Hacia una etica universal

La falta de una ética universal se ha manifestado hasta ahora en el dolor, el sufrimiento y la corrupción en la humanidad, así como en la destrucción del planeta y del medio ambiente.

La visión sesgada puramente externa de nuestra realidad nos ha separado en trincheras políticas, religiosas, económicas, geográficas, de género, raciales, etc. Sin embargo, podemos rescatar una visión holística, en que profundicemos en nuestra realidad interna del yo y del nosotros, que tienda a unirnos a todos como especie humana junto al planeta y al cosmos que nos dio origen, y que nos mantiene vivos.

Esta realidad interna ha sido construida trabajosamente desde hace miles de millones de años en el proceso de cosmogénesis, biogénesis y antropogénesis para culminar en la conciencia humana, potencialmente capaz de experimentar su unión con los demás seres vivientes, con el cosmos y con la energía universal.

Esta forma superior de expresión de la vida, que es la conciencia, da  sentido a todo lo existente, a la vez que nos entrega una responsabilidad social y planetaria. Se genera así en el ser humano una conciencia moral o ética universal que nos hace escandalizarnos ante  lo que destruye la vida o ante lo que impide su sustento.

La corrupción, en un sentido amplio, es una ruptura del sentido evolucionario de la conciencia humana, es una pérdida de la ontología del ser.

La virtud en los animales viene de su inocencia, su comportamiento corresponde a lo que simplemente son. En cambio, en el ser humano la virtud viene de su libertad para ser coherente con su conciencia y la del conjunto en que vive.

No podemos permanecer indiferentes frente a las guerras, el armamentismo, la violencia en todas sus formas, la pobreza extrema, la corrupción casi generalizada de las organizaciones e instituciones, la destrucción del medio bio-físico, etc.

Esta conciencia de especie humana y de la naturaleza es una energía unitiva que nos permite concebir un movimiento liberador de las potencialidades transformadoras de las personas y de la sociedad.

Si nos ponemos en una actitud positiva podremos sentir esta energía unitiva, que a veces se presenta como intuición, como sinergias, aparentes casualidades, comunicación de pensamientos, premoniciones, sueños, etc. que nos hacen ver que  estamos comunicados, como las islas que por debajo constituyen un todo con el resto de la Tierra.

 

OBJETIVOS.-

Se trata de ayudar el cambio positivo de las personas y de la sociedad en un sentido holístico, que consistiría en transitar de un estado de conciencia en que predomina la indiferencia o el odio ( pasto de la injusticia y de la corrupción) a uno en que predomine la tolerancia (base de la democracia política), de éste a uno en que se realice el respeto por los demás (base de la democracia social y económica) y de éste al amor (base de la fraternidad), concebido como acción positiva y desinteresada a favor de los seres vivientes y del planeta.

La biología nos enseña que el ser humano está hecho para estar contento y ser feliz. Si no lo es, se enferma. Por lo tanto, nuestro objetivo no es propiamente económico, como el aumento del consumo, sino que es la felicidad de las personas en armonía consigo mismo, con los demás y con el ambiente.

CAMINOS DE ESPIRITUALIDAD.-

Es imperativo, frente a esta realidad, estudiar y practicar caminos que nos conduzcan a transitar hacia el  amor, como medio y como fin.

¿Cómo cargarnos de energía unitiva positiva que vaya expulsando nuestra energía separadora negativa?

Tenemos que sacarnos el Hitler, el Stalin, el Pol Pot, el Bush o el Bin Laden que llevamos dentro y que aflora demasiadas veces, destruyendo constantemente la armonía a la que aspiramos.

Ser dóciles al espíritu, significa abrir las compuertas del dique lleno de espiritualidad que está contenido dentro de nosotros mismos, del cual sólo dejamos salir un pequeño hilillo circunstancial.

Los medios violentos han llevado a estructuras violentas. El pacifismo activo de masas humanas silenciosas provoca más impacto que un grupo de violentistas.

El desprestigio de las organizaciones e instituciones (especialmente políticas) está ligado a la falta de ética y de amor que se manifiesta tarde o temprano en ellas. Se quedan en una visión y acción externa, parcial, superficial e incompleta de la realidad humana.

La corrupción, el egoísmo, el afán de poder y de dominación que abundan en las instituciones económicas, políticas, sociales, etc., tanto nacionales como transnacionales, son una amplificación, en espacios más grandes, de nuestros defectos personales.

Por esta razón, a través de la historia, a pesar de los cambios legales e institucionales, hemos cambiado las diferentes formas de dominación de unos sobre otros, pero manteniendo el dolor y el sufrimiento, sólo mitigados por la tecnología, que además no llega a buena parte de la humanidad.

 

ESTRUCTURAS DE POTENCIACION HUMANA.-

Las nuevas estructuras sociales, económicas y políticas, no corruptas, controladas socialmente, no deben dominar a uno u otro sector de la población, sino al revés, potenciar el desarrollo humano y la satisfacción de sus necesidades físicas, psíquicas y espirituales.

Esto requiere profundizar en los conceptos de democracia política representativa, en los de  democracia social o participativa y en una verdadera democracia económica.

 

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