En la monarquía borbónica el Parlamento es un circo
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
Que los diputados y senadores tengan el más alto índice de impopularidad no es nuevo en la historia de Chile. Muchas veces se ha escuchado, en diversas manifestaciones de movimientos sociales, “a cerrar, a cerrar, el Congreso nacional”. Carlos Ibáñez del Campo, en su segundo período, estuvo tentado de hacerlo ante la presión de los militares y, en el primer gobierno, armó, en Chillán un “Congreso Termal”, repartiendo los cargos entre los distintos partidos políticos. A ningún monarca le gusta el Parlamento, pues limita su poder absoluto, salvo el caso, que nunca se dio, de que coincidiera la mayoría parlamentaria con la presidencial.
En la actualidad, los parlamentarios hacen todo lo posible para acrecentar la antipatía popular: en una semana aprueban un mísero sueldo vital y, a la siguiente, los honorables senadores suben los gastos de representación en forma exorbitante. La percepción de los ciudadanos es que son personas ociosas, que trabajan tarde, mal y nunca, además de utilizar los pareos para viajar por todo el mundo, incluida la “Cochinchina”. Como la educación cívica no existe en las escuelas, nadie sabe que trabajan arduamente en las comisiones, y que deben atender a la clientela en sus circunscripciones, como también dejar algunas horas para escuchar a los lobistas – Correa, Tironi y los empresarios, por ejemplo -.
En la República, (1925-1973), existían las consejerías parlamentarias: los padres conscriptos podían asistir a los consejos de las empresas privadas; hoy, pueden ser propietarios de acciones de las grandes empresas sin que, necesariamente, tengan que inhabilitarse cuando se traten temas relacionados con estos monopolios – siempre la mezcla entre la política y los negocios. Es cierto que existe una declaración de intereses, al comienzo del ejercicio del cargo, pero muchos de los patrimonios son disimulados traspasándolos a familiares o dilectos amigos.
En votaciones importantes, cuando algunos parlamentarios quieren boicotear algún acuerdo, les baja una súbita “incontinencia urinaria o una irrefrenable necesidad de comunicarse con alguien, urgentemente; aunque suenen los timbres, en el momento de la votación, se hacen los sordos para no escuchar tan celestial música que podría comprometerlos. Es verdad que se les cobra una multa, según reglamento, pero es irrisoria comparada con millonario sueldo, incluidas las dietas, además de las risibles excusas.
En todos días, la comisión sorteada para resolver sobre la acusación constitucional contra el ministro Beyer es lo más ridícula: tres diputados UDI, contrarios a su aprobación, y dos democratacristianos, uno que está en el extranjero y, la otra diputada, con licencia médica desde varios meses – es de suponer que la investigación del caso será acuciosa y se citará a juristas connotados, partidarios de la acusación constitucional -.
Los diputados y senadores incumbentes (quienes son dueños del sillón por varios años, no piensan ir a primarias que, se entiende, son sólo para aquellos que lo van a acompañar y, mejor aún, si son desconocidos por la ciudadanía. Desde 1993 hasta ahora, un promedio del 82.2% de los “honorables” logran la reelección, según el cientista político Mauricio Morales.
La Cámara de Diputados es bipolar: la Coalición por el Cambio tiene el 43,1% promedio desde 1989 a 2009 y, la Concertación, el 54,1%, lo que equivale a decir que son los dueños del Congreso y no quieren renunciar a su papel monopólico en pro de una supuesta competencia.
Si buscamos en la historia patria, me permito transcribir del diario El Ferrocarril, del año 1907:
“Algunos diputados duermen, dando ruidosos ronquidos. Otros llaman sin cesar a los oficiales (mozos) de la sala, pidiéndoles whisky con soda, jerez con apollinares, coñac con Panímavida”.
“Las interrupciones se cambian a cada instante entre los conservan despiertos. Algunos ríen carcajadas por cualquier motivo. De repente llegan tres diputados a la sala, haciendo curvas y equis con lamentable dificultad”.
“…un joven diputado monttino (conservador y partidario de Pedro Montt)…medio se incorpora y con voz indecisa exclama: Vaya a cantarle a su abuela”.
“Otros apuran sus vasos, y…se injurian con incomprensible crudeza, pero reconociéndose dispuestos a no molestarse…No hay que enojarse, compadre”.
“Nadie oye a nadie. A intervalos salen unos en dirección del comedor, y en la sala de sesiones se sienten los estampidos de los corchos de las botellas de champaña. Parece, por momentos, que hubiera un fuego graneado”.
“Las salas, llenas de humo que despiden los cigarros puros. El ambiente impregnado de vapores alcohólicos. Los diputados en orden disperso. Aquel tiene los pies sobre una mesa. Ese otro ronca estrepitosamente. Este, con el chaleco abierto y sin corbata, parece…lo acabaran de fusilar”.
“Más que sesión permanente…una merienda de negros”
(Vial, Historia de Chile, Vol. I, tomo II:613).
Hoy, varias cosas han cambiado desde esa época: no se puede tomar en la sala y, más recientemente, la ley prohíbe fumar. Los tés de la Cámara no son tan apetitosos – como lo describía el poeta Vicente Huidobro – pues se come bastante mal en el casino y se toma mucho mejor en los restaurantes de Valparaíso – en el Club Inglés unos, Cinzano para otros de gustos menos refinados – además de satisfacer los gustos culinarios en el Bote Salvavidas, a orillas del Mar, o en otros más refinados, en Viña del Mar.
Hay placeres más contemporáneos, como el bajar películas pornográficas y chatear, mientras sus colegas dan la lata con interminables exposiciones, que nadie se las toma en serio, por consiguiente a la hora de votar, no captan qué botón apretar.
Ya no hay grandes oradores, como Radomiro Tomic, Salvador Allende, Eduardo Frei Montalva y Francisco Bulnes a quienes muchos jóvenes se motivaban e intentaban imitarlos; hoy se expresan con monosílabos si es que intervienen en los debates o, lo que es peor, algunos demuestran carencia de vocabulario, inteligencia emocional y lógica y se expresan con falta prosapia.
En resumen, si no luchamos por instaurar un régimen semipresidencial, con equilibrio de poderes, seguiremos teniendo un Congreso desprestigiado e inútil y, para lograr este cometido, se hace urgente instalar una Asamblea Constituyente.
25/03/2013
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[Titulo de un articulo en la 3A de hoy, martes 26]
version internet.
Ahora si !!! Eso es de macho!!!
Así me gusta!!! Que se moje el…dedo con tinta y ponga su sello.
Hay que mostrar el camino.
Un articulo redondo, pedagógico, ameno, sustancioso y con remate.
Se aplaude en plenitud.
¡ Una asamblea constituyente ! El clamor del pueblo. Todos y todas quieren Asamblea Constituyente, pero ¿ quién le doblará la mano a Escalona y su tenaz oposición? ¿ es Escalona, el dueño de las mente de algunas mujeres y hombres chilenos ? Me parece que no. Hay sin embargo una nebulosa más tirada a negra sobre las cabezas, de los chilenos y chilenas que no tenemos nada claro , me refiero a ese sector seleccionado que dice NI CONCERTA NI ALIANZA. Sería bueno escuchar el tango argentino Gira ,para ver si encontramos lo que andamos buscando.
Me da mucho gusto que, un historiador de su talla , investigue y nos de todo servido ,lo que sucedía en 1907 ( fecha de nacimiento de mi abuelo paterno ) de lo que se desprende que siempre esta clase política ha sido igual, con apariencia de seriedad, evidentemente ¿ quién podría saber esas cosas, tan lejanas al populacho y pueblo sumido en gran parte en la ignorancia en aquella época? Por eso, es un agrado hacer analogías con el pasado . El desprestigio de esta clase política que no es lo más granado de Chile, sino que son los que están al servicio de oligarquías convenientes a sus estilos de vida,en otras palabras no son los guardianes del pueblo, como podría decirse, sino unos señores y señoras que están allí al servicio de sus caros individualismos . La gente chilena cada vez más emponderada de sus derechos, aunque nadie se los resuelva,no tiene ninguna credibilidad en los hacedores de las leyes parlamentarias.