Hace algunos años, en un vuelo de Madrid a París vi sentado delante de mí a un señor que confundí con el entonces alcalde de Santiago, Jaime Ravinet. Llevado por el tropismo que nos mantuvo unidos a Chile a pesar de los largos años del exilio y la migración, y a pesar de las estupideces que al respecto cuenta un tal Piñera, me acerqué a saludarle.
La persona en cuestión me sacó amablemente de mi error y de mi turbación aduciendo “suelen confundirnos”. Se trataba de Adolfo Zaldívar, actual presidente del senado, quién junto con darme su tarjeta de visita me rogó que cuando fuese a Chile pasara a saludarle. Servidor, seguidor de Diógenes en eso de que si uno se conforma con comer lentejas no tiene que ser tan sumiso ni adular tanto al emperador, nunca lo hizo.
Lo lamento porque hubiese podido iniciar un diálogo que me evitase enviarle un mensaje hace unos días a propósito de su descabellada idea de rebajar e incluso eliminar los impuestos específicos a los combustibles. Mensaje que desde luego, como es usual en las autoridades chilenas, nunca respondió.
Ahora, en una nota difundida por el diario web del senado, Zaldívar reincide. La torpeza de sus propósitos es tal que uno se dice que su jefe de gabinete, -admitiendo que tenga gabinete-, debe ser analfabeto o malintencionado, si no, no se explica. Para que me entiendas reproduzco el primer párrafo de la nota que Zaldívar titula “Qué buen Senado tendríamos, si tuviéramos buenas autoridades”, en una clara referencia al poema de Mio Cid, Cantar Primero, al cual volveré más adelante. Cito:
“Hemos tomado conocimiento que el Senado de los EE.UU. aprobó, por amplia mayoría, una ley destinada a rescatar a los deudores habitacionales en mora, y con ello, poner fin al interminable embargo de casas que finalmente quedan sin vender porque los posibles compradores están en la misma situación que los que no siguieron pagando un precio inflado y ni siquiera, son capaces de financiar un precio de liquidación.
Esta situación originó las turbulencias mundiales que sufrimos en carne propia en nuestro país, y que es de absoluta necesidad ponerles fin, para que el comercio, el crédito y el crecimiento retomen su curso normal. El costo de la ley aprobada por el Senado y propuesta por el Ejecutivo asciende a la importante suma de 300 mil millones de dólares, dos veces el PIB chileno”.
Yo no pretendo que Zaldívar se haya leído las 700 páginas del “Housing and Economic Recovery Act Bill” votado por el senado de los EEUU, ni que esté enterado del papel que jugó en su adopción el secretario del tesoro Henry Paulson más conocido por sus dotes de cabildero que por su pericia en el manejo de la cosa financiera, ni del cuento de terror que fue a contar Ben Bernanke después de haber pretendido que lo peor de la crisis ya había pasado a tal punto que Patrick Artus, director de estudios de Natixis y gran “experto” ante el Eterno, pudo responder a la pregunta que le hizo la revista financiera “Challenges” (Abril 2008) del modo siguiente “Ch: ¿En qué esta la crisis financiera? PA: Lo peor pasó. Se terminó”.
No. No pretendo que Zaldívar esté al corriente de todo aquello, lo que de todos modos, de ocurrir pudiese evitarle afirmar sandeces.
No. La ley aprobada por el senado de los EEUU no está destinada “a rescatar a los deudores habitacionales en mora”, sino a los especuladores.
Una primera provisión aumenta el límite de la deuda del Estado federal de U$ 9,8 a U$ 10,6 billones para disponer de la liquidez necesaria para nacionalizar, si fuese necesario, Fannie Mae y Freddie Mac, instituciones financieras que soportan más del 50% de los créditos hipotecarios.
Según la revista británica “The Economist”, “En Fannie y en Freddie -como también, escandalosamente, en los bancos de inversiones-, los beneficios fueron privatizados, pero los riesgos fueron socializados”.
¡Para que Ud. vea, Sr. Zaldívar, que el socialismo no es tan malo!
Una segunda provisión efectivamente dispone U$ 300 mil millones, pero para refinanciar a los especuladores con los créditos hipotecarios basura que están a punto de quebrar.
“The Economist”, que como Zaldívar es una ardiente defensora del “mercado”, mezcla el cinismo con la desvergüenza cuando afirma: “La indigesta verdad es que cuando una crisis financiera golpea, el Estado tiene que transar para imponer tanto dolor como pueda, pero asumiendo de todos modos una amplia parte de las pérdidas”.
Una tercera provisión destina pijoteros U$ 180 millones, o sea un 0,06 % de la suma precedente, para pagarle asesorías y consultorías legales a los deudores habitacionales que de todos modos, o pagan, o van a la puta calle.
Una cuarta provisión está destinada a sostener el mercado inmobiliario, o sea a los promotores, otorgándoles a los nuevos compradores que osen adquirir una vivienda hasta un máximo de U$7.500 en reducciones de impuestos.
Finalmente, la ley destina U$ 4 mil millones en subvenciones para los municipios que deseen comprar y renovar las casas que les fueron arrebatadas a quienes no pudieron pagar.
¿Cómo puede Adolfo Zaldívar afirmar: “Hemos tomado conocimiento que el Senado de los EE.UU. aprobó, por amplia mayoría, una ley destinada a rescatar a los deudores habitacionales en mora”?
Y para más inri, intentar sacar ventajas políticas de su ignorancia al mal parafrasear los versos del Mio Cid, Cantar Primero, en eso de “¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!”
El Sr. presidente del senado no ignora que el Cantar Primero relata la salida del Cid de la ciudad de Burgos, desterrado por el Rey Alfonso VI como consecuencia de los cotilleos de García Ordóñez a quién el Cid no solo había derrotado sino además “mesado la barba”.
Los burgaleses y las burgalesas lloran la partida del Cid, -como nadie le lloró a Zaldívar-, y a su paso “De las sus bocas todos decían una razón, ¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!”
Que el presidente del senado crea que su expulsión de la DC le autoriza a identificarse al Cid Campeador… es cosa suya. Desde afuera la defenestración da más bien la impresión de un ajuste de cuentas digno de la obra de Mario Puzo.
Adolfo Zaldívar debiese elegir otro personaje al cual identificarse. ¿Barzini?
02/08/2008
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