150 años de ‘El Capital’

Ni que decir tiene que el calado de aquel hallazgo llega hasta nuestros días. Difícil explicar problemáticas tan contemporáneas como la precarización laboral, el agotamiento de los recursos naturales o los efectos de la tecnología sin tener en cuenta el tocho profético que nos ocupa. El turbocapitalismo rampante que se dio de bruces con la última gran crisis ha terminado por resucitar de entre los muertos conceptos, como la lucha de clases, que muchos escuderos ordoliberales creían enterrados.
Como apunta el editor Constantino Bértolo, “la crisis del 2008 sería en cierta manera la gran resaca de ese capitalismo ebrio. En medio de esa resaca, en la que todavía seguimos viviendo una buena parte de la sociedad, los resentidos e indignados por los efectos de esa crisis, vuelven la mirada a Marx, no al Marx académico o al Marx beatificado por el oficialismo marxista sino al Marx revolucionario, aquel que quiere transformar el mundo y asume que esa transformación solo puede ser protagonizada por el mundo del trabajo”.
En efecto, El Capital no es sólo un marco teórico de indudable trascendencia, es también una llamada a la acción. En palabras de Eddy Sánchez, director de la Fundación de Investigaciones Marxistas, “estamos ante una obra que no trata de teoría pura, tal y como se entiende en los programas universitarios; ni tampoco como guías de acción política, tal y como lo ven la mayoría de críticos de la anterior. Lo que propone Marx es: Fundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformación de la sociedad”.
“Si Marx se vende bien, es que la sociedad va mal”
La vigencia y recuperación de El Capital —la venta del primero de los tres tomos se ha triplicado desde el año 2005— tiene para Sánchez mucho que ver con el fracaso de ese viejo dogma neoliberal que entendía el sistema económico contemporáneo como un ente con aptitudes autorregulatorias. “Marx evidencia que la crisis es un elemento consustancial al propio sistema capitalista, su revitalización tiene mucho que ver con esto, con ese carácter cíclico que tienen las crisis en el capitalismo”. Algo que el historiador alemán Jörn Schütrumpf supo sintetizar a la perfección: “Si Marx se vende bien, es que la sociedad va mal”.
Así las cosas, el eterno retorno de esta obra clave responde hoy día a una búsqueda de asideros en tiempos más que revueltos. Un bálsamo para los desheredados, pero también y al mismo tiempo un manual de instrucciones para la emancipación. “Leer a Marx es una experiencia vital, subjetiva y política en la que el tiempo histórico que está teniendo lugar en el momento de la lectura debe intervenir en esa lectura, confrontando situaciones, preguntas y respuestas”, explica Bértolo.

Ni mantequilla, ni misiles… Plusvalor
El profesor Fernandez Liria, coautor junto al también académico Luis Alegre de El orden de ‘El Capital’ (Akal) establece una curiosa analogía con la mecánica clásica newtoniana para explicar el que es quizá el gran hallazgo de Marx. Como postulara el físico inglés, los cuerpos no han de ser tratados de forma aislada, sino conforme a una ley universal que los conecta. “Marx nos explica que, en el modo de producción capitalista que caracteriza a la sociedad moderna, la riqueza no sólo aparece como una inmensa acumulación de mercancía; esas mercancías podrán ser misiles o mantequilla, pero antes que nada, lo que hace es fabricar plusvalor”.
Abre la puerta así a lo que viene siendo la explotación del trabajador. Un concepto cuyas derivadas llegan hasta nuestros días sin necesidad de tener que pensar en fábricas victorianas o en mineros galeses. Dicho de otro modo; el impacto de la precariedad como un elemento estructural de nuestro mercado de trabajo ya lo predijo el barbas hace siglo y medio.
Una lógica la del capital que, como apunta la Doctora en Filosofía Clara Serrano, “está fundada en la violencia, pues solo puede funcionar una vez que la mayor parte de la población ha sido despojada de sus condiciones de existencia, de modo que no exista otra forma de supervivencia que acudiendo al mercado de trabajo”.
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