
PáginaI12 En Brasil
Desde Rio de Janeiro.
La más tumultuosa e imprevisible elección brasileña trajo un resultado previsible – habrá una segunda vuelta entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y, el izquierdista Fernando Haddad – y varias sorpresas negativas para la izquierda, empezando por las derrotas en las elecciones para senador de San Pablo, donde cayó el veterano y emblemático Eduardo Suplicy, y en Minas Gerais, donde la derrotada fue la ex presidenta Dilma Rousseff. Y más: también en Minas el actual gobernador, Fernando Pimentel, una de las figuras más populares del Partido de los Trabajadores (PT), quedó fuera de la segunda vuelta.
Todo ha sido muy sorprendente. En las presidenciales, Bolsonaro logró 46 por ciento de los votos, frente a 29 de Fernando Haddad, el candidato elegido por Lula. El otro candidato de centroizquierda, Ciro Gomes, se alzó con un 12,5 por ciento del voto. La segunda vuelta se anuncia como una disputa feroz, y de resultado imprevisible. Todo indica que Bolsonaro tiene consolidada su base electoral, y que a Haddad le queda la difícil tarea de unir votos tanto de la izquierda y la centroizquierda como de la derecha, especialmente del electorado de Geraldo Alckmin, el centrista socialdemócrata del PSBD, el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.
Hubo muchas sorpresas ayer. En San Pablo, por ejemplo, la más poblada y económicamente poderosa provincia del país, el derechista João Doria disputará la segunda vuelta con Marcio França, del Partido Socialista Brasileño, y no con Paulo Skaff, de la ultrapoderosa FIESP (Federación de las Industrias de San Pablo). Y el muy activo y popular Eduardo Suplicy, un símbolo del PT, quedó afuera de la disputa por un escaño en el Senado.
A lo largo y a lo ancho del mapa brasileño, hubo sorpresas de todo tipo. Para empezar, se confirmó la estampida Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha, Jair Bolsonaro: con el 46 por ciento de los votos, logró una confortable distancia tanto del candidato del PT, Fernando Haddad, como del de centroizquierda, Ciro Gomes. La suma de los dos no llega a lo que logró el ultraderechista.
Si se observan los resultados de los partidos de izquierda y centroizquierda en todo el país, y en todos los niveles (gobernador, senador), lo que existe es una pesadísima sombra de amenazas. Y además, sobraron sorpresas, en los más nutridos centros electorales.
En Rio de Janeiro, por ejemplo, un ex juez literalmente desconocido, Wilson Witzel, de extrema derecha, saltó al ruedo como favorito para la segunda vuelta, frente a Eduardo Paes, ex alcalde de la capital carioca. En Minas Gerais, la ex presidenta Dilma Rousseff, que hasta hace cinco escasos días era la franca favorita para hacerse elegir senadora, quedó relegada a un tremendo cuarto lugar, perdiendo con los candidatos de la derecha.
Ha sido, en resumen, la gran sorpresa – y la grandísima derrota – de las fuerzas progresistas en Brasil.
Bolsonaro, con su defensa de la tortura y de la dictadura militar que imperó entre 1964 y 1985, con sus posiciones misóginas, machistas, homofóbicas y racistas, llega a la segunda vuelta con una confortable distancia de Fernando Haddad, el ungido por el ex presidente Lula da Silva.
En la mayoría de las provincias, los gobernadores electos, o los que van a segunda vuelta como favoritos, son de derecha o, en algunos casos, de extrema derecha. El diseño que se insinúa en el Congreso, igual.
Todo indica que, a partir del primero de enero de 2019, Brasil habrá retrocedido décadas en el espectro político. Las posibilidades de que Jair Bolsonaro sea derrotado en la segunda vuelta electoral parecen frágiles.
Bolsonaro, el 18.04.2016, votó a favor del impeachment a Dilma Roussef, dedicando su voto al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torurador de Roussef en los años de la dictadura militar brasilera: “Por la familia, la inocencia de los niños en las aulas, que el PT nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad en contra del Foro de Sao Paulo, por la memoria del Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, por el pavor de Rousseff, el ejército de Caxias, las Fuerzas Armadas, por Brasil encima de todo y por Dios por encima de todo, mi voto es sí”.
Esa ola ultraderechista, en las dimensiones en que se dio, era inesperada. Tanto la Cámara de Diputados como el Senado, para no mencionar los gobernadores de las 27 provincias brasileñas, los resultados sorprendieron. Queda por saber qué se heredará de los tiempos de Lula da Silva y Dilma Rousseff.
Las mayores sorpresas se dieron en todos los niveles. Que en el estado de Paraná el senador Roberto Requião no haya logrado un nuevo mandato de senador, o que en San Pablo el histórico Eduardo Suplicy no lograse volver al Senado, suenan como chistes de mal gusto, pero son realidad. Algunos nombres de la extrema derecha tampoco han logrado renovar sus mandatos. Pero todo eso no hizo más que contribuir a un escenario de la más absoluta confusión.
Dentro de veinte días los brasileños volverán a las urnas para confirmar su elección a presidente y, en muchas provincias, a gobernador. No hay, en el horizonte, otra cosa que un escenario confuso, de profunda nebulosidad. No se sabe, al menos por ahora, cuál es el tamaño de la derrota del PT y de las izquierdas en Brasil. Y, con eso, cuál es la dimensión del avance de la derecha más radical y retrógrada.
Y, para terminar, quedan desmoralizados los institutos que hacen los sondeos de intención de votos. Ninguno dio, ni de lejos, en el blanco: los resultados fueron absolutamente diferentes de lo que se preveía.
*Fuente: Página12
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