El territorio chileno ha sido sacudido por la naturaleza de manera brutal y con dolorosos resultados. Centenares de compatriotas de todas las edades han muerto, la mayoría de ellos pertenecientes a los sectores económicos más desposeídos. No se ha podido cifrar aún la cantidad de desaparecidos. La zona centro sur del país donde vive cerca del 80% de los chilenos presenta daños enormes en infraestructura carretera y millones de viviendas destruidas y/o afectadas. Y a casi una semana del sismo, calificado por los expertos como uno de los más violentos en el mundo, no se conoce realmente la magnitud de la tragedia.
El desastre, visualizado a través de los medios masivos de comunicación, ha impactado al mundo, despertando la inmediata solidaridad mundial, que ha tardado en ser efectiva por la tardanza del gobierno en solicitarla. Y en nosotros que fuimos menos afectados urge la obligación moral de entregar solidaridad concreta a nuestros hermanos que lo perdieron todo.
Desde hace años, Chile es visto como exitoso, poseedor de importantes recursos naturales y humanos…un país que marcha hacia el desarrollo. Sin embargo, debido a esta tragedia, está mostrando otra cara, quizás algo diferente e inesperada, a pesar de la magnitud del movimiento telúrico y de nuestra historia sísmica.
Desde los primeros momentos del desastre, fuimos afectados por la pérdida de toda comunicación en las regiones dañadas. Quedamos sin conectividad, energía eléctrica ni agua. Al mismo tiempo, se ha descubierto que se cometieron fallas en el aviso de posibilidades de maremoto en los territorios costeros, y que hubo tardanza en disponer de medios de transporte aéreo a la presidencia. Todos estos hechos han sido percibidos por la mayoría de la población.
Para nuestra sorpresa, porque no estamos acostumbrados, públicamente se ha criticado a la Armada por la tardanza del aviso de tsunami. De la Fuerza Aérea se dice que “ellos tenían listos los aviones” pero nadie los ocupó. Del Ejército se menciona que tuvo problemas logísticos en su despliegue a las zonas afectadas. Y por último, la necesidad imperiosa de sacar a la calle a las FFAA para imponer el orden, como se menciona en los decretos de emergencia, reflejan o parecieran dar la impresión, que son para tapar la falta de previsión e ineficiencia demostrada por los organismos e instituciones encargados de solucionar con rapidez la demanda de una población siniestrada.
Lo anterior es muy llamativo en un país como el nuestro; incluso puede ser hasta considerado como un desliz de “alguien”. Las Fuerzas Armadas y de Orden, desde antes del fin de la dictadura de Pinochet, fueron “protegidas” por la Concertación de Partidos por la Democracia y por la Alianza Democrática derechista, las dos coaliciones que han gobernado Chile en todos estos años.
Por otra parte, el sismo también ha mostrado aspectos particulares de nuestro modelo de democracia que tampoco pasan desapercibidos. En su afán por responder a las críticas de la ciudadanía afectada, el gobierno informa como algo muy digno de comunicar que se ha reunido con el mundo empresarial. Los dueños y gerentes representantes de las constructoras de edificios y carreteras, supermercados, comunicaciones, energía, aguas y aseguradoras, como si fueran ministros de gobierno, prometen en el palacio presidencial que solucionarán los problemas de sus respectivos servicios en el más breve de los plazos.
Da la impresión, impresionante, valga la redundancia, que el Estado chileno no tiene nada sobre lo que pueda decidir. La conectividad, las comunicaciones, la energía, el agua, los alimentos, dependen de la empresa privada. Si los grandes señores empresarios así lo estiman y en los plazos de tiempo que ellos dispongan, o el mágico mundo del mercado lo permita, con lucro incluido obviamente, nos asegurarán lo básico para salir de esta emergencia.
El abuso queda de manifiesto cuando el líder de los empresarios constructores se burla de los damnificados que reclaman por la mala construcción de muchos edificios recién entregados, al decir que en Italia la Torre de Pisa lleva siglos inclinada. Y por su parte, el representante de la empresa monopólica (por ley) de luz eléctrica dice que no ha llegado la luz a todos los habitantes de Santiago porque hay “espacios negros” que en estos momentos no son prioridad, olvidando que en esos espacios negros viven muchos adultos mayores que necesitan mantener remedios en sus refrigeradores o alimentos para niños.
Deberíamos tomar su idea y colocar las cuentas o facturas de la luz en un espacio negro en nuestras prioridades de pago.
Una vez concluida la etapa de emergencia actual, donde ha estado presente el abuso y la incompetencia, no es difícil imaginar cómo será el comportamiento de los grandes empresarios para la fase de la reconstrucción del país que vendrá más adelante, nada menos que con el gobierno de los propios señores empresarios, con Piñera a la cabeza.
En un nuevo ejemplo de esto, de la ofensiva de los grandes empresarios por copar cargos estratégicos, el presidente electo designó para los importantes cargos de Intendente en las Regiones más afectadas, a personajes vinculados a las empresas constructoras, y llama poderosamente la atención que en la Región de La Araucanía se designe como máxima autoridad estatal a un representante de las empresas forestales, que han estado en permanente conflicto con el pueblo mapuche.
El gobierno actual no parece interesado en reunirse con las asociaciones de consumidores, movimientos sociales u organizaciones de trabajadores, como lo hace con los grandes empresarios y responsables en más de alguna medida de la mala construcción, falta de comunicación, fallas en el abastecimiento de agua o luz y de la tardanza en la distribución de alimentos que ha dejado descubierto el terremoto y el maremoto en Chile.
El pueblo es visto sólo como un consumidor, un cliente cautivo. No estamos considerados en el modelo de sociedad que vivimos como partícipe en la toma de las decisiones trascendentales del país.
Los trabajadores, los movimientos sociales y las fuerzas políticas populares no estamos unidos en una gran organización que pudiera tener algún contrapeso a los poderosos que nos gobiernan. Hoy más que nunca eso es necesario para fiscalizar efectivamente que la ayuda esté llegando a las poblaciones afectadas.
La unidad popular es la gran tarea que tenemos por delante. La reconstrucción de un nuevo Chile solidario, así lo demanda.
Kume Felen
Construyamos un Chile digno.
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