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27 de febrero del 2011: Un año sin reconstrucción 

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A un año del terremoto y tsunami, los damnificados que
sufrimos la peor catástrofe de nuestra historia nos sentimos abandonados por el
gobierno.

En Dichato, por ejemplo, donde se encuentra el campamento
más grande del país, con cerca de 500 mediaguas, no se ha levantado una sola
vivienda y no han empezado siquiera las urbanizaciones de las futuras
poblaciones. Las únicas obras visibles son la canalización de un estero y una
cancha de tierra, que inauguró recientemente la intendenta del Bío Bío, con
bombos y platillos. Los subsidios de reconstrucción no han sido asignados y la
gente vive en la incertidumbre total.

En Constitución, otro de los lugares más golpeados por el
sismo, la situación es parecida. Allí, el presidente inauguró hace algunas
semanas mejoras en el acceso de una playa: un mirador y unos cuantos quitasoles
de madera.

¿Por qué el Presidente, en el inicio de su campaña
publicitaria previa a la conmemoración del 27F, va a Constitución a inaugurar el acceso a
una playa? ¿Por qué la
Intendenta del Bio-Bio inaugura una cancha de tierra? La
respuesta es sencilla: en Dichato y en Constitución, el gobierno no tiene nada
más que mostrar.

Hoy, a un año del terremoto que dejó a miles en la miseria,
los damnificados de todo el país nos preguntamos, ¿Qué están esperando?

¿Están esperando que la gente se resigne y pierda la
esperanza? ¿Están esperando que la gente abandone lo poco y nada que les quedó?
¿Están esperando que las familias se endeuden de por vida para recuperar la
dignidad perdida? Al Gobierno y a toda la clase política les preguntamos, ¿Qué
están esperando? ¿Están especulando con el dolor de los damnificados? ¿Existe
algo más miserable que especular con el dolor de las personas?

De Rancagua a Concepción, hay familias pasando hambre porque
no tienen acceso a créditos blandos que les permitan recuperar sus pequeños
negocios.

En Cerro O’Higgins, hay familias chantajeadas para que
desistan de su legítimo derecho a demandar al Estado por el derrumbe de un
edificio construido por SERVIU, donde murieron 8 personas. Sólo si desisten de
su demanda podrán recuperar sus viviendas.

En Cauquenes, hay familias que sacrificaron la universidad
de los hijos para poder pagar un arriendo, porque los jóvenes no han recibido
ningún tipo de ayuda para seguir estudiando.

En Santiago, hay familias separadas, repartidas en casas de
familiares, que viven arrinconadas, tratando de no molestar.

En Talca, miles de familias luchan por no ser expulsadas de
los históricos barrios que habitan desde hace décadas porque no son
propietarios o no tienen regularizados sus títulos de dominio.

En La Poza,
en Constitución, vive Emilio, quien perdió a su padre, a su hijo, su casa, su
bote y su motosierra; su historia recorrió el mundo, pero de nada le ha
servido, porque ni siquiera recibió ayuda para buscar a su hijo desaparecido.

En Chiguayante, Coronel y Talcahuano, hay familias
vulnerables que serán expropiadas y recibirán una miseria por viviendas
sociales que pagaron durante décadas. La desesperación es tal, que en Villa
Futuro ya optaron por una huelga de hambre indefinida.

En Concepción, hay personas que deben pagar arriendo,
dividendo, terapias físicas y psicológicas, abogados, y hasta los peritajes de
sus edificios colapsados, con un sueldo de clase media que no les da a basto.

En Dichato, hay pequeños emprendedores que luego de décadas
de trabajo habían conseguido construir casas y negocios que le daban para
vivir. El 27 lo perdieron todo, hoy sobreviven en empleos precarios y más
encima, deben enfrentar expropiaciones arbitrarias que les quitarán el único
patrimonio que les quedó: un sitio eriazo.

En las caletas del Maule y Bio Bio, hay pescadores que no
pudieron recuperar sus botes por estar en DICOM.

¿Y dónde están los alcaldes, los concejales, los
gobernadores, los intendentes, los consejeros regionales, los seremis, los
senadores y los diputados de todos esos distritos? Salvo honrosas excepciones,
todos brillan por su ausencia.

Chile es un país rico. Las arcas fiscales de nuestro país
tienen fondos suficientes para construir viviendas dignas a los damnificados
que perdieron su hogar, sin poner en peligro los equilibrios de la economía
nacional. Sólo nos detiene la voluntad de los políticos.

Somos mucho más ricos hoy que el año 1905, cuando Germán
Riesco crea el Servicio Sismológico de Chile, después del terremoto de Valparaíso.

Somos mucho más ricos hoy que el año 39, cuando Pedro
Aguirre Cerda promulga la "Ley de Reconstrucción y Auxilio y Fomento de la Producción" y crea
la Corporación
Nacional de Fomento, CORFO, que nace con la misión de
impulsar la economía en las zonas afectadas por el terremoto de Chillán.

Somos mucho más ricos hoy que el año 60, cuando Jorge
Alessandri posterga su programa liberal de gobierno, le otorga prioridad a la
reconstrucción de Los Ríos y la
Araucanía, y emprende la epopeya del Riñihuazo, luego del
peor terremoto de la historia.

Somos mucho más ricos hoy que el período 1965 – 1970,
durante el cual Eduardo Frei Montalva utiliza ocho veces el 2% constitucional,
para mitigar el sufrimiento de los damnificados de temporales, sequía,
terremoto, plagas y cesantía.

Somos mucho más ricos hoy que el año 71, cuando Salvador
Allende, levanta en cuatro meses un Plan de Reconstrucción que especificaba el
tipo y cantidad de viviendas a construir, la entidad a cargo de su ejecución,
los plazos y la localización precisa del terreno sobre el cual se levantarían.

¿Qué ha hecho el gobierno de Sebastián Piñera para entrar en
la historia de los grandes estadistas de Chile? Ha celebrado los goles de la Roja en las aldeas de
emergencia, ha paseado el papelito de los 33 por el mundo; ha confirmado en su
cargo a una Intendenta que utilizó el terremoto como excusa para premiar a sus
fieles, aunque estos no fueran damnificados; y ha invadido de efectivos
policiales una pequeña localidad costera, para silenciar a los verdaderos
damnificados.

Frente a este panorama desolador, donde prima el abandono
del Estado y el abuso de los privados, los damnificados no nos hemos quedado de
brazos cruzados. Al contrario. Desde el mismo 27 de febrero del 2010, nos organizamos
primero para sobrevivir dignamente en la emergencia; y luego, hemos trabajado
codo a codo para recuperar las condiciones básicas de una vida civilizada:
baño, ropa, techo, luz eléctrica, agua potable, visibilidad mediática,
legitimidad política, fuentes laborales y la posibilidad de una vivienda
definitiva en el mismo barrio que nos vio crecer. Casi todo lo que se ha
avanzado en reconstrucción a lo largo de este año, se ha conseguido gracias a
la presión de las comunidades organizadas. Y aún así es poco, demasiado poco.

Poco, porque las políticas públicas de reconstrucción nada
tienen que ver con la realidad del terremoto. Los subsidios habitacionales son
los mismos subsidios que operan en tiempos normales, tan burocráticos que
llegan a ser absurdos en tiempos de terremoto. ¿Acaso no es absurdo que una
persona que se quedó en pijama en la calle, con apenas su celular en la mano,
deba gastar 50 o 100 mil pesos que no tiene, para sacar decenas de certificados
que demuestran que es un damnificado, y que luego quede fuera de los subsidios porque
su título universitario le otorga más de 14 mil puntos en la Ficha de

Protección Social? Casos así, hay decenas de miles entre
Santiago y Angol, entre Valparaíso y Tirúa. Las comunidades que han conseguido
excepciones para postular a los subsidios son contadas con los dedos de la
mano.

El avance es lento también porque a lo largo de todo el país
hay empresarios afilándose los colmillos, esperando la oportunidad para sacar
ganancias de la catástrofe. Empresarios turísticos aguardando las
expropiaciones del borde costero para comprar a bajo costo. Empresarios
inmobiliarios aguardando la desesperación de los damnificados para comprar a
bajo costo. Bancos, aseguradoras y liquidadoras apostando a la indefensión de
las víctimas del terremoto, para sacar utilidades de su desgracia.

Algunos casos han salido a la luz, como el sobrepago de las
mediaguas, la compra de materiales de construcción a las tres grandes cadenas
del rubro, y el puente mecano que le costó el puesto al ministro de defensa.
Pero quienes pagan por sus faltas son los menos. ¿Cómo es posible que pasen
estas cosas?

¿Cómo es posible que la empresa que construyó el mayor
número de edificios nuevos que resultaron inhabitables o con daños
estructurales, se adjudicara las licitaciones del MOP para estabilizar esos
mismos edificios? ¿Por qué se premia y no se castiga a quienes hacen mal las
cosas y se aprovechan de la reconstrucción?

Y hasta la fecha, los damnificados seguimos solos.

Este 27 de febrero del 2011 queremos hacer un llamado
especial, a la consciencia de todos nuestros compatriotas.

A los que tuvieron la suerte de continuar con su vida normal
después del terremoto. No se olviden de nosotros. No necesitamos alimentos ni
ropa ni frazadas. Necesitamos médicos, psicólogos y psiquiatras que atiendan
los problemas de salud que se arrastran desde hace meses. Necesitamos abogados que
nos orienten y nos defiendan de los abusos de los especuladores.

Necesitamos arquitectos, constructores civiles, ingenieros
calculistas y estructurales, que nos ayuden a la levantar proyectos de
reparación y reconstrucción. Necesitamos periodistas que organicen medios
locales, y periodistas dispuestos a investigar y a publicar en los grandes
medios, las injusticias que nos aquejan.

A los funcionarios públicos del Ministerio de Vivienda, del
Serviu, de Bienes Nacionales, de los Municipios, Intendencias y Gobernaciones:
Nosotros no somos el enemigo. No vamos una y otra vez a sus oficinas porque
tenemos ganas de molestarlos. No nos estamos aprovechando de las
circunstancias.

Somos damnificados que vivimos en tiempos de emergencia, y
actuamos con urgencia porque los problemas nos apremian. Además, somos
damnificados con derechos, y para recuperar nuestros derechos, necesitamos que
ustedes pongan el bien común por sobre todos los demás intereses.

A los medios de comunicación les pedimos respeto. No
conviertan nuestro dolor en farándula, no queremos simulacros de solidaridad,
ni llamados hipócritas a la unidad nacional, no queremos ver nuestra desgracia
con música truculenta de fondo y subiendo puntos en el rating. Si van a venir a
vernos y a pedir testimonios, muestren la realidad tal cuál es: un país sin reconstrucción.

Y finalmente, al Gobierno de Chile, queremos decirle: aún
estamos a tiempo de enmendar el rumbo. Es de sabios asumir los errores. Asumir
que el plan de reconstrucción no puede prescindir de la participación activa de
los ciudadanos. Asumir que las obras públicas prioritarias deben ser los establecimientos
educacionales y las redes de salud pública. Asumir que hay que invertir mucho
más en subsidios habitacionales, y simplificar la postulación para que ningún
damnificado quede en la calle.

La ministra ha dicho que de las 370 mil familias
damnificadas, 150 mil familias son pudientes y no necesitan protección. Pues
queremos revisar uno por uno los RUT de esos 150 mil para que no paguen justos
por pecadores.

Hemos visto con nuestros propios ojos, que aquellos que
tienen recursos ya reconstruyeron y hoy viven normalmente. Los chilenos no
somos masoquistas y no permanecemos en la miseria porque si. Los que están
esperando un subsidio, son los que no tienen medios suficientes para salir
adelante, entre ellos, muchas familias de clase media cuyos ingresos no
alcanzan para enfrentar la catástrofe.

Se ha dicho hasta el cansancio que el terremoto es también
una oportunidad.

Pues bien, nosotros queremos ser parte de esa oportunidad.

Los damnificados no solo queremos recibir ayuda, también
queremos aportar con nuestras manos y nuestras ideas a la reconstrucción de
pueblos y ciudades más sustentables y democráticas.

¿Dónde están los Comités Comunales de Emergencia que
establece la ley 16.282 para casos de terremoto? Esta misma ley obliga al
Ministerio de Planificación a formular planes regionales de reconstrucción:
queremos participar en el diseño de estos planes y también en cada uno de los
planes reguladores y planes maestros de nuestras comunas, que afectan
directamente nuestra vida cotidiana y definen nuestro futuro.

Algunos podrán decir que el ciudadano común no tiene el
conocimiento necesario para diseñar el futuro de una ciudad. Bueno, después del
terremoto, los ciudadanos comunes nos hemos dado cuenta que muchas autoridades
políticas no tienen el conocimiento ni la capacidad de sacar a sus pueblos de
la ruina; y que por lo tanto, es necesario que todos participen en el diseño de
la reconstrucción.

No queremos que esta oportunidad termine convirtiéndose en
una oportunidad de buenos negocios para unos pocos. Queremos que el terremoto
del bicentenario sea una oportunidad de consolidar esa solidaridad de la que
nos sentimos tan orgullosos como chilenos. Queremos ser solidarios hasta el tuétano.
No dar un poquito y luego dormir tranquilos olvidando la miseria de los
compatriotas. Sino, dar y dar y dar y dar hasta que duela.

Este es un movimiento ciudadano, diverso y transversal. No
somos un movimiento político, sino un grupo de personas cuyo único denominador
común es ser un damnificado del terremoto.

Por último, hacemos un llamado a todos los damnificados del
país a sumarse a nuestro movimiento. Queremos formar una gran red que nos
permita compartir experiencias y soluciones, que nos permita compartir
habilidades y recursos, una red solidaria capaz de reconstruir las bases de un
futuro dónde todos tengamos la posibilidad de ser felices.

¡Damnificados del 27F, los invitamos a construir la verdadera
unidad nacional!

Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa

email: reconstruccionjusta@gmail.com

Organizaciones miembros:

Asamblea de Vecinos de Villa
Olímpica;

Vecinos por la Defensa
del Barrio Yungay;

Escuela Taller de Artes y Oficios Fermín Vivaceta;

Comité de Vivienda Integración Latinoamericana

                                         -todas deSantiago-;

"La
Mirada de San Hernán" de San Fernando,

la Población Santos Martínez de Curicó;

 

el Movimiento Ciudadano Talca con tod@s
y

la UniónComunal de Juntas de Vecinos Sur Poniente de Talca;

las
Agrupaciones deComités Por una Vivienda en mi Barrio de Talca;

 

la Agrupación de Damnificados de Constitución;

el Grupo Juvenil CONSTT,

el
Concejo de Organizaciones Sociales y

la agrupación "Mauchos Presentes"

                                     -todas de
Constitución-;

la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Cauquenes,

la Asamblea de Dichato y

la Red Construyamos de Concepción que agrupa a 25
organizaciones de la región del Bío Bío.

 

Organizaciones de apoyo:
Observatorio de la Reconstrucción INVI
(Universidad de Chile);

Hábitat International Coalition (HIC);

Agrupación
Ancho Camino,

Fundación Patrimonio Nuestro,

SUR Corporación y

ONG
Reconstruye de Santiago;

ONG SURMAULE de Talca y

CEDESUS de Pichilemu.

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