Puerto Rico: Filiberto, Albizú y el FBI

Si los agentes del FBI que planificaron el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos estudiaron el expediente que tienen sobre la persecución de Albizú (Núm. 105-11898. Ver también este artículo), sabían que no surgirían represalias, independientemente de las amenazas de venganza que las emociones de un pueblo abusado pudieran hacer brotar.

A principios de 1956, con Albizú en el “Oso Blanco” desde marzo de 1954, el FBI comenzó a especular que el prócer podría morir en cualquier momento y decidió impartir instrucciones que varias de sus oficinas regionales habrían de ejecutar inmediatamente ante la ola de violentas represalias que esperaban del sector Nacionalista como consecuencia de su muerte.

Es en un informe del 31 de 1956 donde empieza a aparecer como tema en sí mismo el asunto de la “POSIBILIDAD DE VIOLENCIA ANTE LA MUERTE DEL SUJETO”. El temor surgió justo a tiempo, pues dos meses después se desató un corre-corre en altos niveles del gobierno federal cuando el FBI en San Juan se enteró de que Albizú había enfermado súbitamente el 29 de marzo de 1956. Hoover, quien como se sabe no le perdía a Albizú ‘ni pie ni pisá’, se lo informó ese mismo día por vía telefónica al jefe del Servicio Secreto, U. E. Baughman. Al día siguiente se lo confirmó por escrito y, además, se lo informó por separado al procurador general auxiliar William F. Tompkins. A éste le dijo que había notificado al Departamento de lo Interior y a las ramas de espionaje del ejército, de la fuerza aérea y de la marina de guerra. Albizú fue admitido en el Hospital Presbiteriano a las 8:20 de la noche del 29 de marzo de 1956.

Un radiograma de San Juan (# 291730) de esa misma noche cita a una fuente cuyo nombre está tachado y que podría ser un alto funcionario del gobierno de Puerto Rico, en torno a un asunto que también está totalmente tachado. Al final dice que mantendrá al Negociado y a las oficinas interesadas informadas de lo que surja. Agrega que los oficiales del gobierno de Puerto Rico están manejando la información provista con “alta confidencialidad” y que aparentemente la prensa no ha sido informada. El FBI, evidentemente enterado con prioridad del grave asunto, estaba alertando a sus “informantes de seguridad” para que informaran “reacciones”.

En el radiograma # 292140 del mismo 29 de marzo, la oficina de San Juan reporta que: “No hay indicios de que la condición de Albizú Campos haya mejorado o cambiado de algún modo. Los agentes fueron asignados a turnos de emergencia de seguridad de 24 horas en la oficina. Todo el personal de la oficina fue alertado. No se han recibido indicios hasta el momento de que se contemplen actos de violencia. Las agencias de inteligencia y el Servicio Secreto han sido notificados. Estamos contactando a los informantes. Se le notificará al Negociado y a las oficinas interesadas de lo que surja.”

En un radiograma “urgente” de la oficina de San Juan (# 300200) a Hoover y a las oficinas de Nueva York y Chicago, lo único que no está tachado dice: “La noticia de la enfermedad de Albizú Campos aparentemente no ha sido divulgada, en vista del hecho de que no ha habido comentario alguno entre los miembros del partido. Al momento no hay indicios de planes de violencia. Se les avisará al Negociado y a las oficinas interesadas de lo que surja.”

El 30 de marzo la oficina de San Juan envió otro radiograma (# 301555) a Hoover y a las oficinas de Nueva York y Chicago en relación con los que había enviado el día anterior. Casi toda la información está tachada, pero no así las últimas dos oraciones, las que indican que la noticia sobre la “grave condición de Albizú” fue publicada en la edición del 29 de marzo de El Día, de Ponce, y que todavía para el mediodía del 30 de marzo no había sido publicada en los medios de San Juan.

En un memo del 29 de marzo de J. A. Sizoo a J. H. Belmont, la oficina central del FBI les dio instrucciones a las oficinas de Chicago, Nueva York y Washington, D. C. en relación con la información que les suministró sobre la condición de salud de Albizú. Las oficinas de Nueva York y Chicago debían “alertar a sus informantes”, pero sin decirles lo que le pasaba a Albizú. Sólo habrían de decirles que estuvieran alertas a alguna reacción que pudiera ocurrir “en la colonia puertorriqueña [de esas ciudades] en el futuro cercano”. La información que los informantes obtuvieran debía ser suministrada “inmediatamente” al Negociado.

El supervisor nocturno de la oficina de Washington, por su parte, recibió instrucciones a los efectos de que, si la información sobre la gravedad de Albizú salía en la prensa, alertara inmediatamente a la Policía Metropolitana, a la Policía de la Capital y a la Policía de Parques. El FBI alertaría a estos cuerpos policiales en torno a la posibilidad de algunas demostraciones, pero sin causar con ello “indebida alarma”.

En una carta del 30 de marzo dirigida al director de seguridad del Departamento de Estado de Estados Unidos, Dennis A. Flinn, Hoover le dice del asunto y le advierte que “los informantes que en el pasado han provisto información confiable han reportado que el Partido Nacionalista de Puerto Rico puede cometer actos de violencia en caso de que Albizú muera.” Un radiograma subsiguiente con fecha del 4 de abril del 1956 (# 032156) revela que, además de contar con los informantes, el FBI estaba realizando “vigilancias físicas”. Este radiograma podría guardar relación con una noticia que publicó el anterior lunes 2 de abril el periódico The Compass (1) copia de la cual figura en el expediente del FBI.

Según The Compass, Albizú agonizaba, por lo que el sacerdote José Rivera, de la parroquia de la iglesia San Jorge, le administró los últimos sacramentos. El periódico publicó una foto que, según informó, mostraba a Ruth Miller, tesorera del Comité Organizador de Norteamericanos en Pro de la Independencia de Puerto Rico y a Francisco Matos Paoli, ex secretario general del Partido Nacionalista, escoltando a la hermana de Albizú, Ana María Campos, al salir del Hospital Presbiteriano. El sábado anterior, la señora Campos había dicho que si su hermano moría ella se lo llevaría “para enterrarlo en Ponce”. (2)

El periódico capitalino El Mundo le atribuyó al doctor Eduardo Montilla haber declarado que Albizú había empeorado por la mañana del sábado y había mejorado “un poco” por la tarde. Montilla era el médico de cabecera que el Hospital Presbiteriano le había asignado a Albizú. Su médico personal, de su confianza, era el doctor Ricardo Cordero.

Albizú, como se sabe, no murió en aquella ocasión y los temores del FBI no amainaron, sino que aumentaron durante los años subsiguientes. No obstante, todos sus preparativos y precauciones – incluyendo la toma de películas durante los actos del sepelio – fueron en vano, pues cuando Albizú murió el 21 de abril de 1965 luego de un lento y prolongado proceso de asesinato, “no sonó ni un petardo”.
Notas:
1) The Compass, Vol. 2, No. 153, lunes 2 abril 56, págs. 1, 2.
2) “Hermana hace una visita a Albizú”, por Malén Rojas Daporta. El Mundo 2 abril 56, págs. 1, 24.
Artículo enviado a PiensaChile por ArgenPress

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