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El 11 de septiembre y la redefinición orwelliana de la “teoría conspirativa” 

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Traducido por  Mariola Merino
Editado por  Ana Atienza

Sin habernos percatado, la teoría conspirativa ha sufrido una redefinición en términos orwellianos.

Una “teoría conspirativa” ya no es un suceso que se explica mediante una conspiración, sino cualquier explicación o incluso hecho que se sale de la explicación del gobierno y de sus proxenetas mediáticos.

Por ejemplo, el New York Times ha equiparado los informativos online del canal RT con las teorías conspirativas simplemente porque RT aporta noticias y opiniones que el New York Times no ofrece y que el gobierno de EE.UU. no aprueba.

En otras palabras, a medida que la verdad se vuelve incómoda para el gobierno y su Ministerio de Propaganda, la verdad se redefine como una teoría conspirativa, lo que viene a ser una explicación absurda y risible que deberíamos ignorar.

A pesar de los montones de libros minuciosamente examinados, de los documentos gubernamentales publicados y del testimonio de ciertos testigos oculares que ponen de manifiesto que Oswald no fue el asesino del presidente John F. Kennedy, estas voluminosas investigaciones, documentos gubernamentales y testimonios verificados han sido tachados de “teorías conspirativas”. Es decir, que la verdad de los hechos es inaceptable para las autoridades y para el Ministerio de Propaganda que representa los intereses de éstas.

El ejemplo más claro de cómo se protege a los estadounidenses de la verdad es la respuesta de los medios (y de muchos sitios web) a los numerosos profesionales que consideran que la explicación oficial acerca del 11 de septiembre de 2001 es incoherente con todo lo que saben como expertos en física, química, ingeniería estructural, arquitectura, incendios, daños estructurales, pilotaje de aviones, procedimientos de seguridad estadounidenses, capacidad del NORAD (Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial), control del tráfico aéreo, seguridad aeroportuaria y otros temas. Estos expertos, que se cuentan por millares, han sido acallados en los medios por mentecatos que les han calificado de “teóricos conspirativos”.

Y esto sucede a pesar de que la explicación que defienden los medios oficiales constituye la teoría conspirativa más extravagante de la historia humana.

Vamos a dedicar unos instantes a familiarizarnos de nuevo con la explicación oficial, que no se considera una teoría conspirativa a pesar de que encierra una conspiración sorprendente. La verdad oficial es que un puñado de jóvenes musulmanes árabes que no sabían pilotar aviones, en su mayoría saudíes y que no provenían ni de Irak ni de Afganistán, burlaron no sólo a la CIA y al FBI, sino también a las 16 agencias de inteligencia y a todas las de los aliados de EE.UU., incluyendo al Mossad israelí, organización que se cree que ha penetrado en todas las organizaciones terroristas y que asesina a aquellos a quienes marca como tales.

Además de burlar a todas las agencias de inteligencia de EE.UU. y de sus aliados, ese puñado de jóvenes saudíes dio esquinazo al Consejo de Seguridad Nacional, al Departamento de Estado, al NORAD, a los sistemas de seguridad aeroportuaria –en cuatro ocasiones y en tan solo una hora de una misma mañana– y a los controles de tráfico aéreo, consiguió que las fuerzas aéreas estadounidenses fueran incapaces de enviar aeronaves de intercepción y provocó que tres edificios sólidos y con estructura de acero, incluido uno al que no alcanzaron aviones, se desplomara repentinamente en unos segundos como resultado de unos daños estructurales limitados y de pequeños incendios breves y de baja temperatura que se produjeron en algunas plantas.

Los terroristas saudíes fueron incluso capaces de confundir las leyes de la física y de causar que el edificio 7 del World Trade Center se desplomara en caída libre en unos segundos, algo físicamente imposible sin utilizar explosivos para demoliciones controladas.

La historia que el gobierno y los medios nos han contado es una conspiración gigantesca, un guión propio de una película de James Bond. Sin embargo, cualquiera que dude de esta improbable teoría conspirativa es tachado de irrelevante por los medios de comunicación sumisos.

Cualquiera que crea a un arquitecto, ingeniero estructural o experto en demoliciones cuando dicen que en los vídeos se ve que los edificios estallan, no se derrumban, cualquiera que crea a un doctor en física cuando dice que la explicación oficial es incoherente con las leyes conocidas de la física, cualquiera que crea a pilotos expertos cuando aseguran que personas con escasa o nula formación como pilotos no pueden realizar tales maniobras con los aviones, cualquiera que crea el testimonio del centenar o más de personas que acudieron inicialmente a ayudar, según los cuales no sólo oyeron explosiones en las torres, sino que las experimentaron personalmente, cualquiera que crea al experto en nanoquímica de la Universidad de Copenhague Niels Harrit cuando afirma haber encontrado nanotermita sin reaccionar en muestras de polvo de las torres del World Trade Center, cualquiera que se haya dejado convencer por los expertos en lugar de por la propaganda se convierte en un chalado.

Actualmente en Estados Unidos y de manera creciente en todo el mundo occidental, los hechos reales y las explicaciones verdaderas han sido relegados a la categoría de chifladura. Sólo quienes se creen las mentiras gozan de aprobación social y son aceptados como ciudadanos patriotas.

De hecho, a los escritores y a los reporteros ni siquiera se les permite sacar a la luz los hallazgos de los escépticos del 11-S. En otras palabras, simplemente mostrar los hallazgos del profesor Harrit da a entender que los apruebas o que estás de acuerdo con ellos. Todo el que trabaje en la prensa o en la televisión estadounidense sabe que será despedido al instante si informa de los hallazgos de Harrit, aunque sólo sea para reírse de ellos. Así, a pesar de que Harrit ha presentado sus descubrimientos en la televisión europea y ha ofrecido numerosas conferencias en universidades de Canadá sobre sus hallazgos, el hecho de que él y el equipo internacional de científicos que dirigía encontraran nanotermita sin reaccionar en el polvo del World Trade Center y que haya ofrecido muestras a otros científicos para que las examinen no ha aparecido nunca que yo sepa en los medios de comunicación estadounidenses.

Como he dicho en otra ocasión, yo mismo tuve una experiencia en este sentido con un reportero del Huffington Post que deseaba entrevistar a una persona nombrada por Reagan que estaba en desacuerdo con las guerras de los republicanos en Oriente Próximo. Después de que él publicara la entrevista que realicé a petición suya, se quedó horrorizado al saber que yo había revelado hallazgos de investigadores del 11-S. Para proteger su carrera, rápidamente introdujo en la entrevista online el comentario de que mi visión acerca de las invasiones de Iraq y Afganistán era rechazable porque había aportado hallazgos inadmisibles sobre el 11 de septiembre.

La falta de disposición o de posibilidad para prestar atención a cualquier versión sobre el 11-S distinta a la oficial condena a la impotencia a muchos sitios web que se oponen a las guerras y al auge del estado policial dentro de EE.UU. Estos sitios, sea cual sea el motivo, aceptan la explicación gubernamental sobre el 11 de septiembre. Sin embargo, intentan oponerse a la “guerra contra el terror” y al estado policial surgidos por aceptar la explicación del gobierno. Intentar oponerse a las consecuencias de un suceso cuya explicación se acepta es tarea imposible.

Si usted cree que Estados Unidos fue atacado por terroristas musulmanes y que el país está expuesto a futuros ataques, entonces se hace necesario librar una “guerra contra el terror” y crear un estado policial nacional para aniquilar a los terroristas en aras de la seguridad de los estadounidenses. La idea de que un estado policial nacional y una guerra sin fin pueden representar amenazas más peligrosas para los estadounidenses que los terroristas se vuelve así inadmisible.

Un país cuya población ha sido entrenada para aceptar la palabra del gobierno y para rechazar a quienes la cuestionan es un país sin libertad en el futuro.

Gracias a: Tlaxcala
Fuente original: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=25339
Fecha de publicación del artículo original: 19/06/2011

*Fuente: Tlaxcala

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1 Comentario

  1. ja

    Paul Craig Roberts (born April 3, 1939) is an American economist and a columnist for Creators Syndicate. He served as an Assistant Secretary of the Treasury in the Reagan Administration earning fame as a co-founder of Reaganomics.»[1] He is a former editor and columnist for the Wall Street Journal, Business Week, and Scripps Howard News Service. Roberts has been a critic of both Democratic and Republican administrations

    Es imposible que un tipo de extrema derecha como este critique al partido Republicano (derecha n/americana). Si lo hace es porque lo ve como poco estricto

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