Su Excelencia, el rey de los lugares comunes

Chile es un país monárquico hasta en los nombres de folklóricos personajes – el rey de mote con huesillo, el de los feos, el de las empanadas, el de las hamburguesas, el huachaca – y el del primer mandatario actual, que  es el rey del lugar común. Aún no logro explicarme cómo memorizó un diccionario completo de adjetivos de toda índole, sinónimos y muy pocos antónimos, pues es partidario de la “democracia de los acuerdos”. Los lugares comunes constituyen un tópico de la literatura universal – léase los diccionarios de los lugares comunes de Gustave Flaubert y de León Bloy que nos pueden ilustrar sobre el tema -.

En Chile, es muy raro que el monarca finalice  su período con altos índices de desaprobación – Ricardo Lagos y Michelle Bachelet  son un ejemplo -, pero hay otros como Juan Luis Sanfuentes (1920), y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, (2000), que terminaron sus respectivos períodos con altos índices de rechazo. Sebastián Piñera intenta, sobre la base de lugares comunes “empáticos” acercarse a los dos primeros aun cuando, al parecer, no le resulta a pesar de los esfuerzos comunicacionales.

No hay droga más adictiva que el poder y, en el caso de Chile, no hay ex Presidente que aspire a “repetirse el plato”. Arturo Alessandri y Carlos Ibáñez sendos períodos en la república, (1920 y 1932; 1927 y 1952, respectivamente). En la monarquía neoliberal, desde 1990, hasta ahora, nadie ha logrado esta hazaña, pero  todos los ex Presidentes, (salvo Aylwin), lo han intentado. Para no ser menos, Sebastián Piñera quiere imitar a sus colegas, aun cuando su gobierno sea un desastre “¿Si lo hizo Eduardo Frei, por qué y no?” ¡El sueño de pibe!

Durante un tiempo creí que Su Excelencia era un gran humorista, al estilo de Ramón Barros Luco, ambos mandarines que anunciaban el fin de una etapa – el primero, del parlamentarismo y, el segundo, del duopolio – actualmente, he cambiado de parecer  al respecto, pues el Presidente es bastante hábil para dejar con la boca abierta a moros y cristianos: por ejemplo, usa a su señora, Cecilia Morel, para evitar el acoso de los periodistas sobre su intención de presentarse, una vez más, en 2018 como candidato presidencial; otrora habla de los “cómplices pasivos”, ahora, tal vez presionado por la UDI, cambia su versión acusando al gobierno de Salvador Allende de ser el culpable del golpe de Estado. Por otra parte, se vanagloria de haber votado por el NO en el plebiscito de 1988, pero deja en muy mal pie a su candidata, Evelyn Matthei, aludiendo a su error por haber apoyado la opción SÍ a la continuidad de Pinochet.

El rector de la Universidad Diego Portales, en una de sus sabrosas columnas de opinión, en El Mercurio, sostiene que Sebastián Piñera se vengó de las humillaciones de la derecha pinochetista al patentar el concepto de “cómplices pasivos”, queriendo abrir una fosa entre una supuesta derecha democrática, de la cual él sería el líder, y otra, autoritaria y nostálgica de la dictadura. Personalmente, pienso que no hay tal derecha democrática y que, paulatinamente, volverá a ser cautivo de la única fuerza poderosa  de su sector político, la UDI.

Las expresiones como “no quiero, ni debo y ni puedo” del demagogo Arturo Alessandri Palma, son más falsas que las de Judas. Cuando un político – especialmente de las características de Piñera –  quiera decir que no va a ser candidato presidencial una vez más, se debe creer lo mismo que en el caso de Michelle Bachelet cuando se refería, “durante su gobierno, nadie se iba a repetir el plato”. El Palacio del Zorro, La Moneda, tiene un atractivo sin límites para cualquier política que se precie de tal y,  hasta ahora, no conozco a ninguno que desprecie tan alto honor, pues no hay nada peor que estar lejos del poder.

Conocemos poco a al Presidente actual y habría que remontarse a su árbol genealógico para tratar de comprender tan compleja personalidad. Su padre, don Pepe, no era precisamente un funcionario de Correos – como el de Cantinflas – sino un buen diplomático falangista, uno de los personajes más simpáticos de la aristocracia chilena y gran bohemio y gozador de la vida, que dejaba vacías las tarjetas de Crédito de su hijo Sebastián; fue el único caballero chileno que, en el ocaso de su vida, se separó de la Pichita Echeñique. Miguel, su otro hijo, heredó un poco las características de su padre.  Los demás hermanos del Presidente son bien conocidos: José, el ultra reaccionario creador de las nefastas AFPs, Pablo, democratacristiano, bastante hábil para el pituto. Creo que en Sebastián Piñera hay una mezcla de la personalidad de su padre, algo de su hermano Miguel y de José, en la concepción neoliberal e idólatra de las finanzas.

Nada ha sido mejor negocio para Piñera que haber asistido con su padre a una manifestación en que hablaba Frei Montalva,  en el Teatro Caupolicán, para rechazar la Constitución de 1980 que, en ese año, iba a ser plebiscitada por el dictador Pinochet. Este verdadero regalo de la historia le ha sido muy útil en toda su vida pues, incluso, le permitió ganar algunos sectores de la Concertación, entre ellos Fernando Flores, (ex ministro de Allende), hecho que, entre otros factores, lo llevó a la presidencia, en 2010 – en mi opinión, Piñera no ganó, sino que Eduardo Frei Ruiz-Tagle perdió por ser mal candidato -.

Sebastián Piñera se está convirtiendo en el líder indiscutido de la derecha, quizás no por sus méritos, sino por enanismo moral y político de sus personajes, especialmente de la UDI, pues Renovación Nacional está a punto de eclosionar. Antiguamente, Jorge Alessandri se aprovechó de la crisis de liberales y conservadores, en 1958, para convertirse en líder indiscutido de la derecha, ahora, a lo mejor, Sebastián Piñera quiere hacer otro tanto.

20/09/2013

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