Está fuera de duda: La Ola (Die Welle) es una película de interés. La Ola es una película que impacta. La Ola es una película que nos proporciona un saber desconocido. En torno a estas reacciones ha construido Dennis Gansel su versión de un material hasta cierto punto conocido, un proyecto que, previsiblemente, sólo podía terminar mal, incluso sin haber visto la película. En 1967 Ron Jones, un profesor de instituto de Palo Alto, condujo el experimento "la Tercera Ola" (The Third Wave) cuando los alumnos de su clase de historia le preguntaron cómo los alemanes habían podido afirmar desconocer los campos de concentración, las deportaciones y los asesinatos en masa ocurridos durante el nazismo. Para mostrarlo Jones creó y dio vida en su clase un movimiento espontáneo, basado en la disciplina, el civismo y el orgullo. La Tercera Ola desarrolló una dinámica propia fatal, de la cual Jones informó un año después en un artículo (1).
Dennis Gansel ya había examinado el torbellino emocional que un único grupo puede llegar a ejercer más allá de sus miembros en NaPolA (2006). El guión de Gansel y Peter Thowarth se apoya más en el artículo de Jones y el guión de un telefilm estadounidense -la primera plasmación de La Ola en imágenes, realizada en 1981- que en la novela del mismo nombre que escribió Tod Strasser ese mismo año con el seudónimo de Morton Rhue.
Cabe preguntarse, ¿necesita realmente cada generación su propia ficcionalización de La Ola? En el Festival de Sundance, donde la película fue estrenada mundialmente en enero, la crítica americana estuvo dividida. Gansel ha situado la historia en un estado federal alemán ficticio: el baqueteado coche del profesor Rainer Wenger lleva una matrícula de Westfalia que no es válida desde hace 30 años. Jürgen Vogel interpreta a un profesor inteligente y práctico, versado en la teoría y elocuente, pero también realista. En su semana de proyectos preferiría impartir un curso sobre anarquía, pero un colega burgués y mediocre se lo arrebata ante sus narices. En su lugar, Rainer, que tutea a sus alumnos y conduce hacia el trabajo haciendo sonar a los Ramones a todo volumen en su coche (2), debe impartir un curso sobre el tema de la autocracia. Aburrido, opina también su clase. Una dictadura es imposible que se vuelva a producir, bajo ningún concepto, en Alemania. Todos "tienen eso muy claro". El espíritu combativo de Wanger despierta, y poco a poco va montando, piedra sobre piedra, un régimen totalitario que empieza por sentarse correctamente, responder concisamente, marchar al paso como ejercicio matutino. Poco después les proporciona una camisa blanca como uniforme, y el conjunto se completa con un nombre, un emblema y un saludo propios.
Con todo, la comprensión del fascismo de Gansels y Jones se apoya en un solo punto: para ambos la fuerza de atracción de esta ideología descansa fundamentalmente en los sentidos, en lo emocional, en lo estético. Que el cine es el mejor medio para mostrarlo dista de ser algo nuevo. Pero el cine es también un arma de doble filo, y por ello tratar de desenmascarar con él el fascismo resulta tan peligroso como andar sobre la cuerda floja. Sobre el hombro de Vogel se alza la cámara para mostrar primero a una alegre confusión de mesas, alumnos repanchingados y vestidos con prendas de diferentes colores. Después sólo se ven ya camisas blancas sentadas ordenadamente en fila. Muy acertado. Pero a Vogel le van tan poco el papel de dictador como el de Rainer Wenger. Y muchos de los personajes jóvenes (el pretendido rebelde, el que vive asfixiado por la rígida estructura familiar turca, la "alternativa" antisistema) caen un poco en el tópico. Para el final Gansel ha conseguido una escalada dramática catastrófica: el carácter violento de La Ola se desata en un partido de Waterpolo, primero hacia al exterior, después se vuelve contra sí misma. Aquí es donde habla el remake por primera vez en toda la historia de manera indirecta, despertando el recuerdo de los ataques homicidas (Amokläufen) de las escuelas norteamericanas, los cuales seguramente conoce Ron Jones. Una conclusión sin duda especulativa y excesiva, pero que por lo menos rehúsa cualquier tipo de redención para sus personajes. La última imagen de la película es el rostro de Vogel, horrorizado, en estado de shock, desesperado -la imagen contraria de la belleza abstraída de la estética fascista: vigorosa y segura de sí misma. Podría volver a ocurrir, siempre y en cualquier lugar -una advertencia que está por encima de cómo la historia puso a Alemania, como "potencia central", en un incómodo lugar.
07/12/08
– El autor, Tim Slagman es colaborador del semanario alemán “Freitag”
NOTAS DEL TRADUCTOR:
(1) Información sobre el experimento: Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Tercera_Ola (castellano); http://en.wikipedia.org/wiki/The_Third_Wave (inglés). En la página del propio Ron Jones: http://www.ronjoneswriter.com/wave.html
(2) Concretamente Rock'n'Roll High School, cuya letra dice: "Well I don't care about history / Rock, Rock, Rock'n'Roll high school / Cause that's not where I wanna be / Rock, Rock, Rock'n'Roll high school"
Traducción para http://www.sinpermiso.info/: Àngel Ferrero
* FUente: Sin Permiso
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