DEL HOMO HABILIS AL HOMO TECHNOLOGICUS

Cuando el antropólogo francés André Varagnac (1894-1983) afirmó que “toda innovación implicaba un peligro de muerte colectivo” [i] subrayaba, que en el proceso evolutivo del Homo Sapiens, fue el único y primero entre los primates que se destacó “fabricando utensilios para hacer otros utensilios” y los conservaba para volverlo a usarlos. Luego, el avance tecnológico primitivo llevó poco a poco a sofisticar los utensilios –y en la medida que adquiría conciencia moral- fue dándole un uso práctico cada vez más variado y amplio: matar para sobrevivir [ii], no solo para fines domésticos, sino para aplicarlo a mayor escala. En síntesis, todo descubrimiento o invento creado por la inteligencia humana también supone un peligro implícito hacia su entorno, hacia su comunidad.

Desde el punto de vista filosófico, no es lo mismo inteligencia que sabiduría. El Homo sapiens moderno, a pesar de ser inteligente, no implica adquisición inmediata de sabiduría humana. Ser inteligente tampoco es sinónimo de poseer conciencia moral madura y de buen juicio.

Una interpretación moderna: el progreso científico y tecnológico del siglo XXI no camina al mismo ritmo con el desarrollo de una conciencia moral justa, humanista y liberadora. Por tanto, se puede descubrir o inventar algo, pero, así como existe el buen uso de las cosas, también puede convertirse –paradójicamente- en un mal uso o abuso del mismo. En la historia de la humanidad existen muchos ejemplos de inventos y descubrimientos que han provocado grandes desastres colectivos. Por nombrar algunos: la pólvora, gas cloro, el átomo.

En pleno siglo XXI, las Tecnologías de la Información y la Comunicación – TIC también puede convertirse en un gran peligro público por un mal uso o abuso de sus soportes: los satélites, GPS, Banda Ancha, telefonía móvil, televisión digital, PC portátiles, software y sistemas operativos, mensajería instantánea, e-learning y un sinnúmero más. No matan directamente, pero anulan, enajenan y domestican el comportamiento humano, no solo en el plano individual, también cada día de manera colectiva y global.

¿Qué secreto se esconde detrás de las grandes Corporaciones tecnológicas que en poco tiempo acumulan cientos y miles de millones de dinero?

¿Cuál es el precio a pagar por utilizar las distintas aplicaciones del entorno virtual, teóricamente gratuitas?

¿Cuál es el afán de estas poderosas Corporaciones tecnológicas el querer controlar y predecir nuestro comportamiento humano?

 

EN LOS ALBORES DE LA REVOLUCIÓN TECNOLOGICA DIGITAL

Gracias a dos personajes, poseemos el producto tecnológico que hoy conocemos como PC, Notebook o laptop. Primero, año 1835, el científico británico, Charles Babbage (1791-1871) se atrevió a diseñar la primera computadora funcional de cálculo; recién, en el año de 1941, el ingeniero alemán, Konrad Zuse (1910-1995) fue quien inventó físicamente la primera computadora con un programa incluido. Finalmente, hacia los años sesenta nace la ciencia de la informática como una disciplina propiamente tal. Todo hacía suponer un gran triunfo del progreso y grandes días para el desarrollo humano.

Hoy, en el primer cuarto del siglo XXI, las grandes Corporaciones (Microsoft, Apple, Google, IBM, Facebook –Instagram- Twitter, Pinterest, Huawei, Amazon, WeChat, Zoom, Tik Tok, entre otras, no menos importantes) realizan grandes avances tecnológico cualitativo, ofreciendo una variedad ilimitada de servicios virtuales por internet. Sin embargo, lo que parece un servicio filantrópico y de bien común, se denuncia cada vez más, la emergencia de un denominado Capitalismo de Vigilancia.

¿En qué consiste este tipo de capitalismo y qué pretende?

¿Quién es la autora del concepto Capitalismo de Vigilancia?

¿Cuáles son sus consecuencias sociopolíticas a corto y mediano plazo?

¿Cuáles son los dilemas morales y éticos que presenta este tipo de Capitalismo de Vigilancia?

 

LA REALIDAD SOCIOECONÓMICA Y LA FICCIÓN VIRTUAL DEL SIGLO XXI

No es sorpresa para nadie –que cada vez que abrimos alguna aplicación (app) o realizamos navegación por algún Buscador web- nos llegue información repentina y no solicitada (sea ésta en forma de publicidad comercial, productos en ofertas, servicios varios). Lo vivimos a diario y no oponemos resistencia alguna. Lo habitual es evitar esta lluvia de propaganda, apretando algún botón para ignorarlo o simplemente respondiendo alguna breve encuesta para que nos dejen tranquilos. Este bombardeo continúo y atrevido de publicidad representa la cara visible del capitalismo de vigilancia actual: el mercadeo comercial de productos vía on-line. No cuestionamos mucho, ya que la compra y venta de productos es parte de nuestra cotidianidad y constituyen servicios necesarios, prácticos y efectivos para nuestro estilo de vida en sociedades occidentales de bienestar y de consumo.

Sin embargo, existe otra cara –invisible a nuestros ojos y a nuestra conciencia- de la que conocemos muy poco. Es mérito de la multifacética profesional Shoshana Zuboff (1951- ), norteamericana de origen, la que acuña el concepto de Capitalismo de Vigilancia. Su Libro –recientemente publicado en español- “La Era del Capitalismo de la Vigilancia” (Paidós, Madrid, septiembre 2020) desarrolla magistralmente el concepto, sus procesos y de sus peligrosas consecuencias para el ser humano y la humanidad. Desde el año 2014, la autora viene estudiando el fenómeno, a través del análisis de tres grandes Corporaciones familiarmente conocidas: Google, Facebook y Microsoft, en orden secuencial. La autora parte de la hipótesis de que -la gran mayoría de nosotros y nosotras- somos el alimento del Capitalismo de Vigilancia actual. Algunas interpretaciones, a partir de sus premisas:

  • Somos nosotr@s la “materia prima”, a través de la entrega de “datos” (información personal, imágenes, contactos, opiniones, etc) que tú, yo y nosotr@s les entregamos a cada instante y de forma gratuita. Atención: si alguna vez te presentan algo gratis, es que el producto real eres tú.
  • Las grandes Corporaciones tecnológicas imponen subrepticiamente –de forma solapada, oculta- sus condiciones sobre derechos de propiedad. Y generalmente, tú mismo aceptas –sin leer en detalles sus condiciones- la entrega de insumos personales. No te extrañe que algún día te llegue una notificación judicial por haber usado “ilegalmente” una información, idea o proyecto vuestr@, pero que ahora legalmente es propiedad de ellos, ya sea porque diste un click equivocadamente o porque no pagaste la licencia.
  • Las grandes Corporaciones tecnológicas conocen nuestro comportamiento humano, a través de la información que le proporcionamos, a través del perfil personal, familiar y social. De vez en cuando nos solicitan “actualizar” los datos. Cuidado: estamos alimentando a la ciberinteligencia artificial.
  • Hay mucha información de carácter público, pero existe un “excedente conductual” privativo (o sea, que es propiedad de ellos) que lo utilizan para crear “productos predictivos” (devueltos en forma de objetos, preferencias ocupacionales o profesionales, opciones religiosas, filosóficas, ideológicas, entre otras, según la información que entregamos).
  • Estos “productos predictivos” son vendidos a otras grandes Compañías (sistemas financieros, empresas transnacionales, Estados, agencias de investigación y de espionaje, entre otros) al modo de un gran mercado global virtual, donde estas Corporaciones tecnológicas realizan operaciones comerciales con nuestros datos, ganando millones y millones a costa tuya, mía y
  • Pero como el mercado cada día se pone más exigente (y requiere alimentarse continuamente), esta grandes Corporaciones tecnológicas, han inventando nuevos softwares inteligentes para sacar provecho de nuestra voz, de nuestros pensamientos, nuestras emociones, de nuestra personalidad. No nos extrañemos de aplicaciones que proponen buscar amistad, novios, familia, etc.
  • Otro paso más –en esta cadena insaciable de manipulación- también pueden estimular, persuadir hacia un comportamiento de “conducta inducida” de preferencias políticas partidistas. Es tan influyente el poder de manipulación que pueden incidir en una determinada contienda electoral.
  • Finalmente, la inteligencia artificial es tan poderosa, que ya no solo recoge, selecciona y sistematiza la información para ser retroalimentada con el usuari@, sino que también están “moldeando” nuestro comportamiento a cada instante. El objetivo es la automatización de sujetos en Red. No nos extrañemos de los cibernautas adictos a los juegos; a los influencers que se empeñan en conseguir cientos y miles de seguidores para auspiciar marcas comerciales y de extraños estilos de vida. No nos extrañemos de las futuras ciudades o Estados ciberinteligentes, que en algunas partes de mundo ya se están implementando. No nos extrañemos de la lucha de poder por obtener el dominio virtual con la 5G.

Para finalizar, ¿será que la famosa película surrealista “Matrix” se haya hecho realidad con la ciberinteligencia de las grandes Corporaciones tecnológicas en cuestión? ¿Estamos a las puertas de inaugurar un régimen de cibertecnocracia global? ¿Serán capaces las futuras democracias del mundo occidental hacer frente a este nuevo tipo de Capitalismo de Vigilancia? ¿Qué piensas tú, ciudadan@ común, que vive a diario utilizando la tecnología y los servicios de estas grandes Corporaciones?

En contexto de desarrollo industrial, se decía comúnmente que “la realidad superaba la ficción”, ahora en plena vigencia tecnológica de última generación, con-vive virtualmente la premisa inversa: la ficción absorbe la realidad.

Continuará…
(Algunas temáticas por abordar en Parte 2; El movimiento de Software libre, testimonios y preocupaciones sociales, las implicaciones morales y éticas del Capitalismo de Vigilancia, entre otros).

Notas:

[i]  Cita extraída del libro “Historia de las creencias y las ideas religiosas”, Vol.1, Mircea Eliade, Paidós, Barcelona-España, reedición 2019, pag.24

[ii] Explicación detallada sobre el carácter material y simbólico del matar en “Homo necans: interpretaciones de ritos sacrificiales y mitos de la antigua Grecia”, Walter Burkert, Ed. Acantilado, Barcelona-España, 2013., pág. 19ss.

 

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