Algo anda mal en el periodismo chileno, lo sabemos hace tiempo, lo decimos a menudo, pero el diagnóstico se ignora con frecuencia. Nuevamente, igual como sucedió en el caso Rigg’s de las cuentas secretas de Augusto Pinochet o de la denuncia acerca de la crisis del salmón, una señal nos llega desde Estados Unidos que confirma nuestra mirada como Grupo de Análisis de Medios de la P.U.C.V.
Desde que se supo en los ’80 la adquisición de la casa de Lo Curro por parte de Pinochet, o en los ’90 de los llamados pinocheques, o el tráfico de armas a Croacia, todos los periodistas «se enteraron» del enriquecimiento de la familia del ex general. Los medios chilenos recién comenzaron a informar a la opinión pública al respecto cuando esto fue denunciado en Estados Unidos, tanto por el Congreso como por la prensa de ese país.
Todos sabíamos que los salmones contaminaban el fondo marino con sus fecas, que un virus los atacaba una y otra vez, que la tasa de accidentes laborales es de las más altas del país, etc., pero sólo cuando el New York Times denuncia esto, recién ahí la agenda de los grandes medios chilenos acoge la información.
Mientras tanto, la actividad periodística de importantes medios de Chile construye sus pautas con criterios que terminan por establecer una agenda informativa sin filo, sin independencia, denunciando ad infinitum y de manera intrascendente lo micro: el cojo que no es cojo, el departamento que es sauna, la abuela que tiene matas de marihuana en su casa, el robo hormiga y los papelillos, tanto, que todo parece imágenes y notas de archivo.
De lo macro, del poder en serio: silencio.
Por eso, cuando vemos a periodistas de los principales medios nacionales corriendo para salir en la foto con el Presidente Barack Obama estamos viendo un síntoma de algo más profundo, frente a lo cual el argumento del entusiasmo pasajero, del «también somos humanos», «de la picardía chilena» o del «no es para tanto», no califican en esta oportunidad.
Con frecuencia hemos escuchado de parte de los periodistas de importantes medios santiaguinos acusar a la prensa de regiones de «provinciana», calificando de esta manera una supuesta pequeñez de mentalidad o una forma incorrecta de hacer las cosas. Esta semana, en Washington esos grandes medios mostraron al mundo aquel provincianismo que tanto denostan. Y en realidad lo vienen exhibiendo hace rato: si no lo dice el New York Times, no se investiga la industria del salmón; si no lo denuncia el Senado de EE.UU., la gran prensa chilena no mira las cuentas de Pinochet; si CNN y otros medios de ese país no hubiesen criticado ayer la foto de los periodistas chilenos con Obama, mañana la imagen ya estaría adornando varias salas de redacción.
Entre tanto, han sido medios de regiones -entre presiones, precariedad económica y centralismo asfixiante – quienes intentan un periodismo con denuncia, independencia e investigación. Fue «El Ciudadano», un periódico oriundo de La Unión, quien primero denunció a la industria del salmón; fue un canal regional de Concepción quien primero mostró la faceta prepotente del senador Flores cuando le hacen preguntas en serio; fue ese mismo canal el que denunció la participación accionaria de Sebastián Piñera en la industria farmacéutica; son Radio Bío Bío y UCV TV los únicos medios de alcance nacional que se atreven con un periodismo a su vez informativo y opinante.
Los estadounidenses suelen usar los calificativos de watch dog (perro guardián) o de lap dog (perro faldero) para clasificar a la prensa, según cómo ésta se relacione con los poderes y sus representantes. Parte importante de la prensa que ladra parece estar fuera de Santiago, la otra, la de los grandes medios, la que se reconoce como haciendo periodismo serio, es de peluquería, de manicure y excesivos modales.
Los límites en esta oportunidad se sobrepasaron y se manifestaron de manera burda.
¡Digan queso! (o whisky) para que la foto salga bonita…
– Pedro Santander, Grupo de Análisis de Medios, Escuela de Periodismo, P.U.C.V.
* Fuente: El Mostrador
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