que no esta en la Nueva mayoría ) no motivó al voto joven ni de protesta como se esperaba. Lo que es un tema para reflexionar, sin pasiones. La dispersión y el personalismo sumo en contra para conseguir mejores resultados que el 20% que da la suma total de los votos obtenidos por Marco Enríquez, Claude, Roxana Miranda y Sfeir.

La pregunta evidente ante esta situación es que hacer, para mirar mas allá de las elecciones y potenciar  los objetivos comunes que hoy movilizan al país, una Constitución y la Asamblea Constituyente, lo que se ratificó con el 8% en las urnas. Un resultado muy significativo, a pesar del temor y la desinformación que impidieron que ese porcentaje mostrara cifras mayores, porque es lo que moviliza a la ciudadanía por un cambio real en el país, incluyendo a parte importante del voto joven que no voto en las recientes elecciones.

Por tal razón y mas allá de la incredulidad que existe respecto a lo que representa la Nueva Mayoría, lo importante a considerar es que insistir en la abstención en la segunda vuelta, debilita la opción estratégica de la Asamblea Constituyente, que para su realización requiere de una mayoría ciudadana organizada y participativa desde ahora. En este contexto político nuevo, lo razonable es que las fuerzas políticas de la izquierda e independientes que no son de derecha, legitimemos de manera aplastante esta opción, derrotando a la derecha y demostrando asi, que la mayoría de los chilenos (as) ya no queremos seguir viviendo en un país en el cual la economía y su crecimiento, le sirve a los ricos y en el que el sistema político, amarrado a una Constitución dictatorial,  se le subordina a  sus intereses.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que el nuevo gobierno llegará a la Moneda en un escenario diferente a los anteriores y con un alto nivel de expectativas, el cual sepultó el período concertacionista, identificado con las medias tintas, con la medida de lo posible. En el cual no caben las ambigüedades frente a los temas que la ciudadanía puso en la mesa para su solución y que la mayoría expectante de chilenos (as) no esta dispuesta a tranzar.

Hoy sentimos que es mayoritariamente compartido, que para fortalecer la democracia ya no bastan los remiendos a la Constitución, lo que se quiere es superar de una vez por todas los mecanismos tramposos heredados de la dictadura. Entre ellos el Tribunal Constitucional, el que ha actuado como guardián de ultima instancia a favor de los de los poderes económicos y políticos neoliberales.

Durante dos décadas se le hicieron cambios a la Constitución, consensuados con la derecha, ilusionando al pueblo que ese era el camino para profundizar la democracia. Al final del recorrido el sistema político chantajista, creado entre otros por Jaime Guzmán para perpetuar a la derecha en el poder quedo intacto.

Hoy las cosas han cambiado, hay movimiento social, estudiantil, sindical que representa a un pueblo soberano, una nueva generación de dirigentes estudiantiles es electo al Congreso, en suma un movimiento social y político que se esta organizando de manera ascendente para hacer valer su derecho a participar. Por eso es que estamos convencidos de que la Asamblea Constituyente es un camino viable para construir un orden institucional distinto al actual, cuya diferencia radica en la Soberanía Popular, expresada en la voluntad mayoritaria de los ciudadanos.

Con todo esto lo que queda claro es que llamar a constituir la Asamblea Constituyente será un slogan mas, si no la vemos como una fuente de organización que movilice y entusiasme a la ciudadanía, que es la fuerza que participa en el proceso de elaboración y aprobacion de una nueva Constitución. Por lo tanto, cuando se toma la decisión de convocar a una Asamblea Constituyente, implica que las fuerzas de izquierda y progresistas, también independientes, se expresen con unidad, la que debe construirse desde ahora.

Con todo esto los reclamos de la derecha y de los conservadores de la Concertación moribunda ya no tienen sentido, la Nueva Constitución que queremos a diferencia de la anterior, invoca la unidad de los chilenos a lograr verdaderamente la unidad nacional, con bases solidas y de respeto a los derechos humanos, con una ciudadanía empoderada para participar en la vida pública, así como para el ejercicio y protección de sus  derechos. Lo que pasa es que se asustan porque con la nueva Constitución, nacida de una Asamblea Constituyente, se amplia la agenda para el cambio económico y social que necesitamos como país, invocando una visión no neoliberal sino que solidaria, inclusiva y humanista, con un Estado socialmente responsable y plurinacional, que declara la educación y la salud como un derecho y no como bien de consumo, que reclama el justo derecho de los chilenos (as) a disfrutar de los beneficios de  las riquezas naturales y del cobre de su país, que fortalece la democracia desde el ejercicio de la soberanía popular, indispensable para dar legitimidad a los acuerdos y decisiones politicas.

Estamos en un momento político distinto y valioso, hoy la política se nutre de un pensamiento crítico, sano, joven y revolucionario que debemos apoyar, para mostrarle al pueblo, al electorado, que hay una alternativa distinta, de izquierda, una alternativa al sistema neoliberal, seria y posible. Para ello el momento actual es de unidad, de crear ideas de movilización permanente no solo de reclamos desde la trinchera individual, somos los ciudadanos organizados  y empoderados quienes vamos  a recuperar nuestro papel y exigir al futuro gobierno un equilibro, entre respuestas solidarias inmediatas y que tengan un horizonte de largo aliento y no simplemente parches pasajeros.

Pero estos grandes objetivos no deben dejar en un segundo plano la convivencia entre los chilenos, la que debemos recomponer sobre un respeto a los derechos humanos, (asi como de los derechos civiles, económicos, sociales, culturales, ambientales y sexuales ). Lo cual implica poner de relevancia una política de estado que facilite la justicia pendiente sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en Chile. Política que represente el concepto claro de justicia sin olvido.

– El autor, Enrique Villanueva M., es ex Dirigente Rodriguista

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