Cuba y la lección de negociar con el lobo. ¿Qué nos enseña Díaz-Canel?
por José Carlos Vinasco et al. (Cuba)
14 mins atrás 10 min lectura
15 de marzo de 2026
Análisis en contexto latinoamericano
El 13 de marzo de 2026, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel compareció ante los máximos dirigentes de la isla, en la sede del Comité Central del Partido Comunista, con el respaldo explícito de Raúl Castro como líder histórico de la Revolución. Y confirmó lo que hasta entonces había sido objeto de especulaciones: funcionarios cubanos y estadounidenses están conversando.
No es un gesto menor. Es una decisión colegiada, tomada con la máxima institucionalidad, no una ocurrencia personal. Y ocurre en el momento más crítico para la región en décadas: Irán bombardeado, Venezuela saqueada y agredida, Maduro secuestrado en Brooklyn, y el imperio anunciando desde Miami el «Escudo de las Américas» para intervenir militarmente en la región.
Lo que dice Díaz-Canel: claridad y condiciones
El presidente cubano fue preciso en sus declaraciones. Las conversaciones con Estados Unidos buscan cuatro objetivos:
1. Identificar los problemas bilaterales que necesitan solución.
2. Encontrar soluciones a esos problemas.
3. Determinar la disposición de ambas partes a concretar acciones en beneficio de los pueblos.
4. Identificar áreas de cooperación para enfrentar amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambas naciones y de la región.
Pero lo más importante no es el qué, sino el cómo. Díaz-Canel fijó condiciones claras:
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- Igualdad entre las partes.
- Respeto a los sistemas políticos de ambos Estados.
- Soberanía y autodeterminación de los gobiernos.
- Reciprocidad y apego al Derecho Internacional.
Esto no es una rendición. Es una posición de principios. Cuba no está negociando su sistema, ni su revolución, ni su independencia. Está explorando canales para resolver diferencias, sin renunciar a nada esencial. Y lo hace desde la unidad: respaldo explícito de Raúl Castro, del Partido, del Estado. No hay fisuras.
El contexto de la negociación
No podemos analizar esto sin entender la situación concreta que enfrenta la isla. La presión imperial se ha intensificado:
El 29 de enero, Trump autorizó aranceles a países que vendan petróleo a Cuba. Desde entonces, según el propio Díaz-Canel, «no ha entrado combustible a Cuba en tres meses». La isla produce apenas un tercio del crudo que necesita, y tras el secuestro de Maduro el 3 de enero, se interrumpió el suministro venezolano, profundizando la crisis energética.
Esta es la realidad: un país bloqueado por seis décadas, asfixiado económicamente, y ahora enfrentando una emergencia energética sin precedentes. En esas condiciones, cualquier dirigente responsable exploraría vías de diálogo.
Pero hay una diferencia crucial con otros casos que hemos visto en la región: Cuba no ha entregado nada aún. No hay reformas legales de última hora, no hay entrega de recursos estratégicos, no hay liberación de presos exigidos por Washington. Hay exploración, no capitulación.
La paradoja del botín: petróleo sin mercado
Y aquí llegamos al punto que cambia toda la perspectiva. Lo que hemos descubierto en estos días es de una magnitud estratégica impresionante.
Con aire de vencedor, Trump había anunciado que el petróleo venezolano bajo control estadounidense se lo vendería a Rusia y a China. Pero resulta que Rusia y China se niegan a comprárselo. Y no es un detalle menor: es el centro de toda la jugada.
Los hechos son contundentes. Las importaciones chinas de petróleo venezolano, que en 2025 promediaban cerca de 400.000 barriles diarios, se han desplomado. En febrero de 2026, las exportaciones a Asia cayeron un 67% respecto a enero, ubicándose en apenas 48.000 barriles diarios. China ha dado instrucciones a sus operadores para que no adquieran crudo venezolano bajo control estadounidense. Los envíos que antes cubrían la deuda de 15.000 millones de dólares que Venezuela mantiene con Pekín simplemente se han detenido.
Lo más revelador es que hay unos 40 millones de barriles de crudo sancionado —de Rusia, Irán y Venezuela— flotando en tanqueros frente a las costas de China, esperando. Ese petróleo está ahí, inmóvil, como un ejército de barcos fantasmas que nadie descarga. China tiene reservas estratégicas calculadas en 1.200 o 1.300 millones de barriles, suficientes para cuatro meses de importaciones. Puede esperar. El que no puede esperar es el imperio, que necesita vender para que el botín no se convierta en lastre.
Trump prometió 100.000 millones de dólares en inversiones de grandes petroleras, pero las empresas no se lanzan. ExxonMobil dice que Venezuela es «ininvertible». Las trading houses Trafigura y Vitol han tomado la delantera, pero su capacidad es limitada. Y mientras tanto, los barcos cargados de crudo navegan hacia Houston, hacia las costas de Estados Unidos… y se quedan allí, estancados.
Es una imagen poderosa: los barcos flotando hacia Estados Unidos, y luego dejarán de flotar porque quedarán allí estancados. La crudeza de la realidad detiene el crudo. El imperio tiene el botín, pero no tiene mercado. Y en la lógica del capital, un producto sin mercado es un producto muerto.
Esto abre una posibilidad estratégica que no podemos ignorar. Si en algún momento la dirigencia venezolana —empujada por el pueblo, por la presión de los aliados, por el simple hecho de que el petróleo no se está vendiendo— decidiera romper el acuerdo y redirigir el crudo a China o Rusia por canales alternativos, el castillo de naipes se vendría abajo.
La jugada estratégica de China y Rusia
Y aquí hay que detenerse en algo que muchos no ven. Los que dicen que Rusia y China no hacen nada por América Latina se equivocan. No comprar el crudo venezolano administrado por Washington es una jugada estratégica a favor de los pueblos de Nuestra América. Y si esto hacen con Venezuela sin el ruido de las bombas, sin titulares rimbombantes, sin amenazas ni despliegues militares, es más estratégico y más contundente que cualquier acción en el campo de batalla convencional.
China y Rusia han contraatacado con una resistencia silenciosa pero efectiva. Al negarse a comprar el petróleo venezolano bajo control estadounidense, están estrangulando al imperio con su propio botín. Los barcos flotan, el petróleo se acumula, y el tiempo corre en contra de Washington.
Si esto están haciendo a favor de Venezuela, entonces podemos pensar que respecto a Cuba tampoco están quietos. Han mantenido un alto nivel de solidaridad con el pueblo y el gobierno revolucionario de la Isla desde los tiempos de la Unión Soviética. Rusia ha sido un baluarte indispensable que nunca dejó de apoyar a Cuba, y esto a pesar de la caída de la Unión Soviética por parte de una minoría de bandidos que usurpó el poder e intentó revertir el socialismo hacia el capitalismo más crudo. Hoy, la Federación Rusa continúa apoyando a Cuba, también a Venezuela, y nada indica que estén quietos y pasivos ante estas circunstancias.
Venezuela: entre la capitulación y el repliegue
Y aquí debemos hablar de Venezuela con el cuidado que exige la situación. Porque hemos visto hechos preocupantes: entrega de petróleo, reforma de la Ley de Hidrocarburos, liberación de más de 600 presos políticos exigidos por Trump, visitas de enviados estadounidenses recibidas con honores.
Pero también hemos escuchado a Diosdado Cabello decir: «Silvia no se ha entregado. Si están diciendo todo esto de ella es porque no la conocen». Más allá de la anécdota, esa declaración nos recuerda algo fundamental: en medio de la tormenta, hay fuerzas que resisten, hay sectores que no se han rendido.
El pueblo venezolano está expectante. Las protestas no son solo por la libertad de Maduro; hay sectores de trabajadores que han salido a pedir aumento de salarios. Su pregunta es simple y directa: «Si nos dijeron que el petróleo era nuestro, y ahora se lo llevan los gringos, ¿dónde queda nuestro salario?» Esto puede generar conflictos internos, pero no son necesariamente conflictos contrarrevolucionarios. Son la expresión de un pueblo que no ha perdido el norte, que sabe que la riqueza de su país debe servirle a él, no al imperio.
La frontera entre la capitulación y el repliegue táctico no es clara. Es probable que aquí haya menos capitulación de lo que parece y más repliegue estratégico de lo que creemos. No lo sabemos. Pero por eso mismo mantenemos el principio de duda razonable que nos ha guiado hasta ahora. No afirmamos traición, no sellamos juicios definitivos. Observamos, analizamos, y dejamos abierta la posibilidad de que las cosas cambien.
Y hay un dato que puede inclinar la balanza: si Venezuela ha entregado 80 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, y Estados Unidos no puede hacer nada con ese crudo porque no tiene mercado, eso lleva ya implícito el sello de una victoria. Lo que no sabemos es si esto ha sido algo consciente y planeado, una jugada de la dirigencia venezolana para meter al imperio en un callejón sin salida, o si es algo que está ocurriendo independientemente de su voluntad. Pero así están las cosas. Y esto puede contribuir a dar un giro. Porque los pueblos pueden ser derrotados en un momento dado, pero esa derrota siempre es efímera.
Lo que viene: preguntas abiertas
Díaz-Canel fue cuidadoso: dijo que los acuerdos aún están «alejados». No hay resultados, hay exploración. Pero ya podemos plantear algunas preguntas para seguir observando:
1. ¿Busca Cuba simplemente aliviar la presión energética, o hay un objetivo político más profundo? Lo que está en juego no es solamente el asunto energético sino la revolución misma. Podríamos decir al respecto que la solución del problema energético cubano, fruto del bloqueo, no está en cuestión solo para aliviar la situación de Cuba, sino también para mantener la revolución en manos del pueblo. Los revolucionarios cubanos no han perdido de vista su objetivo fundamental.
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2. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Trump? ¿Usará estas conversaciones para desestabilizar o para lograr algún objetivo concreto? La experiencia nos está demostrando que los imperialistas que hablan de resolución de conflictos quieren que esa resolución sea a favor exclusivo de ellos. Por lo cual las líneas establecidas por Díaz-Canel para las negociaciones en cualquier evento pueden ser lanzadas a un costado por la administración Trump. Esta administración busca solamente decirle al mundo que ha triunfado sobre Cuba y que Cuba se ha rendido.
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3. ¿Cómo impactará esto en la relación de Cuba con Venezuela, Nicaragua y los aliados históricos? Si se obtiene un resultado favorable para la revolución cubana, el impacto sería favorable para los aliados históricos de Cuba en la región. Pero los aliados no pueden depender de estas negociaciones. Del mismo modo, todos deben prepararse para una guerra prolongada, que es una guerra de todo el pueblo contra el imperialismo.
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4. ¿Podría ser este un modelo para otros países de la región que enfrentan presiones similares? La respuesta a esta pregunta dependerá de cómo evolucione el proceso. Si Cuba logra sortear la tormenta sin ceder lo fundamental, su ejemplo será una escuela para toda Nuestra América.
Y una pregunta más, que nos toca directamente como revolucionarios: ¿cuál es la línea que separa la negociación táctica de la capitulación? Porque si algo nos enseña Cuba es que no está en el hecho de hablar con el imperio, sino en desde dónde se habla, con qué condiciones, y qué se está dispuesto a ceder.
Conclusión provisional
Cuba está demostrando que los revolucionarios no le temen al diálogo. Negocian cuando las condiciones lo exigen, pero no se entregan. La diferencia con otros casos no está en la mesa de diálogo, sino en lo que ocurre antes de sentarse a ella.
En Venezuela, las concesiones llegaron primero. El petróleo fluyó, las leyes cambiaron, los presos fueron liberados. Luego vinieron las conversaciones. En Cuba, primero están las conversaciones. Las concesiones, si llegan, serán después y con condiciones.
Y hay un elemento nuevo que antes no teníamos: China y Rusia han contraatacado con una resistencia silenciosa pero efectiva. Al negarse a comprar el petróleo venezolano bajo control estadounidense, están estrangulando al imperio con su propio botín. Los barcos flotan, el petróleo se acumula, y el tiempo corre en contra de Washington.
La historia juzgará. Pero mientras tanto, sigamos observando con los ojos bien abiertos. Aplicando el principio de duda razonable. Y manteniendo la certeza de que los pueblos, cuando no se rinden, terminan ganando.
Porque los pueblos pueden ser derrotados en un momento dado, pero esa derrota siempre es efímera. Lo que permanece es la dignidad. Lo que permanece es la lucha. Lo que permanece es la certeza de que otro mundo es posible, y que será construido por los de abajo, con o sin sus dirigencias.
12 de marzo de 2026
*Fuente: Facebook
Cuba y la lección de negociar con el lobo. ¿Qué nos enseña Díaz-Canel?
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