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Los olvidados 

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En los años cincuenta, del siglo pasado, Luis Buñuel hizo en su exilio de México una película memorable: Los Olvidados. Por esta magia del pirateo pude verla de nuevo en internet. Aunque es una historia de ayer, tiene muchos visos del ahora con puertas que están siempre cerradas y otras que se cierran. Buñuel nos dice que Los Olvidados es una ficción basada en hechos reales. Ahora, más de cincuenta años después, yo un director que no ha dirigido ninguna película, un poeta desconocido, un escritor de día domingo aseguro que lo que a continuación escribiré son hechos reales basados en una ficción.

Los Olvidados, película, trata de niños de la calle cuyo mayor trabajo es la sobrevivencia. Los Olvidados, artículo, trata de personas que han dejado de ser niños y trabajan por un sueldo que tiene la maldición de hacerse sal y agua a mediados de mes. Tanto los de la película como los de este artículo se encuentran en una situación de olvido. Son los invisibles, los muchos que no se ven, los olvidados de ayer, los olvidados de hoy. Son las personas que existiendo como personas de acción y sentimiento, no existen para el sistema, para desgracia muchos de estos olvidados a su vez olvidan las tropelías que el sistema les causa y a la hora de ejercer el deporte de las elecciones, elijen a quienes los olvidan a poco andar. Desgracia del desgraciado o rebuscada trama de un novelista principiante.

Cuando cerraron la legendaria fábrica de Paños Bellavista Tomé, quise escribir un artículo breve. Me encontré con el insalvable problema de que no tenía todos los antecedentes a mano. Recurrí a mis compañeros de partido (en realidad a una compañera, que es más enemiga que amiga) dijo que estaba ocupada con la fiesta, que después de eso se encargaría de resolver el contacto, pasaron siete meses y nada, solo olvido, silencio o desprecio, una cosa o todas, es mi desgracia de no existir para los enquistados en el poder. Luego insistí con una amiga que los años han traído de vuelta, entre sus muchos trajines prometió ocuparse de encontrar a alguien que me diera datos de la vida cotidiana, el resultado fue nada, un olvido o la vorágine de pasar a otra cosa más urgente, lo cual significa decir que las urgencias nos impiden atender lo importante. Pregunté por un amigo de exilio que había vuelto a radicarse en su tierra, Tomé, luego de las felices diligencias de Carmen, una amiga para todos los tiempos, logro encontrarlo, le planteo el problema me responde que está dispuesto. Esperanzado le envío un cuestionario de tres o cuatro preguntas, me promete respuesta, y más nunca supe de él, olvido de si mismo, olvido del ayer soñado o la despreocupada osadía de vivir sin ver los alcances de un olvido.

Estos tres intentos fallidos me plantean una interrogante en la forma inestable de la duda: ¿he sido olvidado o es esta una forma nueva de ser chileno: decir que si para significar que no?

Estamos ante un problema cultural y a la vez un problema ideológico. Algo, quizá mucho, de la nefasta dictadura militar ha quedado latente en Chile. La herida no fue solamente el terror, la muerte, la represión; el escándalo no fue solamente las cuentas brujas, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, también la herida (abierta) ha sido cambiar el alma de Chile, cambiar, para peor, la forma de ser de un país entero, también el escándalo es no reconocer este otro Chile de promesas que no se cumplen, de tramitaciones constantes, de perversos olvidos.

El poder se afirma por medio del miedo que este pueda producir. Los mediocres que nos dirigen cuentan con este factor para mantener su control, pero quienes aspiran a reemplazarlos no andan muy lejos. Lo cual me obliga a decir que es nuestro deber criticar todo lo que haya en nosotros que responda a los valores de la gente en el poder, el mismo poder que debemos echar abajo. No podremos cambiar nada si no somos diametralmente distintos, si no intentamos cambiar la cultura dejada por los sátrapas y continuada por estos remedos de lo anterior.

La fábrica de Paños Bellavista Tomé dejó de existir como tal, alrededor de mil setecientos trabajadores con sus familias, con sus vivencias, con su vida asegurada por el trabajo han pasado a ser Los olvidados por el sistema. La pregunta que no he podido dilucidar es si esta medida extrema, el cierre, era evitable o si se intentó otra alternativa. Sé que los capitalistas actúan en absoluto apego a sus intereses y estos nada tienen que ver con salvar el trabajo de miles de trabajadores y con ello salvar su modo de vida. Para los capitalistas todo es asunto de cifras, dinero que se invierte debe reportar una ganancia. Tampoco logré saber cual fue el negocio de los últimos dueños: la compran a sabiendas que andaba mal, al poco tiempo declaran la quiebra. La incógnita es saber si perdieron. De haber sido así, eran unos simples papas fritas con dinero. Me inclino por creer que algo sucio hay debajo de todo esto, sin tener todos los antecedentes a mano, lo dejo en la duda.

Lo que sí es cierto es que los trabajadores de Paños Bellavista Tomé fueron olvidados por el gobierno local o si la alcaldía hizo algo fue muy tenue y por el gobierno central. Algunos dirán que no es labor del gobierno salvar fábricas. Tontos hay que si volaran estaría siempre nublado. La única labor de un gobierno es velar por el bien de los ciudadanos del país gobernado, en Chile los porfiados hechos dicen otra cosa. Ahora habrá elecciones y nada indica que los padrones del olvido y el desprecio no ejerzan su papel para que sean elegidos los mismos que a la hora de resolver lo hacen para su acomodo propio.

Hay una huelga que nunca debió producirse, si hubiese habido capacidad de escuchar al otro, capacidad de encontrar consenso con la clase, capacidad de avanzar sin dejar de ser, capacidad, como decía Marx, de ver crecer la hierba. Me refiero a Los Olvidados de la huelga de El siglo, que amenaza con ser la huelga del siglo. Unos patrones en los supermercados Líder, que dan a sus trabajadores un trato y un salario de asco, son una gran M; unos patrones en la Bellavista Tomé son otra gran M, cierran el negocio sin buscar soluciones que demuestren un mínimo de respeto por los seres humanos que trabajaban para ellos; unos patrones, que en teoría son los defensores de los trabajadores, son la misma M con otro nombre. Unos hacen lo que hacen contra quienes trabajan para ellos por la mezquina idea que ahorrando salarios y estrujando la productividad pueden hacer mucho más dinero, estos últimos patrones no tienen este nefasto detalle en sus miras, pero actúan igual o peor, por la idiotez de creer que ellos tienen siempre la razón.

Estamos ante una actitud igual en gente distinta, actitud de ejercer un poder contra otros que no lo tienen, actitud de desprecio por los que están más abajo en la escala social. Es como si en doscientos años de vida, el país no hubiera avanzado nada en lo moral. Todo es una selva y se salva el más fuerte.

Hay luchas, hay sueños, hay empresas que cuesta una vida o varias generaciones hacerlas realidad, luego algo cambia, los actores, es decir los que deciden, son otros, sin la altura de los primeros visionarios y en unos instantes echan todo por los suelos. Es la gente poca cosa que antes de salir a la batalla ya está derrotada.

A quienes no estamos en la decisión nos queda poner el pellejo duro y juntar razones, juntar fuerzas, nuevos sueños e ideas para emplazarlas todas contra este estado de cosas. Salir del olvido será nuestra obra mayor o no habrá nada que celebrar. Lo primero será posible cuando Los Olvidados se decidan a juntar sus olvidos y tomarse las calles. Lo segundo indicaría que no hemos sido capaces de producir cambios y sin ellos todos perdemos.

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